martes, 10 de marzo de 2009

Si Dostoievsky escribiera cuentos para niños


Un manto de nieve envuelve todo en la fría Siberia. En el medio de la nieve, se vislumbra una casa en la que encontramos a dos porcinos reunidos en torno al Samovar sumidos en profundas cavilaciones. El aire está enrarecido y la pobreza se palpa en la pared enmohecida, en el género remendado una y mil veces que cubre el sillón que funciona de cama, en el retrato familiar que ahora mordisquea una rata. Iván Porcinovitch Piarov hace un ademán para detener al roedor, pero se frena y -con una expresión de resignación- vuelve a concentrarse en su taza de té. De repente, la puerta se abre de un golpe. Bajo el dintel, con los ojos llenos de lágrimas y una botella de Vodka en la mano, Nicolai Piarov parece estar a punto de desvanecerse.


- "¿Qué te ha pasado?" exclama Iván Porcinovitch.


- Perdón, hermanos míos, perdón.


- Entra, Kolya, entra. Que el frío se cuela y no tenemos ya más pertenencias que quemar para calefaccionar el lugar.


- No. No merezco estar entre ustedes. He pecado y mi pecado se esparce sobre este lugar pudriendo todo lo que toca.


- Lo que se esparce es el tornillo que viene de afuera- acota Tito Porcinovitch, el menor y más irascible de los hermanos Piarov.


- ¿Recuerdan cuando perdí mi casa? Era un humilde rancho de paja que construí cuando era un mejor cerdo. Quizás el material no era el más apropiado para estas temperaturas bajo cero, pero yo era un mejor cerdo, no un cerdo más inteligente. ¿Lo recuerdan?


- Sí. El juego te tomó en sus enormes y filosas garras en ese entonces. Perdiste tu casa a manos de Friederich Wolff, "el lobo alemán".


- Veo que lo recuerdas, Iván. Tú siempre recuerd...


- ¡ENTRÁ Y CERRÁ LA PUERTA, LA PUTA QUE LO PARIÓ!- bramó Tito Porcinovitch.


- "En fin -dijo Nicolai mientras cerraba la puerta cuidadosamente con una expresión de temor en el rostro- la cuestión es que eso fue sólo el principio. Habiendo tenido que entregar mi hogar a ese vil comerciante venido desde el oeste, quedé sin casa. Tú lo sabes, Iván, ya que me acogiste en tu cabaña. Entonces pensé que era libre. Realmente lo pensé" dijo, casi como una súplica.


- Sí, aquél lobo que te quebró supo mostrarte nuevos vicios. Vicios que nuestra madre Rusia no conocía.


- Ahí te equivocas. Ese fue un vicio que conocía pefectamente, fue entonces que me encontró la bebida.


- Y se ve que te encontró mal parado- acotó Tito.


- ¡Ay! ¡que torpe fui! Si tuviera un rublo por cada desventura que el alcohol me provocó.


- Probablemente hubieses tenido plata para comprarte tu propio alcohol y no me hubiesen rematado la casa- razonó Iván Porcinovitch.


- ¡No creas que no lo sufrí! Fue eso lo que me llevó a buscar consuelo y amor en los brazos de una prostituta.


- Ejem...


- Bueno, de 25 prostitutas. Pero lo encontré, en el amor puro y cristalino de Caperucita Roja. Ella era una criatura sin igual, una flor que crece en el lodo, un faro que ilumina en la osc...


- Por cierto ¿donde está ella?


- Se la vendí al señor Wolff por esta botella de Vodka y la figurita de Valderrama del álbum de Italia 90.


- ¡Infeliz! ¿cómo pudiste hacer tan vil intercambio?- inquirió Iván.


- ¡Imbécil! ¡la de Valderrama ya la teníamos!- sentenció Tito.


- ¡Lo sé! ¡lo sé! No soy yo, es mi naturaleza.


- Decile a tu naturaleza que si sigue haciendo cagadas la vamos a moler a patadas. Ahora todo lo que nos queda es esta casa de ladrillos con una decoración forzosamente minimalista.


- Ejem...técnicamente...


- ¡No, eh! ¡no! ¿Qué hiciste, pelotudo?


- Yo pensé que el Zenit no pasaba a segunda ronda en la Champions. Era un fija.


- ¿Vos me estás cargando? ¿apostaste mi casa? ¿mi casa a que un equipo de tu país perdía?


- Se puede decir que soy un apóstata.


- ¡Loco, yo lo mato!


Iván, mientras sostenía a Tito para que no le tirase el té hirviendo a Nicolai, mediaba: "Pará, pará que...digo deteneos, deteneos y cesad la violencia, que no conduce a nada y el té está carísimo".


En ese momento, dos golpes secos resonaron en todo el PH. Al abrir la puerta, un personaje peludo de impecable traje entró en la habitación. Escrutó a su alrededor y dijo: "Como galpón, no está tan mal. Quizás unas pastillas contra la humedad...." Luego, miró hacia atrás y agregó: "traete los palos de golf y las reposeras que ya no usamos. Ah! y un Glade para quitar el olor". Sólo ahí todos se percataron de la figura del criado que esperaba del lado de afuera. Apenas éste se hubo ido, Mr. Wolff levantó la cabeza y dijo a los 3 cerdos: "¿Que miran? ¿les gusto? No crean que soy una mala persona por desalojarlos en este clima tan hostil. Después de todo, ustedes fueron los que hicieron las chanchadas".


Así, queridos niños, llegamos a la moraleja de nuestra historia: Si tienen un hermano vicioso, pongan su casa como bien de familia.


6 comentarios:

Yoni Bigud dijo...

Conmovedora historia, y un excelente consejo final. Pongan la casa como bien de familia, y después le hacen creer que se remató.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Ja ja ja. Impresionante.
Sólo faltó que recorrieran algunas verstas y algo costara algunos kópecs.

Ouchurus dijo...

Excelente relato!
pero recordadme que no os permita relatarle más historias a mis vástagos...por su salud mental (la de ellos, porque la vuestra...bueno, en fin...)

Pablo dijo...

Yoni: presentía que la moraleja legal sería de su agrado. Como vienen los cuentos los chicos aprenden sobre la amistad, el valor de la verdad y otras cosas pero ignoran supínamente cuestiones legales (¿son los cuentos para niños iusnaturalistas?)

Anónimo: no pudo ser, una horda de mujiks me impidió continuar el relato.

Ouchurus: en vuestro caso en particular, vuestros hijos ya están jodidos. Un cuento de cuando en vez no empeorará el golpe que la cotidianidad ya les ha asestado.

Ludmila dijo...

Mis más rebuscadas felicitaciones por meterse con los rusos y salir bien parado. Admirable.

Pablo dijo...

Ludmila: le pediría si lo de "admirable" y "salir bien parado" me lo puede dejar por escrito en carta para presentar a los de la embajada rusa, que me están amenazando desde ayer.

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