viernes, 4 de marzo de 2011

In cómodo way


La bestia humana es un bicho complicado. Y su complicación viene precisamente de ser algo más que un bicho. Mire el reino animal y verá que los animales se pelean, se aparean, juegan y -circunstancialmente- algunos se comen a los otros, pero nunca nunca se incomodan.

Pienselo, ¿alguna vez vio un animal carraspear, bajar la mirada, ponerse colorado o desviar la vista? Bueno, quizás lo haya hecho, pero que tenía que ver más con un pedazo de comida atravezado en la garganta que con la vergüenza. Su perro bien podría soltar un sonoro pedo en medio de una comida y seguir echado pensando en lo que quiera que sea que piensan los perros cuando están echados (y que no descartamos que tenga que ver con la relación entre la racionalidad y la incomodidad en los humanos) Pero no nosotros. A los seres humanos no nos hace falta llegar a niveles tan explícitos para frotarnos las manos nerviosamente o cruzarnos de brazos defensivamente. No, no. Darse cuenta de que uno está tocando un tema que no debería, que ha dado más información de la pertinente o que su interlocutor parece buscar un perro echado para atribuir una acción desafortunada nos basta.

Incluso, dentro de la personas, tenemos diferentes niveles. Existen algunos especímenes sinceramente difíciles de incomodar; otros que se incomodan cuando la circunstancia lo amerita y un tercer grupo que tiene la virtud de incomodarse por pelotudeces. Y yo tengo el carnet vitalicio de este último e inmortal conjunto. Dicho sea de paso, quizás sea esta característica la que ha hecho que desarrolle mi sentido del humor, porque el humor permite... ¿Que no le parece que haya desarrollado ningún tipo de sentido del humor? Caramba.

(silencio incómodo)

Pues bien, váyase al carajo. Que eso es lo bueno de escribir, que uno no está frente a frente para hacerse cargo de lo que el otro puede estar pensando. Es más, en este momento podría tener prácticas de perro echado y usted ni se enteraría. No, no la de pensar en la relación entre racionalidad y capacidad de incomodarse en los humanos. Eso, lo del pedo. Pero no lo siga diciendo que esto ya parece un espectáculo de Jorge Corona.

Como sea, la cuestión es que recientemente descubrí que en el párrafo de arriba estaba equivocado, y que la capacidad de incomodarse no es una prerrogativa del contacto directo. No, no, que va. Hay una manera de que esa incomodidad se traduzca en torpeza social y que esta, a su vez, quede inmortalizada. O por lo menos almacenada por 15 días: el contestador automático.

Está claro que uno llama a otra persona con algún fin. Más no sea el de hablar con esa misma persona. Pero, de repente, después de que el tono suene 4 veces, nos atiende una voz que nos comunica que tenemos 5 segundos para preparar un monólogo. Un monólogo que debe contener la información necesaria (ni sobreabundar, ni dejar de lado elementos esenciales) y que solo tenemos una oportunidad para grabarlo. En medio del nerviosismo que esto genera y, como si todo esto fuese poco para los nanosegundos que tenemos de preparación, la voz también nos pide que recordemos alguna información sobre la dinámica de la llamada que nos servirá para después: "cuando finalice, corte. O presione numeral para más opciones".

¿Pero qué tipo de presión es esa? ¿sin practicar? ¿sin segundas oportunidades? No somos comediantes de stand up, no acostumbramos improvisar, rara vez monologamos. Como es previsible, las más de las veces el resultado es desastroso.

"Hola, soy Pablo, quería...este....decirte, por lo del otro día... No, a ver. Te llamaba porque nos ibamos a juntar con Juan como habíamos dicho el otro día. Ah, cierto que no estabas. Bueno, el otro día nos juntamos con Juan en....este...en este lugar...¿como se llama? Bueno, no importa. Nos juntamos y dijimos de juntarnos. De nuevo. Pero con vos también, obvio. ¿Para qué estaría llamando sino? Y queríamos quedar, así que llamame. ¿Dije que era Pablo? O llamalo a Juan. O vemos. Y...este....chau. Nos vemos. Llamame cuando escuches el mensaje. Porque antes dudo que...je, je, en fin. ¿Ahora qué tenía que hacer? ¿se apretaba numeral? Soy Pablo. Chau".

¿Como errar tanto en tan poco tiempo? Y eso que estoy omitiendo las búsquedas de palabras básicas olvidadas por el pánico escénico, los cambios de voz impostada que tanto nos avergüenzan y los chistes fallidos que tantos golpes merecen y sobre los que tan bien nos podría ejemplificar un contestador automático promedio.

Por eso es que, ahora, apenas escucho "Este es el contestador de..." corto. Prefiero volver a llamar y ahorrame el intento de suicidio. Por eso le recomiendo que siempre tenga un monólogo preparado para salir del paso. Algo suscinto y reutilizable del tipo: "Hola, soy Pablo. Llamame". A menos que no se llame Pablo. Entonces está por las suyas.

Al finalizar el artículo deje su comentario. O de lo contrario disfrutelo con salú.



17 comentarios:

Nefertiti dijo...

Para eso existen los teléfonos celulares, para pescar a la persona en todo momento (aunque no quiera).

Y si salta el contestador, corto, porque igual le queda mi llamada registrada. No es facilisimo así?

De ultima después de cortar mando un mensaje de texto, y así ya puedo pensar lo que quiero decirle.

Yoni Bigud dijo...

Hola, soy Yoni. 11.30. Sea puntual.


A mí no me parece tan difícil eh.

Un saludo.

¿Ahora que era lo que tenía que apr... piiiiiiiiip

Anónimo dijo...

Hola, no le voy a decir quien soy, porque al fin y al cabo ¿quienes somos? La última vez que uno que conocemos aventuró un "soy la suma de mis sueños menos las grietas de mi voluntad" y cosas por el estilo se ligó una serie de mamporros. Paso. Deje, yo lo llamo más tarde, o quizás nos veamos antes. Sea puntual y no olvide el mantra.

Mecha dijo...

........................... Piiiiiiiiiiiiip!!!!!


No dejo mensajes en los contestadores.
Odio los mensajes en los contestadores.
A lo sumo de un "te llame como me pediste y no atendés. Ahroa es tu turno de nuevo"

Eso en caso que estuviera devolviendo un llamado, caso contrario, vuelvo a llamar.

Dany dijo...

Hay casos peores. Son lo que saben que van a decir pero dicen boludeces a los gritos del estilo:

PABLLLO PAAAAA BLOOOOOOO estas por ahi? Daleeeeeeeee atendeeeee
PA BLO PAAAAA BLOOOOO..........
se que estás........soy yooooo ( no da su nombre nunca) PA BLOOOO
PABLOOOOOO................ATENDESSSSSSS?????

Y asi......hasta el final del tiempo dos o más veces por día.

Buena entrada!!!

Ouchurus dijo...

y ni hablar de cuando te mandás el cagadón de grabar un mensaje y después arrepentirte de lo que dijiste
...acá no existe la opción (como en otros paises) de borrar el mensaje que uno ya dejó...
lo dejó...está hecho. Y ahí empieza la agonía de sabe que, de un momento a otro el mensaje será escuchado por el dueño del teléfono!!!

Una vez me pasó. Todavía me acuerdo del mensaje y de mi sensación al cortar el teléfono y me pongo colorada.
Vergûenza ajena...bah, propia...

eso, venga y deme un abrazo (chiste interno)

un saludo!

Carugo dijo...

Lo entieno plenamente.
En mi caso, que poseo menos capacidad de síntesis que Fidel Castro cuando daba esos maratónicos discursos de cinco horas, siempre me sorpende el "piiiiip" final del contestador sin llegar a concluir el mensaje.
"Señor Perez, habla Carugo. Quería comentarle que la tramitación de sus pedido se encuentra en la fase final pero para concluirlo necesito que usted me acerrque el ... (piiiiiiip) hola, hola, hola!!!!
Saludos!

Pdta: Quiero recordarle que tirarse un sonoro pedo y seguir como si nada no es privativo de los perros.
Conozco a varias personas que tienen ese comportamiento.

Carugo dijo...

Su post me hizo acordar a este texto de cortazar del libro "Un tal Lucas".

En los departamentos de ahora ya se sabe, el invitado va al baño y los otros siguen hablando de Biafra y de Michel Foucault, pero hay algo en el aire como si todo el mundo quisiera olvidarse de que tiene oídos y al mismo tiempo las
orejas se orientaran hacia el lugar sagrado que naturalmente en nuestra sociedad encogida está apenas a tres metros del lugar donde se desarrollan estas conversaciones de alto nivel, y es seguro que a pesar de los esfuerzos que hará el invitado ausente para no manifestar sus actividades, y los de los
contertulios para activar el volumen del diálogo, en algún momento reverberará uno de esos sordos ruidos que oír se dejan en las circunstancias menos indicadas,
o en el mejor de los casos el rasguido patético de un papel higiénico de calidad ordinaria cuando se arranca una hoja del rollo rosa o verde.
Si el invitado que va al baño es Lucas, su horror sólo puede compararse a la intensidad del cólico que lo ha obligado a encerrarse en el ominoso reducto.
En ese horror no hay neurosis ni complejos, sino la certidumbre de un comportamiento intestinal recurrente, es decir que todo empezará lo más bien, suave y silencioso, pero ya hacia el final, guardando la misma relación de la pólvora con los perdigones en un cartucho de caza, una detonación más bien horrenda hará temblar los cepillos de dientes en sus soportes y agitarse la cortina
de plástico de la ducha.
Nada puede hacer Lucas para evitarlo; ha probado todos los métodos, tales como inclinarse hasta tocar el suelo con la cabeza, echarse hacia atrás al
punto que los pies rozan la pared de enfrente, ponerse de costado e incluso, recurso supremo, agarrarse las nalgas y separarlas lo más posible para aumentar
el diámetro del conducto proceloso. Vana es la multiplicación de silenciadores
tales como echarse sobre los muslos todas las toallas al alcance y hasta las salidas de baño de los dueños de casa; prácticamente siempre, al término de lo que hubiera podido ser una agradable transferencia, el pedo final prorrumpe tumultuoso.
Cuando le toca a otro ir al baño, Lucas tiembla por él pues está seguro que de un segundo a otro resonará el primer halalí de la ignominia; lo asombra un
poco que la gente no parezca preocuparse demasiado por cosas así, aunque es evidente que no están desatentas a lo que ocurre e incluso lo cubren con
choque de cucharitas en las tazas y corrimiento de sillones totalmente inmotivados. Cuando no sucede nada, Lucas es feliz y pide de inmediato otro coñac, al punto que termina por traicionarse y todo el mundo se da cuenta de
que había estado tenso y angustiado mientras la señora de Broggi cumplimentaba sus urgencias. Cuán distinto, piensa Lucas, de la simplicidad de
los niños que se acercan a la mejor reunión y anuncian: Mamá, quiero caca. Qué bienaventurado, piensa a continuación Lucas, el poeta anónimo que compuso
aquella cuarteta donde se proclama que no hay placer más exquisito / que cagar bien despacito / ni placer más delicado / que después de haber cagado.
Para remontarse a tales alturas ese señor debía estar exento de todo peligro de ventosidad intempestiva o tempestuosa, a menos que el baño de la casa
estuviera en el piso de arriba o fuera esa piecita de chapas de zinc separada del rancho por una buena distancia.
Ya instalado en el terreno poético, Lucas se acuerda del verso del Dante en el que los condenados avevan dal cul fatto trombetta, y con esta remisión
mental a la más alta cultura se considera un tanto disculpado de meditaciones que poco tienen que ver con lo que está diciendo el doctor Berenstein a propósito de la ley de alquileres.

Guada GN dijo...

Estimado Carugo, si uste´deja ese tipo de mensajes en los contestadores no me sorprende en accsoluto que no le entren.
Yo nunca dejo mensaje en los contestadores si puedo evitarlo. Sólo dejo cuando estoy obligada... y aún así, le voy a admitir, que aún advertida de que puede llegar a suceder, arruino todo el mensaje.
Terrible.
Las máquinas contestadoras son una tortura.

Anavril dijo...

Yo, al contrario del sr carugo, siempre creo que vengo corta de tiempo, asique ademas del estres que mencionó ud antes le agrego velocidad por miedo a que se corte...
Holasoyanavrilnecesitoeltelefonodemenanitallamamapliscuandopuedas.
Sin mencionar que odio levantar los mensajes de mi propio telefono...ese disquito nunca va al grano!
Me parece que frente a este sistema...todos somos aparatos!

Sir Lothar Mambetta dijo...

Ola profe soi Mambetta... odio ablar con estos aparatos perual meno' no me tengo que procupar por las faltas dortografía.
Saludo' a suseñora.
Abraso.

Samain dijo...

Pero, señor Pablo, ahora los contestadores (de celular) tienen la opción para grabar nuevamente su mensaje... previo a escucharse a si mismo y pensar "que voz de estúpido que tengo". No, no digo que usted sea estúp... saque la cara de ofendido... me hace sentir incómoda, no es lo que quise decir!

Volviendo al tema: intentó presionar numeral para más opciones?

Samain dijo...

"Las máquinas contestadoras son una tortura" esa oración de Guada me hizo llegar a la siguiente conclusión:

Los mensajes dejados en contestador automático son la foto carnet de las comunicaciones. IN-SAL-VA-BLES.

Pablo dijo...

DISCULPAS POR LA DEMORA EN CONTESTAR PERO, SI HAY ALGO QUE ME TOMO CON SERIEDAD, ES EL ESPARCIMIENTO.

Nefertiti, como no tenía suficiente sintiendome un gil con el contestador, ahora me siento un gil por sentirme un gil con el contestador.

Bigud, ¿qué Yoni? ¿Yoni Bigud o Yoni Salvatierra? ¿dijo Yoni o Yanni? ¿qué Yanni?

Anónimo, ¿Como voy a ser puntual si no sé quién es usted y donde pretende que sea puntual? Me están sobreestimando.

Mecha, El "Piiiip" en su caso parece más una censura que una indicación de inicio.

"¿Me llamás y ahora no atendés? ¿por qué no te vas un poquito a la piiiip que te piiiip con los piiiip de tus amigos y la piiiip? Llamame".

Dany, y además dan información que no debe escuchar la persona con la que uno está. ¡Ah, no! Eso es en las películas norteamericanas.

Ouchurus, eso le pasa por relacionarse con otros hombres en el pasado. Conmigo eso no le pasaba. Que soy Pablo, no sé si lo dije.

Carugo, excelente relato. Iba a hacerle un chiste al respecto pero ya lo hizo Guada. Ahora me sobra tiempo en el contestad...Piiiip.

Guada, hoy estamos coincidentes. Sabe que por motivos laborales tuve que llamar a varias personas y dejar mensajes. Con speech preparado y todo terminé exhausto. Eso es trabajo insalubre.

Anavril, lo ha definido bien. Yo tampoco suelo levantar los mensajes. Si es importante me llamarán de nuevo, supongo. En otro orden de cosas ¿qué habrá pasado con el premio del concurso aquél?

Sir Lothar, lo bueno es que uno no puede errar si está hablando. Y eso es lo analógico del asunto.

Pablo dijo...

Samain, tal cual ¿como sabía que tengo voz de oligofrénico? Además, acabo de ver mi foto del DNI. Me voy a pegar un tiro y vuelvo.


(Mi teoría es que la posibilidad de salir bien es inversamente proporcional a la duración del documento)

Ouchurus dijo...

pero oiga! si ahora las fotos del DNI son digitales!!le pide al chochamu que la saque de nuevo y listo!
Hoy mismo estuve 40 minutos tratando de que la chiquita sonriera para la foto carnet, y le sacaron mil fotos!



...nop, cara de prófuga en todas.


Cómo que no levanta los mensajes? NUNCA???? peeeeero!!!
Yo doy tanto por sabido y resulta que usted nunca se enteró?!!!




Oiga, vio que tuvimos otra hija no?
Digo, porque le dejé un mensaje avisando que me iba a la guardia...

Hacha dijo...

Hola. Habrá notado que acabo de descubrir su blog y que voy leyendo en orden cronológico inverso. Cada vez voy leyendo a un Usted mas joven, ¿no lo incomoda?
(Mi capacidad para volver en el tiempo me asombra)

¿Entendí mal o usted es inmortal?. Lo felicito

Su triste monólogo es mucho mas de lo que yo aventuro en estos casos (el tono de corte). Lo felicito de nuevo, tiene mas posibilidades de que le devuelvan la llamada.

PD. No se pueden comentar los comentarios, que lástima. Pero lo de querér borrar los mensajes es el tema de alguna pelicula que no recuerdo ahora.

saludos

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