sábado, 29 de mayo de 2010

Bitácora IV (fin de la bitácora)


Todo concluye al fin. Nada puede escapar. Ni siquiera esta bitácora. Gracias a los que han acompañado desde el sentimiento. Incluso cuando este haya sido de envidia, odio o repulsión. Gracias igual.

Capítulo 6: la despedida

En primer lugar, no sería justo no agradecer a F., M. y F. Jr. que me recibieron, me pasearon e incluso me charlaron mientras hacían todo lo anterior. Sí señor, no sería justo. M. me aconsejó al comprar los regalos para mis hijas que hiciesen que me pesara menos en la conciencia el haberlas dejado. F compartió unas cervezas conmigo y me brindó su amistad, al punto de que casi olvido en ese bar los regalos para mis hijas que hiciesen que me pesara menos en la conciencia el haberlas dejado.

Capítulo 7: las fajitas

No sólo porque arrastraba la presión ejercida por el público tan bello que acompañó la patriada (el famoso "bello público") sino porque efectivamente me parecía un deber, consideré que no podía dejar Méjico sin probar una comida típica. Pero no fríjoles, chicharrones ni cosas cuyo ardor pudiesen atentar contra mi salud, sino algo más cercano, como un taco. El error estratégico, quizás, fue hacerlo antes de subirme al avión. 3 pesadas fajitas y un vaso largo de margarita (o sea, una versión medio yanqui de la comida mejicana) tuvieron que ser acompañadas por una argentinísima Buscapina por el bien de todos.

Capítulo 8: no voy en tren (¡maldición!)

De niño disfrutaba volar. Al tener familia en Chile, era común para mí tomar un avión de vez en cuando. Toda la liturgia aeroportuaria, el ingreso a lugares donde solo entraban quienes viajaban y el servicio de a bordo hacían del viaje en avión un momento mágico. Una compañera nerviosa y un pozo de aire viajando de San Pablo a Buenos Aires rompieron algo de esa magia. El tener hijas también. No por ellas, sino porque ya no me siento tan libre de estrellarme donde me plazca. Lo sé, soy todo generosidad. La cosa es que, aún con cierta inquietud, cuando viajo solo puedo vivirlo con alguna tranquilidad. Pero entiendo castellano, señores:

A muchos metros de la tierra. 00:17 hs.

Cling (cartel de abrocharse los cinturones encendido)

A muchos metros de la tierra. 00:18 hs.

(Voz de grabación) Estimados pasajeros, el cartel de abrocharse los cinturones ha sido encendido. Rogamos volver a sus asientos y abrocharse los cinturones. Muchas gracias.

A muchos metros de la tierra. 00:21 hs.

(Voz de azafata en vivo) Debido a las turbulencias y por razones de seguridad, no estaremos sirviendo la cena. Rogamos sepan disculpar las molestias.

A muchos metros de la tierra. 00:24 hs.

(Voz del capitán) Tripulación tomar asiento, por favor.

Entonces lo visualisé. Casi podía escuchar "Stars and stripes" sonando de fondo:





Finalmente no fueron más que unos sacudones leves. Y además, eran un champú y un gel de baño.


FIN

jueves, 27 de mayo de 2010

Bitácora innecesaria III

Llego hasta aquí despedazado, arrastrando mi pesada humanidad luego de un largo día de actividad intensa. Y a la mañana trabajé también. Las pautas ya están claras: rapidez por sobre precisión e información sobre elaboración intensa. Si el primer relato tenía un entusiasmo adolecente y el segundo una sintaxis adolescente, este directamente adolece. Lisa y llanamente.

Vamos a lo nuestro: pinceladas del DF.

Capítulo 4: el hormiguero.

Mientras uno baja en el avión, puede vislumbrar un manto interminable de lucecitas pequeñas, que no parecen acabarse aunque uno esté por tocar tierra, dando la sensación de que los aviones aterrizan en algún estacionamiento céntrico.

- ¿Se lo dejo acá nomás, jefe?

- Vaya nomás, que yo le cuido el 737.

Según el IEMAT (Instituto estadístico de mi amigo el taxista), 9 millones de personas viven en el DF. A ellos se suman los que vienen a trabajar, para conformar una mole humana de 20 millones de personas. El problema no es solo que se trata de mucha gente, sino que la ciudad no parece contemplar la posibilidad de moverse caminando, lo cual resulta en congestionamientos fantásticos. Para que se haga una idea, luego de terminar un curso por la tarde fui a visitar a unos amigos que están viviendo aquí. El viaje de ida me tomó entre 1:15/1:30. Cuando volví -pasadas las 10 de la noche- el trayecto demandó sólo 15 minutos. Imagine la Panamericana un domingo a las 7 de la tarde. Ahora imagine que ese domingo es el de vuelta de Semana Santa. Por último, imagine que empiezan a llover autos desde el cielo. bueno, eso es más o menos esta ciudad en horario pico.

Lo curioso es que a eso se suma que las reglas de tránsito son tomadas como simples recomendaciones. Si para tomar mejor tal calle tengo que hacer una cuadra de contramano (esto es estrictamente testimonial), pues está bien. Las preferencias las vamos viendo en el camino, no hace falta normativas exteriores o anteriores a lo que la situación concreta insinúa.

Significado del semáforo en el DF:

Verde: pase

Amarillo: pase

Rojo: pase con cierto cuidado

Capítulo 5: !¿dónde dice?!

Si hay un cordobés entre los lectores, le pido que no ingiera líquidos mientras lee esto. Como ya he dicho, unos amigos míos están viviendo aquí, así que me tomé la molestia de rastrear en el google earth cuanto nos separaba. Lo que descubrí es que mi hotel se ubica a pasitos de un lugar llamado "Loma del Ocote". Así como lee. No agrego nada. No invento para darle un toque de gracia al asunto. Fueron los mejicanos, hable con ellos.

Puedo decir que mi hotel está -físicamente- en la loma del culo. No me diga que no es algo para contarle a los nietos. Sí, ya sé que estaba cerca y no en, pero mi mala memoria y el entusiasmo harán el resto.

Los dejo por ahora. The end is coming.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Bitácora insulsa II


Señores, no tenemos tiempo para detenernos. He leído los comentarios y apenas pueda los contestaré. Pero, lanzado a suplir calidad con cantidad, no me queda más que apurar el paso. Lo cierto es que Lima no me dejó mucho más, a menos que...no sé si este es el lugar para ventilarlo. Aunque la presencia de testigos supone un potencial resguardo. Bueno, lo digo y que sea lo que Dios quiera.

Mi amor, debo confesarte que mientras estaba en Lima... bueno, la verdad es que estaba solo... fue un momento de tentación... pero sabés que vos y las chicas son lo más importante para mí.... en fin, no puedo negarlo más: me dormí una siesta mientras miraba la televisión tirado en una cama. Espero que puedas perdonarme.

Por lo demás, excepto por el jugo (néctar para ser más preciso) con gusto a chizito que casi ocasiona un incidente diplomático, solo logro extraer de esta última etapa algunos inconexos retazos de pensamientos.


Capítulo 2: no se pasa a ser gourmet por estar en otro lado.

No me gusta el pescado. Es así. Algunos festejan sus distintas preparaciones olvidando que en algún momento de la niñez lo odiaron. Yo me mantengo fiel. No quiero "comer como gente grande", quiero comer rico. Y no me importa que el ceviche "sea una especialidad," y "que no puede ser que no lo pruebe" porque puede ser perfectamente. Porque se trata de pescado. Aquí y en Perú.

Los que sostienen que cometo una herejía culinaria son los que anteponen la posibilidad ("¿cuando vas a poder comerte otro ceviche limeño?") por sobre el gusto ("nunca, porque así quiero que sea") Es así, y no se me escandalice porque lo llevo a Clo-Clo y me pido una milanga con fritas.

Capítulo 3: los Amish.

Me subí al avión que me llevaría, en un viaje de toda la noche, desde Lima hacia el DF y ¿a que no sabe con qué me encontré? Sí, una familia Amish ¿cómo lo supo? A mi lado estaba papá Amish (Frank me pareció que se llamaba): rubio, vestido de granjero y con cara de pocas luces; al otro lado, mamá Amish, dueña de un rictus que Tomy Lee Jones hubiese envidiado, custodiaba a pequeña Amish rubia I y a pequeño amish I (rubio y rapado). Detrás de ellos, se situaban otros 3 pequeños amish de distintos tamaños, todos igualmente rubios, todos igualmente rapados, todos con la misma inequívoca expresión facial de "no cazo un fulbo de que está pasando". A mis espalda, abuelo y abuela Amish rodeaban a pequeña Amish rubia II . Capta el cuadro general ¿no? Pañuelos en la cabeza, faldas largas floreadas, botines acompañando pantalones marrones y camisas a cuadros. Estética amish en su máxima y esteriotípica expresión.

Esta buena gente entrelazaba momentos de estar totalmente inerte con otros de frenética actividad: hablaban entre ellos en, ponele, alemán a viva voz; agarraban los respaldos para impulsarse para salir al pasillo, donde posteriormente deambulaban sin pudor ni manejo de las medidas. En un momento casi me pongo a bailar la Macarena en cueros para escandalizarlos, pero después me pareció un poco mucho.

La cosa es que, cuando empiezan a repartir los papelitos de migraciones, preguntando si uno era mexicano o no, Frank da la sorpresa cuando, en un torpe castellano, dice: "Yo ser mejicano. Mi familia...no. Ellos ser bolivianos". Casi me le cago de risa en la cara. Desde que pusieron a hacer de príncipe de Persia a un tipo de apellido Gyllenhall esto se está yendo a la mierda.

Pues bien, por hoy creo haber cumplido. Les recuerdo que prometí hacerlos parte de este viaje, no que estuviera bueno aquello de lo que forman parte.

Tendrán novedades. Lamentablemente.

lunes, 24 de mayo de 2010

Bitácora


Los tiempos en la blogósfera son como los años caninos. Dos días parecen casi una semana. Una semana se percibe como un mes. 6 meses se sienten como un ciclo. Perdón, me entusiasmé. La cosa es que mi ausencia debe haber generado en el lector algún tipo de comentario. No sé, alguno. "¿Habrá dejado de escribir?"; "¿cerrará el blog?"; "¿habrá muerto de forma traumática, incluso para un muerto?"; "¿habrá escuchado lo que comentamos a sus espaldas de los últimos escritos?". Pues no, no, no y n...un momento ¿qué andan diciendo de los últimos escritos? No importa. Lo que importa es que, quizá para despegarme del terrible post de la semana pasada, he tenido que trabajar. Tengo que trabajar. Tendré que trabajar. Pero lo excepcional, lo que vale la pena acotar, es que lo estoy haciendo en el exterior. No de la blogósfera (sería interesante saber cuál sería el exterior de la blogósfera) sino de la Argentina. En este momento, por ejemplo, estoy en el business center* de un hotel de la limeña ciudad de...bueno, de Lima. No contento con eso, esta misma noche parto hacia México DF.

Notará un cierto tono orondo en mis revelaciones. Lo cierto es que no tengo intención de ocultarlo. ¿Qué mayor muestra de mi humildad que pavonearme de estar en otro lado? ¿usted ve a los grandes empresarios pavonearse? Bueno, yo (que por supuesto tengo acceso a grandes empresarios) no. Aunque ya he hablado sobre estos viajes, lo cierto es que todavía me parece increíble viajar ¡y que me paguen por eso!


La cuestión es que no sé cuanto tiempo y acceso a internet tendré, pero -aprovechando el mismísimo nombre de este formato- ensayaré una suerte de bitácora irrelevante con delay de este viaje...de negocios...en el que me pagan por ir a otro lado. No porque crea que mi vida es particularmente interesante, sino porque estas experiencias lo ponen a uno en la condición de observador constante, descomprometido de esa rutina que no es la propia, y resulta que las vidas del resto sí pueden ser más interesantes.

Vamos al punto de partida: nos situamos en la fila 26** del vuelo 2428 que, mientras los cielos de la ciudad de la Buenos Aires -paradójicamente- amenazan con venirse abajo, se propone salir a su encuentro (quizás para apuntalarlos) llevando en su vientre a un ya adormilado Benegas. Salgo de mi sopor al ver como desfilan, hacia las filas del fondo, las agraciadas integrantes de un equipo femenino de hockey. A mi lado, en dramático contraste, encuentro una anciana oriental que -por lo visto- no tiene miedo de cocinar con ajo.

Ya surcando los aires, las pantallas del avión nos devuelven un plano donde ubicar al avión en el mundo. El mapa más amplio, que muestra medio mundo conocido, nos sitúa al sur de todo. Como casi todos los mapas. Corrobora este dato indicando que un poco más al norte está Brasilia, que mucho más al norte está Washington y que muchísimo más al noreste se encuentra la africana ciudad de Abuja. Intrigado, me pregunto qué tipo de referencia puede ser Abuja. Si el avión cayese y, luego de alcanzar una isla misteriosa (sobre todo por el hecho de encontrarse en el camino entre Buenos Aires y Lima), lográsemos establecer contacto por pocos segundos con una base, ¿la conversación sería esta?:

- ¿Donde están?

- La última vez que me fijé estábamos en algún lugar al sudoeste de Abuja. Bastante al sudoeste.

Trato de pensar algún original juego de palabras con "aguja" y "abuja". Fracaso miserablemente.

Mientras apoyo la cabeza en la almohada, pienso que necesito recuperarme para tener mejores resultados. Mientras tanto no puedo hacer mucho. Ajo y agua.


Quizás esto último lo haya dicho en voz alta, porque la oriental me miró con hambre.



* cómo en este hotel les gusta llamar a la computadora libre que está en una oficina administrativa cercana a la azotea y que hace que tres señoras desempeñen sus funciones alrededor mío en este preciso momento.

** sí, sí, tampoco es que soy un portento. Viajo en Economy nomás.


lunes, 17 de mayo de 2010

Día de oficina




9:10 Entro a la oficina. Seamos sinceros, entre entrar a las 9 y hacerlo a las 9 y 10 prácticamente no hay diferencia. 10 minutos, si quiere ponerse en auditor.

9:14 Luego de unos saludos de rutina, prendo la computadora.

9:15 Saludo cordialmente al resto de mis compañeros en esta épica aventura de transformar diariamente al país.

9:25 Termina de prenderse la computadora.

9:30 Ya tengo todo listo y funcionando. Estoy en condiciones de empezar a trabajar: el outlook, el teléfono IP, los archivos prestos a ser abiertos sin trabarse porque la máquina recién está calentando, todo. Pero recién acabo de llegar. Nadie espera que empiece de lleno. Con ese ritmo trepidante no llego al mediodía. Es un sobreentendido que la primera hora no se trabaja. Aprovecho para revisar mis mails, ver de qué viene la cosa en algún diario on-line, visito un par de blogs cercanos, dejo algún comentario, abro otro diario para poder comparar el tratamiento de la información.

10:42 Termino de hacer la recorrida matinal. Me pregunto si me habrán contestado alguno de los comentarios que deje. Hago una rápida pasada por algunos de los lugares donde estuve y sumo algunos blogs de mi segunda línea de seguimiento al recorrido.

11:27 Finalizada una infructuosa segunda vuelta, me pongo de lleno en el trabajo.

11:29 Se me ocurre una idea para un post. Anoto las ideas principales para no olvidarme y después, cuando tenga tiempo, lo escribo.

12:20 Termino de anotar las ideas. En el entusiasmo casi casi terminé el post. Teniendo en cuenta que a las 13 horas me voy a almorzar ¿qué esperan que haga en sólo 40 minutos? Es tiempo perdido. Para hacer tiempo releo el primero de los diarios que abrí.

13:34 ¿Ya la una y media? Eso me pasa por entrar a la sección espectáculos. Como la mañana ha sido larga, me voy a tomar mi merecida hora de almuerzo.

14:50 Vuelvo del almuerzo. Es evidente que uno no puede abocarse al trabajo hasta haber digerido. Me haría mal y podría morir. Ah, no, eso es si te metés a una pileta. Peor, yo no estoy en una pileta sino en una oficina. Y ni siquiera tenemos una hora de siesta como en España o Tucumán. No, si yo soy un mártir. En compensación, emprendo una nueva vuelta por los blogs. Respondo a las respuestas a mis comentarios, comento otro poco, descubro un blog nuevo que parece entretenido, leo sus posts viejos.

15:21 Termino. Ahora sí me pongo todas las pilas para sacar un tema tras otro.

15:22 Promediando el primer tema me doy cuenta de que no reviso mi mail desde la mañana. Eso me pasa por estar a mil.

15:24 Encuentro un mail con un attach divertido.

15:28 Envío el attach a varios amigos. Nos trenzamos en una picaresca ida y vuelta de mails.

16:05 Son las 4 de la tarde. Y yo casi no he cortado. Me voy a tomar un café.

16:53 Vuelvo. Reviso el status quo de la web. Todo en orden. El diario tienen una nueva noticia sobre algo en la India, pero no me meto. Con estas cosas hay que medirse para no perder el tiempo.

17:08 Entramos en la última hora laboral. Lo que no se hizo hasta ahora dificilmente se pueda hacer ahora. ¿Me habrán contestado mi contestación? ¿qué será de aquella cuenta de hotmail?

17:52 Cierro todo. Hasta que llegue a la puerta ya van a ser las 6 y yo no estoy para andar regalando mi tiempo. Me voy con el orgullo de haber participado en esta épica aventura de transformar diariamente al país.


miércoles, 12 de mayo de 2010

La vida es una moneda


Desde el principio supe que sería una lucha palmo a palmo entre mi esperanza y la desilusión. Lo ví venir. Es cierto que una segunda mirada de la situación, más incisiva, me hizo caer en cuenta que no eran las únicas involucradas en mi felicidad. Era todo mucho más complejo. Lo supe cuando vi aparecer casi de la nada la sombra de mi padre, que parecía agigantarse paso a paso, hasta casi tomar toda mi atención. La sombra de mi padre pareció, por un momento, opacar totalmente a la desilusión. Pensé incluso que la haría desistir por completo.

Sin embargo, lo cierto es que mi principal expectativa radicaba en la dama de blanco. Si bien yo sabía que estaba retrasada, aspiraba a que una irrupción suya acabase con todas mis penurias. Necesitaba de ella. Necesitaba que hiciera el esfuerzo que yo no podía (¡y no debía!) hacer.

Y fue entonces que la vi. Corría hacia donde yo me encontraba con esa gracia que siempre había admirado de ella. En un arranque de emoción, casi infantil, no pude evitar apretar los puños. Pensé que ella, con esa corrida, haría que finalmente pudiese arreglar todo lo inconcluso, pagar esas viejas deudas, salir de perdedor. La miré con un nuevo cariño, con un proyecto con algo de presente y mucho de futuro en mi cabeza. Aflojé el puño; aflojé el rostro; aflojé una lágrima.



Pero entonces arremetió estiércol venenoso y me arruinó la trifecta cuando ya cruzaban el disco.

Que lo parió.

domingo, 9 de mayo de 2010

De legado en curso


Escribir un libro. Plantar un árbol. Tener un hijo.

Y ahí nos dejan. Se entiende que estos 3 imperativos vitales apuntan a un legado que sobreviva a uno mismo; en el plano de las ideas, de la transformación de la realidad y de la descendencia; repercutiendo en lo intelectual, lo físico y lo espiritual.

Escribir un libro quizás sea la más difícil de hacer. ¿Que usted ya qué? No, no, yo también escribí en un libro. No vale. Se trata de escribir uno íntegramente, inventando los nombres, los personajes y la trama. No me importa si hizo comentarios propios en los márgenes, el libro no es suyo. Bueno, el ejemplar sí, pero no el libro. Porque usted no lo escribió. ¡Que la anotaciones en los márgenes no cuentan le digo!

La cosa es que una vez que sale de nuestras manos deja de ser nuestro, para bien o para mal. No, no tiene que ver con el e-mule, sino con que de forma inmediata se independiza de nosotros, porque no sabemos quienes lo leen y qué dirán de él. Puede triunfar, puede caer en el olvido o primero triunfar y luego precipitarse en el olvido, pero nosotros ya nada podemos ni debemos hacer.

El árbol es mucho más fácil en su realización. Un poco de esfuerzo concentrado y voilá: tachamos el segundo ítem. Fíjense que no se trata de poner una semilla y cuidar el brote hasta que se transforme en un árbol, proceso mucho más ominoso, sino directamente de plantar un árbol ya hecho. Mientras no lo plante en el arenero de su casa o en un fiordo, hay relativamente pocas chances de que falle. Lo único que me permito recomendarle es que sea estratégico y lo plante cerca de otro árbol. Quienquiera que se esté haciendo cargo del primer árbol, bien puede regar el suyo de pasada. Y si no, siempre puede alegar que el problema no fue su torpe acción sino una omisión de la madre naturaleza. De esta manera su legado queda a salvo de acusaciones de inoperancia y estupidez profunda.

Y tenemos por último el tema del hijo. Quizás sea el más fácil de hacer. O por lo menos el más divertido. Pero a muchos les pasa que, habiendo cumplido con todo y sintiéndose muy satisfechos; se sientan muy orondos para darse cuenta de que el crío sigue ahí. Entonces se preguntan a sí mismos: "Caramba, ¿y ahora qué se hace?". Resulta que no todo es tan fácil como lo pintan y al parecer esa parte del legado implica un cierto seguimiento, preocupación y -según comentan algunos- cariño en un tiempo extendido.

Es por eso que, para aquellas almas con un pensamiento más avocado a la posteridad que al tedioso tiempo actual, les presento una serie de consideraciones útiles para que en su lápida, junto a su nombre, se lea "amante esposo y padre abnegado" en lugar de "inútil profesional y medio sorete".

1) Poniendo los límites: en el camino hacia la conformación de su personalidad, el pequeño filisteo puede extralimitarse o actuar sin tener en consideración a los demás. Es necesario de su parte poder mostrarle cuales son los límites más allá de los cuales su acción es desaprobada. Para esto puede recurrir a pequeñas amenazas que le hagan comprender que sus acciones tienen consecuencias.

Amenazas razonables:

"Vas a irte en penitencia"

"Te vas a quedar sin postre"

"Te voy a hacer chas chas en la cola"

Amenazas menos razonables (desaconsejadas):

"Te voy a quebrar las piernas"

"Voy a ir a buscarte al jardín con mi amigo el Negro Mortero y su banda y te vamos a empalar en la trepadora"

"Dormí con un ojo abierto porque voy a hacer guita uno de tus riñones"

2) Preguntas incómodas: es posible que, en su progresivo conocimiento del mundo, el infantoide en algún momento llegue a cuestionarse sobre el nacimiento de los bebés o de cómo es que llegan al útero de una mujer (aunque probablemente el protohumano lo plantée en términos más coloquiales como "la panza de la mamá"). Es importante que entienda que debe contestar solamente lo que le preguntan y no ir más allá.

Respuesta concisa tipo:

"El papá puso una semillita en la panza de la mamá y así se formó el bebé".

Respuesta científicamente inexacta y que sobreabunda en detalles innecesarios:

"Bueno, los papás tiene un coso (en mi caso es un coso enorme) que meten en las mamás y les dejan una semillita que se convierte en un bebé. Bah, eso si las mamás no están en esos días en que les sale sangre de adentro y se ponen de un humor de mierda. Y si la mamá fue siempre una mamá y no nació siendo un papá al que después le pintó hacerse mamá como a tu tío Alberto. O que el papá ponga el coso donde no corresponde. ¿Entendés? Mirá, justo acá tengo una película que te puede dar una idea".

3) Leyendo con el niño: siendo el límite entre la realidad y la fantasía más lábil en la edad infantil, los cuentos y las historias forman un importante instrumento para que la difusa psiquis del semiracional internalice valores. Una fábula con moraleja bien puede en este punto ser mucho más útil que la enunciación de valores abstractos.

Fábula con moraleja más útil que la enunciación de valores abstractos:

"Pedrito era un pastor muy mentiroso. Siempre asustaba a todos diciendo que venía el lobo para después reírse de ellos cuando corrían espantados. Un día vino el lobo y, cuando Pedrito gritó por auxilio, nadie le creyó y el lobo se lo comió. Moraleja: no es bueno mentir".

Historia con moraleja que no parece contribuir a la formación del niño y que no se entiende por qué se la lee antes de acostarse:

"...y entonces Zaratustra bajó a donde estaban los hombres y les dijo: "Dios ha muerto". Moraleja: los valores universales han caído. Sólo queda la voluntad de poder. El más fuerte es el que se impone y de lo que se trata es de vivir de acuerdo a las pasiones más oscuras porque somos sólo una chispa entre dos noches eternas. Fin. Que duermas bien, querido".

Creo que si sigue estas líneas, recuerda su nombre y no lo obliga a trabajar mientras esté cursando la primaria (mandarlo a cursar la primaria también sería un gesto) andará relativamente bien en lo que a su legado se refiere. Por si acaso, le dejo algunas instrucciones más que me han hecho llegar y que vale la pena tener en cuenta.





Que lo disfrute con salú.

miércoles, 5 de mayo de 2010

El artículo que quería la gente


El famoso clamor popular. Un recurso artero para justificar una opinión propia en una vaga y difusa voz omnisapiente anclada en alguna aparente tradición. Un sucedáneo de la polémica 'voluntad general' roussoniana. Una chantada, como quién dice. Porque después, si tal afirmación resultase falsa o directamente nociva, uno siempre se puede escudar en que la opinión no era propia, que le vayan a reclamar a "todos los que lo dicen", al pueblo o a Rousseau.

Hablar del clamor popular le agrega un condimento a la cuestión: se trata de un imperativo. La gente quiere que se haga X. Pero si por ventura X saliese mal; si gracias a X hay que pagar los gastos de reparación de Y; si hay que comerse una demanda de Z por acoso o simplemente correr para que no te agarren W, G, F y P, entonces a llorar al campito. Parece que uno debiera quedarse como H. Mudo.

Estamos hoy aquí para ejemplificar a partir de un pedido popular lo que pasa cuando sobreviene el fracaso, con la esperanza de que la próxima vez que argumente algo no vaya corriendo a esconderse bajo la falda de una masa informe de bípedos implumes ficticios.

"Hay que levantar el nivel cultural de los medios de comunicación".

Corría 1989 cuando el Grupo Vergogna decidió que había que levantar el nivel de las transmisiones. Como prueba piloto, comenzaron por la estación de radio del Grupo. Para lograr masividad, se avocaron a las transmisiones deportivas. El fútbol dominical era relatado por el Ingeniero Angelotti y comentado por el Sociólogo Salvatierra.

Desgrabamos aquí un relato del Ingeniero elegido azarosamente: "...va Jimenez, atraviesa el radio de la circunsferencia central. Tira una hipotenusa hacia el noroeste hasta situarse de forma paralela a la línea del costado. Sigue, sigue pero no tanto como para que las paralelas se crucen. Gira 48°. Impulsa el balón, que sigue inercialmente en una trayectoria irregular. ¡Momento! Parece que el rozamiento comienza a afectar al cuerpo circular, que va cediendo más y más al dominio de la gravedad. Súbitamente, aparece un objeto (la cabeza de Vitone) que interrumpe la aceleración de 9,8 metros sobre segundos cuadrados hacia el centro de la tierra y cambia la trayectoria de manera que la esfera termina impactando al abroquelamiento de rombos trenzados antes de terminar irremediablemente en el suelo".

Aunque claramente superior -desde el punto de vista conceptual- que el escueto "Jimenez cruza la mitad de la cancha, desborda, tira el centro. Vitone cabecea y gooool" de la radio de la competencia, lo cierto es que la gente no podía seguirle el ritmo. A veces incluso un error de cálculo los llevaba a gritar gol cuando en realidad se trataba simplemente de un lateral desde la mitad de la cancha, o entender que efectivamente había habido un gol 30 minutos después, luego de haber resuelto complejas ecuaciones que implicaban función cuadrática.

Las entrevistas de Salvatierra no iban mucho mejor:

- Salvatierra, acá estoy con el serrucho Gonzalez ¿quiere preguntarle algo?

- Sí. Gonzalez: el relato concepto-funcional del técnico ¿problematizó el constructo amigo-enemigo que se pone en juego y opera a nivel simbólico en la dialéctica diferencial preponderante en los grupos de hinchas que se autoconstruyen socio-históricamente como los portadores de la esencia futbolística?

- Creo que el triunfo es mérito de todo el equipo.

Luego de esta primera experiencia fallida, consideraron que en lugar de tratar de elevar el nivel de lo masivo, mejor era masivisar más las discusiones intelectuales. Surgió así el programa televisivo "La cosa es así", brillantemente conducido por el filósofo Fernán Parmesani. La impronta barrial de Parmesani y sus conocimientos sobre arte, política, economía y otros tópicos prometían llevar la alta cultura a la multitud.

Lo que no tuvieron en cuenta es que el irascible Parmesani lo único que prometió fue no trompearse delante de las cámaras. Todavía se recuerda aquella trístemente célebre entrevista al Diputado Maffiolo.

- Honorable Diputado, usted está en la comisión que trata el asunto de la venta de acciones de la Empresa estatal a capitales privados ¿no?

- Es cierto. Nuestro bloque propone recortar las acciones vendibles a sólo un 5% del total.

- Ajá, ¿puedo hacerle una pregunta?

- Por supuesto.

- ¿Usted siempre fue tan boludo o recibió ayuda de la gente de su bloque?

- Parmesani, yo le voy a pedir que si no está de acuerdo lo manifieste de manera menos ofensiva.

- Y yo le voy a pedir a usted y a toda la sinarquía internacional que me...

El audio se va repentinamente. Pero los gestos de Parmesani hacen que hasta Helen Keller pueda darse cuenta de las opiniones del pensador respecto del tema en cuestión. Luego de un corte, se podía apreciar al Diputado sentado, con las manos entrelazadas, prácticamente inmóvil y mirando a Parmesani con una cara que en una reunión de filatelistas hubiese sido considerada seria. El filósofo se acomodaba la corbata mientras intentaba recuperar la compostura.

- Le pido disculpas, Diputado. Creo que el punto ya había quedado claro.

- Efectivamente.

- Es que esta manía de que el Estado no suelte prenda para poder acomodar en la empresa al sobrino de la amante que no estaba calificado ni para cursar jardín de infantes me enerva un poco.

- ¿Como se atreve a insinuar que exista algún tipo de nepotismo de parte de los cuadros políticos?

Cuando la respuesta tomó forma de gargajo, los directivos del Grupo entendieron que la empresa estaba perdida. Movieron a Parmesani a un incipiente programa de chimentos y consideraron que habían hecho todo lo posible. Era la gente la que había dado la espalda a tan magno proyecto.

La respuesta al próximo clamor popular la daría el mismísimo Parmesani.


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