lunes, 23 de mayo de 2011

El consultorio del Doctor Amor



Advierto que voy a tocar un tema espinoso. Lo que no deja de ser raro, porque cuando uno va a tocar algo espinoso lo lógico sería que lo adviertan a uno. Pero no. Resulta que me advierto y además no me hago caso porque lo toco igual. Espero que mi inexplicable manera de actuar no me reste credibilidad para el tema espinoso que voy a tocar. ¡Ay!


Nos toca transitar tiempos aciagos para la vida en pareja. La gente no se quiere casar; los que sí se casan, se separan; los que no se casan, también. Las relaciones duran un tiempo y parecen agotarse. Ya no hablamos de "nuestra media naranja" ni del "compañero de toda la vida" sino de "el pedazo de naranja que había en el mercado cuando llegué" o de "mi pareja actual" (mote que bien podría ser retribuido con un rodillazo a los genitales por nuestra -ahora- ex-pareja actual) Los motivos que se esgrimen para justificar este desbande sentimental en general no suelen referirse a cuestiones que involucren a los involucrados, como el individualismo o el carácter de mierda, sino a cuestiones 'inevitables', como la rutina o el carácter de mierda...del otro.


Imposibilitado de mediar entre gentes con carácter de mierda, me gustaría hacer un pequeño desagravio de la rutina. Uno quizás haya conocido lugares espectaculares, pero aquellos que verdaderamente significan algo para nosotros lo llegan a hacer justamente gracias a la rutina. El campo de los abuelos donde transcurrió la infancia o la casa de Pepito donde nos juntábamos todos los sábados se constituyen gracias a una miríada de pequeños recuerdos que se solapan hasta taparse entre sí. Y sí es más emocionante conocer la Torre Eiffel o estar en un bed & breakfast en Budapest, lo cierto es que el lugar al que volvemos, allí donde estamos cómodos y podemos descansar no es ese. Eso sí, esta misma comodidad puede transformarse fácilmente en dejadez y desidia, por lo que hay que sacudir la estantería de vez en cuando para evitar el apachorramiento. Espero que haya captado la analogía porque no lo vuelvo a explicar y esto entra en el final.


Pero hemos notado que este principio general sobre la situación de una pareja, sin el debido apuntalamiento, puede derivar en los caballeros en prácticas catastróficas. Es por eso que, desde este humilde espacio, intentaremos dar alguna asesoría para reavivar esa llama a veces lánguida, a veces insuficientemente fogoneada, a veces esquilada y vendida en ferias artesanales hecha bolsitos hippies.


Compartiendo logros:


SÍ: hacerla partícipe de algún logro laboral.


"Querida, hoy en la reunión me terminaron aplaudiendo, y parece que pasa mi proyecto nomás".


NO: mostrarle orgulloso el tamaño de sus deposiciones.


"Che, ¡mirá lo que es eso! ¿No deberíamos inscribirlo en el Registro Civil?"


Sorprendiendo a su pareja:


SÍ: hacer algo intempestivo que muestre la preocupación por ella.


"¿A que no sabés? Reservé una cabaña en la costa. Ya lo arreglé, tu mamá se queda con los chicos y nos vamos ya".


NO: hacer algo intempestivo que muestre que usted es un ser inestable.


"¿A que no sabés? Me gasté todos nuestros ahorros en el Hipódromo. Ya lo arreglé, tendrás que prostituirte y te espera un señor en nuestro cuarto ya".


Evitando relaciones rutinarias:


SÍ: proponerle vestirse temáticamente.


"¿Qué te parece este vestidito de enfermera?"


NO: proponerle barbaridades sistemáticamente.


"¿Un trío con tu prima putona no te va?".


Dándole pequeños gustos:


SÍ: ceder, adaptándose a un gusto de ella para pasar un momento agradable.


"Alquilé una comedia romántica. Si querés podemos verla mientras comemos".


NO: evidenciar que no tiene la más puta idea de cuales son sus gustos.


"Alquilé los Ositos Cariñosos. ¿Qué? ¿pero no que te gustaba algo del amor y no sé qué? ¿no tenías un sticker en tu agenda?".


Incorporándola a sus actividades:


SÍ: explicarle el deporte que está viendo.


"Y cuando quedan empatados a 6 games, el set se define en tie-break, donde hacen dos saques cada uno hasta que uno llega a la diferencia de dos puntos".


NO: ponerla a jugar a la Play en su equipo.


"¡Pero pelotuda! ¡sola te había dejado con el pase! ¡sola! ¡tenías que apretar la "X" nada más! ¿Qué tan difícil puede ser? ¿cómo vas a apretar el botón para tirar el centro?".


Creando lazos con la familia política:


SÍ: realizar actividades con los restantes miembros de la familia.


"Che, me voy a ir a jugar al golf con tu viejo. Nos vemos al mediodía para almorzar todos".


NO: no insista con lo de la prima putona. No es lo mismo.


Los detalles:


SÍ: regalele algo que muestre que a usted no se le escapan los detalles, que tiene un conocimiento atento y una preocupación constante.


"Te grabé un CD con las canciones que escuchábamos cuando estábamos de novios".


NO: no le regale algo que muestre que a usted no se le escapan los detalles, que tiene un conocimiento atento y una preocupación constante.


"Te compré esta perchita de pared, para que dejes de colgar las bombachas en la canilla del baño, la puta madre".


Los regalos:


SÍ: tener pequeñas atenciones que valen más por el gesto mismo de haberla tenido presente.


"Mirá, te traje un flores. No son nada, pero me acordé de vos".


NO: tenga cuidado con aquello de lo que se acuerda.


"Mirá, te traje Glade fragancia floral. No quiero decir nada, pero me acordé de vos".


La finalidad de su actuar:


SÍ: mostrar que se preocupó porque quería mejorar las cosas.


"La verdad es que estuve pensando mucho y me alegro que hayamos podido encaminar las cosas".


NO: mostrar demasiado, demasiado pronto.


"Dale, vieja. ¿Que hacés todavía vestida? El flaco de Kairós decía que con dos o tres boludeces caías muerta caías. Che ¿a donde vas?".





Que lo disfruten con...



"¿No viste que se me fue la patrona, pelotudo?¿cómo voy a disfrutarlo? ¡Gil!".





Saludos cordiales.






lunes, 9 de mayo de 2011

La guerra del Golf


La vista al frente, hacia el horizonte, donde se vislumbra el fin, la meta, la realización del deseo. Un hombre que ya no es más un hombre sino una pieza estética; una mezcla de potencia y gracia; de soltura y cálculo milimétrico; todo en movimiento; todo fluyendo hacia la consecusión de la perfección.


Mi primo estuvo de visita. Hermanados en la infancia por una amistad en la que el lazo de sangre no era sino un dato más que se agregaba a una larga lista de acuerdos, intereses comunes y códigos propios, el espacio y el tiempo quisieron atentar contra ese vínculo multiplicándose el uno y fragmentándose el otro. Yo me convertí en profesor de Filosofía y él en Ingeniero Civil; él me acusa de construir castillos en el aire y yo le recuerdo que construye castillos en la tierra. Así, a 1400 kilómetros de distancia y con una creciente cantidad de compromisos, sólo podemos reavivar esos momentos muy de vez en cuando. La semana pasada fue muy de vez en cuando.


Cuando uno se ve muy de vez en cuando, se da cuenta de que lo esencial no cambia. Uno es el que es y hace las cosas que hace. Pero, debajo de las grandes estructuras, hay una infinidad de detalles menores que sí van cambiando: hobbies que uno comienza, personas que va conociendo, rituales que incorpora, cosas que adquiere y una larga lista de etcéteras. La anterior vez que nos habíamos visto, mi primo me comentó que dentro de ese listado había un nuevo ítem incorporado precariamente: el golf. Y me invitó a hacer la prueba de incursionar en él. Nuevamente, la linealidad del tiempo impidió que tal incursión se realizase, pero quedó como pendiente. Hasta la semana pasada.


Antes de ir al hecho bruto, quisiera dar mi apreciación del golf en ese momento. Entendía que se trata de un deporte que uno debiera comenzar a practicar cuando se arruina las rodillas jugando al fútbol. Sobre su dificultad, no desconocía el mérito de dirigir esa pelotita hacia donde el jugador lo desea, pero entendía que dar un palazo para que la pelota salga despedida -como se requería en la práctica propuesta de ir al Driving-, no debía revestir demasiada dificultad. Pensaba.


Si bien la idea era, como acabo de decir, simplemente ir a pegarle a un canasto de pelotas*, consideré que era mi oportunidad para disfrazarme de golfista. Me puse una linda chomba y desenterré mi cap ("gorrito", si usted no frecuenta los courts) del fondo de mi tercer cajón. Al mirarme pensé que destilaba un aura golfística que no podía traer aparejada sino buenos golpes. Al llegar al lugar, la conversación entre mi primo y el señor del Driving me devolvió a mi lugar de neófito.




- ¿Así que tienen Green Fee?


- Sí, pero corto, no más de 50 yardas.


- O sea que no salen con todos los palos.


- No, con el pitch, el sand wedge y la snitch** se las arregla.


- Bueno, igual nosotros venimos sólo al driving, así que vamos a alquilar sólo dos palos.


- Bien, ¿cuales prefiere? (a esa altura, yo había dejado de ser un interlocutor válido)


- A mí dame un hierro 6 y... -me miró de arriba a abajo- ...un número 9.




Al parecer yo era un 9, sin que tuviese en claro que decía eso de mí. Fuimos a los boxes desde donde uno tira -él a uno, yo al de al lado- y empezamos.


Primer tiro: rastrón miserable que consigue avanzar unas 20 yardas (no, no, los 'metros' dejélos en casa, acá nos manejamos con yardas. Y no me discuta porque le tiro esta pinta de cerveza por la cabeza)


Segundo tiro: pif. La pelota avanza unos humillantes 15 centímetros.


Momento de asesoramiento técnico por parte de mi primo: "pies simétricos, flexioná las rodillas, levantá el mentón, el culo más para afuera, los brazos rígidos, no muevas la cabeza, todavía no muevas la cadera y no hagas fuerza con los brazos. Pero, sobre todo, estate suelto y relajado". Estas últimas palabras contrastaban con -básicamente- todas las anteriores, así que no supe si debía abandonar la posición de górgola en la que me encontraba o intentar usufructuar las posibilidades que me brindaba la recién presentada técnica.


Tercer tiro: swishhh. Aire. La pelotita sigue en el mismo lugar. Impertérrita.


Cuarto a décimo tiro: swishhhh. No logro pegarle a la pelotita. La frustración aumenta.


Para ahorrarle tiempo, los siguientes 10 a 15 tiros transcurrieron entre 'piffs' y 'swishhhs'. Hasta que, de repente...







La vista al frente, hacia el horizonte, donde se vislumbra el fin, la meta, la realización del deseo. Un hombre que ya no es más un hombre sino una pieza estética; una mezcla de potencia y gracia; de soltura y cálculo milimétrico; todo en movimiento; todo fluyendo hacia la consecusión de la perfección.


¿Cómo dice? ¿cuantas yardas? ¿es eso importante? Vea la plasticidad; observe a las leyes de la física juguetear alegremente; escrute a la naturaleza que parece usarme aquí para mostrar sus posibilidades; deleitese con las contorsiones de ese rígido palo número 9 que aquí parece plastilina en las manos de un artesano del golf. ¿Qué dirían los antigüos escoceses si pudiesen acceder a esta impresionante imagen? ¿qué palabras podrían expresar sus sentimientos frente a este punto que parece concentrar la trayectoria de aquello a lo que dieron comienzo? Me atrevo a pensar que dirían algo así como...








"¡¡¡SWISHHHHHHHH!!!"





Muchachos, el martes vuelvo al fútbol. Que lo parió.




* Aunque hablo de las pelotas que están dentro del canasto, hubo un momento en que pegarle al canasto contenedor no estaba fuera de las probabilidades.


** sé que no se trata de un elemento golfístico sino de una pelota de quiddich (juego de Harry Potter) pero bueno, no puedo acordarme de todos los nombres.






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