viernes, 25 de septiembre de 2009

El humor de los mercados


La experiencia indica que, promediando el último año del secundario y ante la necesidad de decidir cuál carrera elegirán, los alumnos tienden a dividirse en dos bandos: los que odian lengua y los que odian matemática. Y esa es la base sobre la que se autodenominan "humanistas" o "científicos", ignorando que no es una buena distinción epistemológica e ignorando -sobre todo- que su propia ignorancia los hace merecedores más bien del mote de "bestias" o "bípedos implumes" como mucho.

Los que odian las matemáticas se comprometen a no volver a hacer una cuenta más en su vida y en general estudian derecho. Los que odian el análisis sintáctico y piensan que Gutenberg merece la hoguera por haber permitido la proliferación de los libros se resguardan en las ciencias económicas o la ingeniería. Por supuesto, esta es una burda generalización: hay quienes odian ambas cosas.

La cuestión es que esta división maniquea del mundo entre números y letras apareja grandes decepciones. Por supuesto, me interesa hurgar en una de ellas. Lo noto ansioso. ¿Quiere que le diga de qué se trata el artículo? De una de las ciencias que encarna más acabadamente la imposibilidad de dividir el mundo vocacional así de fácil: vamos a hablar nada más y nada menos que de economía. Y lo haremos porque hoy en día subyace la idea de que la economía es el corazón de todo. Todo esconde algún interés económico. Y si alguien objetase que los que buscan el poder político lo que quieren es el poder mismo, bien le podrían responder que éste se consigue a través del poder económico y para beneficiarse económicamente. No voy a detenerme en este supuesto (que me parece errado); simplemente lo tomaré como punto de partida para hablar de lo que se me cante.

Antes de empezar, creo conveniente aclarar que de economía ¿como decirlo? ¡ah, sí, ya sé! de economía no sé un pedo. Usted piensa que eso me podría desautorizar, pero ya ve como está la economía y es porque la manejan los economistas. Yo, en cambio, no he pasado de provocar crisis menores y en general más en nervios ajenos que en sus bolsillos. Eso me avala moralmente para hablar de economía. Benegas 1 -Economistas 0.

Pues bien, ¿qué idea tiene uno de un profesional de las ciencias económicas? Alguien que maneja números, entendiendo que estos son un reflejo de una realidad concreta y mensurable. Este tipo hace zapatos y los vende a tanta plata. Gana tanto. Si trabajase más podría vender más zapatos. Y podría ganar más plata. Nuevamente, estoy simplificando. Todos saben que este tipo debería hacer una proyección de la inflación y del posible mercado para ver fortalezas y oportunidades de su producto y ver la sustentabilidad de su negocio pero ¿qué les importa eso a los economistas? ¿Cómo dice? ¿qué a eso se dedican? ¡Vaya a vender zapatos y dejeme a mí con el artículo!

En fin, como decía, el tipo parece dedicarse a cosas muy exactas. Pues bien, resulta que no. Resulta que el tipo se dedica a cosas que dependen de otras cosas tan poco exactas y mensurables que uno no entiende que clase de alquimia les enseñan en la carrera. Y una muestra de eso es el famoso "humor de los mercados". ¿En qué consiste esto? Pues bien, la gente gana plata o pierde plata no porque trabaje más o menos, no porque venda más o menos, ni siquiera por decisiones manageriales estratégicas, sino simplemente porque circula un rumor que hace bajar o subir varios puntos un índice determinado. Índice que está atado quién sabe a qué variables, pero que tan serias no deben ser si una de ellas son los rumores.

Como es nuestra costumbre, vamos a ejemplificar a fin de que pueda pescar de qué corno estamos hablando.

Casa de la familia Bernancke*. 20:42 hs.

(La señora Bernancke tiene uno de esos días. De esos. Bueno, tiene un mal día)

Elsa: - Ben ¿qué te dije de entrar con tierra en los zapatos?

Ben: - Pero mi amor, si...

Elsa: - ¡NO TERMINÉ! ¿me estás contradiciendo?

Ben: - No, no, yo...

Elsa: - ¡Y seguís interrumpiéndome! ¿Sabés qué? ¡andate!

Bar de Elmo. 21:25 hs.

(Ben Bernancke toma una cerveza con su amigo Patrick)

Ben: - ...te digo, Patrick, cuando Elsa me trata así...es uno de esos días en que uno piensa que se va todo al carajo. Después se le pasa.

Redacción del Washington Post. 23:14 hs.

Periodista: - Jefe ¡tengo un notición! Escuché decir a Benancke que todo se va al carajo.

Tapa del Washington Post del día siguiente.

BERNANCKE: TODO SE VA AL CARAJO.

Corridas bancarias. Desplome de la bolsa. Quiebras masivas. Fin del mundo.

¿Ve cómo funciona? La gente no trabajó más o menos que el día anterior (a menos que esto haya sido de un jueves para un viernes) pero a la vez todo es totalmente distinto.


El poder de la palabra de estos señores me lleva a pronunciarme sobre el tema de los así llamados gurúes. Por lo pronto, hablamos de gente que recibe la categoría de un sabio, un monje eremita o de los maestros de la protocultura cuando en realidad se asemejan más a un meteorólogo: dicen algo supuestamente científico, y si yerran siempre pueden alegar imprebisibilidad. El problema es que sus palabras comprometen el accionar de muchos. Vamos a un par de ejemplos históricos:

Estados Unidos, 1978.

"La inversión segura es Betamax. Ponete una distribuidora y no tenés que laburar nunca más en la vida".

Argentina. 1989.

"Vengo de jugar un deporte que me pareció muy divertido. Pronostico que para el 2012 se necesitará una cancha de Paddle cada dos metros".

Japón. 1994.

"¿Vender orina para tomar? ¡es una excelente idea! Bajos costos de producción, propiedades medicinales... ¿qué puede fallar?"

Argentina. 2009.

"¿Tenés un blog? ¡Por supuesto que podés vivir de él! Andá y cantale las cuarenta a tu jefe que en 2 meses te comprás la empresa".

Que lo disfruten con un flujo de salud anticíclico al 20%



* Ben Bernancke es el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos (la Fed)

lunes, 21 de septiembre de 2009

Preguntas acuciantes


"Las grandes preguntas de la vida"; "los grandes interrogantes de la ciencia"; "las bolillas 8 y 17". De cuando en vez, alguien nos quiere hacer notar que la existencia encierra grandes cuestionamientos que parecen tener su principal mérito en la misma dificultad o semi-imposibilidad de ser contestados.

Evitaré caer en el facilismo de la respuesta literal a las preguntas ¿de dónde venimos? y ¿hacia donde vamos? No obstante, sobre ¿cuál es el sentido de la vida? me gustaría decir que, en general, va desde el presente hacia el futuro, por más que Marty McFly trate de hacernos creer que esto no necesariamente es así.

Lo cierto es que quedarse en tales preguntas es querer eludir la responsabilidad de plantear una posible respuesta. Hay quienes han contestado tales inquietudes. Algunos de forma completa, otros de manera parcial o fragmentaria. Algunos bien, otros de manera muy lamentable. Unos han abrazado esa respuesta, otros prefieren evitar confrontarse con las consecuencias que encerraría.

En todos los casos son preguntas cuya importancia excede las pretensiones de este humilde espacio. "¿Y entonces para que las nombra?". Esa es una pregunta que dejaré sin respuesta. Quedará dando vueltas la nueva pregunta de si no contesto porque escondo la trama terrible que se urde entre lo dicho con lo por decir, porque considero que no será bien entendido el problema o porque no tengo la más pálida idea. Y no vale hacer suposiciones basadas en anteriores escritos míos o prejuicios sobre mi capacidad intelectual (a menos, claro, que tenga el prejuicio de que soy una persona muy inteligente)

La cosa es que enunciaremos aquí una serie de preguntas que generan la misma zozobra existencial refiriéndose -sin embargo- a ámbitos mucho más estrechos de la vida.

Esbozo aquí algunas preguntas acuciantes de las que espero que el culto y amable lector pueda brindarme alguna respuesta, si no real, al menos sincera:

¿Cómo se reconoce que hay que cambiar el cepillo de dientes? ¿para qué lado va puesto el papel higiénico en el porta-rollo? ¿cómo puede haber dicho Aristóteles y confirmado Platón algo sobre un todavía inexistente pantalón? ¿cómo podía Pierre Nodoyuna adelantarse a todos los autos locos para tender las trampas, pero no para ganar la carrera? ¿por qué "todo junto" va separado y "separado" va todo junto? ¿es evitable el incesto dada la composición social de los pitufos? ¿cómo llegó el galgo Dezotti a jugar la final de un Mundial? ¿quién le teme al lobo feroz? ¿por qué en España tradujeron Beverly Hills Ninja como La Salchicha peleona? ¿cómo llegó a preocuparme la traducción española de Beverly Hills Ninja? ¿cómo andás? ¿todo bien? ¿quién engañó a Roger Rabbit? ¿por qué la gente cuando trata de tararear la músiquita de "mientras tanto, en el salón de la justicia" le sale tararear la de Batman? ¿cómo llegó Keanu Reeves a cobrar por actuar*? ¿qué relación causal existe entre el encendido de un cigarrillo y el arribo del transporte público? ¿y cómo es él? ¿en qué lugar se enamoró de tí? ¿ Quo vadis? Tu quoque? ¿para qué sirve esta pieza que me sobró después de armar todo el mueble? ¿me quiere o no me quiere? ¿debería haber separado las preguntas para que no quede todo apelotonado? ¿cómo hago para ganar plata con esto? ¿dónde está Wally? ¿qué de qué?


¿Por qué sigue leyendo?


* entiendo "cobrar" en su sentido usual de "recibir dinero por ello" y no en el significado en lunfardo de "ser golpeado salvajemente". Esto último sería fácilmente explicable.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Impulsos




"Mi máscara de cordura está por caer"


(Christian Bale en Psicópata Americano)


¿Quién no se ha encontrado pensando algo sabiendo que no puede decirlo en voz alta sin caer en el desprestigio? Pensando una de esas cosas que no puede tener ninguna aceptación social y que uno esconde como un secreto con uno mismo. A veces son pensamientos, otras veces son sentimientos o ganas de hacer algo que bordea la línea divisoria entre lo aceptable y lo prohibido. Pero del lado de lo prohibido.


La situación es la siguiente: estoy bajando las escaleras hacia el andén de una estación de la línea "C" del subte. Vengo algo apurado. Me topo con dos ancianas que ocupan todo el ancho de la escalera mientra bajan los peldaños uno a uno con una parsimonia dominical. Escucho el sonido de la formación llegando. Trato de apurarme. No puedo pasar por la derecha porque una de ellas está tomada del pasamanos; no puedo pasar por la izquierda sin empujar a la otra. La chicharra indica que las puertas están próximas a cerrarse.


Es en ese momento en el cuál un pensamiento terrible y catártico me pasa por la cabeza: "Qué ganas de empujarla con todas mis fuerzas". 0.002 nanosegundos después reprimo el pensamiento. Bueno, quizás haya sido 2 segundos después. 15 minutos. 15 minutos pero no más que eso. Eventualmente me reprocho haber pensado una cosa así.


La locura no tiene que ver con la incapacidad de concebir algo disparatado, sino con no poder salir del mundo creado por esos pensamientos. En este sentido la libertad es embriagante: uno a cada momento podría hacer algo salido de contexto. No se necesita mucho tiempo para realizar una acción que tenga consecuencias. Eso sí, en general es más fácil y rápido algo con consecuencias negativas. Uno puede estar 5 meses construyendo un magnífico castillo de naipes pero arrojarse encima le tomará sólo 3 segundos (estoy más lento, ya no tengo buen arranque) Uno puede estar construyendo una red laboral desde hace años y -a base de trabajo a detajo y a deshoras- puede haber conseguido que lo inviten a la reunión donde los socios de la compañía discuten los temas importantes con vasos de whisky en la mano. Y, en medio de esa reunión que demandó tantos años de esfuerzo, decir: "¿Usted dice esa imbecilidad en serio? ¡VIVA MERY POPPINS! ¡VIVA MERY POPPINS!" mientras agita sus brazos arriba y abajo como un simio.


¿Nunca sintió ese vértigo? "Si ahora saltase por la ventana ¿hasta donde llegaría?". No se trata de ideas suicidas, sino tan sólo de impulsos irracionales, risibles e incluso infantiles que podemos compartir sólo con nosotros mismos. Trate de imaginar algunos menos dañinos:


"Ahora, en la mitad de la comida con mis suegros, me acuesto arriba de la mesa boca arriba"; "en la multitudinaria conferencia del Dr. Spock, levanto la mano y le pregunto qué le parece mi equipo del Gran DT"; "voy al supermercado a jugar al 'jenga' con la pila de latas de arbejas que están en oferta" y así.


Antes de que me encasille y diga "pero qué mal que está este muchacho", aclaro que el chiste está en no hacerlo. De otra manera habrá saltado el alambrado.


¿Quiere experimentar el vértigo? Escriba un mail que diga "Usted es un pelotudo. Saludos cordiales". Ponga la dirección de su jefe en la barra. Lleve el mouse hasta el casillero Enviar y levante el dedo. Ahora quite el cursor de ahí y cierre todo. Emocionante ¿no? Si tiene mal pulso, le recomiendo que primero pruebe hacerlo poniendo la dirección de un compañero de oficina que le caiga mal. Por si acaso. Y cuídese de relajarse sobre el enter después de quitar el cursor.


¿Que si yo lo hice? ¿está usted loco?


viernes, 11 de septiembre de 2009

Cada día se aprende algo nuevo


Esta frase, que en algunos casos puede tomar forma poética ("nunca a la cama te irás sin aprender algo más") marca la constante incorporación de conocimientos que acompaña nuestra vida. Algunas veces son cosas importantes (sumar, escribir la letra "a" en cursiva) pero en la mayoría de los casos se trata de simples datos que sirven para romper el hielo en una conversación o contestar bien en el "Trivial Persuit" (o en el "Carrera de mente". El de la caja gris. Bueno, el de la caja negra también)

La cosa es que este apotegma abuelístico ejerce sobre algunas personas una suerte de presión. Porque no se trataría de cualquier conocimiento. En un sentido es muy fácil conocer algo que no se supiese el día anterior: agarre el diario, ábralo en cualquiera de sus páginas y se enterará que una vedette se puso de novia con un futbolista o que el Merval cayó 2 puntos. Pero estos conocimientos no clasifican como "lo nuevo que se aprende" cada día. Tiene que ser un dato interesante, que sobresalga mínimamente de los datos que manejamos todos los días. Por ejemplo, como carajo funciona el Merval.

Pero entonces surge desde la ansiedad la pregunta clave: "¿qué aprendí hoy?". No vale aquí poner la moraleja de un programa infantil. "¿Qué aprendí hoy?" repetirá entonces. No se permite transcribir los resultados de la fecha de la Champions League. "¿Qué aprendí hoy?" insistirá con impaciencia. Ese video de You tube dificilmente pueda pasar como un nuevo conocimiento. No me importa que no supiese que pasaban cosas así. No es consistente.

El aporte del día de la fecha será regalarle al lector algunos datos que pueda sacar a relucir en primeras salidas, mesas de casamiento con desconocidos o silencios incómodos. Si ya aprendió su cosa de hoy cierre y vuelva mañana ignorante. No, no. No le dije "¡vuelva, ignorante!" sino "vuelva ignorante", es decir, sin saber la nueva cosa del día. Se entiende. Eso es lo que se llama una anfibología. ¡No, no! No importa si no lo sabía, siga leyendo. Empieza a contar desde ahora. Y no me importa si no sabía que empezaba a contar desde ahora, no es un dato consistente. Siga leyendo.

Invito a los amables y cultos lectores que colaboren con este reservorio de "cosas para aprender". Subiré aquellos datos interesantes para la edificación común. No, deje los libritos de colores del "Carrera de mente". Eso no vale.

La última advertencia es que estos datos no han sido parejamente chequeados. Digo, por si encuentra algún mito urbano. Después de estos reparos, van algunos aportes:

- El creador de Facebook tiene la mitad de mi edad y el doble de la plata que yo podría juntar en 35 vidas prósperas.

- Fiodor Dostoievsky era epiléptico.

- La costumbre de dejar a la mujer caminar del lado de adentro de la vereda viene de la Roma antigua, en la cuál caía mucha mampostería y los hombres eran necesarios para la guerra.

- La voz de Darth Vadder no es la del actor que lo interpretó (un británico), sino la de James Earl Jones, que era más profunda y cavernosa.

- En el principio de la canción Persiana Americana de Soda Stereo, donde dice "yo te prefiero fuera de foco", uno puede escuchar también "yo te prefiero fuera de tu auto".

- La frase "Ladran Sancho, señal que cabalgamos" no está en el Quijote.

- Odio al creador de Facebook.

Pues bien, con esto podrá ir tirando algunos meses. Eso sí, no garantizo su efectividad. En una de esas justo se topa con otro lector de este blog y le contesta que ya sabía lo que usted propone. En ese caso pueden charlar de lo bueno que está este blog, de lo mucho que me admiran y comentar que el mundo es un pañuelo.

¿El mundo es un pañuelo? He aquí un dato que no conocía.

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FUERA DE PROGRAMA: habrá notado que los textos de este blog ya no parecen estar escritos en un recetario. Habrá notado, asimismo, que el banner del MIB ha reincorporado a los 2 miembros del extremo derecho que antaño aparecían cortados (es decir, no aparecían) Habrá notado, en el colmo de la sagacidad, que la letra "s" de mi apellido ya no se cae al renglón de abajo. Pues bien, todos estos beneficios estéticos se los debemos agradecer a Mariano (http://blog-esloquehay.blogspot.com/), quién generosamente ha donado su talento y tiempo a la causa "Un mundo con blogs un poco menos feos". Gracias Mariano. Los lectores ya no tendrán que sufrir por el formato y se podrán concentrar en sufrir por los textos.

Como descarto que no sabía de la intervención de Mariano, ya puede dejar de leer.


lunes, 7 de septiembre de 2009

7/9/09


Hoy es un día importante. No porque se cumplan 250 días desde que empezamos el año; no porque un día como hoy haya nacido Jorge Porcel; no porque se cumplan 30 años de la conquista del mundial juvenil de Japón (bueno, quizás por eso también, pero no estamos hablando de eso) ni porque sea el día del Metalúrgico. Es importante por cuestiones que afectan de manera histórica este espacio sin espacio que damos a llamar internet. No, no tiene que ver con que un día como hoy se haya fundado Google. Es importante por otra cosa, que usted a esta altura debería querer saber con mucha ansiedad. Si no le interesa puedo seguir nombrando cosas que pasaron hoy y que no son a lo que me refiero así que avíseme cuando esté intrigado.

Un día como hoy, en 1834... ah, ¿quiere que se la cuente? Bueno. Resulta que tengo una capacidad maquiavélica de lucrar a partir de méritos ajenos, por lo que decidí formar un blog comunitario convocando a algunos de los más conspicuos elementos de la blogósfera. De hecho la idea no fue mía -más bien fui generosamente convocado-, pero esto muestra precisamente esta capacidad maquiavélica de lucrar a partir de méritos ajenos de la que hablaba.

El proyecto se llama Men in Blog (http://www.men-in-blog.blogspot.com/) y salió al aire hace cuestión de minutos. Eso suponiendo que usted lee esto apenas se publica. Si no, haga la cuenta. La cosa es que usted podrá encontrar allí un oasis de textos frescos, originales y tremendamente entretenidos que lo convertirán en una persona más completa, feliz e interesante. También podrá encontrar contribuciones mías.

Si es medianamente sagaz habrá visto que la sobriedad monástica de este blog ha incorporado un banner alusivo(por si se lo está preguntando, yo sería el cuarto de izquierda a derecha. De izquierda a derecha dije. Ahí. Entre el canoso y el pelado. Ese). Si tardé un año en incorporar un contador e insertar el blog roll; si todavía no logré ensanchar la franja de texto, entonces el banner debería ser una clara muestra de que no estoy solo en esto. Hay gente lo suficientemente capaz como para producir fotos como la que acompaña este texto pero no para darse cuenta de que me están incluyendo. La cuestión es que cliqueando allí será transportado a este El Dorado de la blogósfera.

Me adelanto a las posibles objeciones:

1) "¡Eh! ¡nosotros que lo seguimos fielmente, que caminamos 30 kilómetros bajo condiciones climáticas adversas hasta el pueblo más cercano con conexión a internet sólo para ver si publicó y ahora resulta que lleva sus textos a otra parte!".

Es claro que este blog sigue en pie. Las contribuciones de mi parte en el otro espacio son quincenales (una de las ventajas del neoblog es su capacidad para actualizar frecuentemente a través de distintas personas) y tienen más bien el formato de una columna, así que no deberían afectar las entradas de aquí.

2) "Bueno, bueno. Pero si tiene que escribir en otro lado lo más probable es que publique su plato fuerte allá y acá queden sólo migajas de ingenio".

Quiero que entienda el lector que en mis escritos no hay tal cosa como un "plato fuerte". Más bien se asemejan a la comida árabe: está llena de platitos con salsitas, bocados y cosas chicas que no terminan de calmar el hambre y en algunos casos pueden resultar decididamente indigestas.

3) "Pues bien, resulta que estuve leyendo a estos otros tipos y realmente escriben muy bien. No entiendo como perdí mi tiempo acá habiendo tantas cosas mejores en la blogósfera. Me voy a Men in blog y me llevo mis cosas".

No se atreva. Sé donde vive. Tengo su número de IP. La semana que viene sortearemos una camioneta en este blog. Vuelva.

Que lo parió.

martes, 1 de septiembre de 2009

Gente con demasiado poder


Se nos dice que es un afrodisíaco tan poderoso como el dinero; que rige todas la relaciones humanas; que es dado por el conocimiento; que es la secreta obsesión detrás de cualquier vocación política; que su búsqueda atraviesa toda la historia. Algunos aseguran que es bisílabo. Señoras y señores, de lo que hablamos no es otra cosa sino del poder.

No del poder para..., es decir, la capacidad de conseguir los medios para realizar un determinado fin, sino del poder como fin en sí mismo. Nos referimos a esa sensación embriagante de tener el control; de que la propia voluntad sea medida y regla de voluntades ajenas. O sea, el poder en el sentido jodido de la palabra.


¿Quién tiene el poder? Esta pregunta inquieta tanto a los que aspiran a tenerlo como a quienes lo detentan. Y aquí el imaginario colectivo dispara para cualquier lado y razona fuera del recipiente: imagina seres anónimos que viven en una especie de galaxia paralela, con un dominio fáctico del mundo desde las tinieblas. Tales personajes, elucubran los neófitos, se encuentran en enormes oficinas pertenecientes a corporaciones multinacionales enquistadas en grandes ciudades. Mientras miran por los enormes ventanales de un piso 50 vestidos en sus impecables trajes, murmuran la frase del príncipe Adam*: "yo tengo el poder". Quienes así piensan probablemente estén dejando pasar que el poder que se muestra es el que alguien efectivamente puede ver, y por eso no se juega en los que controlan los dichosos "hilos del mundo" sino en personajes mucho más cercanos y mucho más diabólicos que un señor en traje que mira por el ventanal en un piso 50 de las oficinas de una corporación multinacional con sede en una gran ciudad. Personas que no tienen poder porque hayan tenido la habilidad para conseguirlo, sino que simplemente se encontraron con que tenían poder y sucumbieron ante él, dejándose arrastrar como el perro atado al carro de los antiguos. Sólo que este perro va mordiendo y meando a todos los que ven el espectáculo.

¿Quienes son estas personas a quienes el azar quizo premiar con demasiado poder? Veamos:

1) Los porteros: pensemoslo bien ¿para qué sirve un portero? ¿cómo es que surgió el oficio?: gente que vivía en un edificio necesitaba que alguien se ocupe de cuidar los lugares comunes, pudiera hacer algunos arreglos menores y sirviese de espantapájaros urbano ante posibles intentos de atracar el edificio. Ahora bien, las experiencias de los últimos 4 porteros me han indicado que sus labores están lejos de tales especificaciones. Al parecer se reducen a baldear la vereda. Todo era lindo y maravillosos hasta que llegó el SUTERH. Al parecer todo lo que salga de la planta baja está fuera de su jurisdicción, incluso el cambio de una bombilla debe hacerlo un electricista matriculado y los ladrones no podrán entrar...a menos que lo hagan entre las 13 y las 17 hs. O después de las 19 hs. O entren en silencio y no toquen la portería.

Primero fue Rosita, tan simpática como inútil; luego vino el Ninja Perez, conocido así por su capacidad para desaparecer sin dejar rastros (para dormir su extensísima siesta); después estuvo aquél señor del que no recuerdo el nombre pero que por lo menos te abría la puerta y por último desembocamos en Carlos. Oh, Carlos. Al principio discutíamos con mi mujer si Carlos era malo o imbécil. El tiempo nos mostró que no se trata de una disyunción excluyente. Usted me dirá que con tanto cambio alguna vez tocará alguno bueno. Es necesario aclarar que los cambios tienen que ver con mudanzas mías, y no con un reemplazo de portero. No hablamos aquí de simple estabilidad laboral, hablamos de inmortalidad laboral.

2) Los mecánicos: frente a esta gente que sabe nombrar y desarmar las partes de un motor nos encontramos en la más completa de las indefenciones. Es difícil encontrar una asimetría mayor. La sospecha de que el problema nuevo no era problema antes de entrar al taller revolotea en el aire como una figura hecha con el humo de un cigarrillo y, al igual que esta, se esfuma. Para poder presentar batalla uno debería estar muy seguro de lo que dice: "no me importa que mis ceniceros filtren, no voy a pagar $300 pesos por ellos", "estoy seguro de que cuando traje el auto tenía puertas laterales". Ese tipo de cosas. Si se va un poco más profundo que eso, sólo queda agachar la cabeza y pagar.

3) Los empleados de los call centers: aunque ya les hemos dedicado algunos pensamientos, bien vale la pena detenerse en ellos. Escudados por una burocracia dantesca, gozan de la impunidad de estar del otro lado de un teléfono. He anotado nombres, puestos y números de pedido, pero nunca he llevado a buen puerto una queja.

Oficinas de compañía de celulares para atención al público. 12:34 hs.

Pablo: - Sí, vengo a quejarme porque los mensajes de texto me llegan 4 horas más tarde y varias veces me pasa llamadas directamente a la casilla de mensajes sin dejarme atenderlas.

NN1: - Sí, llame al servicio técnico desde esos teléfonos directos.

Pablo: -Hola ¿servicio técnico? (relato del problema)

NN2: - Bueno, usted debería (se corta)

Pablo: -Hola ¿servicio técnico? Sí, yo había hablado con NN2 Ah, ¿no me puede comunicar? (nuevo relato del problema)

NN3: - Ahá... (se corta)

(suena mi celular)

NN3: - Bueno, lo contacto aquí. ¿podría fijarse tal cosa en el celular?

Pablo: - No, porque estoy hablando con usted.

NN3: - Es que lo mejor es llamar desde los teléfonos directos a servicio técnico.

Pablo: - ¡Pero si usted me llamó a mí porque no funcionaban!

NN3: - Estuve fijándome y usted no tienen ningún problema.

Pablo: - ¿Cómo que no? Si le dije que...

NN3: - Le repito señor que usted no tiene ningún problema.

Todavía tengo ningún problema.

4) Los empleados públicos de cualquier dependencia: imagine una miríada de porteros. Si un trámite avanza, debe considerarlo un favor personal.

5) La gente del departamento de sistemas: cualquier libro de managment le dirá que un líder debe saber guiar a su equipo para alcanzar los objetivos a través de la puesta en juego de determinadas competencias. Usted también podrá encontrar las caras de estratégicos CEOs en las tapas de revistas igualmente estratégicas. Pero la verdad verdadera de la vida interna de una empresa económica es que los que tienen el poder son los del área de Sistemas. Todos los saben. No existe para ellos tal cosa como "información sensible", "restricciones" o "privacidad". Todo lo ven, todo lo saben, todo lo determinan. Si usted quiere implementar un proyecto, no se pregunte por las condiciones macroeconómicas, la coyuntura política o los factores climáticos. Pregúntese si puede lograr que alguien de sistemas se involucre en su proyecto. De otra manera fracasará. A menos que su proyecto consista en lograr hacer fuego a partir de dos ramitas.

6) Los pedagogos: que se entienda bien, la pedagogía puede ser una gran ayuda para la educación. El problema es que -por no sé qué extrañas causas-, casi ha logrado subsumirla en sí. Los pedagogos han logrado un lugar en las instituciones educativas reservado para los sabios, siendo sólo técnicos. En nombre de una intangible "calidad académica" le quieren dar un grado tal de formalidad que le absorben el alma a la docencia. Imagine a Cicerón tratando de dilucidar los contenidos procedimentales de sus discursos o a Churchill teniendo que cambiar la expresión "sangre, sudor y lágrimas" por otra que respete más las diversidades como "flores, nubes y pajaritos".

Nosotros, los que lo más cerca que estamos de haber experimentado el poder sea habernos quedado sólos en casa con el control remoto, sólo podemos mirar a estos seres con miedo y despreciarlos por dentro. Ellos son los que ahora tienen el poder. O eso es lo que me pareció mirando por el ventanal de mi oficina en el piso 50 de una corporación multinacional con sede en esta gran ciudad.

Que lo disfruten con salú,


* cuando se convierte en He-Man

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