martes, 17 de febrero de 2009

No me va a comparar


"Las comparaciones son odiosas". Esa es la frase oficial del Partido. Sin embargo, nuestras acciones y dichos cotidianos erosionan -cuando no niegan- estas palabras. Desde la madre que exalta las virtudes del primo Ernestito ("¿por qué no podés ser más como él?") hasta el exaltado que destaca las virtudes de la madre de Ernestito ("su vieja está mucho mejor que la tuya") pasando por el mismo Ernestito cuando hesita entre dos marcas de cerveza (sí, porque mucho Ernestito, mucho Ernestito, pero si lo vieran...), todo el tiempo estamos comparando. Y no está mal. Después de todo, una medida es siempre un punto...de comparación. "Sos alto". ¿Comparado con quién? ¿con la "altura media"? La altura media es una idea platónica.

Lo bueno de todo esto es que uno siempre puede cambiar el punto de referencia, para transformar una comparación desventajosa en una que nos venga mejor.

Cocina de la familia Fernandez. 12:53 hs.

Madre: - ¿No comés? Pensar que hay gente en África que no come, y vos dejás la comida. (comparación desventajosa)

Hijo: - Y vos pensá en las bacanales romanas, en las que después de comer por el campeonato del mundo iban al vomitorium a largar los chivos. ¿Te da asco? ¿no podés comer? Yo tampoco. (comparación ventajosa)

Comedor de la familia Fernandez. 21:05 hs

Laura: - ¿Seguís comiendo? Estás gordo.

Tito: - ¿Comparado con quién?

Laura: - con los seres humanos (comparación desventajosa)

Tito: - Pero ¿y comparado con un lobo marino de Mar del Plata sobrealimentado por niños que le arrojan hamburguesas de McDonalds como si fuese una bacanal romana? (comparación ventajosa)

Laura: - También (comparación fulminante)

Así, salvo deshonrosas excepciones, siempre habrá un Néstor Fabbri para convencernos que somos habilidosos con la pelota, un Ted Kaczinsky* para mostrarnos nuestra sociabilidad, una Belén Francese para convencernos que merecemos el nobel de literatura o un Toti Ciliberto para reconciliarnos con nuestra belleza exterior. Y esto puede ser interpretado casi como un servicio público, ya que la acción de compararse es inevitable. Yo mismo, antes de publicar esto, me fijé en las últimas entradas de un par de blogs. Las comparaciones son odiosas.

*el Unabomber

lunes, 9 de febrero de 2009

Frases históricas


Se dice que la historia la escriben los vencedores. Cuando escucho esto piens...¿cómo que quienes lo dicen? Lo dicen...por ahí. Que sé yo. Algún griego, un romano. ¿Nunca lo escuchó? No, no es que a mí me lo haya dicho un griego o un romano. Lo dijeron y la gente lo repite. Sí, la gente. No, no se me ocurre nadie en particular ahora. La cuestión es que...¡mi tío Alberto! Mi tío Alberto lo dijo una vez hablando de no me acuerdo qué cosa. No, es de la Paternal. En fin, la cosa es que me parece muy injusto que la historia la escriban los vencedores. Ya que ganaron podrían cuanto menos dictársela a los vencidos. Que el esfuerzo lo haga el otro, que para eso ganaron. Es verdad que los vencidos tienen en general un poquito de resentimiento, por lo que copian de mala gana y con faltas de ortografía a propósito, y es verdad también que a veces los vencidos perdían un brazo en la batalla y con la otra mano no se daban tanta maña (después no se entendía un corno que habían escrito) pero también es verdad que por lo menos serían un buen filtro para que no pase lo que pasa siempre: que los vencedores escriban lo que se les canta.

Muchas frases que han logrado sobreponerse al paso del tiempo están sospechosamente logradas para contextos que a veces no permitían tales formulaciones. Nos propondremos aquí, respaldados en un serio y minucioso estudio histórico, reponer varias frases que los vencedores han cambiado, para que lo que llegue a nosotros sea la verdad, y no los arranques poéticos posteriores de un griego, un romano o de mi tío Alberto de la Paternal.

Tomemos como un primer ejemplo la famosa frase que pronunció Julio Cesar después de ver que su hijo Bruto empuñaba un puñal con el resto de los conjurados. La frase que se le atribuye es "Tu quoque, Brute, fili mei!" ("¿tú también, Bruto, hijo mío?") cuando en realidad la frase fue algo más parecido a "Filius prostitutae!", cuya traducción es incierta. Algunos incluso dicen que lo único que alcanzó a decir fue "Arghhh!", que sería la palabra griega para "yo creía que tenía la vaca atada y resulta que son todos unos traidores merecedores de que se les marchiten las vergüenzas viriles". ¿Sorprendidos? Esto es nada más que la punta del ovillo.

Como segundo caso quiero proponer la frase que se le atribuye a Hegel cuando Napoleón entró en la ciudad de Jena. Dicen que, alelado, el bueno de Jorge Guillermo Federico habría dicho algo así como que era "el espíritu universal a caballo". Algo así. Hegel no contaba con el oído de Johann Franz Rumenigge, quién pudo escuchar claramente la frase original, que parece distar de tan románticas palabras. Rumenigge asegura que la sentencia textual fue "¿qué tendrá el petiso?". Ahora, entre una frase de fanatismo adolescente por un individuo de corta estatura y la inclusión de un personaje histórico en el propio sistema filosófico, no había donde perderse. Jena derecho, dos cuadras.

Winston Churchill era un tipo honesto y trabajador. Vendía embutidos en el Parlamento para poder completar su sueldo de primer ministro. Eran tiempos difíciles para todos. Incluso prominentes ministros regateaban el precio de sus productos como mercaderes callejeros. Así, cuando Lord Munchinson trató de sacarle un producto por 35 chelines, Churchill explotó: "no sabe lo que tuve que chivar* para poder ofrecerle esta morcilla, así que no me llore". Palabras quizás indignas para un alto funcionario en un momento crucial. Resultado: "Sólo puedo ofrecerles sangre, sudor y lágrimas".

Un ejemplo más reciente podemos encontrar en el aclamado discurso de Martin Luther King en el Lincoln Memorial. Al parecer, Luther King había llegado esa mañana a Washington en bus desde Georgia. Antes de empezar el discurso se estaba quedando dormido. Cuando estaba por empezar, le comentó a su asistente "che, tengo un sueño...". Fueron los vítores de la multitud los que lo hicieron percatarse de que el micrófono estaba abierto. Un buen agente de prensa hizo un sueño profético donde había un estado soporífero. ¿No me cree? ¿dice que hay documentos fílmicos? Bueno, sepa que Forrest Gump nunca estuvo con Kennedy. ¡Todo tengo que explicar!

Si con este escrito he logrado introducir una sospecha sobre la historia oficial, habré logrado mi objetivo. Si alimenté su delirio paranoico, me habré pasado un poquito. Y si la más profunda indiferencia se ha apoderado de usted, me remitiré a la palabras del César.

Que lo disfruten con salú (o -como pasará a la historia- "que la ventura se cierna sobre vuestras pujantes humanidades conduciéndoos a un futuro priomisorio pletórico en deleite físico y espiritual")

* Chivar: argentinismo. Transpirar, sudar. Churchill era un tipo de mundo.

martes, 3 de febrero de 2009

Cosas que pasan por la cabeza


Que los hombres y las mujeres son distintos es cosa sabida. Las diferencias físicas son patentes*, y sobre las diferencias psicológicas tenemos abundante testimonio; pero lo que no siempre alcanzamos a ver es que tales diferencias se encarnan en cuestiones que parecerían ser muy semejantes, casi idénticas, a veces sólo diferenciables...por un pelo.

Sí mi agudeza literaria no hizo que lo viera venir, acá va el tema con toda claridad: la ida a la peluquería de los distintos sexos. En sustancia, uno pensaría que el fin que se persigue en ambos casos es el mismo, pero de hecho uno estaría equivocado si así lo pensase. Es más, eso le podría hacer pasar un mal momento a uno. Sobre todo a uno, porque en estos casos una sabe perfectamente lo que quiere. Pero uno no siempre está al tanto ¿por qué habría de estarlo? A uno le parece tan fácil, pero no. ¡Siempre hay que complicarlo! ¡UNO NO PUEDE SABER TODO! Disculpen, a veces se entusiasma uno.

¿De qué hablábamos? ¡Ah, sí! El fin. La mujer va a la peluquería principalmente por motivos estéticos: un casamiento, una fiesta importante, un cumpleaños... Hay ocasiones que exigen el emperifollamiento capilar. El hombre, en general, va más bien por motivos prácticos: la ceguera temporal que puede provocar el exceso de flequillo, los reproches laborales por las recurrentes llegadas tarde ocasionadas por el tiempo tratando de controlar el felino que retosa en nuestras cabezas y otros problemas semejantes acucian al hombre que se acerca a la peluquería.

Esta diferencia en los fines ha provocado, como una suerte de reflejo atávico, que los hombres vayan al peluquero mientras las mujeres visiten al coiffeur. Uno podría intentar un reproche por la diferencia abismal de tarifas por hacer "lo mismo", pero estaría jugando con laca. Una mujer, incluso aquella que no sabía bien que quería hacerse, tiene claro cuando el corte le quedó mal. El estado de enajenación que adquieren justifica con creces las tarifas de un trabajo que es claramente de riesgo. Un huracán de improperios sigue a la constatación empírica de esta desavenencia. Yo he escuchado putear a mi mujer como si tuviese síndrome de tourette por un flequillo que no llegaba a guardarse detrás de la oreja. Mi intento de animarla diciéndole que estaba linda duró el tiempo que tardé en darme cuenta que buscaba un elemento que fuera pesado y filoso a la vez.

De cualquier forma, este escrito pretende mostrar que son los hombres los que pasan por las peores cosas cuando deciden liberarse de excedentes capilares. Y no me vengan con el tema de la depilación. Eso es una elección libre. Si no quieren depilarse búsquense un hombre ciego y friolento y cásense con él. Es el hombre que se corta el pelo quién queda irremediablemente mal por 2 o 3 días. No importa cuan bueno haya sido el corte, los primeros días uno queda necesariamente con cara de nabo. Los profesionales dicen que son días de "acomodamiento". Para el mortal de a pie, son simplemente días de soportar comentarios vejatorios ("¿qué te hiciste?", "¿te cortaste el pelo o te creció la cabeza?", "a tu peluquero le dicen paloma, porque te caga la cabeza", etc...) que se repiten cíclicamente cada 3 meses.

Según entiendo, los peluqueros masculinos se pueden dividir en 3 grupos, cada uno con sus pros y sus contras.

El primero grupo lo forman los peluqueros que daremos en llamar "coherentes": hacen un sólo corte de pelo. Por un tiempo, yo me cortaba en un club cuyo peluquero ostentaba esta constancia en el estilo. Vez tras vez, la similitud del corte era sorprendente. Ahora, ese corte único puede quedarle bien o no. No es problema del peluquero.

Pro: si le queda, se asegura poder repetir el corte durante toda la vida (suya o del peluquero, la que termine primero)
Contra: generalmente no le queda.

El segundo grupo es el de los "incipientes": gente que está empezando en el negocio. Recuerdo cuando -escandalizado porque el corte había subido a $15 en donde me cortaba- dí con las "Academias de peluquería Oly", donde estudiantes bienintencionados cortaban por sólo $3. Recuerdo también la cara de horror del instructor al ver el producto final del esforzado imbécil que me había tocado.

Pro: como están haciendo sus primeras armas, ponen empeño y cobran barato.
Contra: la impericia hace que a veces sean, efectivamente, sus primeras armas.

Por último, encontramos el grupo de los "capos": hombres que llevan años desarrollando su técnica y que por su sillón han pasado más cabezas que en la Revolución Francesa. Eso sí, las indicaciones que uno les pueda dar son tomadas como simples consejos, pequeñas sugerencias desde las cuales armar su desafío.

Pro: saben lo que hacen.
Contra: hacen lo que quieren.

Mi amplia experiencia depositando sobrantes de cabello en pisos de peluquería, me permitió lograr un corte acorde a lo que pido: "A mi mujer no le gusta muy corto". O ha hablado con coiffeurs, o ha escuchado a mi mujer putear, pero los últimos cortes son razonablemente buenos.

*si tiene dudas al respecto, podrá apreciar las diferencias en el educativo video "Colegialas salvajes VI: tontas y exhuberantes" que puede adquirir en el kiosko más cercano.

martes, 27 de enero de 2009

Los humoristas


Una misma palabra puede denominar realidades distintas. En algunos casos ("vela", "banco") la diferencia es evidente. En otros, en cambio, la línea que separa las realidades designadas es más difusa, tanto que se corre el riesgo de pasarla por alto. Esto deviene muchas veces en grandes injusticias. Concretamente, es lo que pasa cuando decimos de alguien simplemente que "es gracioso" o -para decirlo más constitutivamente- que es un humorista. O sea, usamos el mismo término para denominar tanto a alguien de agudo ingenio (un orfebre de la alegría, un malabarista de la palabra) que a partir de una conversación logra sacarnos una sonrisa como a un energúmeno cuyos chistes escatológicos involucran generalmente a Jaimito, a un loro y a un polaco. ¡Error, señores! ¡error! El borramiento de esta línea divisoria ha arruinado por igual reuniones sociales y fogones, al pedirle a una persona un humor que no puede (ni debe) dar.

Si quiere profundizar en el humor escatológico puede ir a www. jaimitoelloroyelpolaco.com. Pero si lo que quiere es entender cómo se gesta el humor sutil...bueno, no sé si hay páginas para eso, así que le recomiendo que mejor se quede por acá y pruebe a ver qué sale. Lo único que le pido es que se quede tranquilo y no rompa nada.

Mucho se ha discutido entre los virtuosos de la sonrisa si un chiste ocacionado por una situación puede repetirse, aún cuando esto implique rehacer de manera artificial la situación. Creo que, dado que lo que se busca es el deleite del oyente, no hay mayores inconvenientes en hacerlo más de una vez. Si es bueno, se perdona que no sea espontáneo. Sólo habría que chequear que el público sea distinto. Eso sí, debe cuidarse que la situación no sea demasiado forzada. Al respecto, me parece que algo vivido hace un par de años puede ser iluminador. Recuerdo que estábamos reunidos varios estudiantes de filosofía hablando sobre algunos filósofos del renacimiento. Entre ellos mencionamos a Giordano Bruno, quién murió quemado en la hoguera. A partir de este dialogo -que llamaremos "situación nº1"- trataremos de ejemplificar lo expuesto.

SITUACIÓN Nº1: El chiste oportuno.

Casa de Martín. 17:41 hs.

Pablo: - ...¿y sabés cuáles fueron las últimas palabras de Giordano Bruno?
Filósofo 1: - No ¿cuales?
Pablo: - "No me quemen. Soy Giordano".
Filósofos: - JA, JA, JA, JA, JA....
Filósofo 2: ¡Por Dios! ¡que ocurrente!

SITUACIÓN Nº2: El chiste gracioso.

Clase de filosofía. 10:23 hs.

Pablo: - ...y, entre otros filósofos de esta época, deberíamos nombrar a Giordano Bruno, quién murió quemado en la hoguera. ¿saben cuales fueron sus últimas palabras?
Alumno 1, 2, 7 y 23: - No.
Pablo: - "No me quemen, soy Giordano".
Alumnos: - JA, JA, JA, JA...
Alumno 11: - Profe, cuando sea grande quiero ser cómo usted.

SITUACIÓN Nº3: El chiste innecesario.

En algún bar de Palermo. 21:45 hs.

Amigo puertoriqueño: - ...y por eso espero estar por aquí al menos dos semanas.
Pablo (de la nada): - Qué cosa esta de la violencia en el futbol ¿no?
Amigo puertoriqueño: -No podría decirte, brother. La verdad es que el deporte que a mí me gusta es el beisból.
Pablo: - Ajá...claro, claro. Lo digo porque me acuerdo que hace algunos años unos hinchas agarraron a patadas a un famoso peluquero...
Amigo puertoriqueño: - A mi siempre me ha llamado la atención eso de ser peluquero. Chico, ser peluquero cuando podrías ser...
Pablo: - La cuestión es que cuando lo pateaban empezó a gritar "¡No me peguen, soy Giordano!". Porque se llamaba Roberto Giordano.
Amigo puertoriqueño: - Mira tú....mira tú... Me gustaría conocer la Plaza de Mayo.
Pablo: - Es como si fuese toda una filosofía. Eso sí, no como la filosofía de Giordano Bruno, un filósofo del renacimiento que murió en la hoguera. Dicen que sus últimas palabras fueron "¡No me quemen, soy Giordano!".
Amigo puertoriqueño: - ...
Pablo: - ¿Dije que el peluquero se llamaba Giordano?

Habiendo dejado en claro este punto, en futuras entregas abordaremos los temas de la sensibilidad para captar contextos propicios para el humor (el testimonio de Jorge y su experiencia en el funeral de su suegra serán de gran ayuda), de la lección de las palabras adecuadas y otra menudecias del estilo.

Que lo disfruten con salú.

PD: era evidente que el link fue para mostrar un punto y su existencia verdadera era muy improbable. No obstante, sí existen chistes que involucran a Jaimito, a un loro y a un polaco.

miércoles, 21 de enero de 2009

Mientras tanto, en el Salón de la Justicia...




Salón de la Justicia. 20:18 hs.

(Varios supehéroes están reunidos. El ambiente está enrarecido. Un silencio tenso atraviesa el salón. Con cara de enfrentar lo inevitable, Superman se para, carraspea y toma la palabra)

Superman: - Como todos sabemos, la carrera del superhéroe -al igual que la del futbolista- es corta. Después de los 35 uno ya no puede calzarse un traje strech sin sufrir las burlas del archienemigo de turno por el desarrollo de la panza (¡que diga Adam West lo que ha sufrido!) Así, nos vemos obligados a maximizar las ganancias de nuestra vida profesional a través de la venta de comics. Bueno, la cuestión es que se ha contactado gente de DC Comics para hacernos llegar su preocupación por la baja de las ventas. Al parecer, en lugar de lectores de comics, cada vez se hace más común encontrar grupos de Facebook como "yo leí comics en los 90s", "Superhéroes retro" y cosas por el estilo. Muchachos, la situación es preocupante. Tenemos que hacer algo.

Aquaman: - Yo creo que tenemos que cambiar el perfil. Humanizar más la figura del superhéroe.

Batman: - Disiento. La mitología griega cayó, en parte, por la excesiva antropomorfización de los dioses. Nosotros, como una nueva mitología...

Linterna Verde: - ¡Hay que morfar, pelotudo! ¡hay que morfar! A Zeus no lo vi nunca por el Coto. Vos decís eso porque empezaste metiendo el psicoanálisis en tu historia y ahora que saltaron todos tus "problemitas" no te querés hacer cargo. Claro, cuando decían que era oscuro estaba todo bien, ahora que se rumorea que sos bipolar... Por tu culpa ahora los chicos piensan que el super yo es un superhéroe.

Robin: - ¡Santas Batifalacias ad hominem, Batman! Yo no tendría en cuenta la opinión de un tipo cuyo nombre es una artefacto de un color exótico. Es un nombre lamentable. ¿Qué viene después? ¿"El destornillador Phillips rojo"? ¿"El costurero gris"? Batman tiene razón, señores. Lo que tenemos que hacer es justamente lo contrario, volver a poner al superhéroe en un pedestal. Ahora resulta que a uno le mete los cuernos su mujer, otros son pareja homosexual...

Flash: - Bueno, bueno, bueno... eramos pocos y parió el hombre murciélago. ¿Justo vos venís a decir eso, caradura? Si alguien abrió la puerta para la aparición de superhéroes homosexuales fuiste vos haciendo de mancebo de Batman. Además, un toque de realidad no vendría mal. ¿En qué mundo posible uno puede ocultar su identidad poniéndose unas gafas? Todo el tema de Clark Kent-Superman es un bodrio infumable. Mi hija de un año se da cuenta de que cuando me pongo los anteojos para leer sigo siendo el mismo. Si los ciudadanos de Metrópolis no se dan cuenta de eso entonces va a ser difícil salvarlos.

Zan (Gemelo fantástico, el varón): - Teniendo en cuenta las previsiones del caso, me tomé la molestia de hacer un informe demográfico con el target...

Superman: - ¡Bueno, loco! No podemos andar todos encapuchados. Te quiero ver salvando una ciudad con 35 grados a la sombra vestido como si fuese de Hamas. Y la humedad...

Aquaman: - el tipo tiene razón. Y no es por defenderlo, porque lo que a mí me pareció intragable fue todo el tema de "la muerte de Superman".

Linterna Verde: !Uy, sí! Que se muere, que son 4, que vuelve...¡sos un hijo de puta!

Zan (gemelo fantástico. Sí, te juro que formaban parte): ...resulta que en la franja de los 15 a los 20 años...

Superman: - Paren, paren, paren. Bien que después se prendieron todos: que la muerte de Batman, que la muerte del Capitán América... Yo sólo vi el nicho.

Batman: - Bien visto, toso este aluvión de películas de Superhéroes parecen ser una muerte simbólica del formato...

Linterna Verde: - ¿Vos escuchás cuando te hablan, pelotudo? Todos tratando de remarla y este huevón quiere escribir un paper.

Robin: - Vos porque el casting para tu película la hicieron entre plomeros...

Linterna Verde: - ¡las novias acá se callan! Para descerebrada la tenemos a la Mujer Maravilla.

Mujer maravilla: - ¿eh? ¿qué? ¡ah! Para mí como que tendríamos que vender más ¿no?

Flash (embelesado): - Claro, claro.

Linterna Verde: - Uh, lo perdimos a Flash ¿alguien se encarga?

Zan (gemelo fantástico. Pero sí, uno de violeta): ¡en forma de cubeta de agua!


Lintena Verde: - ...y vos, querida, dejá. No pienses más que te vas a herniar.

Iron Man: - Volviendo. El tema de las películas es que a mí no me llega un mango y Robert Downley Jr. la levanta con pala. Al final parece que ser bueno no es rentable.

Batman: - Aristóteles diría que la virtud es un premio en sí misma.

Linterna Verde: - Loco, pará porque me ponés de mal humor.

Superman: - el quiróptero tiene razón. Vos porque sos un fenicio.

Linterna verde: - ... y vos porque la vivís a tu novia la periodista.

Flash: - al final para qué carajo nos agremiamos si no podemos definir ni los requisitos para entrar a la pileta.

Robin: - ¿no habíamos dicho que revisión médica o certificado de un médico?

Plastic Man: - No, no. Lo del certificado quedó pendiente.

Mujer Maravilla: - ¿Y si vendemos más comics? Así ganaríamos más plata ¿no?

Superman: ¡Bueno, basta! Traten de verlo mejor, que alguien haga algún estudio más serio y vengan con alguna propuesta más seria para el lunes que viene. ¡Che! ¿Quién dejó un balde con agua a la pasada?


domingo, 11 de enero de 2009

Misterios sin resolver


Como sabrán los que leyeron el último post, estoy de vacaciones. Y alguno podría pensar que en este tiempo de solaz me olvido de los lectores para recluirme en mi maravilloso mundo interior. La verdad es que esa persona tendría razón. No obstante, la combinación azarosa de causas segundas hace que mi lugar de retiro tenga internet, que yo tenga tiempo de sobra y que mi ánimo me permita posponer la siesta un rato más.

En la práctica, abordaré de manera concreta dos temas. El primero es una ayuda (una más) para todo el que venga a buscar una respuesta para un tema no demasiado complejo y del que no se pueda quejar por una implementación con resultados negativos. Lo segundo está ligado al título, pero ya veremos más adelante de qué se trata (si lo digo ahora quizás desista de seguir leyendo, así que mantendremos un conveniente halo de misterio)

Argentinos, a las cosas. Extranjeros, también. Las vacaciones, si bien se venden como un tiempo de descanso, recreación y lecturas al aire libre en contacto con los pajaritos -que hacen el suficiente ruido para acompañar a la cascada en la ambientación natural pero no tanto como para no dejarnos leer-, en realidad son un tiempo que trae aparejado un infierno logístico: conseguir un lugar, darse cuenta de que otras 5000 personas buscaron el mismo paisaje bucólico y pelear por un lugar en un restaurant hacen que uno piense que en el trabajo no se estaba tan mal. Ese es el poder reparador de las vacaciones. Ahora bien, para que su cabeza no sume nuevas preocupaciones, desde aquí aclararemos un punto de los muchos que pueden surgir en este tiempo para aportar nuestro granito de arena a esta playa atestada de gente. Como sea, nuestro aporte tiene que ver con el cómo se debe entrar al mar. Si bien ha sido pensada para esa situación, es también aplicable a la entrada a un lago, río, pileta, piscina, natatorio, fuente o charco que tenga más a mano.

Ahórrese escuchar teoría tras teoría. La verdad es que las diferentes posturas se reducen finalmente a dos:

a) Entrada "Alfonsina Storni": se trata de entrar de a poco, cada vez un poco más, y preferentemnte empezando por las extremidades inferiores. Los que defienden esta práctica argumentan que la transición entre la tierra firme y el medio acuoso debe ser suave para evitar un shock hipotérmico. Arguyen (y aquí me ceñiré solamente a los hombres) que solamente se sufre en determinadas áreas 'claves', a saber: los pies (por ser el primer contacto), las gónadas, la panza y -por último- la cabeza. En esta modalidad, uno pasaría a estar en el agua casi sin darse cuenta y casi indoloramente.

b) Entrada "Mitch Buchanan": nos encontramos aquí con una carrera frenética que termina en chapuzón apenas se elude el peligro de contusión craneal. La mayoría de los que suscriben a esta postura además piensan que las curitas deben sacarse de un tirón. Lo que se encuentra de fondo es que la brevedad del dolor hace que uno olvide que alguna vez lo tuvo. ¿Cuanto dura la sensación de que los pulmones van a salirse de la caja torácica? ¿cuánto la expresión de ojos y boca extremadamente abiertos que acompañan los estertores acuáticos? Nanosegundos, si se tiene en cuenta la diversión posterior.

Huelga decir que adhiero a la segunda postura. Históricamente he veraneado en las playas de Chile y la temperatura de sus aguas hace fácticamente imposible la primera opción. Las cuchilladas que se sienten en los tobillos nos haría desisitir de seguir más allá. Meterse de a poco es un suicidio. Y si bien esto parece convenir a la evocación de Alfonsina, la realidad nos dice que ella no tenía gónadas, lo que probablemente le simplificó las cosas.



Nos toca ahora avocarnos al segundo tema. Sí, ese, el del halo de misterio. "Misterios sin resolver" fue un programa noventoso sobre crímenes sin resolver*, personas desaparecidas y fenómenos paranormales del que solamente tomaremos el nombre, ya que no nos interesa ninguna de las cuestiones enumeradas. Simplemente me gustaría en este espacio enumerar algunas preguntas de las que yo no tengo respuesta, en la esperanza de que algún lector que acumule información intrascendente en su cabeza (y sé que los hay) pueda dar una respuesta. Y el fundamento para hacer esto es que las vacaciones son un período más acorde para hacer preguntas que para elucubrar respuestas, ya que éstas suponen una elaboración mayor.

Para ir calentando la mano, empiezo con dos, una propia y una que me hicieron llegar (y que verán que es propia de alguien que está de vacaciones) Invito a los amables lectores a que hagan llegar sus propias inquitudes sin compromiso alguno** En la medida de lo posible o de que se acaben mis vacaciones, iremos respondiendo.

- ¿Por qué los científicos de cualquier serie siempre tienen acento alemán?

- ¿Por qué la capa de pan rallado de la milanesas de restaurant se levanta cuando las de mi casa nunca lo hace?

¿Dije que estaba de vacaciones?

Que lo disfruten con salú.



*Evidentemente. Probaron con "misterios resueltos" pero nunca tuvo mucho rating.

** cuando digo "sin compromiso alguno", me refiero a que no me comprometo a dar una respuesta. Usted hágase cargo de lo que pregunta.



viernes, 2 de enero de 2009

Circo y más circo


Señores, lo traté de evitar. Considero que no hay que dejarse llevar por lo movimientos masivos de una manera acrítica, pero esto ha sido más fuerte que yo. Y ya hay tantas cosas más fuertes que yo, que una más tampoco me hacía la diferencia. Pero quiero que quede en claro que no es que llego tarde a la oleada sino que he logrado resistir más tiempo que el resto. O sea, si soy anacrónico es por ser virtuoso. Una prueba de que resistí es el último post del año pasado. Mientras todos despedían el año, hacían balances o teorizaban sobre el tiempo, yo escribí sobre siglas. No sobre siglos (veo que leyó el título demasiado rápido) sino sobre siglas. "¿A quién carajo le importan las siglas?" pregunta el lector incisivo. Y yo le doy la razón. Justamente, cuando el vulgo corre detrás de la novedad del advenimiento de un nuevo año yo escribo sobre algo que a nadie le interesa. Osado ¿no?

Pero bueno, no puedo desentenderme totalmente de lo que viven mis lectores. No son muchos, es verdad, pero por lo que he relevado todos cambiaron de año. Todos ¿eh? Mire que si alguno hubiese clavado bandera en nombre del año que terminó, yo hubiese escrito sobre literatura española del siglo de oro o los hábitos reproductivos de la raza Hereford. Y sepa que tengo una ignorancia supina sobre los dos temas. Bah, el segundo me lo puedo imaginar. Calculo que será cómo el resto de los mamíferos. Pero no, no fue el caso (hablo de que ninguno de los lectores dejó de cambiar de año, no de que la raza Hereford no se reproduzca como el resto de los mamíferos). Todos se llenaron la boca con que "feliz 2009", "que se cumplan tus deseos", "paz, armonía y rivotril" y otras vaguedades del estilo. Y uno no puede hacer de cuenta que no pasa nada ¿no?

Así que, decidido a darle al pueblo lo que quiere, hablaré sobre este nuevo año que empieza. Usted quizás me objete que "el pueblo" no tiene pretensiones que abarquen mis escritos. Y si bien es una objeción válida, la ignoraré por completo. Una cosa es ser incisivo y otra cosa es ser maleducado.

¿Qué decir de este año? La verdad es que hasta acá no ha aportado demasiado material para el análisis. Además está todo el mundo yéndose de vacaciones y las novedades parecen importar poco. Y ya que estamos en sinceramientos, para análisis de la realidad puede leer a Morales Solá u algún otro que le parezca y probablemente lo haga mejor. Todo esto nos deja la puerta abierta para hacer algo menos comprometido y más acorde a las expectativas del lector: futurología.
Sobre las ventajas de la futurología ya he hablado antes, cuando comenté por qué elegí el formato blog para escribir (video meliora provoque...) A esto se suma que no considero que el paso del tiempo per se constituya mérito alguno (como postulé respecto del festejo de cumpleaños) De lo dicho se desprenden 3 consecuencias:

1. Estoy de acuerdo conmigo mismo.
2. Encontré cómo poner hipervínculos en los posts.
3. Vamos a hacer futurología irresponsablemente.

Ante todo, desmitifiquemos: "año nuevo, vida nueva" es una patraña. Si usted debía plata en el 2008, debo decirle que su acreedor seguirá teniendo la pretensión de que le pague en el 2009. Si dejó sin terminar algo en el laburo el 31/12/08 lo encontrará sorpresivamente igual el 2/1/09. Si le caía mal la tía de su novia a las 23:59 del 31 de diciembre, no experimentará un repentino cambio de ánimo a las 00:01 del 1° de enero. Dicho esto, podemos aventurarnos sobre lo que podemos esperar de este 2009:

- Paraguay dejará de ser el puntero de las eliminatorias. El tiempo me dará la razón o no, pero cómo es algo que casi todos quieren (menos los paraguayos), tampoco se van a molestar en decirme que no les parece.

- Hollywood tomará algún tema y se harán al menos 3 superproducciones al respecto. Además se estrenará alguna película de Harry Potter.

- Kairós cambiará ligeramente su diseño, cuando consiga que un amigo con conocimientos de html le haga la gauchada.

- Alguna acción del Gobierno nos hará tomar conocimiento de alguna cuestión técnica sobre algo que no teníamos idea que existía ("pero ¿cómo van a reducir las tasas de depreciación cambiarias con retroalimentación múltiple? Es una locura")

- 15.659.344 personas responderán a la pregunta sobre cómo están diciendo: "mal, pero acostumbrado".

- Alguien sin ningún tipo de mérito reconocible será famoso por un par de semanas.

- El tiempo se pasará volando y se hará eterno simultáneamente.

- Los científicos descubrirán algo que nos llevará a preguntarnos cómo lo habrán deducido y quién corno pone plata para esas investigaciones ("los que comen frutillas en su niñez son más felices", "tener un hamster es bueno para el colon irritable", "los juegos de PlayStation mejoran la pronunciación de las consonantes nasales")

Podría seguir, pero en algún punto se aburriría y dejaría de leer. ¿Adiviné? No le digo que para la futurología soy un tigre. En fin, lo positivo para mí es que 2009 empieza con vacaciones. Estrictamente hablando hoy es mi último día laboral, pero este escrito no es exactamente un objetivo central de mi gestión.

¡Ah! y hoy es el cumpleaños de mi mujer. Así que el 2009 empezará con una colecta de saludos para gente que cumple en enero.

Que lo disfrute con salú.

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