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lunes, 8 de junio de 2009

No me pidan que cabecée (parte I)


Ho húpnos tou tanatos adelfós estín. Esa fue la primera frase en griego que aprendí a pronunciar en mi vida. Entonces la repetí letánicamente a fin de recordarla, porque no cualquiera puede decir una frase en griego. Fue en el primero de los 3 años que tuve de griego. Me alegro de haberla recordado porque no es que en esos 3 años haya aprendido a hablar en griego. No, porque el comentario fácil es "Bueno, si voy a Grecia me podés dar una mano". Y la verdad es que no. O sí, con las valijas, porque hablar griego lo que se dice hablar es mucho más complicado. Quizás le pueda leer los carteles en la calle para decirle que dirían en nuestro alfabeto. O podría ayudarlo si lo que le quiere decir a un griego es una palabra suelta como "sabio", "suerte", "alégrese" o "el sueño es hermano de la muerte". Porque eso significa Ho húpnos tou thanatos adelfós estín. Con la hache aspirada, como si fuese una jota. Sí, así. Ya ve, casi que sabe lo mismo de griego que yo. Además, no creo que esa frase le sirva para pedir pan o embutidos en el supermercado. Ni en el de Grecia ni en el de acá.

Lo que no entiendo es este interés repentino por mis clases de griego. ¿Cómo? ¡Ah, sí! Ya sé a qué venía. Si algo he comprobado en estas semanas, es que el parecido familiar entre la muerte y el sueño viene por su inevitabilidad. Hay muchos criterios que podríamos adoptar para clasificar a los seres humanos. El que me interesa es muy simple: la gente que sufre el sueño y la que no. Sí, también podría ser entre la gente que estudió griego y la que no, pero no viene a cuento. Además ¿como contaríamos a los griegos? ¿estudiaron griego o no? Porque allá lo aprenden de chiquitos, no sé si lo estudian. No me venga con que acá tenemos clases de castellano porque le presento a alguno de mis alumnos y su argumento se muere. O se pone a soñar que sería parecido. Porque el sueño es hermano de la muerte. ¿Eh? ah, sí, sí, los que sufren el sueño y los que no. Decía: hay personas que no duermen bien y al otro día están como si nada; se acuestan después de un casorio a las 6 de la mañana y a las 9 ya están jodiendo con el diario. Otras, duermen menos de las 8 horas que dice no sé que estudio que el ser humano necesita y quedan anuladas. Social, laboral y humanamente anuladas. Son una sombra de sí mismas. Lo dejaría que adivine, pero perdimos mucho tiempo hablando de mis clases de griego así que se lo digo yo: pertenezco al segundo tipo.

Y digo que las últimas semanas han sido una patentización de que el sueño es hermano de la muerte porque he comprobado que los dos son inevitables. ¿Ya lo dije? Disculpe, es que últimamente no he dormido bien. La cantidad de horas de sueño ha disminuído dramáticamente. Por suerte, para compensar esto, la cantidad de actividades que tengo se ha triplicado. Así las cosas, me he quedado dormido sistemáticamente tanto en cursos a las que asisto como en cursos que doy (tan equitativamente que me quita la culpa de que me vean babeando en el tercer asiento); en la soledad de mi escritorio he sido atenazado por Morfeo tanto como en conversaciones grupales las palabras dejaron de tener significado para convertirse en extraños y bellos sonidos. Mi voluntad alega haber sido golpeada salvajemente por mi naturaleza biológica.

El tema del sueño ha dominado la cultura occidental desde Lope de Vega hasta Woody Allen pasando por los sueños con serpientes de Silvio Rodriguez, pero poco se ha escrito verdaderamente sobre él. Tomemos por caso a Freud. No habló propiamente del sueño sino de los sueños. Es decir, se dedicó a avisarle a Silvio Rodriguez que sus serpientes venían de la mala digestión de embutidos, pero no le dijo cómo hacer para no quedarse dormido en la segunda estrofa de "Ojalá" cuando da un concierto.

Nadie parece dimensionar lo que influye el sueño en las decisiones de una persona: "sí, sí, compralo y dejame de hinchar"; "¡basta! ¡el problema con ese vestido es que estás más gorda!"; "¿sabés qué? invadamos Polonia". Y todos saben lo irremontables que pueden ser para la historia de la humanidad las situaciones generadas en este estado de humor al que le es negada la racionalidad. Sí, me refiero en particular al segundo caso. ¡Y no me diga que no es así porque le tiro los ciclos REM por la cabeza! Perdón, perdón. Es que he dormido poco últimamente.

Por hoy dejamos acá. Con que se sitúe de una lado de la divisoria (entre los que sufren el sueño y los que no. No, no, lo del griego dejelo) ya es suficiente. En una futura entrega me propongo abordar mejor las situaciones que genera el estado de sopor mencionado. No obstante, como todavía no tengo pensado cómo he de hacerlo, si ve que me pongo a hablar de lo llamativo que es que el tomate sea una fruta y no una verdura, no pregunte demasiado. Disimule que viene gente.

Cualquier cosa le tomo el aoristo tercero del verbo "ballo", que para eso estudié griego.

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