lunes, 20 de junio de 2011

El fin del principio o el principio del fin


Desde el momento en que abrí la puerta del departamento, todo era más que sospechoso: la televisión prendida, la heladera vacía, el olor a milanesa quemada, tiras de papel higiénico adornando el living, pequeños focos de fuego distribuidos por aquí y por allá...

De repente, mi hija más grande pasó corriendo semidesnuda mientras gritaba "Vive la resistence" (lo que me provocó un innegable orgullo, ya que una chiquita de 4 años hablando en francés es algo que no se ve en todas partes. En Francia, ponele, y en algún que otro lugar). En eso, veo a mi hija menor venir caminando con los pómulos pintados. Me agacho, la tomo de los brazos y le pregunto: "¿Qué está pasando? ¿donde está mamá?". "¿Mamá? -me dice sonriendo- ...computora".

"¿En la computadora? ¿hace cuanto? ¿qué está haciendo? No me digan que empezó la nueva temporada de Glee". En eso siento una mano en mi hombro. "No, Papá. Mamá... -tomó aire para soltarlo resignadamente- ...mamá tiene un blog".

Flashback. Estamos de novios. Me muestra algunas cosas que había escrito. Le digo que me gustan mucho. Pasa el tiempo. Nos escribimos un par de cartas. Le repito que me gusta como escribe. Ahora estamos en la sección comentarios de un post de Carugo. Un par de personas le dicen que les gusta como escribe.

Tiempo presente. Un nuevo foco incendiario demasiado cercano me quita de mi sopor. ¿Será verdad? Ella efectivamente está en la computadora. Me acerco con temor.

- ¿Querida? ¿estás bien?
- Sí, ¿por?
- Es que la heladera...
- ¿Qué le pasó? Espero que nada porque justo vos trajiste todas las compras del mes. Porque te acordaste de hacer las compras ¿no? Mirá que la heladera estaba vacía...
- ¿Eh? Esteee....sí, sí. Eso, se rompió. Pero el problema es que no sólo eso, sino que además las chicas están descontroladas, la casa es un desorden y...
- ¿Y?
- ...y tengo hambre -agregué haciendo puchero.
- Quiero que sepas que tus problemas... -sonrió enigmáticamente- ...bueno, ahora están en mi cabeza.



lunes, 13 de junio de 2011

Fantasía




Sabía que al traspasar esa puerta, ya no serían más compañeros de oficina. Aunque no quisiera admitirlo, estaría exponiendo una parte de sí a la que un compañero de oficina claramente no accede. La miró por última vez antes de cruzar la puerta -ese hito visible de una frontera invisible- y le dijo: 'Vamos'.


Ella miraba para abajo, se la notaba tímida. Y él la entendía, por supuesto, él mismo abrigaba sus dudas. Pensaba en la cara de su mujer si se enteraba de lo que iba a hacer, pensaba en sus hijos. Pero necesitaba este momento, y no podía mostrarse titubeante.


'Un turno, por favor'. Al decir esas palabras, la inminencia se le vino encima; él trató de escapar racionalizando todo el asunto. 'En el fondo también es por ellos. Si estoy más contento voy a tratarlos mejor, a ser más paciente...'. Pero la excitación y la ansiedad que sentía lo delataban. No era por ellos, era por él. Además, estaba arrastrando a otra persona en su caída. Lo cierto es que, si uno va a ser egoísta, lo mejor es no pensar demasiado. Si uno quiere satisfacer deseos físicos, no hay que darle demasiado espacio a la razón.


Y así entraron a la habitación. Todo estaba en un estado de semi penumbra que expresaba bien sus deseos, que desnudaba sus planes, que reflejaba su estado interior. Enceguecido, presa de una pasión que nublaba cualquier escarceo de prudencia, se metió rápidamente entre las sábanas y -con una sonrisa en la cara- pregustó el placer por venir. Entonces la miró. Ella sabía que estaba allí para cumplir una función, pero se sorprendió por la impulsividad de los movimientos. Tomó coraje y le preguntó lo que quería preguntarle desde el momento de aquella sorpresiva proposición: 'Vos sabés que hay aparatos que podrían hacer esto ¿no?'. 'No es lo mismo' respondió él '...y, en mi estado actual, no puedo confiar en una máquina'. Dicho esto le clavó una mirada entre suplicante y admonitoria, como mostrando que no podía echarse atrás. Ella sostuvo esa mirada un rato hasta que, finalmente, asintió brevemente con la cabeza. Entonces él, no pudiendo contener su sonrisa, le dijo:



"¿Me despertás en una hora?"



Y, dándose media vuelta, se dispuso a dormir.



viernes, 3 de junio de 2011

Dandole al blanco periódicamente


Decía Chesterton que le parecía raro que la gente leyese el diario para informarse de la realidad cuando el diario justamente está hecho de excepciones, de cosas extraordinarias. Pues bien, tiendo a diferir con Chesterton. Merced de la incorporación de repeticiones constantes, hemos llegado a que las noticias sean básicamente las mismas. Lo bueno de esta iteración vital es que presenta una oportunidad económica: ahorrarse la plata del diario.

Desde este espacio le ofrezco un diario standard. El mismo contienen noticias que son actuales todos los días; noticias de último minuto que sirven para todos los minutos; un diario que es, a la vez, anuario, centenario y milenario. A tal punto que pensé en llamarlo "El diario ario", pero la gente de marketing me lo desaconsejó fuertemente. Excepto Goldberg, que me aconsejó que le lleve mi idea a mi madre, o algo así. La gente de marketing también me puso reparos porque la entrega del Atlas en fascículos nunca pasaría del fascículo 1. Les contesté que nunca nadie pasa del fascículo 1; que para el caso mandemos un planisferio y ya está. Seguidamente me objetaron que se contrata gente de marketing para vender más, y que yo estoy tratando de que la gente compre menos. Después empezaron a insultarme, para terminar yéndose mientras pateaban los tachos y escupían las cortinas. Me pregunto de dónde conoce tanto a mi mamá Goldberg .

A lo nuestro. Para que entienda a qué me refiero, le dejo algunos títulos a modo de muestra, para que se haga una idea de lo que sería el diario.

DEPORTIVA:


Está en duda para el próximo partido.


Riquelme entrenó en forma diferenciada


Una noticia con la que puede tirar fácilmente durante los próximos 2 o 3 años. En una de esas le renuevan y tiene para tirar todavía un rato más.


El técnico asegura que esta vez será diferente al año pasado


"Racing está para dejar de sufrir y pelear cosas importantes"


Algunos dicen que la historia es cíclica. ¿Eh? No, no lo digo por nada en particular. Se me ocurrió recién.


(Pero clavado que Nietzsche era hincha de Racing).


POLÍTICA:

"Aunque ahora se haga, yo me acuerdo que (apellido de político 1) estuvo con (apellido de político 2)"


(Apellido de político 3) dijo que (apellido de político 1) era un ladrón.


Lo bueno es que los apellidos son totalmente intercambiables.


ESPECTÁCULOS:

Ídem política.

Eso sí, en lugar de "ladrón" va "gato". Y en donde dice "estuvo con...", puede mantener el apellido de político 2. Y de 1. Y de 3. Y de 4, que bien que lo conocemos.


INTERNACIONAL:


Estados Unidos


Una secta afirma que se acaba el mundo


"Será este año" afirman cruzando los dedos.


Un clásico del que ya se han ocupado los clásicos (recientemente aquí y aquí) aunque sin ánimo de lucro. Peor para ellos.


Presidente de (nombre de país al azar) dijo

"Las relaciones con (inserte su país aquí) son estratégicas para nosotros"


Por supuesto, por supuesto. Y los músicos que vienen únicamente se ponen la remera de nuestra selección. Y Papá Nöel existe. Y únicamente se pone la remera de nuestra selección, porque para el Polo Norte las relaciones con nuestro país son estratégicas.


"La vida siempre te da revancha" es la paradójica respuesta de su líder.

Decepción en secta por incumplimiento de profecía sobre el fin del mundo

Ambas noticias pueden ir juntas, sólo que el mismo día trate de no referirse a la misma secta.



INTERÉS GENERAL:


Mundialmente conocido blogger afirma

"Que lo disfruten con salú"

lunes, 23 de mayo de 2011

El consultorio del Doctor Amor



Advierto que voy a tocar un tema espinoso. Lo que no deja de ser raro, porque cuando uno va a tocar algo espinoso lo lógico sería que lo adviertan a uno. Pero no. Resulta que me advierto y además no me hago caso porque lo toco igual. Espero que mi inexplicable manera de actuar no me reste credibilidad para el tema espinoso que voy a tocar. ¡Ay!


Nos toca transitar tiempos aciagos para la vida en pareja. La gente no se quiere casar; los que sí se casan, se separan; los que no se casan, también. Las relaciones duran un tiempo y parecen agotarse. Ya no hablamos de "nuestra media naranja" ni del "compañero de toda la vida" sino de "el pedazo de naranja que había en el mercado cuando llegué" o de "mi pareja actual" (mote que bien podría ser retribuido con un rodillazo a los genitales por nuestra -ahora- ex-pareja actual) Los motivos que se esgrimen para justificar este desbande sentimental en general no suelen referirse a cuestiones que involucren a los involucrados, como el individualismo o el carácter de mierda, sino a cuestiones 'inevitables', como la rutina o el carácter de mierda...del otro.


Imposibilitado de mediar entre gentes con carácter de mierda, me gustaría hacer un pequeño desagravio de la rutina. Uno quizás haya conocido lugares espectaculares, pero aquellos que verdaderamente significan algo para nosotros lo llegan a hacer justamente gracias a la rutina. El campo de los abuelos donde transcurrió la infancia o la casa de Pepito donde nos juntábamos todos los sábados se constituyen gracias a una miríada de pequeños recuerdos que se solapan hasta taparse entre sí. Y sí es más emocionante conocer la Torre Eiffel o estar en un bed & breakfast en Budapest, lo cierto es que el lugar al que volvemos, allí donde estamos cómodos y podemos descansar no es ese. Eso sí, esta misma comodidad puede transformarse fácilmente en dejadez y desidia, por lo que hay que sacudir la estantería de vez en cuando para evitar el apachorramiento. Espero que haya captado la analogía porque no lo vuelvo a explicar y esto entra en el final.


Pero hemos notado que este principio general sobre la situación de una pareja, sin el debido apuntalamiento, puede derivar en los caballeros en prácticas catastróficas. Es por eso que, desde este humilde espacio, intentaremos dar alguna asesoría para reavivar esa llama a veces lánguida, a veces insuficientemente fogoneada, a veces esquilada y vendida en ferias artesanales hecha bolsitos hippies.


Compartiendo logros:


SÍ: hacerla partícipe de algún logro laboral.


"Querida, hoy en la reunión me terminaron aplaudiendo, y parece que pasa mi proyecto nomás".


NO: mostrarle orgulloso el tamaño de sus deposiciones.


"Che, ¡mirá lo que es eso! ¿No deberíamos inscribirlo en el Registro Civil?"


Sorprendiendo a su pareja:


SÍ: hacer algo intempestivo que muestre la preocupación por ella.


"¿A que no sabés? Reservé una cabaña en la costa. Ya lo arreglé, tu mamá se queda con los chicos y nos vamos ya".


NO: hacer algo intempestivo que muestre que usted es un ser inestable.


"¿A que no sabés? Me gasté todos nuestros ahorros en el Hipódromo. Ya lo arreglé, tendrás que prostituirte y te espera un señor en nuestro cuarto ya".


Evitando relaciones rutinarias:


SÍ: proponerle vestirse temáticamente.


"¿Qué te parece este vestidito de enfermera?"


NO: proponerle barbaridades sistemáticamente.


"¿Un trío con tu prima putona no te va?".


Dándole pequeños gustos:


SÍ: ceder, adaptándose a un gusto de ella para pasar un momento agradable.


"Alquilé una comedia romántica. Si querés podemos verla mientras comemos".


NO: evidenciar que no tiene la más puta idea de cuales son sus gustos.


"Alquilé los Ositos Cariñosos. ¿Qué? ¿pero no que te gustaba algo del amor y no sé qué? ¿no tenías un sticker en tu agenda?".


Incorporándola a sus actividades:


SÍ: explicarle el deporte que está viendo.


"Y cuando quedan empatados a 6 games, el set se define en tie-break, donde hacen dos saques cada uno hasta que uno llega a la diferencia de dos puntos".


NO: ponerla a jugar a la Play en su equipo.


"¡Pero pelotuda! ¡sola te había dejado con el pase! ¡sola! ¡tenías que apretar la "X" nada más! ¿Qué tan difícil puede ser? ¿cómo vas a apretar el botón para tirar el centro?".


Creando lazos con la familia política:


SÍ: realizar actividades con los restantes miembros de la familia.


"Che, me voy a ir a jugar al golf con tu viejo. Nos vemos al mediodía para almorzar todos".


NO: no insista con lo de la prima putona. No es lo mismo.


Los detalles:


SÍ: regalele algo que muestre que a usted no se le escapan los detalles, que tiene un conocimiento atento y una preocupación constante.


"Te grabé un CD con las canciones que escuchábamos cuando estábamos de novios".


NO: no le regale algo que muestre que a usted no se le escapan los detalles, que tiene un conocimiento atento y una preocupación constante.


"Te compré esta perchita de pared, para que dejes de colgar las bombachas en la canilla del baño, la puta madre".


Los regalos:


SÍ: tener pequeñas atenciones que valen más por el gesto mismo de haberla tenido presente.


"Mirá, te traje un flores. No son nada, pero me acordé de vos".


NO: tenga cuidado con aquello de lo que se acuerda.


"Mirá, te traje Glade fragancia floral. No quiero decir nada, pero me acordé de vos".


La finalidad de su actuar:


SÍ: mostrar que se preocupó porque quería mejorar las cosas.


"La verdad es que estuve pensando mucho y me alegro que hayamos podido encaminar las cosas".


NO: mostrar demasiado, demasiado pronto.


"Dale, vieja. ¿Que hacés todavía vestida? El flaco de Kairós decía que con dos o tres boludeces caías muerta caías. Che ¿a donde vas?".





Que lo disfruten con...



"¿No viste que se me fue la patrona, pelotudo?¿cómo voy a disfrutarlo? ¡Gil!".





Saludos cordiales.






lunes, 9 de mayo de 2011

La guerra del Golf


La vista al frente, hacia el horizonte, donde se vislumbra el fin, la meta, la realización del deseo. Un hombre que ya no es más un hombre sino una pieza estética; una mezcla de potencia y gracia; de soltura y cálculo milimétrico; todo en movimiento; todo fluyendo hacia la consecusión de la perfección.


Mi primo estuvo de visita. Hermanados en la infancia por una amistad en la que el lazo de sangre no era sino un dato más que se agregaba a una larga lista de acuerdos, intereses comunes y códigos propios, el espacio y el tiempo quisieron atentar contra ese vínculo multiplicándose el uno y fragmentándose el otro. Yo me convertí en profesor de Filosofía y él en Ingeniero Civil; él me acusa de construir castillos en el aire y yo le recuerdo que construye castillos en la tierra. Así, a 1400 kilómetros de distancia y con una creciente cantidad de compromisos, sólo podemos reavivar esos momentos muy de vez en cuando. La semana pasada fue muy de vez en cuando.


Cuando uno se ve muy de vez en cuando, se da cuenta de que lo esencial no cambia. Uno es el que es y hace las cosas que hace. Pero, debajo de las grandes estructuras, hay una infinidad de detalles menores que sí van cambiando: hobbies que uno comienza, personas que va conociendo, rituales que incorpora, cosas que adquiere y una larga lista de etcéteras. La anterior vez que nos habíamos visto, mi primo me comentó que dentro de ese listado había un nuevo ítem incorporado precariamente: el golf. Y me invitó a hacer la prueba de incursionar en él. Nuevamente, la linealidad del tiempo impidió que tal incursión se realizase, pero quedó como pendiente. Hasta la semana pasada.


Antes de ir al hecho bruto, quisiera dar mi apreciación del golf en ese momento. Entendía que se trata de un deporte que uno debiera comenzar a practicar cuando se arruina las rodillas jugando al fútbol. Sobre su dificultad, no desconocía el mérito de dirigir esa pelotita hacia donde el jugador lo desea, pero entendía que dar un palazo para que la pelota salga despedida -como se requería en la práctica propuesta de ir al Driving-, no debía revestir demasiada dificultad. Pensaba.


Si bien la idea era, como acabo de decir, simplemente ir a pegarle a un canasto de pelotas*, consideré que era mi oportunidad para disfrazarme de golfista. Me puse una linda chomba y desenterré mi cap ("gorrito", si usted no frecuenta los courts) del fondo de mi tercer cajón. Al mirarme pensé que destilaba un aura golfística que no podía traer aparejada sino buenos golpes. Al llegar al lugar, la conversación entre mi primo y el señor del Driving me devolvió a mi lugar de neófito.




- ¿Así que tienen Green Fee?


- Sí, pero corto, no más de 50 yardas.


- O sea que no salen con todos los palos.


- No, con el pitch, el sand wedge y la snitch** se las arregla.


- Bueno, igual nosotros venimos sólo al driving, así que vamos a alquilar sólo dos palos.


- Bien, ¿cuales prefiere? (a esa altura, yo había dejado de ser un interlocutor válido)


- A mí dame un hierro 6 y... -me miró de arriba a abajo- ...un número 9.




Al parecer yo era un 9, sin que tuviese en claro que decía eso de mí. Fuimos a los boxes desde donde uno tira -él a uno, yo al de al lado- y empezamos.


Primer tiro: rastrón miserable que consigue avanzar unas 20 yardas (no, no, los 'metros' dejélos en casa, acá nos manejamos con yardas. Y no me discuta porque le tiro esta pinta de cerveza por la cabeza)


Segundo tiro: pif. La pelota avanza unos humillantes 15 centímetros.


Momento de asesoramiento técnico por parte de mi primo: "pies simétricos, flexioná las rodillas, levantá el mentón, el culo más para afuera, los brazos rígidos, no muevas la cabeza, todavía no muevas la cadera y no hagas fuerza con los brazos. Pero, sobre todo, estate suelto y relajado". Estas últimas palabras contrastaban con -básicamente- todas las anteriores, así que no supe si debía abandonar la posición de górgola en la que me encontraba o intentar usufructuar las posibilidades que me brindaba la recién presentada técnica.


Tercer tiro: swishhh. Aire. La pelotita sigue en el mismo lugar. Impertérrita.


Cuarto a décimo tiro: swishhhh. No logro pegarle a la pelotita. La frustración aumenta.


Para ahorrarle tiempo, los siguientes 10 a 15 tiros transcurrieron entre 'piffs' y 'swishhhs'. Hasta que, de repente...







La vista al frente, hacia el horizonte, donde se vislumbra el fin, la meta, la realización del deseo. Un hombre que ya no es más un hombre sino una pieza estética; una mezcla de potencia y gracia; de soltura y cálculo milimétrico; todo en movimiento; todo fluyendo hacia la consecusión de la perfección.


¿Cómo dice? ¿cuantas yardas? ¿es eso importante? Vea la plasticidad; observe a las leyes de la física juguetear alegremente; escrute a la naturaleza que parece usarme aquí para mostrar sus posibilidades; deleitese con las contorsiones de ese rígido palo número 9 que aquí parece plastilina en las manos de un artesano del golf. ¿Qué dirían los antigüos escoceses si pudiesen acceder a esta impresionante imagen? ¿qué palabras podrían expresar sus sentimientos frente a este punto que parece concentrar la trayectoria de aquello a lo que dieron comienzo? Me atrevo a pensar que dirían algo así como...








"¡¡¡SWISHHHHHHHH!!!"





Muchachos, el martes vuelvo al fútbol. Que lo parió.




* Aunque hablo de las pelotas que están dentro del canasto, hubo un momento en que pegarle al canasto contenedor no estaba fuera de las probabilidades.


** sé que no se trata de un elemento golfístico sino de una pelota de quiddich (juego de Harry Potter) pero bueno, no puedo acordarme de todos los nombres.






viernes, 29 de abril de 2011

En la cima de la estupidez... y subiendo (o sobre la involución del hombre)



Francisco María Arruet fue uno de los grandes impulsores de la Ilustración, movimiento cuya repercusión e influencia se debe en realidad a una confusión inicial. Al parecer, la gente compraba los libros de los hombres de este movimiento convencidos de que tenían dibujitos. Una vez comprados, se encontraban con densos libros que no contenían absolutamente ninguna ilustración. Sólo para no quedar como un estúpido que había sido engañado, la mayoría terminaba aceptando las ideas contenidas. Algunos identifican este momento con el nacimiento del marketing, pero ese es otro tema. La cosa es que, si bien en teoría se aceptaban sus ideas, en la práctica un sentimiento de rencor se iba adueñando de sus contemporáneos, al punto que los sobrenombres más comunes de Arruet eran "el vendehumo de Ferney" o "el garca que en realidad no sabe dibujar". Sin embargo, la habilidad de este hombre (que no descartamos venga de su experiencia en marketing) hizo que la posteridad lo conociese por otro de sus apodos: Voltaire.


Voltaire sostenía que la razón humana, mediante la ciencia y la técnica, va llevándonos hacia un futuro mejor. La historia golpeó a Voltaire en la cara. Yo, hoy, me propongo patearlo en el suelo. Y lo haré afirmando una teoría tan audaz como impopular: que el hombre es cada vez más estúpido.


Creo que era Scott Adams el que hablaba de algo así como una "línea de la imbecilidad". Una línea que divide al hombre competente que puede desempeñarse correctamente frente al mundo del -cómo decirlo- "intelectualmente desafortunado" para quién la vida es demasiado y lo desborda. Afirmo sin temor que, a medida que pasa el tiempo, es cada vez más la gente que queda bajo esta línea. Por ejemplo, cada versión nueva de Windows debe arrojar entre 850.000/900.000 personas bajo ella. Gente que antes se manejaba con aplomo y confianza ahora es presa del temor y la confusión mientras intenta lograr cambiar el tipo de letra o subrayar una palabra. En ese momento de desesperación, no puede pensar sino que con el Windows anterior era mejor. Desandando el camino, concluimos que nunca hubo nada más perfecto que el Windows 3.1. Se da cuenta de que no cierra ¿no? ¿Y qué pasó en el medio? Estupidez. Pura y dura.


¿No me cree? Me está obligando a descender al terreno de lo concreto. Después no se queje si le duele.


a) Nuestros representantes


Desde el mundo griego surgieron formas políticas desarrolladas. Más allá de los diferentes avatares históricos, lo cierto es que siempre juzgaron que los mejores hombres debían conducir los asuntos públicos para bien de todos. En la democracia de masas que describe Weber, son hombres políticos de una condición especial los que dirigen a técnicos preparados para conducir la sociedad. Y después tenemos Argentina, donde la fama es la condición de posibilidad para cualquier cosa y donde entendemos que si alguien hace suficientes cagadas, en algún momento tendrán que repercutir positivamente.


Imaginemos por un momento un coloquio transhistórico donde un Aristóteles interrogue: "¿Quiénes son los prohombres que dirigen vuestra civilización y cuáles sus méritos?". Escarbando en la arena política, nos vemos obligados a presentarle a la Tigresa Acuña, Miguel Del Sel y Pocho la Pantera. "Bueno, ejem, se trata de una mujer que se caga a trompadas; de un hombre que se disfraza de mujer o de muñeco y de un muñeco cuyas canciones hacen que las mujeres lo quieran cagar a trompadas". ¿Qué pasó en el medio? El que avisa no es traidor.


b) Nuestro lenguaje


No caeremos en el facilismo de recurrir a los simiescos monosílabos utilizados por gran parte de la juventud como todo lenguaje para probar este punto. No, no. Aquí los peores son los mayores, que han perdido absolutamente toda conexión con la realidad. Por ejemplo, llamamos 'videoclub' a un lugar que no tiene absolutamente ningún VHS, o 'pasacassettes' a un aparato que reproduce 2 o 3 formatos diferentes, pero que no pasa ningún cassette. Uno puede inventar una palabra para nombrar algo nuevo, pero no tiene sentido usar palabras que designan otras realidades. Es como querer confundir a propósito. Podríamos seguir, hablando por ejemplo sobre el flagrante oxímoron en el que cae quién pide una milanesa napolitana o sobre el estado de abandono al que se ha sometido la palabra 'ludibrio', pero no tendría sentido.


c) Los medios


La tendencia general cuando uno se ve acorralado por lo hechos, es delegar la culpa. "No soy estúpido, me han hecho estúpido" dice con cara de suficiencia quién acaba de ahorrarnos una ulterior búsqueda de pruebas. Con cara de falsa comprensión, metiendo ambas manos entre los muslos a modo de maestra jardinera y para tranquilizar su estúpida conciencia, le preguntamos: "¿Y quienes fueron?". "Los medios" sentencia sentenciosamente nuestro imbécil tipo (o tipo imbécil, según prefiera).


Lo peor es que uno está tentado en darle la razón. No sólo por la simple existencia de pasquines que nos obligan a replantearnos el beneficio de tener ojos, como ha mostrado un reciente estudio del Dr. Carugo, sino porque incluso en la tapa misma de un importante diario ayer se podía encontrar una ¿noticia? como esta: "¿Justin Timberlake se está quedando pelado?". Tomémonos un momento para reflexionar sobre esto.




(momento para reflexionar sobre eso)





(momento extra que necesita Pablo para recomponerse después de haber reflexionado sobre eso)




¡PERO QUÉ CARAJO ME IMPORTA! ¡Ni la vida capilar de Justin, ni la conveniencia de hacer un ADN al hijo intrauterino de Juanita Viale, ni que Romina Gaetani, a pesar de ser feliz, diga que necesita estar con un hom...! Caramba. ¿Romina Gaetani dijo eso? En fin, sé que usted bien podría decir "bah, que se publique no quiere decir que se lea masivamente". Mientras le recuerdo que la última vez que fue a cortarse el pelo se lanzó encima de la revista Pronto como si fuese un oasis en la mitad de Sahara (incluso estuvo tironeando con la anciana aquella, no diga que no) le pido que no sea estrecho de miras. ¿Quiere una muestra de cómo los medios ya se han percatado de la imbecilidad generalizada y ni se molestan en maquillarlo? Fíjese cómo hay 30 programas que son en realidad el mismo programa: las 'reality competencias'. Lo básico es competir para lograr algo que todos los que compiten quieren lograr; y para eso deben ser juzgados en diferentes etapas. Frente a cada presentación de un concursante, el juez malo dice: "es una cagada". Plano de la cara de sorpresa del concursante. Cambio a plano de entrevista personal donde el concursante da su parecer: "No esperaba que dijese que era una cagada". Y listo. La repetención de esa secuencia ad nauseam mantiene 4 o 5 canales. Si el contenido es salir con alguien, ser chef, modelo, músico o sujeto experimental de una lobotomía con cucharas de plástico no importa. Es lo mismo.


Para terminar, los iba a dejar con algunas muestras de estupidez cotidiana que me han sorprendido gratamente, básicamente porque me dan la razón. El problema es que no logro pasarlas del celular a la computadora, así que quedarán para una futura entrega.



Esto con las cámaras de rollo no pasaba.





lunes, 18 de abril de 2011

Bitácora limada


Como ya es de conocimiento público dentro del público que tiene conocimiento privado de este espacio bastante privado de público, una o dos veces al año me toca viajar por trabajo. Durante un par de días, me pagan viajes en avión, en remises ejecutivos, un hotel y comidas para poder escuchar no sé qué cosa interesante que tengo para decir. Uno pensaría que una cosa así debería levantarle el ego a uno, pero lo único que logro pensar es que soy un ladrón; que nada que tenga para decir justifica la lista de gastos que imagino mientras firmo recibos y remitos. Qué se yo, quizás me amamantaron poco. La cuestión es que usted tiene la suerte de encontrarme en uno de esos viajes, para disfrutar de una nueva bitácora; donde podrá compartir esa mirada que surge cuando uno deja de ser protagonista de la vida para ser un mero espectador de ella.

Lo primero que hay que decir es que el viaje empieza en el mismo aeropuerto. No, no en el evidentísimo sentido de que es desde donde sale el avión, sino que el ingreso a la terminal aérea es ya dejar el terruño. Por lo menos, los precios de las cosas así lo indican. Una botellita de cualquier bebida cuesta $17. ¡$17! ¿Como no sentirse en Europa cuando nuestra plata se licúa de esa manera? Uno casi puede ver el cartel: "No poors allowed".

Subo al avión. La perspectiva de tener varias horas sentado al lado de un desconocido me ha llevado a asemejar el resultado a una lotería. Puede tocarte cualquiera. La fantasía es que sea una mujer despampanente; alguien famoso o -por que no- la conjunción de ambas dos.

Avión de la fantasía de Pablo. 19:42 hs.

- Hola, soy Araceli Gonzalez ¿este es el 14 D?

- Sí.

- ¿Qué vas a hacer a Lima?

- A dar unos cursos de capacitación.

- Pero qué interesante. ¡Y además sos profesor de filosofía! Siempre quise saber más de filosofía. ¿Sabés que esos datos, sumados a la manera casual con que manejás el hecho de que yo sea famosa y despampanante, hacen que quiera que nos juntemos a comer?

Un gordito morocho con barba de dos días y cara de pocas luces me hace comprender que comeré solo durante mi estada en Lima. Superada la desilusión inicial, empiezo a ver quién es quién en el avión. Un contingente de muchachas agraciadas se ubica 3 o 4 filas más adelante; el bebé que llora, 20 filas para atrás. A mi lado, cruzando el pasillo, uno de esos chino-americanos o nipón-americanos llamados Davis Wong que siempre están en un equipo de expertos en algo de la Universidad de Stanford, Yale o Massachussets lee en su tablet. Una camisa a cuadros, un pantalón beige y un par de zapatillas enmarcan esa característica parsimonia oriental. Las azafatas son lindas. Deben haber hecho furor en los 60s.

A diferencia de las últimas veces, esta vuelta me toca viajar por Aerolíneas. La nave es espaciosa y equipada por una tecnología nunca vista. A menos, claro está, que usted no sea un hobbit. Porque si es un ser humano, tendrá que elegir entre estar cómodo y mantener sus extremidades, o entre una intimidad impuesta con el muchacho que reclinó el asiento de enfrente o cambiar de lugar con el chaleco salvavidas. La cosa es que me propongo llenar los formularios de migraciones. Siempre lo dejo para el final y tengo que estar llenándolos en la fila sin lugar para apoyar. No tengo birome, así que se la pido al chino. Antes era bastante puntilloso para llenar esos formularios (si decía "apellido/s" ponía mis dos apellidos, si decía "nombre/s", ponía mis dos nombres) hasta que vi lo rápido que lo despachaban y la poca importancia que le daban. Ahora en domicilio puedo poner algo del tipo "Rivadavia" o "Palermo". Uno de estos días tomo coraje y pongo Johnny Tolengo a ver qué pasa.

Despegamos. Al rato, pasa el servicio de abordo. Bah, nos sirven la comida. Bah, nos dan el sandwich. El gordito morocho se corta con la caja de cartón que contiene el combinado fiambrístico. Pide una curita. Le traen una curita. Pregunta si le podrían traer alcohol. Le dicen que no tiene alcohol. Yo, con un vaso de tinto en la mano, tiendo a diferir. El gordito retruca que se cortó del lado de adentro. La azafata empatiza, pero sigue sin tener alcohol. El gordito entiende que la empatía es lo máximo que va a conseguir y se da por satisfecho. Por suerte, temí que tuviésemos que aterrizar de emergencia.

El viaje transcurre sin sobresaltos. El oriental se saca los zapatos. Ver sus medias sobre la alfombra me remite a lo que uno ve en las películas, donde todos van por la casa descalzos sobre la alfombra. Pienso que quizás por eso las paredes son de mampara, porque el primer japonés que intentó abrir un picaporte murió por la estática acumulada. Celebro mi propio humor. Cuando quiero compartirlo con el de al lado, encuentro un semblante que me hace desistir. Vuelvo sobre mis cavilaciones. De repente, sin decir "agua va", el hijo del sol naciente mete su mano en la zona inguinal sin remordimientos, como quién metiera la mano en la mochila para chequear si mandó los genitales a bodega o los trajo encima. No termino de recuperarme cuando repite la maniobra inmisericordemente. Completa el reacomodamiento general sacándose las medias y frotándose los dedos. Miro la bolsa de mareos de reojo.

Vuelve hacia lo que estaba leyendo en el tablet. Parece que es Sherlock Holmes. No, no él. Lo que lee. No creo que Sherlock Holmes se frotase los dedos en público. Una tensa calma envuelve a todos los que tenemos ojos entre las filas 11 y 14. Justo cuando pensé que todo había pasado, veo que su escozor es simétrico y ahora se rasca el traste con gran intensidad. Para facilitar la maniobra, tuvo la prudencia de desabrocharse el botón del pantalón. ¡Y todavía faltan 3 horas de viaje! A la altura de Salta, a este sujeto lo tenemos en bolas lanzando heces.


Merced del efecto del sueño -o de algún talco especializado- el resto del viaje transcurre sin mayores sobresaltos. Eventualmente llegamos a la ciudad de Lima, donde me esperaba un remís y una fiebre local. A esta última atribuyo el haberme reído anoche con la película "Un regreso con gloria". Ahora los dejo para seguir lavándome las manos.


¡¿Justo al chino tenía que pedirle prestada la birome?!


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