lunes, 28 de marzo de 2011

El día que murió una infancia


Mi hija menor empezó sala de 2. Si, ya sé lo que me va a decir. Que es una crueldad. Que en su época se empezaba en pre-escolar. No crea que no lo pensé. Pero si la hubiese visto cuando la hermana salía a la mañana para el jardín, le aseguro que ese jardín lo estaba pagando usted.

La cosa es que el ingreso de un infante al jardín implica la pérdida del monopolio de sus experiencias. Implica la incorporación de una serie de personas, rituales y cantos de los que uno participa como espectador. Implica, sin más, el ingreso a nuestra vida del Pollito Lito.

No sabemos demasiado del Pollito Lito. Nos ha llegado, mediante la exégesis del canto, que el pollito Lito toma mamadera y toma biberón (lo que nos parece terriblemente redundante) Sabemos, también, que le gusta picotear y nos ha llegado a referir que lo han hecho dormir, así que entendemos que ha tenido contacto directo con la célebre ave en vías de desarrollo. La última noticia que tenemos -que no deja de ser sorprendente dada la movilidad diaria del hito y el cariz meritorio que le conferiría a los logros enumerados- es que el Pollito Lito ha nacido hoy. Así lo dice el canto y así lo han entendido todos en la salita verde. La cuestión es que el Pollito Lito goza de un gran predicamento. Se lo invoca letánicamente varias veces por día y creemos que en este momento es la principal influencia en la vida de nuestra hija. O era.

Comedor de la familia Benegas. 20:12 hs.

Hija de sala de 2: - Mamá ¿qué vamo' a comé?
Mamá: - pollito con puré.
Hija de sala de 2: - ¿pollito... ¡Lito?!
Mamá: - Eeeehhh...¡no, no! Pollo con puré. PO-LLO. Y puré. De papas el puré. ¿Viste que ricas las papitas? No, si son una cosa...esteee... ¿nunca pensaste de donde salen los bebés?

El daño ya estaba hecho. El tiempo se negó a realizar algún bucle que permitiese remendar el error. Lito, o al menos alguien de su familia, yacía ahora sobre el plato infantil en una escena como no se veía desde la cabeza de caballo en El Padrino. Una infancia murió ese día.

La infancia siempre pasa; en la mayoría de los casos, se trata de una desintegración paulatina; en otros, de una muerte abrupta; en una última tanda, de una marca indeleble grabada a fuego por un maníaco adicto al Red Bull. Por ejemplo, uno puede enterarse a los 10 años que el ratón Pérez no existe luego de sospecharlo durante un tiempo largo; puede descubrir a su padre in fraganti poniendo el sobre bajo la almohada o puede robarle los implantes dentales al abuelo para pagarse una computadora. En el primer caso, la infancia es algo de lo que uno se va despidiendo con cariño; en el segundo, un cuerpo inerte que uno encuentra en su cuarto al volver del colegio; en el tercero, se trata del mismo cuerpo, sólo que uno lo levanta y lo hace actuar en la versión argentina de Weekend at Berney's con Guillermo Francella y Emilio Disi.

Señores padres, midan sus palabras cuando se refieren a lo que sus hijos consumen. Evítense el momento de explicar la relación entre las costillitas de cerdo y la estética chanchita Olivia o entre una ensalada con perejil y el perejil de Topa.

Y nosotros que pensamos que ya habíamos superado el incidente del asado y la Vaca Paca.

Que lo parió.



IN MEMORIAM POLLITO LITO
24/03/11 - 24/03/11



lunes, 14 de marzo de 2011

Vikingos eran los de antes


825 d.C. En algún lugar de Gran Bretaña. 14:05 hs.

(Ulrich, Olaf y Lars beben unas hidromieles mientras se toman un descanso después de arrasar con una villa)

Ulrich: - Vaya batalla ¿no? Me estoy muriendo de hambre.

Olaf: - Yo estoy satisfecho; colmada mi hambre de victoria, saciada mi sed de sangre enemiga vertiéndose negra sobre la tierra yerma que...

Ulrich: - ¿Y tú, Lars? ¿qué comes?

Lars: - Una ensaladita de rúcula, tomate, manzana y choclo. Es que si no en los saqueos de la tarde me siento pesado.

Ulrich: - ¿Seguro que no quieres un poco de este cerdo asado?

Lars: - ¿Sabes cuantos cráneos debes partir para bajar las calorías de eso que comes? Espero que los bretones manden refuerzos, porque me parece ver un flotador por allí.

Olaf: - No iba a decirtelo, Ulrich, pero me pareció que dos bretones cuchicheaban al respecto.

Ulrich: - ¿Qué decían?

Olaf: - No lo sé. Justo le clavé un hachazo en la cabeza al que estaba hablando y no pude escuchar más. Es que me molesta la gente que cuchichea. Ya saben como dice el dicho, "secretos entre dos no son de Odín".

Lars: - Pero no te preocupes, ahora terminamos nuestra marcha y volvemos a la dulce y fría Schladanlykckyj donde podrás ponerte en forma. ¿Ya saben lo que van a hacer en las vacaciones?

Olaf: - Yo me quedaré en casa enseñándole a mi hijo a matar cachorritos usando los artefactos de cocina de su madre.

Ulrich: - Yo creo que aprovecharé unos días que me quedan de la campaña pasada, los haré coincidir con el feriado del OkThorberfest y me iré al nuevo continente que descubrimos. Al parecer, los locales administran casinos. Además, dicen que si les das 1 oveja, te dan un papelito que vale por dos ovejas al año siguiente. Y ustedes ya saben cómo me gusta la magia.

Lars: - ¿Y los de Recursos Humanos no te pusieron trabas?

Ulrich: - Al principio sí, pero cuando presenté la cabeza del Gerente clavada en una pica se flexibilizaron un poco. Sobre todo porque vieron que no había forma de que el Gerente se enterase.

Olaf: - De todas maneras, el problema que podés tener ahí son los de auditoría interna. Esos hombres sí que son unos bárbaros.

Lars: - No sé si no los prefiero. Tú porque no fuiste al outdoor en el que nos hacían hacer ejercicios de confianza. Debíamos dejarnos caer para que el otro nos atrape.

Olaf: - ¿Cuál es el problema? He visto a los bretones hacer ese tipo de cosas todo el tiempo.

Lars: - Y así les va. El problema es que nos tendrían que haber dicho que dejásemos las lanzas primero. Perdí algunos buenos amigos en ese outdoor.

Ulrich: - ¡Pero que no decaiga! Piensa que todavía nos quedan algunas ciudades para saquear. ¡Nuestras hazañas quedarán marcadas en los anales de la historia!

Olaf: - Eso no. Yo en eso soy un muchacho respetuoso. Sólo violo mujeres a la antigua usanza.

Ulrich: - Quiero decir que se recordará lo que hicimos.

Lars: - Para eso estaría bueno dejar alguno vivo ¿no? Digo, porque si no lo tenemos que contar nosotros y van a decir que es tendencioso.

Olaf: - Bueno, yo me voy yendo porque armamos un partidito con los muchachos para amenizar la espera.

Lars: - Bien ahí ¡hacha y tiza!

Ulrich: - Esperemos que ninguno pierda la cabeza. La decapitación de Magnus fue innecesaria y dejó al equipo con 10. Al equipo de Magnus.

Olaf: - Entonces espero que no se vuelva a perder la pelota.


Lars:- ¿Te fijaste? Debajo de la sangre y el barro se podía ver el chaleco descosido.

Ulrich: - ¿Estaba descosido? No hay nada que hacerle, vikingos eran los de antes.


viernes, 4 de marzo de 2011

In cómodo way


La bestia humana es un bicho complicado. Y su complicación viene precisamente de ser algo más que un bicho. Mire el reino animal y verá que los animales se pelean, se aparean, juegan y -circunstancialmente- algunos se comen a los otros, pero nunca nunca se incomodan.

Pienselo, ¿alguna vez vio un animal carraspear, bajar la mirada, ponerse colorado o desviar la vista? Bueno, quizás lo haya hecho, pero que tenía que ver más con un pedazo de comida atravezado en la garganta que con la vergüenza. Su perro bien podría soltar un sonoro pedo en medio de una comida y seguir echado pensando en lo que quiera que sea que piensan los perros cuando están echados (y que no descartamos que tenga que ver con la relación entre la racionalidad y la incomodidad en los humanos) Pero no nosotros. A los seres humanos no nos hace falta llegar a niveles tan explícitos para frotarnos las manos nerviosamente o cruzarnos de brazos defensivamente. No, no. Darse cuenta de que uno está tocando un tema que no debería, que ha dado más información de la pertinente o que su interlocutor parece buscar un perro echado para atribuir una acción desafortunada nos basta.

Incluso, dentro de la personas, tenemos diferentes niveles. Existen algunos especímenes sinceramente difíciles de incomodar; otros que se incomodan cuando la circunstancia lo amerita y un tercer grupo que tiene la virtud de incomodarse por pelotudeces. Y yo tengo el carnet vitalicio de este último e inmortal conjunto. Dicho sea de paso, quizás sea esta característica la que ha hecho que desarrolle mi sentido del humor, porque el humor permite... ¿Que no le parece que haya desarrollado ningún tipo de sentido del humor? Caramba.

(silencio incómodo)

Pues bien, váyase al carajo. Que eso es lo bueno de escribir, que uno no está frente a frente para hacerse cargo de lo que el otro puede estar pensando. Es más, en este momento podría tener prácticas de perro echado y usted ni se enteraría. No, no la de pensar en la relación entre racionalidad y capacidad de incomodarse en los humanos. Eso, lo del pedo. Pero no lo siga diciendo que esto ya parece un espectáculo de Jorge Corona.

Como sea, la cuestión es que recientemente descubrí que en el párrafo de arriba estaba equivocado, y que la capacidad de incomodarse no es una prerrogativa del contacto directo. No, no, que va. Hay una manera de que esa incomodidad se traduzca en torpeza social y que esta, a su vez, quede inmortalizada. O por lo menos almacenada por 15 días: el contestador automático.

Está claro que uno llama a otra persona con algún fin. Más no sea el de hablar con esa misma persona. Pero, de repente, después de que el tono suene 4 veces, nos atiende una voz que nos comunica que tenemos 5 segundos para preparar un monólogo. Un monólogo que debe contener la información necesaria (ni sobreabundar, ni dejar de lado elementos esenciales) y que solo tenemos una oportunidad para grabarlo. En medio del nerviosismo que esto genera y, como si todo esto fuese poco para los nanosegundos que tenemos de preparación, la voz también nos pide que recordemos alguna información sobre la dinámica de la llamada que nos servirá para después: "cuando finalice, corte. O presione numeral para más opciones".

¿Pero qué tipo de presión es esa? ¿sin practicar? ¿sin segundas oportunidades? No somos comediantes de stand up, no acostumbramos improvisar, rara vez monologamos. Como es previsible, las más de las veces el resultado es desastroso.

"Hola, soy Pablo, quería...este....decirte, por lo del otro día... No, a ver. Te llamaba porque nos ibamos a juntar con Juan como habíamos dicho el otro día. Ah, cierto que no estabas. Bueno, el otro día nos juntamos con Juan en....este...en este lugar...¿como se llama? Bueno, no importa. Nos juntamos y dijimos de juntarnos. De nuevo. Pero con vos también, obvio. ¿Para qué estaría llamando sino? Y queríamos quedar, así que llamame. ¿Dije que era Pablo? O llamalo a Juan. O vemos. Y...este....chau. Nos vemos. Llamame cuando escuches el mensaje. Porque antes dudo que...je, je, en fin. ¿Ahora qué tenía que hacer? ¿se apretaba numeral? Soy Pablo. Chau".

¿Como errar tanto en tan poco tiempo? Y eso que estoy omitiendo las búsquedas de palabras básicas olvidadas por el pánico escénico, los cambios de voz impostada que tanto nos avergüenzan y los chistes fallidos que tantos golpes merecen y sobre los que tan bien nos podría ejemplificar un contestador automático promedio.

Por eso es que, ahora, apenas escucho "Este es el contestador de..." corto. Prefiero volver a llamar y ahorrame el intento de suicidio. Por eso le recomiendo que siempre tenga un monólogo preparado para salir del paso. Algo suscinto y reutilizable del tipo: "Hola, soy Pablo. Llamame". A menos que no se llame Pablo. Entonces está por las suyas.

Al finalizar el artículo deje su comentario. O de lo contrario disfrutelo con salú.



martes, 1 de marzo de 2011

Historias mínimas VII


No sé si frecuenta los mismos lugares virtuales que yo, así que quizás no le pasó pero el año pasado, pasada la primera quincena de diciembre, empezó a correr en la blogósfera un imperceptible olor a vacaciones. Las publicaciones generales se empezaron a dilatar hasta que el primero puso el cartel de "cerrado por vacaciones" y ahí...ahí cada cual fue hijo de su propia madre. Ya en marzo y con el comienzo de clases escolares, vemos a los rostros de ayer volver acomodándose la corbata o tratando de recordar como se caminaba con tacos. Si bien todavía estamos haciendo el recuento, y no sabemos cuantos han quedado en el camino, lo que sí sabemos es que desde este espacio no nos dejaremos amendrentar y nos mantendremos sin corbata ni tacos hasta nuevo aviso.


Eso no sonó demasiado bien.

Nos mantendremos sin corbata solamente. No, no porque usemos tacos sino porque justamente nunca hemos usado...bueno, pero fue para probar cómo era, no porque...igual tampoco es que era una costumbre. La cosa es que hemos vuelto sin querer crear demasiadas expectativas. Y nada mejor para aplacar las expectativas que recomendar la lectura de los post del año pasado. Y, ya que estamos, dejar aquí una nueva entrega de la muestra de pereza escriturial más grande que se haya visto. No, no son las 'Breves e inconexas'. No, tampoco las 'frases históricas'. ¡Que no! ¡que no me voy a poner tacos! Va la séptima entrega de las historias mínimas, a pesar de que en esta oportunidad bien podrían ser 'historias inconexas' o 'breves y mínimas'. Aunque el segundo suena a título de película francesa sobre las fantasías de una mujer mediocre.

Como sea, usted ya sabe como es esto; leer las Historias mínimas es como correr barranca abajo: si puede seguirlo puede ser divertido, pero si no, probablemente tropiece y todo sea confuso y doloroso.


Conversación entre punguistas:

- ...y por eso nunca pensé que vos lo tenías que hacer.

- Gracias por charlarlo conmigo, loco, la verdad es que me sacaste un peso de encima.

- ¡La puta! ¿cómo te diste cuenta?

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- Que una mujer use push up ¿se puede considerar 'publicidad engañosa'?

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Frases que no tiene sentido:

(escuchado por ahí)

- ...y por eso le conviene directamente presentarse allá.

- Gracias.

- No, al contrario.

¿Qué sería lo contrario de "gracias"? (Que no diga "de nada". Que no diga "de nada"). No, no es "de nada". "De nada" es la respuesta de "gracias", no su contrario. Más bien sería decirle al otro algo así como que lo que hizo me perjudica gravemente. Aunque tendría que ser más breve y tener punch.


- ...y por eso le conviene directamente presentarse allá.

- Gracias.

- No, al contrario.

- Bueno, en ese caso $%&@!!!

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Grandes robos de la historia:


- Asalto al Great Train que iba de Londres a Glasgow(1963)

- Atraco al Banco Nacional de Irak (2003)

- Desvalije del Depósito de Seguridad Knightsbridge (1987)

- Estafa de Bernard Madoff (2009)

- Partido Boca-Oriente Petrolero (1991)

- El abdominazer (no importa cuando fue. Es una estafa)

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En las televisiones del subte pasan una campaña de fomento a la lectura infantil por parte de varios famosos. Uno de ellos es Alejandro Fantino que (más voluntarioso que lúcido) dice lo siguiente muy suelto de cuerpo: "te aseguro que una página de cualquier libro equivale a 2 meses de televisión".

Así las cosas, las 920 páginas de "Los endemoniados" de Dostoievsky equivaldría a...153 años y 4 meses de televis...¡SOLTÁ ESE LIBRO QUE TE VA A PUDRIR LA CABEZA!


(Gracias, Ale. Pero dejá)

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Dolores que duelen

Hay dolores que duelen el doble. Porque duelen físicamente, y porque duele saber que esas cosas antes no dolían:

- Dolor de cintura post-futbol (¡¿de cintura?! El ciático es un nervio que te sale cuando cumplís 80 años).

- Dolor de torax después de un topetazo que duele cuando toso. O me río. O estornudo. O trato de levantar los brazos. O me doy vuelta en la cama.

- Dolor de todo el resto por no calentar antes ni elongar después.


Y no, el abdominazer no ayuda para nada. Menos que menos en tacos.


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