jueves, 30 de abril de 2009

Amigos imaginarios


Nunca tuve amigos imaginarios. No sé, al parecer la gente imaginaria desprecia a aquellos que se rodean de gente real. Quizás por eso no tuve un amigo imaginario...hasta cerca de los 28 años.

Quiero ser claro, todos los post anteriores con ciertos reparos hacia la concepción tradicional de la locura no apuntaban a abonar el camino para hacer declaraciones de este tipo. Y eso por dos cosas:

1) puede ser prudente alisar un camino; también lo sería abonar un campo. Pero abonar un camino es exponerse uno mismo a pisar excremento. Y eso no parece razonable. Descarto además que se trata de heces animales compradas en los comercios del ramo porque, si además uno abona literalmente, la cosa toma ribetes policiales.

2) hablo aquí de un determinado tipo de amigo imaginario que -como ya se verá- está enmarcado en los límites de las interrelaciones sociales aceptadas.

Siempre he despreciado las relaciones sentimentales que han tenido su comienzo en formato virtual. Si alguien me dice que está profundamente enamorado de Alaskagirl1980 no puedo menos que dudar de su capacidad para relacionarse con sus semejantes en condiciones normales de presión y temperatura. No, no me interesa lo que hayan hecho Tom Hanks y Meg Ryan. No es normal. Sin embargo, habiéndome embarcado en este proyecto de base virtual, he tratado con gente con la que he sentido cierta afinidad en ciertos temas. Todo lo cuál me llevó a pensar si uno puede efectivamente "hacerse amigo" de alguien a través de un blog. Lo que me quedó claro es que, de hacerlo, esta persona entraría en la categoría de amigo imaginario. ¿Por qué? Uno se relaciona con una persona a la que no ha visto (se agrega que la mayoría pone algún ícono o dibujo como foto de perfil) y esto puede deparar alguna desilusión si uno pasase al cara a cara. Y creo que esto se verá claro principalmente en dos puntos:

1) la amistad es, hasta cierto punto, imaginaria. No sólo porque no se puede saber si se cumplen las condiciones puestas por Cicerón o Aristóteles para que haya verdadera amistad, no sólo porque hacer la pregunta "¿somos amigos?" lo haría merecedor de relacionarse sólo con gente imaginaria (en el sentido de no existente), sino sobre todo porque uno tiene una imagen del otro compuesta por comentarios debidamente pensados sobre temas ingeniosamente elaborados, lo que puede fabricar expectativas demasiado altas para una conversación real.

Imaginación de blogger n°1. 12:03 hs.

Blogger n°1: - ¿como le va estimado?
Blogger n°2: - me va notablemente. Vea, el transporte público hace que aprecie mucho más el tiempo que paso encerrado en el cubículo de mi oficina.
Blogger n°1: - Comprendo. Quizás no vengamos del mono sino que vayamos a él, después de todo.
Blogger n°2: - Eso mismo me dice mi mujer, pero creo que es por el pelo en la espalda.
Blogger n°1: - Ja, ja, ja.
Blogger n°2: - Ja, ja, ja.
Blogger n°1: - Que plato.

El boliche de Hernán. 12:14 hs.

Blogger n°1: - ¿Qué tal?
Blogger n°2: - Bien. ¿Así que vos sos blogger n°1?
Blogger n°1: - Sí, sí. Sentate nomás.
Blogger n°2: - Disculpá la demora, el tráfico era un quilombo.
Blogger n°1: - No te preocupes... ¿querés sentarte?
Blogger n°2: - Dale, gracias.
Blogger n°1: - ...
Blogger n°2: - ...

Como se ve, la realidad es mucho más prosaica. Uno no puede pensar un minuto cada una de sus intervenciones, no puede corregir, no puede eliminar lo que ya comentó. O sea que en formato virtual uno sería, en algún punto, amigo de una versión mejorada del otro. No, los que ya son mis amigos se joden. No, no rompan que además el gordo me debe guita. Mirá que si vamos a hablar de versiones mejorables yo también puedo decir lo mío. Además, está el punto 2.

2) Como ya no tratamos con imagenes, sino con personas reales de carne, hueso y otros accesorios, lo que se encuentra puede causar algunas sorpresas.

- "No sabía que tenías una esvástica tatuada en la frente. Buenas tardes".

- "Pensé que eras una mina. Buenas tardes".

- "Pensé que ibas a traer los pantalones puestos. Buenas tardes".

- "¿Sabés donde está la parada del 2? Buenas tardes" (porque uno también puede hacerse el boludo y ahorrarse la confrontación)

Es cierto que con 10 bloggers no armamos un partido de fútbol, que comer asados paralelamente no parece tener gracia y que si -en estado de completa ebriedad- posteara: "fbodjklnadj" el otro no entendería que quisiste poner "te quiero como un hermano", pero no me va a negar que no deja de ser interesante esto de tener amigos imaginarios.

¿Eh? ¡No se vayan muchachos! Dale que ahora nos pedimos una pizza...

Que lo parió.

viernes, 24 de abril de 2009

Educativa historia de la educación


Es llamativa la forma pendular en que se mueve la historia: tendencias políticas, vivencias morales, preferencias estéticas y...y tendencias políticas, todas ellas se mueven de un extremo al otro sólo para mostrarnos qué cerca se ubican dichos extremos. Con los insalvables matices, uno puede encontrar coincidencias fundamentales en épocas muy distantes. Cuando una idea es llevada hasta el paroxismo y se vuelve ridícula, lo que interpretamos que debemos hacer es -justamente- lo totalmente opuesto.

La educación no es ajena a este tipo de movimientos. Las relaciones de simetría o asimetría entre el maestro y los alumnos suele tener idas y venidas. Es verdad que, ahora que lo pienso, no logro identificar en la historia un momento de igualación como el actual. Es decir, no me imagino a Alejandro Magno diciéndole a Aristóteles: "no hinches las bolas porque yo te pago el sueldo" o a un tutorial fellow oxoniense exclamando en tono admonitorio: "a ver Newman y la bandita del fondo si dejan de tirarme pelotitas de papel mojado". Concluyo que no tenemos crónicas de aquellos momento de la historia por dos razones: los profesores estaban muy avergonzados como para escribirlo y los alumnos eran demasiado brutos como para hacerlo.

Para evitarnos embrollos históricos innecesarios, abrevaremos de la historia reciente para clarificar a qué me refiero cuando digo que existe un movimiento pendular:

Año 1985. Aula de 3er año de la Escuela normal n°2 de Villa Crespo. 10:25 hs.

Profesor: - Barilatti, he leído su composición sobre Aristóteles y está mal. Tiene un cero. Vaya nomás.

Año 2009. Aula de 3er año de la Escuela normal n°2 de Villa Crespo. 9:32 hs.

Profesor: - Gomez, he leído su composición sobre Aristóteles. Y si bien conceptualmente no se ajusta a las cánones pre-establecidos por la academia, creo que eso no es necesariamente malo. Aprecio su esfuerzo por tratar de hilvanar oraciones con sentido (es cierto que no lo logra seguido, pero en lo actitudinal usted es un tigre) pero dado que Aristóteles no vivió durante la Revolución Francesa (pero retuvo que la Revolución Francesa es un hecho histórico ¡muy bien!) ni se dedicaba a "hacer cosos para el tipo ese en la conquista del desierto", no puedo contabilizar como correcta su respuesta. Máxime cuando hay una cita de la Wikipedia que corresponde a la biografía de Aristóteles Onassis (¿lo encontró sólo? ¿puso el acento en la "o" y todo? Lo tendré en cuenta... lo tendré en cuenta...) Lo que le propongo es lo siguiente, Gomez, aquí tengo dos láminas: en una aparece la imagen de un delfín y en otra la de Aristóteles. Usted debe señarlarme cuál es la lámina en la que aparece Aristóteles. ¿Será en la de la derecha, donde este animal de cabeza gris salta sobre el agua o será esta otra donde una persona de barba aparece hablándole a un grupo de personas que sostiene carteles que dicen "Viva Aristóteles" y en la que abajo podemos leer "El Filósofo", que es justamente como Santo Tomás llamaba a Aristóteles? ¿cuál es Gomez? Ajá. Bueno, quizás se haya puesto nervioso. Tiene otra oportunidad. No, no puede elegir la misma.

Quizás haya exagerado un poco. En general no les dan otra lámina porque puede confundir.

El lector desatento podría pensar que esta situación es mala. Bueno, no lo es. O quizás lo sea para Gomez, pero no para los docentes. Si uno no está al borde de la jubilación, lo único que tiene que hacer es sentarse a esperar que el péndulo se mueva hacia el otro extremo, hacia una asimetría cada vez mayor. Y cuando eso se dé, entonces... ¡entonces todo será nuestro! Jua, jua, jua. Nota mental: practicar mi sonrisa malévola.

A continuación, mi pronóstico personal (y por tanto genial e irrefutable) de las relaciones profesor-alumno en los próximos años.

Año 2018. Aula de 3er año de la Escuela normal n°2 de Palemo Queens.11:42 hs.

Profesor: - Gorlero, cuando encontré su composición entre las demás pensé que se había transpapelado un dibujo de mi hija de una año. Cuando entendí que se trataba de un intento de texto tuve que llamar a mi cuñado farmacéutico para que me pudiese traducir qué decía. "Mirá que con las recetas de los médicos he visto muchas letras de mierda, pero como esta, ninguna" me dijo. ¡Ay! ¿para que le habré pedido que me lo tradujera? La verdad es que me quedé sin palabras. No en el mismo sentido que usted, que tiene un vocabulario de 25 palabras sino por la estupefacción. Deje, deje. Después se me ocurrió una: galimatías. Sí, ya sé que no sabe qué significa, pero este descargo no lo hago por usted, que no tiene forma de aprender algo, sino por mí, que me fumé la sarta de boludeces que usted escribió con la nariz (porque no se me ocurre otra opción para que escriba de esa manera) Vaya. Vaya. Y si logra abrir la puerta sin lastimarse me habrá sorprendido gratamente.

Año 2030. Aula de 3er año de la Escuela normal n°2 del Nuevo Palemo Viejo.10:14 hs.

Profesor: - Gomez ¿sabía usted que yo fui profesor de su padre? Aquí está su composición. Un dato curioso: si el tamaño de la composición es más grande que la cara entonces tiene hemorroides. Sí, es algo malo. Pruebe, fíjese.

(le hunde la composición en la cara de un palmazo)

JA, JA, JA... Dígale a su padre que se quede tranquilo, ¡que con lo boludo que es usted es seguro que no le metieron los cuernos! JA, JA, JA.

En fin, por ahora no nos queda otra que remar en dulce de leche repostero, pero se avecinan tiempos mejores. Eso sí, no le recomendaría seguir la carrera docente en el 2045. El péndulo ya estará de vuelta. Lástima que no se lo alcancé a decir a Gomez.

viernes, 17 de abril de 2009

Razonablemente irracional


Lo que han caído por estos lares en más de una ocasión podrán dar fe de que hay ciertos temas que se repiten. Profundizaciones helicoidales u obsesiones cuadradas, la cosa es que hay ciertas ideas que de tanto en tanto vuelven a aparecer. Una de ellas es la de la locura.

Uno de mis primeros posts lo dediqué a mostrar que era imposible distinguir la locura, lo que me valió diversos comentarios en los claustros académicos. Mis detractores se agruparon en tres grupos: los que sostenían que mi hipótesis debía ser revisada y corregida, los que postulaban que era errónea y fácilmente refutable y lo que decían que yo era un pelotudo marca cañón. Esto me llevó a revisar mi teoría para concluir que no debía reformularla, sino simplemente llevarla más allá. Por eso aquí me permito sostener no sólo que es difícil diferenciar la cordura de la ausencia de ella, sino que además la locura es muchísimo más ventajosa.

(La multitud se levanta enardecida. Unos irrumpen en aplausos. Otros se deshacen en insultos. Un señor de bigote que se había dormido al fondo se levanta sobresaltado por los ruidos. Como era de suponer, se suma a los que putean)

Explico. Si uno se corre un poco de la lógica promedio, el resto se encargará (con gestos, palabras o la total ausencia de éstas) en marcarlo. Pero si uno le escupe a la lógica y las buenas costumbres en la cara, el resto -quizás por reflejo- interpretará que debe reconducir ese comportamiento hasta la lógica por algún camino. ¿No se entiende un pepino? Y que quiere, señor de bigote que insulta desde el fondo, si hasta recién estaba torrando. Seré lo más gráfico que pueda: si en el marco de una comida con los padres de su novia una persona eructa, las más desaprobatorias miradas caerán sobre él (cuando no algún objeto contundente) Pero si en cambio el sujeto en cuestión se para y entona la marsellesa eructando, a los padres de su novia no les quedará más que pensar que debe ser algún tipo de reconocimiento propio de la cultura tunecina que ellos no alcanzan a entender. Si un profesor entra a la clase con un traje que no combina o de colores muy fuertes, los alumnos pensarán que está medio pirado. Si en cambio entra con un tutú, pensarán que los invita a no someterse a la moda capitalista, a eliminar prejuicios o alguna sandez del estilo. No, no lo probé, pero clavado que es así. Quién entre a la oficina de su jefe y le grite que es un inútil, probablemente deba buscar otro trabajo, pero si entra vestido de Teletubbie y le dice: "sos un inútil, tu vida me da lástima y tengo una aventura con tu mujer" entonces el jefe reirá pensando que se trata de algún "día de algo" del que no le llegó el mail de recursos humanos. Es decir, nosotros tendemos a completar el hueco con nuestra propia racionalidad. O sea, los locos están resguardados. Nosotros, no.

Una vez probado mi punto de manera brillante e irrefutable, mi magnanimidad me obliga a permitir la posibilidad de reivindicación para los confundidos de siempre. Les propongo hacer el sencillo ejercicio de inventar justificaciones racionales para comportamientos irracionales. La mejor justificación gana. ¿Como que qué gana? Gana. El título de ganador. No, no va a haber un diploma. Si quiere puede hacer una impresión de pantalla y pegarla en un word o un excel. "Impr Pant"...lo tiene ahí arriba..ahí. No, no le voy a mandar una firma virtual. Cortela que se están yendo todos. Vamos a los casos:

CASO n°1: www.queloparió.com. Portal para embarazadas. Foro sobre los cambios en el tercer mes. 15:52 hs.

Mónica77 dice: ¿Qué tal? Yo acabo de pasar el tercer mes y a veces cuando me miro en el espejo me veo con cabeza de buey y quería saber si es normal.

QLP dice: Cierta hinchazón es normal por lo que puede ser que una no se sienta linda. Para eso es bueno tomar agua y levantar los pies.

Mónica77 dice: No, no. No entiende. Literalmente veo una cabeza de buey. Como si fuese la señora Minotauro o una divinidad egipcia.

Justificación:

CASO n°2: Programa de radio"Copate con Charly". FM 3.141632. 14:06 hs.

Conductor: - Y llegó el momento de ir a los pedidos del público. ¿Hola? ¿quién soooos?

Público: - Hola, soy Jimena de La Paternal y quería pedir el Capítulo 3 del Quijote. La radio está re-buena. Chauchis.

Justificación:

CASO n°3: Teatro Colón. 22:10 hs. Otelo. Acto II, escena 1a. Un individuo se para de entre el público y, visiblemente emocionado, exclama:

- ¡A ESTOS PUTOS LES TENEMOS QUE GANAR! ¡A ESTOS PUTOS LES TENEMOS QUE GANAR!

Justificación:

CASO n°4: frente a su computadora, una persona se propone navegar en la web un rato. Tipea http://www.kairos-apuntes.blogspot.com/

Justificación:

Recuerden que no se puede alegar locura, aunque si pueden postular un caso propio con la justificación pertinente. O comente cualquier cosa. O no. Bah, haga lo que quiera.

martes, 14 de abril de 2009

Todo tiempo pasado fue anterior



Más de una vez me he preguntado si no vivimos en tiempos poco propicios para la literatura. Para escribirla, digo. Cuando uno lee novelas sobre personas del siglo, pongamos por caso, XVIII, uno entra en una atmósfera que tiene algo de romántico: la vestimenta, la casa con chimenea, los caminos de tierra cercados por la bruma, las cartas con novedades importantes, las conversaciones profundas en tono afectado... Luego uno se vuelve hacia el hoy y se encuentra con seres de musculosa y jogging encerrados en un ambiente con aire acondicionado mientras expresan sus sentimientos en el chat a través de emoticones. Que quiere que le diga, yo con eso no puedo trabajar. Así que me propuse traer un poco de esa magia a nuestro prosaico tiempo, convirtiéndome a mí mismo en el héroe de esta emocionante aventura que llamamos vida.


¿Por donde empezar? me pregunté. Y me pareció que uno no puede tener aventuras como la gente si tiene que responder a un trabajo de 9 a 18 hs. Imposibilitado de obtener mi plata de las rentas de propiedades familiares o alguna herencia cuantiosa, concluí que lo más sabio era pedir una licencia con goce de sueldo en mi trabajo. Antaño los enfermos se embarcaban en viajes a Italia o Suiza porque el médico les recomendaba el aire, pensé. Y, sí; en Suiza el aire es otra cosa. No me va a comparar el aire suizo con el de, digamos, Laferrere. Es un aire muchísimo más fino. Con la convicción de que era parte de mi destino de grandeza literaria, encaré a mi jefe para comunicarle las nuevas:


Pablo: - Debo partir con premura hacia otros parajes.

Jefe: - ¿Eh?

Pablo: - Prescripciones médicas me obligan a ausentarme de estas tierras.

Jefe: - ¿Qué te pasó?

Pablo: - Siento una opresión en los pulmones por el aire del subte. Creo que unos meses en Pinamar serán reconstitutivos.


Se ve que no compartíamos convicciones sobre mi destino, porque exclamó cosas poco poéticas sobre mi madre, me invitó a realizar actos irreproducibles y finalmente me encargó que preparase una planilla de excel para no sé que reunión. Personas menos magnánimas se hubiesen desalentado, pero no un ser con destino de grandeza.


Habidas cuentas de que tendría que arar con aquellos bueyes supuse que -si no era el marco- sería el contenido lo que daría el matiz épico a mi relato. Y ¿qué son todas las grandes historias sino historias de amor? La búsqueda del amor esquivo estaría en el centro de mi epopeya. Era evidente que para tal fin mi mujer no servía. En principio porque la búsqueda sería más bien corta. La elegida debía tener algo de inalcanzable. Se imponía que hubiesen obstáculos de algún tipo: familiares, de condición social, algún otro hombre... El mundo en contra de nuestro amor.


Y fui por todo. Mi particular luminosidad intelectual me indicó quién debía ser la musa: Araceli Gonzalez. Piensenlo bien ¿quién podía cumplir mejor los requisitos que una famosa y adinerada actriz que está de novia y tiene un ex-marido poderoso? ¿soy yo o era demasiado evidente? Y aunque entendía que ella tal vez no estuviese al tanto de mi destino de grandeza, estaba seguro de que lo sabría en el momento en que un beso le abriese los ojos cual bella durmiente.


La intercepté a la salida del canal en que trabaja y le comenté de la mágica trama que se estaba desarrollando y que nos involucraba. Le produjo una gran alegría, o por lo menos eso dejó ver su sonora carcajada. Después pareció abrigar dudas. Pero yo estaba preparado para eso, así que le estampé un beso. Efectivamente hice que abriera los ojos. Como dos platos los abrió. Y después me pegó un rodillazo en la ingle. Y entonces la maquinaria se puso en funcionamiento: su novio me golpeó, unos señores que decían venir de parte del ex-marido también y, cuando estaba en el suelo, su madre escupió sobre mi cuerpo yacente. "Ya están los obstáculos, ahora viene la parte del encuentro" pensé antes de desmayarme. Pero todavía faltaban un par de obstáculos: la orden de restricción del juez y la pobreza absoluta en la que me dejó mi mujer cuando se llevó todo. Es verdad que estaba amparada en el ventajoso divorcio que sacó gracias al estado público que tomó la cuestión. Y también es verdad que esto último tampoco favoreció mi continuidad laboral, por lo que la pobreza se proyecta en el mediano plazo. En resumen, estoy donde quería.


He de ponerme en marcha. Y, aunque ahora tengo que despedirme abruptamente porque el dueño del ciber parece haberse percatado de que no tengo con qué pagarle el tiempo que he gastado en escribir esto usando mi brazo sano, sepan que la maquinaría se ha puesto en funcionamiento. En poco tiempo se habrá completado mi destino de grandeza.


sábado, 11 de abril de 2009

Un paso


"Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura

y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén".

(Domingo. Cuarta Semana del Salterio, I° Vísperas)

¡Feliz Pascua de Resurrección!

lunes, 6 de abril de 2009

Repudio del elogio



Decía Freud que la normalidad no existe. No sabría decir donde, pero entre todas las cosas que dijo estoy seguro de poder encontrar algo que -debidamente (des)contextualizado por mí- le haga decir eso. Y no deja de ser verdad que cuando uno pone la lupa sobre alguien no tarda demasiado en descubrir pequeñas costumbres de sociópata en potencia: iras desproporcionadas frente a cosas que están "fuera de lugar", comentarios sospechosamente hirientes cuando se toca algún tema en particular, repeticiones inexplicables o fobias inefables frente a cifras, animales y otras yerbas conforman el perfil del neurótico promedio. No digo que sea una mala persona. Es, simplemente, raro. Pero como raros somos todos, entonces dentro de ciertos límites lo consideramos "normal". Excepto Freud, que dice que la normalidad no existe. Que se yo, arreglelo con él.

Todo este circunloquio era sólo para exponer una de mis normalidades desbalanceadas: siempre me ha costado recibir elogios. Ahora, esto tiene dos sentidos:

1) La dificultad para retribuir las felicitaciones ajenas. No encuentro palabras que estén a la altura. Si alguien se ha esforzado en resaltar las virtudes de alguna producción personal, uno no debería contestar con las mismas palabras que usa cuando lo dejan subir al colectivo. Trataré de ser más gráfico:

- Maestro, ¡su pintura es sublime! Los trazos parecen venir del pulso de un ángel inspirado por las musas en un arrebato extático, transportando al contemplante a un mundo terrible y maravilloso del que es imposible escapar. La emoción que me provoca ver su lienzo no se compara con nada que haya vivido. Todavía me cuesta reponerme de una verdadera aventura espiritual.

-...chas gracias.

Si no se quedó pensando adolescentemente en "lienzo" como pantalón en lugar de como tela, habrá captado esa desproporción entre el elogiante y el elogiado, que con esas palabras de agradecimiento se encuentra a la misma distancia del petulante desinteresado que del boludo alegre en su forma más primaria. ¡Cómo no va a ser difícil recibir elogios con esta presión!

2) Quizá anoticiada de esta carencia, la naturaleza me ha premiado con una mediocridad formidable, lo que generalmente me evita estar involucrado en las bochornosas arenas de la virtud reconocida.

Nos centraremos en la primera acepción, que es más universal y menos hiriente para mi ego. Ante todo hay que aclarar que es muchísimo más fácil responder a una puteada que a un elogio. Con un par de nociones básicas, uno puede manejarse con cierta destreza en el terreno de la descalificación. Frente a un improperio de cualquier tipo, uno puede echar mano a un par de frases que se adaptan sutilmente a cualquier afrenta. A saber:

a. "Tu hermana"

b. "Pensé que los pelotudos como vos eran un mito"

c. "Sos un descendiente directo en primer grado de una cortesana de dudosa moral" (al decir de Les Luthiers)

Puede profundizar sobre este tema aquí.

No obstante lo arriba dicho, eso no me dispensa para no estar mejor preparado frente a la eventual loa que se le pueda escapar al distraído viandante. He desarrollado algunas tácticas para hacer frente a estas incómodas situaciones que -extrañamente o como fruto de una política- se repiten cada vez menos. Comparto el fruto de mi trabajo para apuntalar a los que enfrentan este martirio cotidiano.

Hay básicamente 3 formas de responder elegantemente a un elogio:

1. Magnificándolo hasta el absurdo: confirma la recepción pero la acompaña con el sano reírse de uno mismo.

- "Sí, salió bien. Creo que debería haber un ala del Met dedicada a mí. Ja, ja..."

- "Algunos dicen que hay un antes y un después de mí. No creo que haya tal cosa como un antes"

- "Y eso porque lo hice a la apuradas. Que si me pongo un poquito hay que quemar las obras de Dalí, Picasso y Marta Minujín"

2. Minimizándolo: habla de una humildad a prueba de todo. Eso sí, encierra el serio riesgo de que se confunda con falsa humildad y quede como más soberbio todavía.

- "No, por favor. En un tiempo infinito un grupo de chimpancés quizás lo pudo haber hecho"

- "Es verdad, hay gente que le gusta. Pero su juicio estético probablemente sea el de un chimpancé"

- "¿Está seguro que usted no es un chimpancé?"

3. Disparar para cualquier lado: es la que recomiendo personalmente. No hablo de disparar literalmente, que si bien cumple con el aspecto distractivo de la cuestión, puede ocasionar problemas en las instalaciones de recintos cerrados o en la salud de alguna persona que pase por el lugar. Se trata de desviar la conversación desde lo que el otro está diciendo. Es un arte en sí mismo. Si no me cree trate. Deje un comentario laudatorio sobre el blog en general, este post en particular o sobre mi atractivo físico (creame, soy terriblemente atractivo) y verá como después de agradecerle disparo hacia cualquier lado hablando del auge de los blogs, de la ambigüedad de la palabra "post" o de la vez que acompañé a mi primo scout a un campamento (no le digo, a veces disparo realmente para cualquier lado) Con un par de oraciones bien puestas, el derrotero de la conversación seguirá por caminos menos comprometedores.

Y si ninguna de estas cosas funciona, siempre está la opción de putear.

Que lo disfruten con salú.

miércoles, 1 de abril de 2009

Encuentro con un taxista


Cada vez que uno se sube a un taxi sabe que puede encontrarse detrás del volante con seres muy disímiles: ancianos laburantes, cancheritos de tablero tuneado, comentaristas políticos, batidores de justas (estoy convencido de que la palabra "taxativo" para indicar lo tajante , lo que no tiene discusión, debe ser un derivado de "la opinión de los taxistas"), disc jockeys de metro cuadrado, psicólogos heterodoxos, padres orgullosos, sociólogos de cafetín, técnicos de fútbol, conversadores amables o -en algún que otro caso aislado- conductores silentes. Y a esa azarosa ruleta se suma el hecho de que el humor que uno traiga puesto puede estar o no alineado con las características del conductor. Lamentablemente, la mayor parte de las veces no existe tal coincidencia. Sobre todo porque uno preferiría el silencio, lo que es, como dije, la opción más improbable.

Y traigo esto a colación porque el otro día me topé con dos taxistas de índole tan distinta que me pareció que merecían una mención. "¿Te tomaste dos taxis el mismo día? ¿con lo caros que están? ¿quién sos? ¿el Sultán de Brunei?" me podrá multipreguntar un lector. "No, desde ya que no. Dudo que el Sultán viaje en taxi" responderé. "Es un decir" agregará con impaciencia el ilustrado. "Ah, no había entendido" remataré yo. Y reiremos.

Que lindo momento...


¿De qué hablábamos? ¡Ah, sí! De los taxistas. La cuestión es que en el primer viaje se dio la siguiente conversación:

Taxista 1: - Está negro el día ¿no?

Pablo: - y...sí.

Taxista 1: - Esta mañana, cuando salí de mi casa, cayeron unos goterones grandotes. Así los goterones (acompaña con le gesto de una circunsferencia formado por la unión de dedos pulgares e índices de las dos manos)

Pablo: -Mirá vos.

Profundizamos un poco en las cuestiones climáticas y tocamos otros temas. Al llegar a un semáforo mira por la ventana, ve a unos recolectores en un camión de CLIBA y les pega el grito:

Taxista 1: - ESTÁ NEGRO EL DÍA ¿NO? CUANDO SALÍ DE CASA ESTA MAÑANA CAYERON UNOS GOTERONES GRANDOTES...

¡¿Cómo?! Pero ¡esa es nuestra conversación! Me sentí humillado, engañado en mi buena fe social. ¡Y en mi cara! Como tampoco soy Indiana Jones, me pareció una vivencia digna de ser contada. Lo que yo no sabía es que ese era sólo el aperitivo. Más tarde, a eso de las 6 de la tarde, ya vapuleado por un exigente día laboral que estaba lejos de terminar, me subí a un nuevo vehículo cuyo asiento delantero era ocupado en su totalidad por un voluminoso hombre cuyo tronco comenzaba en el respaldo y terminaba en el mismísimo volante. Rapado, con unos anteojos que dejaban ver un gran aumento y todo amabilidad, me preguntó por mi destino y se puso en marcha. Cruzando la Avenida Córdoba viniendo por Cerrito, una serie de colectivos hicieron más pesado el tráfico. Un poco más adelante, las combis que se estacionaban al costado del teatro Colón nos hicieron reprogramar la ruta, así que doblamos por Tucumán. Allí fue cuando se inició nuestro diálogo. Mientras este se estaba dando, en lo único que pensaba era en que debía retener las palabras textuales que me estaba regalando este buen hombre a fin de poder reproducirlas. Y se ve que pensaba demasiado en eso porque las palabras mismas se me escaparon como arena entre los dedos. Sólo pude retener un par de verbos significativos, a los que revestiré con los pobres ropajes de mi propia imaginación para tratar de dar cabal cuenta de este encuentro. Ahora me doy cuenta de que generé demasiada expectativa para algo que tampoco es el secreto de la felicidad, pero ya está hecho.


Taxista 2: - ¡Que barbaridad! Esto de tener que esperar en filas de a 3 o 4 es algo entendible en situaciones de emergencia, pero que sea la normalidad es inhumano.


Yo, que a esa altura no venía volando bajo sino lisa y llanamente arrastrándome, no sabía si me hablaba de la gente que esperaba para subir a las combis, de la fila de colectivos apelotonados o incluso de otra cosa que no descartaba ignorar. Me obligó a empezar la conversación remando desde atrás.


Pablo: - ¿A qué se refiere?


Taxista 2: - La vida en este lugar deshumaniza. Somos convocados a ganarnos el pan de la manera en que ellos creen conveniente. Y nosotros, claro, respondemos. Porque lo necesitamos, porque estamos atados. Y así, nos tenemos que romper el culo (porque también tenía un hábil manejo de la metáfora)


Fue entonces que recibí el segundo impacto de nuestra corta conversación. Giró un poco la cabeza, me miró de reojo y espetó: "¿Usted qué piensa al respecto?"


Y yo, que en lo que pensaba era en lo cómoda que es mi cama, frente a la solemnidad con la que hablaba tuve que hacerme cargo de una opinión. Y lo que es peor, de la mía.


Pablo: - Entiendo lo que usted me dice de la alienación...


Que quiere que le diga, no me iba a quedar atrás. Mis primeras palabras surtieron el efecto de devolverme al lugar de "persona humana capaz de entablar una conversación". Lo supe cuando lo escuché repetir para sí: "alienación...sí..."


Pablo: - ...pero entiendo que esta ciudad tiene características propias que nos se encuentran en otras ciudades del país. Es lo que pasa por estar en el centro-centro. Este nivel de aceleración es algo propio. Son los costos de vivir acá. Yo veo eso, y a veces me gustaría irme a vivir al campo o a una ciudad más chica (sobre todo cuando me tomo el subte), pero veo también las virtudes.


"Veo que te tienen agarrado ¿no?" me dijo con cierta complicidad. El uso del tuteo, algo que podía identificar como impropio en él, me comunicó que estábamos llegando al meollo del asunto.


Pablo: -Me parece que siempre está el espacio de la libertad personal. A mí lo que me costaría dejar es sobre todo el mundo de relaciones; y en segundo lugar los programas, la oferta, esa cercanía de todo que es a la vez virtud y vicio de la Capital.


Me lamenté, el viaje llegaba a su fin y la conversación se había opuesto de ida y vuelta. Pagué con la convicción de que esos menesteres eran simples formalidades, un pequeño tributo para el marco de nuestra charla. Cuando estaba por bajar, me dijo esa última frase que todavía resuena en mi cabeza:


"Disculpe. La última cosa que me gustaría pedirle es ¿podría convocar a esa pareja de ancianos para que aborde el vehículo?"



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