miércoles 18 de noviembre de 2009

Empatía 0 a 0


empatía.
1. f. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.


Decía George Simmel que la ciudad nos hace vivir en la periferia de nosotros mismos. Que el frenético vaivén urbano nos obliga a racionalizar todo y se pierden así las relaciones profundas, que necesitan de cierto remanso, de cierta rutina y de....disculpe ¿lo estoy aburriendo? ¿qué usted vino a buscar aquí humor liviano para sobrellevar su rutina laboral? Bueno, ¿qué le dijo una impresora a otra? "¿Está hoja es tuya o es una impresión mía?". Bien ¿puedo seguir? Decía, para este buen hombre la metrópolis nos obliga a parapetarnos en las capas más exteriores de nuestra psiquis, de manera que podamos procesar el cambio constante al que nos vemos sometidos.

Hasta aquí una experiencia que podríamos ejemplificar largamente. El tema es que con el tiempo esto puede ir atrofiando nuestra capacidad de empatizar con las alegrías y desventura ajenas o -en algunos casos extremos- incluso con las propias.

Caso 1: Universidad Nacional del Tomate. 10:22 hs.

- Chicos, debo comunicarles que el curso va a ser interrumpido porque el profesor...murió.

- ¿Cómo?

- ¿Cuando?

- ¿Dónde?

- ¿Eso quiere decir que nos podemos ir?

Caso 2: Banco de plaza. 19:35 hs.

- La verdad es que en éste último tiempo he estado pensando mucho en nosotros. Siento que en este momento necesito una contensión que vos no me podés dar. No porque seas malo, sino que por tu forma de ser. No sé qué te parece...

- Sí, sí. Soy de determinada manera.

- Pero ¿entendés lo que te digo? Me parece que es un buen momento para que nos separemos, para que cada uno vea otra gente.

- Justo de acá me voy a juntar con los muchachos.

- No me está siguiendo. Me siento incomprendida, como si estuviera sola.

- Te entiendo, pero yo no les puedo caer a los muchachos con vos, me van a decir que soy un pollerudo.

- Dejá, lo que quiero decir es que no nos veamos más. Te dejo por indolente y por boludo.

- ¿Eso quiere decir que me puedo ir?

Señores, estos casos nos hacen pensar que no debemos dejar que la vida citadina nos arrebate nuestra humanidad o los retazos de ella que aún podemos salvar. Y la salida no es leer un libro de Ari Paluch. Bah, probablemente eso sea una salida para Ari Paluch, pero no para usted. Usted debe confrontarse con su yo interior y tratar de gestar algún tipo de sentimiento. Alguno. Cualquiera. Una sonrisa franca cuando otro está contento; algún disgusto sincero frente a una injusticia notoria; un mínimo de congoja frente a la situación de Justino Ormeño, a quién su mujer dejó por su mejor amigo, su perro Boby. Que se yo. Algo. No, un poquito de asco no cuenta. Probablemente eso sea su acidez estomacal.

Como no lo veo bien perfilado, le propongo algunos ejercicios para recuperar la profundidad psíquica:

a) Tomar mate en la vereda con un vecino: no me importa que usted viva en el microcentro porteño. Va a ver lo bien qué le hace. Eso sí, un poquito más atrás que ahí se lo va a llevar puesto el 128. Y no le haga caso a los transeuntes encolerizados. Todos sabemos que su madre no se dedicaba a esas cosas. Ellos insultan porque viven en la superficie, recuérdelo.

b) Echarse en el pasto a contemplar el cielo: es traer el campo a la ciudad. Si mira en línea recta, derechito hacia arriba podrá obviar la plétora de edificios y ver las mentadas nubes de las que tanto hablan. Recuéstese, le va a hacer bien. ¡Cuidado con el soret...! Nada, nada, que así está perfecto.

c) Preocuparse por el otro: todos responden que "bien" a la pregunta por cómo están. Si un amigo que pasaba le hubiese preguntado informalmente a Tupac Amarú cómo andaba mientras era tirado por los caballos, éste le hubiese respondido que bien. Indague un poco más. No obstante, evite hacerlo en términos que muestren la falta de tacto hasta el nivel del muñon comunicativo que usted ostenta ("justifique su respuesta") o trate de condicionar la respuesta ("¿seguro que bien? ¿no te jode que tus hijos no te respeten y que tu mujer se haya ido con tu perro Boby")

d) Genere cercanía con personajes del barrio: una almacenero, un frutero, un zapatero, el del kiosko de diarios, usted verá. Lo cierto es que necesita reducir la escala. Si en el supermercado usted conoce el nombre de la que lo atiende quiere decir que se la está tratando de levantar (o que sabe leer los cartelitos, pero para nuestros fines vamos a descartar esta posibilidad) pero aquí uno puede disfrutar de una relación estable que no pide demasiado tiempo ni desgaste. Ideal para un androide como usted.

Hecha la advertencia, hechas las recomendaciones y hecho el artículo, me doy por hecho.

Que lo disfruten con salú.


viernes 13 de noviembre de 2009

Lo 100to


Los hombres estamos acostumbrados a los ciclos. Es una manera de tener control sobre lo que no tenemos control. No podemos decidir si llueve o hace calor, pero podemos decir: "la época en la que hace mucho calor es el verano". Una perogrullada, me dirá, pero nos tranquiliza saber que le podemos poner alguna etiqueta al clima. Y si este no cumple con el protocolo establecido y se despacha con 3 grados un 20 de diciembre, el que está mal es él ("qué tiempo loco ¿no?")

También en otros ámbitos recurrimos a los ciclos. Nos ordena, nos da seguridad. "Mi ciclo en este equipo se ha cumplido" alega el entrenador después de perder, no 15 ni 17, sino 16 partidos consecutivos; "hoy cumplimos 7 años de novios" dice amorosamente el tórtolo para dar cuenta de un momento en el que al parecer puede 'salvar' antes de seguir, como en los jueguitos de Nintendo de antaño; "cumplo 30 años" asevera el tipo, mientras hace desafortunados cálculos entre hitos significativos y establece simetrías imperdonables. En fin, esto último recién nos (pre)ocupará recién dentro de unos días. Pero la idea general se entiende.

Pues bien, amparado en ese amor por las cifras redondas, comunícoles que el que leen en este momento es el post número 100 de este blog.

(pausa para aplausos)

Gracias, gracias, la verdad es que...

(más aplausos)

Bueno, bueno. ¿Qué puedo decir?

(ovación de pie)

Y, mucho no voy a poder decir si usted sigue ap...

(aplausos acompañados de algunos gritos de "bravo", "ídolo" o "aguante Almirante Brown")

¡BUENO BASTA! ¡QUIERO HABLAR, CARAMBA!

(Mirándose entre sí con incomodidad, el público toma asiento nuevamente)

Decía, si esto ha llegado hasta aquí es porque ha habido gente con la amabilidad suficiente para seguir entrando a este espacio guiados por la simpatía, la pena o la inercia.

Cuando empecé con el blog aclaré que la regularidad iba a estar atada a mi estado de ánimo para cubrirme de posibles momentos de falta de inspiración, angustiado por el horror vacui que sigue a cada post, pensando en si tendré algo para decir en el post siguiente. Pues bien, ahora veo que resulta que nunca tuve demasiado para decir y sin embargo aquí estamos, en el post número 100. Que no es un post más divertido que el anterior, que no tiene un tema demasiado interesante pero que sin embargo no deja de ser el post número 100. Y el 100 es una cifra redonda. Un ciclo podríamos decir.

Que lo disfruten con salú.

martes 10 de noviembre de 2009

Adelantándose tarde


Estamos en noviembre. Sí, ya sé que lo sabía, pero lo repito: estamos en noviembre.

¿Qué quiere decir esto? Que ya hemos pasado octubre y todavía no llegamos a diciembre. Bien, veo que ha estado estudiando el calendario. No hablo del mero transcurrir del tiempo que se escurre como arena entre los dedos. ¿Vio como se escurre la arena entre los dedos? Bueno, así. Pero dije que no hablaba de eso, sino del tiempos signado por eventos significativos. Usted, en su torpeza, se apresurará a comentarme sobre Navidad y año nuevo. Y la verdad es que si lo pasa en la casa de sus viejos, en la de sus suegros, uno y uno o en lo de los Perez García poco me importa. Hoy no voy a dedicarme a las fiestas. En primer lugar porque no me gusta el mote uniformante de "las fiestas" y porque mal que mal uno ya sabe a qué se enfrenta. Lo invito a mirar más allá y encarar el tema verdaderamente problemático de estas fechas: las vacaciones.

Deseadas durante todo el año, su proximidad genera una ansiedad llamativa. Parece como si uno estuviese meses esperando la visita de una personalidad y en el momento que llega dijese: "uh, ya llegaron las vacaciones y yo en estas fachas". Porque aunque lo quiera disfrazar con un ejemplo, usted y yo sabemos que en el fondo hablo de las vacaciones.

Un primer tema es la elección de la locación. Una imagen mental que uno suele hacerse de las vacaciones involucra una playa soleada, de arena blanca y en cuya soledad se puede divisar una palmera cayendo educadamente sobre el mar turquesa como si lo estuviera reverenciando. Yo le echo la culpa de esto a los avisos de las empresas aéreas. Lamentablemente, la foto corresponde las más de las veces a Bora Bora y no a Las Toninas o Villa Gessell. Los dueños de esta imagen mental forman parte de los hombres que podemos denominar "playeros", y que no conciben un verano sin mar ni arena. No, no en el sentido del tiempo que se escurre sino literalmente arena. Lo que uno podría objetarles a estas personas es que si lo que quieren es irse a otro lugar para alejarse de todo, no vayan al lugar donde va todo el mundo para alejarse de todo. Tengo un solo recuerdo de Mar del Plata e involucra muchísima gente. Fui esquivando personas hasta que sentí que en un momento mis pies estaban mojados: había llegado al mar. Y eso que era marzo.

Pero hay otro genotipo vacacional que repudia la playa y sueña en cambio con un campo verde o una sierra. No, no una sierra eléctrica. Con un paisaje serrano. No, no sé que significará soñar con sierras eléctricas. Ponele que castración o potencia sexual o tendencias psicópatas. La cosa es que...o simplemente que tenés que terminar la biblioteca rápido. Puede ser. Le averiguo. Decía, los que van mucho al campo sufren durante el año del encierro de la urbe. "Son todos unos animales" confiesan a quién quiera escucharlos. Y es por eso que buscan un reducto donde los únicos seres vivos, bueno, sean todos animales. La sierra por su parte implica además alguna pretensión de ejercicio físico, más no sea ir a una parrilla que quede cuesta arriba.

Pero esta elección está sazonada por dos condimentos no elegidos: los días y el presupuesto. Y los nombro juntos porque guardan una extraña relación: quienes tienen más días (docentes, por ejemplo) tienen menos presupuesto y quienes tienen más presupuesto (empresarios grosos) tienen menos días. ¡Oia! ¡resulta que son inversamente proporcionales! Hay, sin embargo, algunos casos excepcionales que logran combinar ambas variables: gente que no tiene ni días ni presupuesto (básicamente esclavos) y gente que tiene días y presupuesto (abogados de Tribunales, hijos de empresarios grosos, Bill Gates)

Si usted es de la gente que tiene pocos días y algo de presupuesto, tomese las vacaciones en marzo. Tomarse las vacaciones en enero es como pedir un día libre y elegir el viernes. Nadie trabaja ese día de cualquier manera. Si quiere sobrevivir al año, aproveche la baja de gente en la ciudad propia de la época estival y vayase cuando todos estén volviendo o hayan vuelto (hay un placer extra en irse cuando los otros ya han vuelto. O eso me han contado las malas personas) Si en cambio tiene muchos días y poca plata, los sanguchitos para la playa hágalos en pan francés. Es más fácil quitarles la arena. Lo único que le pido es que, si bien los precios de la playa son prohibitivos, no lleve un tupper con tallarines para degustar en familia. Por el resto se lo pido.

Usted sabrá donde ubicarse en las combinaciones posibles; eso sí, no me desordene el cuadro diciendo que tiene bastantes días y que justo se ganó la lotería o que no tiene demasiada plata pero además siente que el tiempo vacacional se le escurre como arena entre los dedos.

Ahora junte todas la piezas y vea cuál es el destino de sus próximas vacaciones. Por mi parte, estaré recostado durante largas jornadas tomando sol en la paradisíaca Plaza Congreso.

jueves 5 de noviembre de 2009

¿Por qué quebró Canal 4?


La desaparición del Canal 4 hubiese sido impensable 10 años antes. Pero en el momento que se dio, la estación solamente era conocida por sus esporádicos escándalos. Escándalos que surgían cuando a alguien se le trababa el control remoto cuando estaba pasando y alcanzaba a escuchar alguna de las barbaridades a las que nos tenían acostumbrados. Después, comentario de boca en boca, búsqueda y You Tube y 5 minutos de fama. Literales. You Tube no quería mancillar su imagen teniendo material de Canal 4 en su página.

Todo comenzó cuando Matildo Arrigorría tomó la conducción del canal. Heredero de una gran familia aristocrática, el tipo era dueño de todo. Incluso de una descomunal incompetencia. El principio del fin fue la inclusión del programa "Pandamonium" en el prime time. Cocineros japoneses debían cazar osos pandas usando solamente sartenes. Después de varias quejas de la audiencia, permitieron que los cocineros pudiesen usar también planchas de cocina y un tenedor. Se levantó después de la carta protestando por la crueldad, que mandó el Partido Nacionalsocialista local.

Pero más allá de algunos programas desafortunados y de una que otra decisión catastrófica, todos saben que el eje de la culpa recae sobre el noticiero. Una primera falla fue contratar un meteorólogo mitómano. La gente soportó salir con calzoncillos largos, 3 bufandas y 2 camperas para encontrarse con 35 húmedos grados; soportó estar al borde de perder extremidades por congelamiento mientras una lluvia torrencial mojaba su bermudas y musculosa; pero lo que no pudieron soportar fue escucharlo decir que "debido a una corriente cálida del sudoeste, Godzilla asolará la ciudad". "Godzilla no es un fenómeno climático" decían indignados los televidentes.

Es comprensible y hasta lógico que el presentador deportivo sea un fanático del fútbol. Pero no parece igualmente lógico que sea un fanático de un equipo determinado. Su análisis de la fecha distaba de ser parejo. "Resulta que ganaron los p***s de Deportivo Cañazo. Ya van a ver cuando los agarremos en la fecha 12". Después se prolongaba en una serie de analogías sexuales que no parecían aptas para un noticiero del mediodía. Su equipo copaba la mayoría del segmento, que era mechado con algunas alusiones al "pechofrío de Pagliotti" o al "cagón de Torrealba". Muchas veces rompía espontáneamente en cánticos soeces cuya conclusión general era que su equipo iba a campeonar. El acabose se dió el día 23 de septiembre. "Hoy mi equipo perdió así que no tengo ganas de hablar de fútbol. Cambiemos de tema". Acto seguido, empezó a relatar bastante pormenorizadamente la fisonomía de cierta vecina suya que, por lo que rescatamos de su descripción, parecía bastante agraciada.

La columna de espectáculos no eras mala, pero el hecho de que su presentador fuese tartamudo le restaba un poco de brillo. La reseña sobre "El Señor de los Anillos" duró más que la película original.

Pero el epicentro de lo que derivó en la implosión del canal estaba en el presentador: Claudio Tulio Menigosi. Por más que uno pueda estar indignado y tomar posición imo pectore, no puede decir "hay que matarlos a todos" al aire. Especialmente cuando se está hablando de una iniciativa de los Boy Scouts para construir casas en una comunidad pobre.

"Lo que les molesta es que haga un periodismo independiente" se defendía Menigosi.

"Independiente de la realidad" le retrucaban sus detractores.

Lo cierto es que la independencia no era la característica fundacional del Canal. Cuando Arrigorría se encaprichó con ser presidente de la Nación, Menigosi fue su instrumento de propaganda. Le adjudicaba proezas como haber ordenado el sentido del caudal de los ríos o haber resuelto el cubo de Rubik. "Como ha confirmado nuestro meteorólogo, los movimientos sísmicos de esta mañana han sido producidos por los opositores de Arrigorría". El triunfo en lanzamiento de jabalina de un deportista nacional se debía a Don Matildo, que "bien que accidentalmente podría haberle quebrado el brazo y nunca lo hizo".

Llegado el momento de la votación se descubrió que Arrigorría había hecho fraude (pensándolo bien, haber puesto publicidades suyas en las urnas falsas no fue una buena idea). Éste cayó en desgracia y con él el Canal 4, que no consiguió nadie interesado en comprarlo. Sus profesionales se dispersaron y el olvido lo cubrió con su manto. Por suerte.

Eso fue todo, pueden retirarse. Eso sí, les recomiendo llevar un paraguas. El nuevo meteorólogo del canal 8 dice que van a caer elefantes abrazados. Literalmente.

martes 3 de noviembre de 2009

Gente intimidante


Quién no esté leyendo esto desde una cueva inhóspita en las montañas de Níger a través de una poderosísima conexión wi fi, podrá dar cuenta de la cantidad de intercambios que rodean nuestra condición de animal social. De entre los múltiples encuentros que adornan nuestros días, podemos distinguir varios tipos: los de índole familiar, los meramente sociales, los estrictamente económicos y las combinaciones que puedan presentar los anteriores*: tenemos intercambios fugaces, palabras preestablecidas para diálogos que sólo acontecen una única vez; encuentros profundos y meras yuxtaposiciones sociales; conversaciones constructivas y palabras que se lleva el viento; charlas con presencia emocional y otras con ausencia mental. La variedad de interlocutores hace que nos involucremos de distinta manera en estos intercambios sociales.

Pero pasa de cuando en vez que nos topamos con personas que nos congelan. Hombres y mujeres cuya presencia anula, si no todas, por lo menos algunas de nuestras cualidades sociales. Gente ante la cual nos quedamos como liebres frente a la luz de los faroles del auto. Socialmente inmóviles. Se trata nada más y nada menos que de gente que nos intimida. Lo que trataremos de hacer es simplemente enunciar un listado de gente arquetípicamente intimidante para que pueda estar precabido y reaccionar lo más elegantemente posible si llega a toparse con ellos.

a) La gente muy inteligente: hay personas cuyas comprensión de la vida o de algún aspecto particular de ella nos maravilla, admira y hace pensar que lo que estamos por decir es una gansada que merecerá su mirada desaprobatoria (aunque no diga nada, porque alguien como él no te va a decir nada) Buscamos entonces entre nuestro acervo algo que pueda estar a la altura. Pues bien, dejeme decirle que eso suele ser contraproducente y -víctima de la profecía autocumplida- la frase suele devenir en una gansada.

Intimidado 1: - Eeeeh.... qué tema la situación política mundial ¿no?

Persona muy inteligente: - ¿por qué lo decís en particular?

Intimidado 1: - Porqueeee... ¿viste que Chavez iba a cantar con Calle 13?

b) La gente muy linda: aunque generalmente se busque dicotomizar a bellos e inteligentes, la verdad es que la situación es análoga a la anterior. Sólo que aquí además está involucrada la libido, lo que no promete mejores resultados. En el fondo se trata de la necesidad de maravillar a esa belleza en el poco tiempo que pueda darnos de su atención, así que muchas veces se intenta jugarla de profundo. Desaconsejable por donde se lo mire.

Intimidado 2: - ¿Qué tal?

Persona muy linda: - Hola.

Intimidado 2: - ¿Existirán otros colores?

Persona muy linda: - ¿Qué?

Intimidado 2: - Sos muy lind...yo soy profesor de filosofía. Soy profundo.

Persona muy linda: - ¿De qué estás hablando?

Intimidado 2: - ¿Sabías que Chavez iba a cantar con Calle 13? ¡Aaaaghh!

c) La gente famosa: sobre esto hemos escrito largamente aquí. Solamente agregar que en algunos casos puede además coincidir con la categoría anterior, en cuyo caso la persona intimidada entra en coma.

d) El psicólogo: la visión que mucha gente tiene de los psicólogos se asemeja a la de una suerte de mentalistas. Un psicólogo podría leer tu mente, pero sobre todo leer aquellas cosas perversas que no deberían ser publicadas. O quizás sea más exacta la imagen del detective, que puede usar las palabras como pistas para descubrir nuestra culpabilidad, aún sin que tengamos claro de qué somos culpables. Por eso el pedido de que "no analicen todo" es un pedido de resguardo psíquico, casi de auxilio. Esto se puede ver en las constantes justificaciones que ornamentan el diálogo con un psicólogo.

Intimidado 3: - Bueno, yo hice este dibujo que me pidió, pero sepa que bien pude haber hecho otro.

Psicólogo: - Está bien, igual me sirve que hayas hecho este.

Intimidado 3: - ¿Por qué? ¿qué tiene? Lo hice porque me pareció que era lo que usted quería. Y no es que me justifique porque esconda algo. Ahora va a pensar que escondo algo porque lo traje a colación. Le aseguro que no. El énfasis no ayuda ¿no? No, yo le aviso porque hay cada uno que interpreta que ¡mamma mía! ¡Uy! Ahora va a decir que dije eso porque tengo un edipo no resuelto con mi vieja. No, con ella está todo bien. Bien, pero no entendido de una forma sexual ¿me entiende? Y no es que tenga una fijación con el sexo. Deme, deme el dibujo que voy a hacer otro. Se puede ¿no? Es normal ¿no? ¿qué tendría que haber contestado?

Psicólogo: - No hay una repuesta única.

Intimidado 3: - ¿Respondí mal? ¿qué responden todos? ¡¡¡DEME EL DIBUJO!!! Perdón. No le quería gritar. Le juro que soy normal ¡Aaaghhh!


Espero que esto le haya servido para trazar líneas de acción para emergencias como estas. Que se yo, puede mirar al horizonte como escrutando algo y correr en esa dirección, fingir un desmayo, aprender a decir 'no hablo castellano' en alemán (no recomendable si está ante una persona verdaderamente inteligente, puede salirle mal y que lo hable y tener que recurrir al desmayo) o en el lenguaje de señas.

Cualquier cosa, siempre está la opción de la cueva inhóspita en las montañas de Níger con poderosísima conexión wi fi.



* familiar-económico: encuentro con un tío millonario; económico- social: con los compañeros de trabajo; familiar-social: con el primo buena onda; etc...

jueves 29 de octubre de 2009

Un talento para el fracaso


Algo sospeché. aunque para ser totalmente sincero al principio pensé que se había equivocado. Una simple confusión. Incluso le dí las gracias. Ahora me cierra más su cara de sorpresa.

"Tenés la facha de Jean Paul Sartre y la inteligencia de Matthew McConaughey" me dijo. Y yo le sonreí como un budista. Pero ella - que siempre hizo de la claridad una virtud- insistió con señales menos ambiguas. La carta documento me llevó a preguntarme si algo andaría mal. Pero lo que terminó por convencerme fue el inequívoco hecho de que se fuera con Darío "cara de Totem" Ferronato. Darío no sólo era la persona menos interesante que he conocido, sino que además es violentamente feo. Un atentado contra la estética de 1, 55 mts. Justo con él, que en la federación de box le decían "el Feo". Eso es toda una declaración.

El lector me reprochará mi superficialidad pero ¿quién puede ser sutil con una persona a la que Horacio Guaraní apodó "el cabezón" mientras -señalándolo- se burlaba de él? "Algo le habrá visto" dirán, concediéndole el beneficio de la duda. Ustedes no conocen a Cara de Totem como yo. 3 años trabajamos en aquella garita de vigilancia. Yo fui el que escuché día tras día las aventuras de su abuela renga en el supermercado del barrio. Yo el que sonreí frente a los relatos de sus triunfos en diversos juegos de rol frente a adversarios de 14 años. Yo el que soporté la evolución de su historia de amor con una mujer que no parecía estar enterada de ella y que -luego me enteraría- vivía de vender su cuerpo. No, no, no por partes. En bloque. Más que venderlo podríamos decir que lo alquilaba. Pero Darío, sumido en un mundo que no es el nuestro, nunca lo supo. Y ahora ese infeliz tiene novia. Mi novia.

"Esta mina no te va a hacer tocar fondo" me advertí. Y fui fiel a mí mismo, porque a partir de ese momento empecé a derrapar cuesta abajo.

"Como bocina de avión", "como cenicero de moto", "como diccionario en un fotolog". Mi jefe dedicó varios minutos a buscar analogías sobre mi desempeño y aporte laboral. Cuando sintió satisfechas sus ansias literarias, me mostró cuál era la puerta de salida. Después le mostró a la gente de seguridad cuál era yo y ellos solitos unieron las piezas.

Si hay algo que me han enseñado las películas, es que en esos malos momentos uno tiene que ir a la barra de un bar. No importaba que fuesen las cuatro de la tarde. Siempre, cuando uno está cabizbajo mirando el vaso de whisky, entra alguien importante para la historia, algo pasa. Y algo pasó.

"¡Quiñones!" escuché. "¡Ernesto Quiñones! ¡no lo puedo creer!". Era un antiguo compañero de la secundaria. Se sentó a mi lado y me contó que ahora era un próspero empresario del negocio de la computación. Yo sabía que algo iba a pasar. Justo encontrármelo después de que me rajaron del laburo no podía ser casual.

"Esperame un segundo" me dijo, con un entusiasmo que le salía por los poros. La verdad es que estaba sorprendido. Cómo uno puede marcar a las personas. Según recordaba, yo lo había tratado bastante mal cuando eramos compañeros. Y se ve que él también lo recordaba, porque cuando entró de nuevo estaba acompañado de dos hombres con anteojos negros que hubiesen intimidado a un gorila adulto.

Lo que siguió fue una escena de esas que en las películas se tapan enfocando las sombras, sólo las caras de los agresores o el lugar de la golpiza desde afuera.

Cuando desperté en la cama del hospital, mientras me tocaba las múltiples heridas en la cara, pensé nuevamente: cómo uno puede marcar a las personas. Un médico me dio el parte de la situación.

"¿Cómo estoy?" pregunte angustiado. El Doctor, con un tono sereno, me respondió: "al principio nos preocupamos por una posible mala praxis, pero después nos tranquilizamos". "¿Porque no fue nada?". "No, porque usted no está cubierto por la obra social, así que técnicamente no es responsabilidad nuestra. Estábamos esperando que despierte para trasladarlo a la enfermería de una escuela primaria que está acá a tres cuadras. Cuando llegue pregunte por Mary. Ella le pondrá un banquito por ahí. En lo posible trate de no levantar los brazos y respirar al mismo tiempo. Ah, y no cruce las piernas".

Ya recuperado, quise reconstruir mi vida. Era septiembre de 2008 y yo no podía seguir así. Me puse a hacer cuentas en medio de la calle para ver cuanto era lo que necesitaba para cambiar la situación. Un hombre de traje con pinta de importante me vio, tomó el papelito en el que estaba escribiendo y le dijo a otro hombre de traje que estaba a sus espaldas: "Esto es lo que necesitamos. Sangre nueva". No sé si lo decía asombrado por mis cálculos o por la herida en mi hombro que no terminaba de cicatrizar.

Ahí nomás me propuso un puesto alto en una gran compañía: Lehman Brothers.

Después de la quiebra yo fui acusado de no sé que cosa y es por eso que escribo estas palabras desde la cárcel. La verdad es que aquí no se está tan mal. Para ser sinceros aquí me siento bastante protegido... de mi mismo. El otro día me vino a visitar Cara de Totem y nos jugamos unas manos de un juego de rol. ¿Qué más se puede pedir?


lunes 26 de octubre de 2009

Haga historia


Cuando pensamos en los grandes movimientos históricos nos hacemos la idea de oscuras fuerzas destinales que rigen el devenir casi con necesidad, dejando de lado el componente humano de la historia. Nos olvidamos que son personas concretas en momentos concretos que hacen cosas concretas que terminan afectando la historia de una forma concreta. Es verdad, parecen gotas que se pierden en la inmensidad del océano, pero la materia de ese océano no es algo distinto que esas personas a las que hacíamos referencia.

¿Qué hubiese pasado si Gavrilo Princip no hubiese asesinado a Francisco Fernando? ¿qué sería de Francia si Napoleón hubiese tenido una mejor digestión? ¿o de Inglaterra si Enrique VIII hubiese sido un poco más templado?

Ahora bien, hasta aquí todavía podríamos pensar que la historia cuenta sólo "la gesta de los reyes", pero hay estudios históricos en la línea de una corriente que podríamos llamar "microhistoria" que revalorizan el papel de un Juan de los Palotes que simplemente vivió en tal época y no hacía más que jugar al fútbol los jueves y coleccionar estampillas.

¿Y a cuento de qué viene todo esto? Hay que devolverle el peso histórico a los individuos comunes y silvestres. Ahora bien, usted es un individuo común y silvestre. Yo le voy a devolver su peso histórico. Le voy a permitir colaborar en un pequeño giro de la historia contemporánea para que después le cuente a sus nietos. Hoy, le doy la oportunidad de dejar su voto (único, concreto) en favor de Bugman en el concurso de bitácoras.com

"¿Eso?" me dirá con un poco de decepción. Sí, empecemos con eso, después vemos como le va con la participación en revueltas políticas, descubrimientos fenomenales y cosas del estilo. Para que vea el impacto histórico que puede tener, haremos un poco de proyección histórica: usted vota a Bugman en las categorías "Mejor blog de humor" y "mejor blog personal". Bugman clasifica para la selección final del premio. Los jurados -incapaces de dejarlo con las manos vacías por segunda vez- le dan el premio. Bugman gana notoriedad. Gente de todo el mundo entra a su blog. También al que comparte con otros muchachos de los que algún historiador sagaz sabrá que soy parte. Se convierte en un boom (quiero decir que se hace muy popular, no que se inmole como hombre bomba) Men in blog logra alcanzar su fin de lucro. Dejo mi laburo para dedicarme al blog. Usted empieza a leer artículos un poco más elaborados. Los disfruta. Es un poco más feliz.

Pero puede pasar que su reacción sea: "Ya he leído muchas invitaciones a votarlo en estos días. Me cansé". En ese caso, hagamos otro poco de proyección histórica: resoplando y de mal humor por una nueva invitación a votar a Bugman en las categorías "Mejor blog de humor" y "mejor blog personal" golpea el monitor. Este cae sobre su café, que se vuelca sobre el teclado. El teclado empieza a echar chispas. En pocos segundos su casa está en llamas (no sé si fue por las chispas, la cosa es que su casa está en llamas) Usted logra escapar de milagro, pero se queda sin casa. Desde un cibercafé se entera que Bugman no clasificó. Bugman se deprime. Lleno de rencor, logra convencer al resto de los Men in Blog de que un suicidio masivo simulando ser parte de una nueva secta es una publicidad fantástica. La publicidad es ignorada y Men in Blog se queda sin redactores. El resto de los bloggers dejan de escribir por miedo a terminar como Bugman. Usted ahora no tiene casa ni blogs que leer desde el cibercafé. Es un poco menos feliz.

Pienselo. Yo sólo dejo esto acá.


Piense en sus nietos.