jueves, 26 de enero de 2012

Cuento de Nadas


Bosque de fábula. 16:25 hs.


Caperucita entra a la casa de su abuelita. Aun con todo a media luz, alcanza a divisar a la anciana metida en la cama. Se acerca con la canasta de víveres que trajo.


- Hola, abuelita.


- Hola Caperucita.


- Son $143,50.


- ¿Eh?


- Dice mamá que son $143,50. Y eso que no me dejó cobrarte propina por traerte todo para acá. Claro, al pibe del COTO denle algo nomás, pero a la nieta boluda no ¿no?


- Esteee... Fijate ahí que está mi cartera. Pasamela.


Caperucita se acerca para entregarle la cartera y se sorprende.


- ¡Abuelita! ¡pero que ojos tan grandes tienes!


- Es que soy hipotiroidea.


- ¡Abuelita! ¡pero que nariz tan grande tienes!


- Bueno, bueno. No escupas al cielo, que es una herencia familiar. Te muestro una foto de Nana Goldstein y vas a ver lo que te espera cuando pases la pubertad.


- ¡Abuelita! ¡pero que orejas tan grandes tienes!


- ¡Pero, che! ¿te parece querida?


- ¡Y que peluda eres!


- (Haciendo puchero) Eso ya es cruel. Es verdad que ya no me depilo como antes, pero lo de las orejas y la nariz duele muchísim...


- ¡Y que manos tan grandes tienes!


- ¿Esos son los modales que te enseñó tu madre?


La abuelita se pone a sollozar. En eso entra el lobo, que ve a la abuela, mira a Caperucita y le dice:


Lobo: - ¿Qué le hiciste? ¿qué le hiciste?


Caperucita: - Pep...yo pensé que en realidad era usted.


Lobo: - Yo dejé el transformismo hace ya varios años. ¿Te parece compararla con un canis lupus? ¡mirá cómo se puso!


Caperucita: - No le hice nada. Yo sólo manifestaba mi sorpresa por el tamaño de las distintas partes de su fisonomía.


Abuela: - Si viniera a visitarme más seguido no le pasaría... ¡y además me dijo peluda!


Lobo: - ¡Pero que pendeja de mierda! ¡un poco de respeto con tu abuela!


Abuela: - ¡Cómasela, señor Lobo! ¡cómasela!


Lobo: - No, Doña Gertrudis, que es menor de edad y después se me arma un quilombo legal de novela. De novela infantil concretamente. Yo no sé qué les enseñan a estos chicos hoy en día. Fíjese, Doña, yo ya tengo miedo de venir por el bosque. El otro día dos borregos me robaron todo. Después la policía los agarró destruyendo la casa de la señora Bonafide de acá a la vuelta. Hansel y Gretel Ramírez, se llamaban. Pero como son menores los dejan libres enseguida. Ya veo que la terminan matando a la pobre señora en represalia.


Abuela: - Es lo que le comentaba a Mariano, el que vive con esta chica acá a 10 minutos.


Lobo: - ¿El que vive con la chica blancuzca me dice?


Abuela: - Ese.


Lobo: - ¿Uno petiso y narigón?


Abuela: - No.


Lobo: - ¿Un petiso malhumorado?


Abuela: - No.


Lobo: - ¡Ah! El petiso de anteojos.


Abuela: - Tampoco.


Lobo: - ¿Entonces cual?


Abuela: - El petiso que usa ropa que le queda grande tipo skater. Mire, cuando me enteré que vivía con 7 muchachos ya me espanté bastante, pero cuando escuché que además los 7 se llamaban Mariano (ella misma habla cariñosamente de los "7 Nanos") entonces pensé en decirle dos palabritas.


Lobo: - ¿Ah, sí?


Abuela: Sí: terapia urgente.


Caperucita: - ¡Abuela! ¡pero que moral pequeñoburguesa tan grande tienes! Si ella quiere vivir con siete muchachos ¿cual es el problema? ¿Por qué sostener un tipo de familia que viene de la estructura de producción capitalista?


Abuela: - ¿Ve, Señor Lobo? Cursa un año en la Facultad de Ciencias Sociales y mi Caperucita ya se transformó en Caperucita Roja. Y además, querida, si hay una pequeñoburguesa acá es justamente la chica esta. Así que usted se me queda callada.


Caperucita: - ¡No me podés callar así! ¡ya soy una mujer! ¿sabés qué? ¡me voy con mi novio y no vuelvo más!


Se va dando un portazo.


Lobo: - ¿Tiene novio la pendex?


Abuela: - Sí, un leñador de por ahí. Un vividor, bah. Porque es fácil hacerse la Rosa Luxemburgo con la plata de papá bancando todo. Y el tipo este no es ningún bobo y sabe como es la cosa.


Lobo: - Un predador, sin duda.


Abuela: - Bueno, che. Te dejo que me voy a meter a la cama a clavarme un whiscacho para recuperarme del maltrato de la chiquita esta.


Lobo: - Vaya nomás. Que lo disfrute con salú.





Moraleja: la historia la escriben los que van a la Facultad de Ciencias Sociales. ¡Ah! Y hacer las compras por internet te puede ahorrar un disgusto.




miércoles, 18 de enero de 2012

Lorem ipsum o la vuelta




Señores, en algún momento había que comenzar y este momento es tan bueno como cualquier otro. Algunos objetarán que un 2 de marzo es mejor que un 18 de enero, otros que con 20° se lee mejor que con 38° y habrá quienes opinen que dilatar la reanudación de mis textos hasta 2025 es mejor que empezar a jorobar ya en 2012, pero a todos ellos les respondo que no. Motivos ajenos a mi voluntad hacen que este sea incluso un momento propicio: hoy me reincorporo al trabajo después de las vacaciones.


Ya detecto alguna sonrisita de aquellos que todavía no han comenzado sus vacaciones o que siguen en ellas; escucho algún comentario poniendo en duda la realidad de mi reincorporación si resulta que estoy escribiendo para el blog, incluso veo a algún desubicado ensayar el gesto de hacer converger las yemas de los dedos debajo de la barbilla mientras repiten "chiva calenchu". Sólo me queda decir que si van a estar haciendo comentarios de este tipo vamos a terminar a las trompadas.


Como los lunes, en los cuales uno tarda unos minutos en reacomodarse y empezar de lleno con sus tareas, la vuelta de vacaciones tiene un proceso análogo. Uno necesita un tiempo para rearmarse y encarar todo lo que quedó esperando. Yo, por ejemplo, no creo que pueda hacer nada productivo hasta recuperarme del shock pre-traumático de volver al trabajo (cosa que imagino tener superada alrededor de abril) Así, aprovecho para compartir algunos pensamientos vacacionales que testifiquen que dejar de infringir dolor literario no ha sido uno de mis propósitos para este 2012:



Siempre me han llamado la atención las bibliotecas de las casas de veraneo: libros no interesantes de más de 25 años. Nunca algo que uno diga "che, que bueno este libro, me lo leo ya", nunca una compilación con lo mejor de Condorito. ¿Por qué? ¿como viven en un lugar copado tienen que compensar leyendo malos libros? ¿y como son malos dejaron de comprarlos hace 25 años? Queda abierta la polémica.

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Con el traje de baño azul parece que estuviese gordo.


Con el traje de baño gris parece que estuviese gordo.


Conclusión inapelable: ya no hacen los trajes de baño como antes.


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En los últimos años he constatado que existe una diferencia entre la imagen mental que uno se hace de las vacaciones y la realidad pura y dura. Por ejemplo:


imagen: caminando por la orilla de una playa semi desierta sumido en los propios pensamientos


realidad: otras 3 millones de personas esperaban que esa playa estuviese semi desierta, por lo que uno camina sumido en el pensamiento de como evitar terminar con una lastimadura de tejo en el pie


imagen: uno va a aprovechar ese espacio de tiempo para echarse a leer


realidad: uno aprovecha ese espacio de tiempo para echarse a tomar gin tonic


imagen: las vacaciones son un lugar libre de preocupaciones


realidad: "¿cómo que no hay sartén? ¿aceite tampoco? ¿y como hacemos la comida entonces?"; "pensé que habíamos comprado papel higiénico"; "¿donde se puede conseguir ibuprofeno infantil a esta hora? ¡¿32 kilómetros?!".

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A veces uno debe estar en una cabaña agreste en medio de la soledad para volver a valorar algunas cosas importantes. Como la propia cama y el propio baño, por ejemplo.

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¿Como darse cuenta que uno ha crecido? Cuando uno se encuentra del otro lado de la anécdota:


Pablo, versión 2002: "...y entonces fuimos a la casa de Martín y nos quedamos tocando la guitarra hasta como las 6 de la mañana".


Pablo, versión 2012: "¡A VER EL PELOTUDO DEL CAJÓN PERUANO SI PUEDE DEJARSE DE ROMPER LAS PELOTAS, QUE SON LAS 3 DE LA MAÑANA!".

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En las fotos que sacamos con nuestra cámara aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de mi cuñado aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de unos amigos aparezco con cara de boludo.


Conclusión inapelable: ya no hacen las cámaras de fotos como antes.


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Alguna vez he planteado esta polémica y lo más polémico que me dijeron fue que no consideraban que fuese siquiera una polémica, pero ahí va: ¿por qué los juegos de cartas se juegan sólo en vacaciones? ¿qué tiene el tiempo libre del año que sea incompatible con el chinchón, la podrida o la carioca?


Si por ventura usted jugase a esos juegos durante el año con sus amigos, le pido que se dirija a la polémica de al lado. Gracias.



Pues bien, la rueda ha comenzado a girar; los engranajes se mueven; la ambición se despierta y la razón se aguza. La vuelta se ha consumado.


Que lo disfruten con factor 30.


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