martes, 23 de septiembre de 2008

Conversaciones nocturnas


Quién haya compartido cuarto con algún hermano o lecho con algún cónyuge podrá dar cuenta de los esbozos de intercambio verbal que se producen esporádicamente en la mitad de la noche. Todo comienza con la irrupción de un movimiento inusual, ya sea una vuelta a la cama después de una incursión por el baño o la cocina o por una patada fruto de un sueño (aunque en el caso del hermano que comparte el cuarto esto sea -cuanto menos- sospechoso)

Cuando alguna de estas actividades interrumpe el sueño, la respuesta de las distintas personas en situaciones distintas arrancados a la vigilia en distintos momentos del ciclo REM es irremediablemente la misma: "¿Qué pasa?"

Ante la pregunta pronunciada con el seño fruncido, se abren distintos tipos de respuesta:

a.) La correcta: "nada, nada". El protodurmiente, con la simple información de que la situación no lo obliga a cambiar su curso de acción, vuelve a los brazos de Morfeo (o de Jennifer Love Hewitt, depende de quién sea el que sueñe)

b.) La incorrecta: es la de quién, en un estado de somnolencia semejante al del despertado, contesta con lo que son, en el mejor de los casos, palabras inconexas: "...mmbmffghh...bicicleta de perro...mmmghchst...". Como la mayoría de las veces ambos se encuentran en piloto automático, la noche sigue su curso y por la mañana ninguno está seguro si tal hecho verdaderamente aconteció, dándole la razón a Descartes cuando postulaba que no es posible distinguir la vigilia del sueño.

c.) La extremadamente incorrecta: es la de la persona que, estando despierta, contesta como si fuese una bolilla de un examen final: "Lo que pasa es que me agarraron ganas de ir al baño, y como estaba levantado dije: 'aprovecho y tomo agua' aunque sabía que eso podía darme ganas de ir al baño más adelante. La cosa es que estaba volviendo y me acordé que había dejado la puerta del baño abierta y que con el chiflete de aire después se golpea y como la otra vez cuando fui me golpeé el dedo contra la mesa de luz traté de evitarla y entonces me tropecé y por eso caí encima tuyo..."


Aunque puede sorprenderlo, del otro lado sólo encontrará una reformulación en un tono más irritado: "¿¡Qué!?".
No es que haya sido poco claro, es que fue innecesariamente claro. Si tienen la lucidez suficiente, aténgase a la respuesta "a", ya tendrá mañana la oportunidad de contar toda su travesía.


Por eso es importante aclarar a los que podrían despertarlo, que la información que realmente está dispuesto a recibir tiene que valer más que un encuentro con Jennifer Love Hewitt. Y si eso no convence a su mujer, por lo menos evitará que le dirija la palabra.


jueves, 18 de septiembre de 2008

Amigos son los amigos

Muchos sostienen que la expersión "GCU" (gente como uno) es discriminatoria. Yo digo que no es así, sino más bien la contrario. "Gente como uno" designaría a una clase de gente de un mismo estrato social, con ciertos criterios comunes y una manera de ver la vida. Si esto es así, GCU designa una realidad enunciable por cualquier persona.

Tribuna popular de Deportivo Lafererre. Sábado 18:23 hs.

Capo de la barrabrava: ¡a estos putos les tenemos que ganar! ¡a estos putos les tenemos que g...!

Barrabrava 1: ¡Cabezón! ¡Cabezón! Al Funesto Gonzalez no lo dejan entrar por portación de lanzallamas.

Capo: Pero que se dejen de joder, si el Funesto es GCU.

Como se deja ver en esta pequeña delicia de la vida cotidiana, GCU es un término relativo. Podrán criticarme diciendo que no promuevo la movilidad social, que soy un marxista que concibe la historia como lucha de clases, que el Funesto se merece un trato digno y que Laferrere es el capo de la C, pero en todos los casos estarían perdiendo el hilo. Este mismo capo, hablando sobre la Reina Isabel, podía decir: "esa vieja no es GCU". Ahh ¿ven? Ahí no jode tanto ¿no? Mi punto es, justamente, que mientras más se asciende en la cuenta bancaria, menos se podrá decir la expresión GCU. Bill Gates, por ejemplo, casi nunca puede usar esa frase. Usted me dice que no tendría problemas en renunciar a una expresión semejante por una fortuna de ese calibre, pero eso lo dice porque no es GCU. No es nada fácil la vida del magnate multimillonario con más propiedades de las que usted ha tenido en el Monopoly sumando todas las veces que jugó. No Señor.

Y digo esto porque leí en el diario que Bill Gates volvió a ser el hombre más rico de EE.UU. desplazando a su amigo Warren Buffet. Mientras el bueno de William tiene 57.000 millones de dólares, su amigo Warren sólo dispondría de 50.000 millones y algunas monedas reservadas para el colectivo. La pregunta que me surge es ¿en qué términos se da una amistad entre gente tan obscenamente rica?

Cumpleaños de Bill Gates. 19:34 hs.

Warren Buffet: ¡Feliz cumpleaños, Bill! Toma este humilde obsequio.

Bill Gates: no te hubieras molestado, que bolú...¡Burundi! ¡Melinda! ¡Warren me regaló Burundi!

WB: y viene con más de 8 millones de habitantes.

BG: ¡Gracias, loco! Era justo lo que quería.

WB: si querés lo podés cambiar por otra nación de África Oriental o por alguna de Sudamérica.

BG: ¡pero no!, está bárbara. Mil gracias.

Usted puede sonreir, pero debe ser dificil regalarle algo a alguien que tiene virtualmente todo. Su propio hijo le iba a hacer un dibujo pero finalmente le terminó comprando el Guggenheim. La opción es romper algo y regalarle eso mismo antes que pueda reponerlo. Si cuando está yendo al cumpleaños se da cuenta de que se olvidó de comprar un regalo (usted sabe que puede pasar) no creo que se pueda solucionar el tema comprándole un chocolate en el kiosko más cercano.

(después de la fiesta, Bill y Melinda ven a sus criados lavar los platos y ordenar la casa)

Melinda: ¿así que Warren te regaló Burundi?

Bill: sí, la verdad es que para regalarme un país que no tiene salida al mar mejor no me regales nada...

Melinda: no te preocupes, después de una guerra civil le cambiamos el nombre y se lo regalamos a alguien más.

Ante la propuesta, Bill lo dudaría un momento, pero pensándolo bien, después contestaría: "No le puedo hacer eso a Warren, él es GCU".

lunes, 15 de septiembre de 2008

Oh my blog!


A veces no me reconozco. El otro día, hablando con unos amigos, me recomendaron algunos blogs que ellos visitaban. Usted creerá que por el hecho de tener un blog uno está medianamente al tanto de lo que pasa en la "movida blogger". Pues no es así. No hay un curso de capacitación inicial para poner un blog en el cual describan el status quaestionis de la actividad blogger en Argentina y el mundo. No hay instructores explicándole a uno como hacer para mejorar el propio blog. Sé que esto puede parecerle sorprendente, pero es así. Por eso no hay contradicción alguna entre tener un blog y ser un idiota. Hay sobradas muestras de ello en la web. La cuestión es que recorrí la ruta que me habían trazado. Apenas asomé la cabeza en el océano de blogs, me dí cuenta que no soy el único que escribe cosas aparentemente ingeniosas todas las semanas. Ni siquiera soy el mejor, como siempre me había dicho mi mamá. Soy sólo uno más dentro de muchos. Pero ¿de cuantos?

Según Technorati, un motor de búsqueda en internet especializado en blogs, en marzo del 2007 existían 72.000.000, abriéndose cada día 120.000 nuevos. Blog más, blog menos, actualmente deberíamos andar por los 137.400.000. Quizás se sienta intimidado por el número, pero hay que ponerlo en marco. Nuestro planeta tiene aproximadamente 6.700.000.000 habitantes, lo cual dejaría 49 habitantes por blog. Fui un poco más allá en mi investigación y descubrí que, de esos 49, a mí me tocaron 20 que no tienen computadora, 7 que son analfabetos (y que no coinciden con los que no tiene computadora. Raro ¿no?) y 12 que no saben hablar castellano. De los 10 que quedan, usted sería de lo mejorcito. Ya ve que mi situación no es la ideal.

Teniendo en cuenta todo lo visto, decidí salir a la caza de lectores de otros blogs. Usted me reprochará esta actitud, pero le pido que no se ponga en moralista. Tampoco es que sea la novia de mi mejor amigo (aunque sólo porque ella es una analfabeta no-hispanoparlante sin computadora) Además, no es algo de lo que me enorgullezca.

Mi primer intento fue ir a un blog de alguien conocido y comentar ahí. Como en el comentario mi nombre queda como un link al blog, una pizca de ingenio bastaría para generar curiosidad y que ese comentario inocente se transforme en una trampa para osos virtual. No, no quiero osos que lean el blog, es una analogía. Sí, es verdad que dije que era una trampa, pero lo de la trampa es una analog...deje, solo le pido que no diga públicamente que yo afirmé que usted es de lo mejorcito que lee mi blog. La cuestión es que me metí en el blog del famosos dibujante Liniers (macanudoliniers.blogspot.com) Allí, en el comentario 145 de la entrada del 2 de septiembre pueden encontrar un comentario mío. Entre obsecuentes impresentables y detractores violentos se cuela un comentario que, con cierta elegancia, no es más que un pedido de atención. Lamentable. Es más, ni siquiera soy tan explícito como otros pedidos que se encuentran, con lo cual me siento una groupie que -después de haber sido usada por el vocalista de la banda- se da cuenta que ni siquiera se sacó una foto. A veces no me reconozco.

¿Como hacer entonces? He aquí el dilema de todo blogger. Podría "asociarme" con otros blogs que sean muy leídos recomendándolos, pero eso se asemejaría a mi amistad con Manu Ginobili: él no está enterado de que la tengamos. Así, lo único que me queda es tratar de escribir bien e ir ganando lectores que recomienden el blog a otros lectores, pero eso sería justamente lo que hemos tratado de evitar: el camino difícil. Este camino implica trata de escribir sobre temas interesantes, en forma no demasiado extensa y siendo lo más ameno posible. Ah! y no repetir tantas veces la palabra "blog" en un escrito. Habrá que adaptarse. A veces no me reconozco.

martes, 9 de septiembre de 2008

Cel o no cel


"1984" es una de las obras más conocidas de George Orwell. En los últimos tiempos tomó una nueva repercusión a partir de los reality shows, que recurrieron a la figura del "Gran Hermano" de ese libro -un ubicuo representante de los ideales del Partido reinante- para dar la idea de alguien (el espectador) que "ve todo y controla todo". Reconozco que en realidad "1984" es, justamente, la única de la antiutopías (las otras son "Farenheit 451" de Ray Bradbury y "Un mundo feliz" de Aldous Huxley) que no leí. Pero me basta lo que sé para decir que se ha cometido una grave injusticia hacia los años 80, que ya tienen que hacerse cargo los peinados de Poison como para tener que fumarse una acusación que aplica mucho más a un 2008 que a un 1984. Si hay una época donde apliquen las ideas vertidas en aquél libro es en la actualidad, y no en los inocentes años 80. ¿Donde se ve la diferencia? Es claro: en la incorporación del celular a la vida cotidiana. Este aparatejo de apariencia inocente no es más que un Gran Hermano portátil y con jueguitos. Comparemos:


1984: - te llamé a tu casa pero no estabas.

- es que me había ido a pasear.

- Claro. ¿Vamos al cine?

2008: - ¡¿Donde carajo estabas?! Te llamé al celular pero lo tenías apagado.

- es que...

- ¿No me querés contestar? ¿en qué andás? ¿sabés qué? ¡andate a la mierda!

Es llamativa la impaciencia que nos genera el celular. No soportamos no saber dónde está el otro. Y si uno no se puede comunicar, la asunción es que está en alguna práctica espúrea. No en el cine, no fuera del área de cobertura, no en una reunión, no en el baño. Debe estar en una reunión con narcos o de trampa con alguna mujer para quién el amor sí tiene precio. Cada uno se convierte a la vez en Gran hermano y el espiado miembro del Partido.

Descuento que a una persona ya no se la llama a su casa: ¡podría atender alguien que no es él! Una trágica pérdida de tiempo. El único argumento para llamar a alguien a su casa podría ser que es más barato llamar a un teléfono de línea. Pero es cuestión de tiempo. Si hasta los teléfonos de línea son cada vez más parecido (incluso en funcionalidades) a los celulares.

1984: -¡suerte en el campamento! ¡llamame cuando llegues!

- Bueno, veo si hay teléfono.

2008: - ¡suerte en el campamento! ¡llamame cuando llegues...a la Panamericana! ¡y cuando paren a comer! ¡y todos los días a las 8! ¡o mejor te llamo yo, para que te acuerdes de tomar los remedios!

- ¡teléfono de mierda!

Darle celulares a los niños como protección es algo tan común que me hace pensar que en mi niñez yo era Indiana Jones. Mis salidas por las calles de Buenos Aires o por algún campo se realizaban en la ausencia total de dispositivos comunicacionales que no fueran la posibilidad de quemar alguna prenda de ropa para hacer señales de humo.

Pero así como quién recibe un baldazo de agua tiene más conciencia de estar mojado que quién bucea, será necesario tomar cierta distancia para ver de qué manera nos hemos adaptado a este dispositivo. Es lo que provoca la ausencia de un celular lo que da la pauta de la dependencia. Esto puede tomar dos formas:

a) Sensación de desnudez: salir sin el celular es como estar en Burkina Fazo. No es que vaya a pasar algo, pero uno se siente más vulnerable. "¿Que pasa si me secuestran, y me dejan lejos llevándose todo...menos el celular? ¿como voy a llamar ahora?"

b) Sensación de "miembro fantasma": Esto puede pasar incluso con el celular encima. El que no haya creído escuchar su celular o sentirlo vibrar para encontrarse que el fondo sigue ahí mostrando la hora, inmutable, que tire el primer nokia 5110.

Creo que el tema da para un desarrollo mayor, pero los dejo porque me suena el celular.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Oportunamente inoportuno


En el mundo de los negocios, ya sean estos macro o micro, se puede distinguir dos tipos de oportunistas: aquellos que ven la oportunidad en la coyuntura, la olfatean, y dan respuesta a una necesidad que todavía no se había explicitado, y por otro lado los que se dan cuenta de lo que los primeros han descubierto y se pliegan a la oportunidad hasta saturarla. Aquellos son los que descubren el nicho, éstos los que lo convierten en un vagón de la línea "D" de subte a las 6 de la tarde (sobre lo que ya se ha hablado anteriormente) Los ejemplos históricos de esta situación se pueden encontrar en videoclubes, maxiquioscos, canchas de paddle o locales de venta de medialunas.

Pero hay otro extremo, deshabitado por todo tipo de oportunistas, en el que se encuentran aquellos a los que la coyuntura se les viene encima; personas a quienes las circunstancias que los envuelven lenta, desprevenida pero inexorablemente convierten su trabajo en el peor trabajo del mundo.

Veamos algunos ejemplos de cómo un simple agregado puede trocar un trabajo cómodo y plenificador en uno de los círculos más profundos del infierno:

a) Gerente de Recursos Humanos (durante la Revolución Industrial):

Gerente: ¿que dice la encuesta de clima?
Vasallo: al parecer la gente está desmotivada.
Gerente: ¿Cómo es posible? ¿por qué?
Vasallo: El 30% considera que trabajar 18 horas los 7 días de la semana no es satisfactorio. El 25% afirma que un paquete de curitas no cumple con sus expectativas de cobertura médica. Un 15% balbuceó palabras inconexas y el restante 30% agredió física y verbalmente al encuestador.
Gerente: mmmm...repartan llaveros con el logo de la empresa. Y que alguno de los que dicen cosas inconexas se haga cargo del área corporativa de comunicaciones.

b) Plomero (en el Titanic):

- Ramirez, hay una filtración en cubierta. Gonzalez la está tapando.
- ¿Y entonces para que me necesita?
- Es bastante grande, por eso encastramos a Gonzalez para que la tape.

c) Escritor (en una revista para adolescentes):

Editor: Benegas, no estamos contentos con su trabajo...
Benegas: ¿por qué?
Editor: los chicos no entienden sus artículos. ¿Que es esto de: "...entonces se encendió la cólera de Gaby..."? ¿me está cargando, Benegas? Cambielo por: "tipo como que se enojó"
Benegas: ¿Le parece? Tampoco es que sea Góngora...
Editor: Mejor, la parte de enfermedades la trata Ricky, y ya está investigando sobre cremas para el acné.


d) Árbitro (en una pelea de perros):

- Toby, estás mordiendo debajo de la cintura. Separense! separens...aaaahhhhh!!!!

e) Vendedor de seguros (en un puesto de peaje):

- Sí, quería saber si le interesaría... Hola! que tal, ¿ le molesta si...?....Buenas tardes, soy de la empresa... ¿Como le v...? No estaría interesado en...En Segurix tenemos... Buenas tardes, nunca pensó en...Hola. Hola!... (se arroja sobre el capó de un auto) ¡Compreme un seguro! No, mejor ¡hábleme por 15 segundos seguidos! ¡No se vaya! ¡le regalo un seguro! Señooooooorrr!!!

Como ven, las palabras de Ortega y Gasset según las cuales yo soy "yo y mis circunstancias", se podrían aplicar al propio trabajo: es él...y sus circunstancias. Por eso, si se siente enteramente cómodo con su trabajo, piense que no se trata sólo de lo que usted hace, sino también de los cambios en las circunstancias que lo podría dejar en una posición peor que el desempleo. Quizás la empresa multinacional en la que trabaja con tanta estabilidad sea comprada por un multimillonario dadaísta que quiere que todos sus empleados vayan a trabajar en cat suit o le pide que implemente SAP en la organización de la tribu swahili. No sé como hizo una dadísta para hacerse multimillonario, probablemente se dedicó a la pintura o a la escultura. No importa, el caso es que es el dueño.

Por eso, me despido con la famosa frase de Forrest Gump: "La vida es como una caja de chocolates. Mejor que te la regalen porque si no puede ser carísima".
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