jueves, 6 de agosto de 2009

Conversaciones inexistentes


Pocas cosas son más apasionantes que una buena conversación. Ese ida y vuelta imprevisible que puede conducir a los lugares y temas más dispares. ¿Quién no se ha preguntado -en medio del fragor dialéctico- "cómo es que llegamos a esto"? ¿quién no ha tenido que desandar el hilo argumentativo para reconducir a un tema que quedó sin cerrar (y cuantos quedan de hecho irresolutos) con la pregunta "de qué era que estábamos hablando"? Y a cuantos ni siquiera les importa seguir un hilo, como si estuviesen en una especie de safari verbal. Cualquiera que haya tenido una de esas conversaciones de varias horas que parecen pasar como una ráfaga puede atestiguar que esto es así. Una buena conversación convierte todo lo que toca: el café tiene mejor sabor, la noche es más amable, la lluvia más inspiradora.

Lamentablemente, estas joyas de la comunicación interpersonal son raras. No sólo por nuestros tiempos, no sólo por la PlayStation, no sólo porque usted se rodea de imbéciles que no pueden conjugar el verbo partir. No. Se hace difícil porque uno va perdiendo la gimnasia de sostener una charla, enviciado por mil conversaciones que no debió tener nunca. A esos intercambios fatuos va nuestro homenaje en el presente artículo. Distinguiremos estas charlas en dos grupos:

1. Las conversaciones inexistentes: hay autores que dicen que el lenguaje tiene varias funciones, utilizadas según el contexto. Una de ellas, llamada función fática, consiste simplemente en mostrar que el canal comunicativo está o sigue abierto. Las conversaciones climáticas que se pueden encontrar en los ascensores vendrían a ser el mejor ejemplo de esto. También los asentimientos constantes ("ajá") cuando un interlocutor telefónico monologa por varios minutos. Ahora bien, una cosa es mostrar disposición a conversar y otra muy distinta es tener una conversación pre-establecida que se le arroja al primero que pasa.

Pallier de un edificio cualquiera. 17:25 hs.

Ser humano: - Hola, Raúl.
Portero: - Bien, bien...
Ser humano: - ¿Cómo and...?
Portero: - Sí, sí. Buenas tardes.
Ser humano (confundido): - ehhh...hol...
Portero: - Taluego... taluego...

Como se ve, en lo que pretendía ser una conversación de paso hacia el ascensor encontramos en realidad un discurso monolítico. Yo tengo la suerte de que el portero de mi edificio sea un oligofrénico antisocial pero, como regla general, trate de hacerse amigos que vivan en un PH. No se les pega ese cinismo que viene de saber que no son escuchados.

2. Las falsas conversaciones: no sólo los porteros (que merecen un artículo aparte) afectan nuestra capacidad de relacionarnos con otras personas, existe también un tipo de gente que es un cancer para los intercambios verbales: los monologuistas. Hay gente que se acerca a uno pero no tiene la intención de dialogar. Sólo quieren decir cosas. Como las normas sociales les exigen un interlocutor que no sea un oso de peluche, y aunque sería simbiótico presentarles a los imbéciles que lo rodean y que no pueden conjugar el verbo partir, en general estas personas eligen a quienes tienen más cerca.

En mi trabajo hay una señora que siempre me pregunta por mis hijas. Y sería un lindo gesto si no fuese porque lo que en realidad busca es contarme algo sobre su hijo. Darme cuenta me tomó unas 2 conversaciones (no, no tengo problemas para conjugar el verbo partir)

Conversación 1:

- Hola, Pablo ¿y las gordas?
- Bien, bien. ¿Tu hijo?
- ¡Ay, no sabés! El muy bandido el otro día agarró una naranja y... (3 minutos de relato)

Quiero que quede claro. Yo considero que sonreír y babear al mismo tiempo es una hazaña cuando lo hace una de mis hijas, pero también sé que fuera del binomio yo-mi mujer tales proezas pierden un poco de interés. Esta buena mujer ha borrado esa saludable barrera. Advertido de esto, y aún pareciéndome que podía bordear la mala educación, elegí evitar la repregunta.

Conversación 2:

- Hola, Pablo ¿como andan las gorditas?
- Bien.
- Que frío que hace ¿no? Yo hoy a Pepito* lo tuve que abrigar, porque él siempre se resfría. Como la vez que... (5 minutos de relato)

No es la única. Incluso en discusiones más importantes, hay gente que sólo quiere sacarse del pecho lo que quiere decir, aunque para ello tenga que poner cara de interés durante los 5 minutos que habla el otro. Es por eso que estas conversaciones son escasas, porque es escasa la cantidad de personas con la gimnasia para sostenerlas.

Pero ¿como es que llegamos a esto? ¡Ah, sí! Hablábamos sobre la conjugación del verbo partir.

* el nombre ha sido alterado para proteger la vida social futura del involucrado.

19 comentarios:

Ouchurus dijo...

Tiene usted toda la razón. Si, si, en todo lo que dijo.Si, en eso también.
Y la señora que se refiere a su hijo como "el bandido" también parece bastante oligofrénica...porqué no le presenta al portero de su edificio?
...y el post se me acabó de repente, me quedé con ganas de más!!!
saludos

Están en mi cabeza dijo...

Preferiría que mi portero se hablara y se contestara él solito, y no que me comiera con la mirada!

El Renegao dijo...

Si, es cierto.

Las conversaciones inteligentes son raras, muy raras.

Por eso las esquivo, no me gustan las cosas raras.

Yo parto
tu quiebras
el rompe....

SAludos

Viejex dijo...

Ouchurus ha expresado lo que yo quería decir con una precisión asombrosa.

Me quedé con la misma sensación de que el post iba por la mitad cuando de repente, zas! "gol de oro".

Creo que da para una segunda parte pero como usted no quiere espantar a los que se amedrentan ante posts largos, hábilmente nos induce a que se lo pidamos.

Bien hecho.

Le sugiero que en la siguiente parte hable de los comantaristas que comentan cualquier cosa fuera de tópico.

Por cierto, ¿como se conjuga el verbo "partir"?

Bugman dijo...

-Está bueno el artículo de hoy, ¿no?
-El martes.
-Jijiji...un jeroglífico...
-Bien, bien, gracias.

Mi estimado, la gente no escucha, no lee los mensajes que se les mandan, no interpreta nada luego de las primeras 12 palabras transmitidas en forma oral o escrita.

Así que nadie debe estar leyendo este comentario, a esta altura.
Pis y caca, el enmascarado no se entrega.

Pablo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pablo dijo...

Ouchurus, del encuentro de esta señora con mi portero sólo podría salir el anticristo. O peor aún, un flogger.

Están en mi cabeza: por lo menos reconózcale que le pone atención. Quizás particularmente a algunas partes suyas, pero le presta atención al fin.

El Renegao, no se preocupe, esas conversaciones son totalmente evitables. Cuando vea que se acerca una deslice su mano hasta el control remoto y apriete on. Santo remedio.

Qué tiempo loco ¿no?

Viejex, mire, a mí me dio la misma sensación y eso que yo lo escribí. Agregaría algo pero eso haría caer su comentario en el sinsentido. No podría hacerle eso. Por otro lado agregaría algo, pero por el momento no tengo más que decir y eso podría hacer que rellene con sinsentidos. No podría hacerme eso. En resumen: soy incapaz de hacer nada.

Bugman, gracias por su comentario. Aunque me dijeron que había puesto una teoría sobre 12 palabras o algo por el estilo, así que en un rato lo releeré.

Ludmila dijo...

Tema escarposo
Un sábado, hace algunos años, me decidí por dar un paseo matutino. Al salir de mi edificio me percaté de la presencia de un camión de mudanza (no era muy difícil percatarse) y tres muchachones cargando muebles descomunales y menudencias menudas. Quise contagiar mi buen humor y alivianar la pena de trabajar los fines de semana con una amena charla. Por lo que los mire y sonriendo les espeté una frase inspirada e inteligentísima: "parece que estamos de mudanza, no?"

Nunca más hablé con nadie en la calle.

Yoni Bigud dijo...

Tengo una tía monologuista. Dios sabe cuánto odio a los monologuistas, y entonces me los manda por tandas, para que nunca me falte uno.

Gracias a esta tía me tuve que comprar el contestador automático, y a partir de allí jamás volví a atender el teléfono, y no tuve que escuchar más las historias de Pepito (que en este caso es el gato, no el hijo, lo cual tremendamente más dramático).

Me sentí identificado con este post. Yo soy una víctima, sepaló.

Un saludo.

Yoni Bigud dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pablo dijo...

Ludmila, me hace reír. Pero claro, yo no soy un muchachón cargando cosas pesadas un sábado.

Yoni, durante un tiempo trabajé en una oficina en la que mi escritorio estaba justo al lado del de una secretaria que monologaba incesantemente. Tanto así que muchas veces yo estaba haciendo algo en la computadora y, al darme vuelta, encontraba que me estaba hablando a mí desde hace un rato largo. Eso fue lo más extremo que padecí.

Pero usted ¿tuvo que comprar un contestador? Yo pensé que los monologuistas al menos respetaban la ausencia física. Su tía es virulentamente monologuista.

berenice dijo...

pablo
imagínese el infierno de tener por compañera psicóloga a una monologuista.
Se supone que el psicológo escucha.
Bueno, ésta no.
Aconseja(mal), reta, se impacienta, evita que el paciente hable.
Insufrible.
Como la tía de yoni y su compañera, pero más grave
Besos

el vecino de Ockham dijo...

Che, para, para... nos fuimos de tema de nuevo! como era lo del verbo partir? de eso hablabamos, no?

Pablo dijo...

Berenice, ¿a su compañera le pagan por monologar? No sé si clasifica como colega suya o de Seinfeld.

Vecino de Ockham, entre nosotros me parece que los lectores tienen ADD o alguna disfunción atencional. Se van siempre para el lado de los tomates. ¿Vio lo caros que están los tomates?

Anónimo dijo...

En cuanto a los monologuistas hay un dicho popular:"no hay peor sordo que el que no quiere oir".
Error.
Si lo hay, el que habla.
Interrumpo aqui mi monologo.

Pecé dijo...

Vamos,Cox, Ud. desentonaría al conjugar el pretérito pluscuamperfecto en voz pasiva. Y ni hablar de los consecutio temporum o los verboides. Y conste que cuando digo "verboides" me sonrío malignamente, porque Ud. no tiene ni la más puta idea de qué son. Y no, no vale contestarme después de recurrir a la wikipedia.

Pablo dijo...

Anónimo, ¿qué dice? Bueno, la verdad es que no me importa.

Pecé, aténgase al presente del indicativo. Pero para que sepa, son el gerundio, el infinitivo y el otro. Ese. Lo conocen todos (usted hace trampa. En este caso se casó con Wikipedia)

Pecé dijo...

Pero.... ¡¡le dije que no fuera a wiki¡¡ Cabezadura... ni que hubiera estudiado filosofía.

Flora dijo...

Este mundo está superpoblado de gente auto-referencial... Esas personas a las que todo lo que uno dice les sirve para darlo vuelta mefistofélicamente (ja!) y hablar de sí mismos sin el menor miramiento cordial hacia el otro. Me aburrennnnnnnnn!!!! Que lo sepan. Excelente post. Saludos a su portero.

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