Creame, yo lo entiendo. Usted es un as de los balances; un tigre para las negociaciones; un monstruo de la informática o un tiburón para las finanzas. Y sin embargo, se halla ante esta situación como si fuese un quinceañero. Es que usted estaba preparado para todo. Para todo menos para lidiar con lo irracional. Y es así que, súbitamente, se ha quedado sin armas. Superado. Abatido.
Pero esto no tiene que ser así. No, señor. Yo creo que a usted lo que le falta es un poco de información, nada más. Con saber algunos datos de antemano puede preveer mejor sus acciones y reacciones.
Dado que los consejos para tratar con hijos adolescentes difieren (yendo desde la cercanía y contención hasta el uso coercitivo de una Magnum 47 pasando por la reclusión en una comunidad amish) en este análisis nos abocaremos al período neonato-infantil.
La vida es sueño: el primer momento en que uno se da cuenta de que se enfrenta a una forma de vida diferente es al momento de cotejar los criterios sobre cuando y cómo se debe dormir. Mientras usted considera que dormir es una de las pocas actividades donde un recién nacido debería ser autosuficiente, la criatura propondrá que su presencia es necesaria no sólo para conciliar el sueño sino también para mantenerlo. En este ajedrez de la acostada, su mejor opción será la de dejar el habitáculo sin que el infante se percate. Ah, pero esto no es tan fácil como suena. Mientras se desliza por el piso agazapado como un ninja, se encontrará insultando el momento en el que se le ocurrió ponerse jeans dado que el rozamiento es percibido por el agudo oído de su oponente (además de adquirir clarividente conciencia de los sectores del piso que tienden a crujir)
Por otro lado, cuando el niño alcanza un nivel de semi-racionalidad, la hora de dormir pasa a guardar una estrecha semejanza con un motín carcelario. Para que pueda captarla, me permito hacer una traducción simultánea de la situación anti-onírica.
- PAPÁAAAAAAAAAAAAAA!!! NO QUIERO DORMIR!!!
- (Tenemos demandas y queremos que sean satisfechas)
- NO ME IMPORTA. ACOSTATE YA.
- (Lo que piden es inaceptable)
- PAPÁAAAAA!!! VENÍIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!
- (Ejerceremos toda la violencia necesaria para que atiendan nuestros pedidos)
- BASTA PORQUE SI VOY TE DOY UN CHIRLO.
- (No nos obliguen a mandar al Escuadrón especial)
- PAPÁ!!!!! PAPÁAAA!!! PAPÁAAAAAAAAAAA!!!!!!!
- (Vengan, pero saben que no les será fácil)
- ACOSTATE EN LA CAMA Y YO VOY.
- (Depongan sus armas y entonces negociaremos)
- VENÍ Y YO ME ACUESTO.
- (Cuando se presente una autoridad competente y nos dé las garantías necesarias entonces entregaremos las armas)
Como puede ver, se encontrará en el papel de mediador hasta que se le acabe el caudal político o la paciencia.
El rastro: que la presencia de un hijo deja en un padre una marca indeleble puede entenderse en diferentes sentidos. Quién haya descubierto mientras daba una conferencia para 70 personas que el pantalón de su traje tenía un moco focilizado a la altura del muslo sabrá que el sentido literal es uno de ellos.
Después de un encuentro con una persona emergente (lo que antes se llamaba "en vías de desarrollo") uno debe chequear un par de lugares clave para ver si ha salido indemne: los hombros, las piernas y el pecho son los principales. Bah, trate de conseguir trajes descartables o un overall ad hoc.
El abrazo de la muerte: su pequeñín ha aprendido no sólo a caminar sino a hacerlo con bastante ligereza. Ustedes han desarrollado una relación más profunda y ahora, cuando vuelve de trabajar, el gurrumín corre hacia usted con amor profundo y casi un metro de altura.
¡Cuidado, hombre! Con un par de cálculos fáciles podrá entender que la ecuación resulta en un fabuloso golpe directo en las gónadas. No sabemos si se trata de un entusiasmo irreflexivo o de un astuto plan concebido para no tener hermanos, pero lo cierto es que si no quiere aparecer en uno de esos programas de "los mejores videos caseros" como el gordito al que le pegan en las bolas, tome las precauciones del caso.
Los enemigos: una de las ventajas de tener un hijo es que uno tiene la oportunidad de conseguir una prueba fehaciente de quienes son las personas que nos odian. ¿Qué cómo identificarlos? Muy fácil, son aquellos que caen al cumpleaños de su hijo y le regalan juguetes con sonido.
¿Por qué otro motivo alguien haría eso? No se puede ignorar la compulsión a la repetición de los pequeñajos. No se puede alegar ignorancia. Es por eso que, si recibe una caja registradora de Barney que se prende con solo mirarla, en realidad usted está recibiendo un pez envuelto en diario. Sólo que fabricado por Mattel.
Llegados a este punto, y habida cuenta de lo expuesto hasta aquí, si usted se está preguntando qué se necesita para ser un buen padre, la solución es muy simple: un jogging, un paquete de toallitas húmedas a mano, un protector y un destornillador serían todo. Pim, pam, pum. No, de nada.
Que lo disfrute con salú.