lunes, 1 de diciembre de 2008

Y que no cumplas nunca más


Hace poco cumplí años. Hay ciertas edades a las que, cuando uno llega, llevan a plantearse y replantearse determinados aspectos de la vida para descubrirlos por primera vez, reencausarlos o cambiar de actitud hacia ellos; momentos de inflexión en los que todo parece tomar otro cariz, momentos de serenidad y de luz. Momentos, en definitiva, re-grosos. Este cumpleaños no fue uno de ellos. Esto me permitió en cambio reflexionar sobre algunas nimiedades de menor valía axiológica (a.k.a. pelotudeces) que rodean a la liturgia cumpleañística.

La primera de ellas tiene que ver con el saludo estipulado para estas ocasiones. Más allá de algún gracioso ocasional que cambie los términos por algún sinónimo (i.e. "natalicio", "onomástico" aunque sea impropio) la forma ritual es "Feliz cumpleaños". Hay una falacia material llamada de énfasis que consiste en cambiar el sentido de una frase haciendo hincapié en determinada parte de ella. Así, cuando se dice que alguien hizo un buen trabajo ayer, se entiende que el resto de los días trabaja mal. Algo de esto parece colarse en este deseo de felicidad. Le decimos al otro que sea feliz en el día de su cumpleaños. O sea, que el resto del año se cague de angustia. Ahora ¿para qué llamar a una persona para desearle tal cosa? Sobre todo porque sólo llamamos a personas a las que "les tenemos cariño". Sí, seguro.

Hay quienes creen escapar de esta torpeza trocando el saludo en un lacónico "felicitaciones". Si el otro saludo peca de mala leche, este es gritarle al homenajeado -directamente- "¡sos un imbécil!". ¿Qué tipo de mérito es atribuible al hecho de permanecer en la existencia un año más? ¿que soy bueno para esquivar catástrofes? ¿que domino con profesionalidad el vaivén de la respiración? ¿que mi poderoso intelecto ha captado la relación entre alimentarse y seguir vivo? ¡Por favor! Es como festejar los eructos de un bebé: puede ser divertido, pero él no hizo nada voluntario para llevarlo a cabo (aclaro que se trata de un bebé porque en la adolescencia la capacidad de eructar pasa no sólo a ser meritoria sino además un símbolo de status social)

Pero nos queda transitar todavía la peor parte del asunto. Después de haber descargado todos nuestros cartuchos en la primera frase, nos envuelve el vértigo del vacío que le sigue. La sensación de que, no importa cuanto conozcamos a la persona, no tenemos nada más para decirle.

Conversación cumpleañística standard:

- ¿Hola?
- ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
- ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!
- ...
- ...

Si la expresión "horror vacui" tiene algún sentido, es gracias a esta situación. Hay una desproporción abismal entre el entusiasmo inical y la capacidad de relleno posterior. Es aquí donde muchos ceden a lo primero que se le viene a la cabeza, en la esperanza de salir del silencio incómodo. Hay gente que dice que hay que confiar en los instintos, que lo primero que se nos viene a la cabeza en general es lo correcto. Esa gente no sólo no tiene amigos, sino que fracasa en todo ámbito de la vida que toque, como un Rey Midas de la imbecilidad. Vayamos a las frases que rompen con un silencio al que ya no se puede volver por mucho que se quiera:

- "¿Y? ¿vas a hacer algo?": no, no, no, no, no ¿que hacés? Si no lo sabés a esa altura es porque no fuiste invitado. Seguramente el cumpleañero te agradezca el hermoso momento incómodo que le estás regalando. El año que viene va a ser difícil superarte. Quizás una carta con el virus del ébola o una rata con rabia...

- "¿Y? ¿qué te regalaron?": por suerte lo llamaste. Tener tantos regalos y nadie con quién compartirlo es bastante feo. ¿Cómo? ¿que ese mismo día lo llamaron 25 personas? ¿que pasó el día de su cumpleaños enumerando objetos? ¡Pero che! que macana. Igual, es verdad que la versión valorativa que vos le ofrecés ("ah, pero mirá que útil...", "ajá, que bueno eso...") sobresale sobre la muchedumbre de preguntas estúpidas como Carlos Perciavalle caminando por la Pampa. Te diría que con eso ya cumpliste con el regalo. Por dos o tres años por lo menos. Y con los llamados para esos cumpleaños también.

Advertido de esta situación, y advirtiendo a su vez a los inadvertidos viandantes, creo que he hecho un nuevo servicio comunitario de los que abundan en este blog. Pero darse cuenta es sólo la mitad del camino. Mi propuesta: una licitación de temas o frases útiles para la salutación natal-aniversaria. Sepan que es una colaboración importante y que redundará en el futuro en menos conversaciones incómodas para ustedes. Queda abierta la licitación.

¡Ah! y gracias a todos los que me llamaron para mi cumpleaños. Fue un lindo gesto.

11 comentarios:

Ouchurus dijo...

Reconozco que tiene razón...es bien incómodo.Por eso, repito siempre alguna de las siguientes frases (con toda la naturalidad del mundo, de última que el incómodo sea el otro):
1) "y cuantos cumplís?!!".Según la respuesta: "ah, pero sos un niño/a!" o "che, estás hecho m..."
2)"Y cómo venís pasando este día?" A lo que en general sigue una enumeración de cómo lo recibieron en el laburo, quien le dijo qué, qué planes tiene, etc...con lo cual es una de las conversaciones salutativas más largas de ese día.

Tampoco estoy taaan mal, no?
Y en realidad más que llamar yo, me incomoda que me llamen a mi para saludarme...por suerte en mi cumpleaños no queda ni el loro...snif

Pablo dijo...

Con respecto a la primera, a los hombres nos está vedado preguntar la edad. De las mujeres por norma protocolar y de los hombres porque nos interesa un pepino. La segunda, por otro lado, me gusta: casual, informativa, da pie para el desarrollo ramificado...me gusta.

Por su cumpleaños no se preocupe, un día de estos nos da por hacernos los europeos y ponemos las vacaciones de verano en junio y ya va a ver como en enero están todos.

Anónimo dijo...

soy de los que llaman por el cumpleaños y esperan unos minutos antes de decir la frase mágica...
"cómo andás che? todo bien? alguna novedad?"
Como para que parezca al menos, que soy un poquito más original que el resto...aunque claro, hay que saber cuál es el momento indicado, antes de que tu amigo te diga "che nabo, hoy es mi cumpleaños, te olvidaste!"

Juan dijo...

yo por eso no te llamé por tu cumpleaños.
Prefiero decir "estuve pensando todo el día en vos, pero al final se me enquilombó y fué"
¿qué tal?

O la versión internauta: saludo por mail, facebook o msn. ¡Un caño! Cero compromiso.

El blog genial. Un abrazo
Juan

Bugman dijo...

Yo nunca llamo a nadie por su cumpleaños. Y nadie me llama, lo cual me parece estupendo. Esas conversaciones protocolares me ponen incómodo, y estoy de acuerdo en que no hay un mérito destacable en el hecho de durar. Uno debería empezar a festejar digamos, a los 80, ahí sí que nos feliciten.

Pablo dijo...

Anónimo: me gusta su estilo. Pero transita usted por la cornisa ¿tuvo que remontar alguna vez un saludo porque el cumpleañero -un suceptible él- se le adelantó? Es una situación peligrosa generada por usted mismo. Una especie de bungee jumping de las salutaciones.

Juan: agradezco tu no-llamado. Con respecto a la versión digital, admito que este año facebook me trajo un par de saludos más que el año pasado. Eso sí, los que me dejaron un saludo en el muro no recibieron respuesta porque no sabía cómo contestar personalizadamente, así que me hicieron pasar un mal momento análogo. Mal por ellos. Además, si uno aceptó gente indiscriminadamente puede recibir mensajes de compañeros del jardín, de familiares en segundo grado y de otros que ni sabemos quienes son. O sea, hay muchas posibilidades de quedar mal.

Bugman: usted me parece que ha saltado el alambrado. Después de su descripción me da la impresión de que su cumpleaños es como el festejo de año nuevo de un sereno. Pero hay que reconocerle la coherencia. Avise para los 80 que tiramos la casa por la ventana (estuve con Bambi, así que yo puedo llevar el ciervo ahumado. Usté me entiende)

Lucre dijo...

ejem... pablo, se me pasó.
Feliz cumpleaños, CHE.
¿Hiciste algo?
¿Qué te regalaron?

Pablo dijo...

Lucre: sé que lo tuyo no fue un olvido sino una muestra de amistad. A pesar de que entiendo lo irónico de sus preguntas, voy a tomarme el trabajo de contestarle, como para charlar un rato nomás.

Lo que hice: bauticé todas las reuniones sociales que tuve esa semana como "festejos de mi cumpleaños" (porque además no me gusta mezclar distintos grupos de amigos. No lo voy a desarrollar acá, pero no me gusta. Uno al final no está con nadie)

Qué me regalaron: ropa principalmente. Y aquí creo descubrir el germen de la actitud cínica hacia el festejo de cumpleaños: cuando me dejaron de regalar muñequitos de G.I. Joe y pasaron a regalarme ropa, ese día el cumpleaños perdió toda su magia.

Lucre dijo...

Eso. Tal vez valga la pena realizar un inciminador análisis sobre el primer vestigio cultural que pueda encontrarse de las creamfields. Sin dudas se trata de un festejo pagano, cargado de excesos y costumbres licenciosas. Me refiero al festejo de los no cumpleaños que un conejo pasado de éxtasis y un RRPP algo turbio llevaban a cabo en el país de la maravillas. Ni hablar del ratoncito completamente enajenado que cantaba "lindo, lindo, parpadean estrellitas en el cielo..."

Anónimo dijo...

Permitanme discrepar... simplemente el saludo por mail o facebook permite quedar como una rey con personas a las cuales no llamaste ni siquiera porque tuvieron mellizos... La impersonalidad de esta forma se agradece, y reduce el numero de dialogos incomodos y estupidos propios de esta situacion. Y lo otro, es que permite omitir u obviar esa pequeña vocecilla en tu oido (no, no... no es Pepe Grillo, sino tu novia), que te recuerda que hoy es el cumpleaños del primo del tio de tu amigo.
Saludos.

Pablo dijo...

Lucre: me pregunto si el incriminador análisis usted no lo hizo desde la misma Creamfields quizás afectado por lo que pensó era una gotita de amor.

Anónimo: Si el enviante efectivamente no espera respuesta, concedo. Podríamos agregar en esa enumeración el SMS, ideal para alguien que es lo suficientemente cercano para tener tu celular pero no lo suficiente para querer hablar con vos.

Por otro lado es interesante lo que plantea. ¿Por qué las mujeres tienen mejor memoria para estos eventos? ¿será ese espacio del cerebro el que los hombres ocupan con el recuerdo de hechos deportivos? (la palomita de Aldo Pedro Poy, la formación de Independiente campeón de America 73, los 4 del fondo de Boca 89...)

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