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sábado, 10 de diciembre de 2016

Teoría del deshielo


Lo había entendido todo mal. Y por mucho tiempo. Creo, a riesgo de estar universalizando errores propios, que no fui el único. Es más, si me apuran un poco diría que en este país todos lo entendemos mal: en Argentina no sabemos ponerle hielo a la bebida.

Después de haber hablado con personas de diferentes partes del mundo, de observar usos y costumbres, de seguir hábitos y sobreestimar sin pudor mi criterio personal, he llegado a la conclusión de que el error primigenio se podría condensar en este postulado: para nosotros el hielo no es el factor enfriador primario. Su función, en la cosmovisión argentina, es más bien la mantención del frío previo de la heladera (o freezer) Sólo secundariamente su vis enfriante se usa para un enfriamiento de emergencia, si no se hubiese alcanzado el tiempo necesario de heladera (o freezer)

Por eso históricamente puteamos a las casas de comidas rápidas cuando llenan los vasos de gaseosa con paladas de hielo. "Es para cagarnos" concluimos. "Sin hielo y apretando un poquito más de tiempo el botoncito de la Coca, que yo no nací ayer" sentenciamos frente a la mirada extrañada del empleado del mes. Es que si uno va a la fuente de donde emanan los arcos dorados, se encuentra que en el gran país del norte se echan paladas de hielo al agua gratuita que se sirve en cualquier restaurant; que hay máquinas expendedoras de hielo en los pasillos de los hoteles como un servicio, a las que uno concurre para llenar los cubos de hielo de los que cada habitación dispone. Y si uno sigue un derrotero desde esas regiones septentrionales hacia el sur del Río Bravo, encontrará que en Venezuela, Colombia y otros tantos países "poner hielo" es algo distinto a lo que nosotros concebimos.

Una primera pista tiene que ver con el orden de los factores: el hielo no es algo que se le pone estrictamente a la bebida sino más bien al vaso. Es parte de las condiciones de posibilidad, no un agregado externo

La segunda tiene que ver con la cantidad. Hay una suerte de regla no escrita en reuniones y barras, cuando de números se trata, de que la cantidad standard son dos. Tres si uno se está preparando un vaso de Coca para ver una película y quiere hacer gala de sibaritismo. Se trata, desde ya, de una cantidad suficiente para poder hablar de "hielos", pero insuficiente a todas luces para enfriar efectivamente cualquier líquido. Y si agregamos la idea de escuchar el tintineo que produce el choque entre ellos o contra el borde mientras se agita el vaso lleno de Venado Cola como si se estuviese tomando un Black Label, incluso diría peligroso. Sobre todo si se trata de un pantalón de colores claros.

Dos hielos apenas si pueden ser una barrera de contención del contenido de la superficie del vaso frente a la temperatura ambiente, pero ya al segundo trago nada pueden hacer con el resto. Ocho hielos te transforman los efluentes del Vesubio en un refrescante ice tea en lo que uno tarda en decir "el té no se hace con cualquier líquido caliente, burro". Por eso no aguan el contenido, porque entre ellos generan el microclima para no derretirse al tiempo que no permiten cargar demasiado en el vaso como para tenerlo mucho tiempo con el mismo contenido. Si los hielos antárticos se autogestionasen como los de un vaso de gaseosa, Greenpeace sería un festival de música hippie.

Creo que el tema daría para muchísimo más, pero no quiero olvidarme de aquellas voces que me apuntan que en realidad daba para muchísimo menos. Por eso, consciente de haber traído un tema necesario para que cada uno examine su conducta y se replantée lo que deba replantearse; consciente también de que los cambios en las naciones se generan a través de los cambios de los individuos; pero sobre todo consciente de que con este post cumplo con la cuota anual casi por la ventana, me despido hasta que dos ideas arbitrarias coincidan en un mismo tema nuevamente o que las musas retiren la orden de restricción para que no me acerque a menos de 200 metros.

Que lo disfruten con salú. Y dos hielos.

lunes, 16 de abril de 2012

Número 2 Parte 1



No son tiempos fáciles. Nunca lo son. Siempre las cosas fueron más reposadas en el pasado. Ya los hombres de las cavernas se quejaban, añorando los tiempos sencillos en que no debían estresarse chocando rocas para conseguir fuego. Al parecer, los seres humanos intentamos evolucionar tanto como para tener la plácida vida de un organismo unicelular. No, no 'un celular', 'unicelular'. No, no. Le digo que Motorola no tiene nada que ver. No sé qué ha entendido. No dije 'Nokia', dije 'no sé qué'. No, que yo si sé qué dije, lo que digo es que dije 'no sé que'. ¿Qué? Deje. Sí, el celular deje.



Decía, estos son nuestros tiempos. Y una de las cosas que debemos aceptar de nuestros tiempos es que no son reposados. Nunca lo son. ¿Como? ¿ya lo dije? Disculpen, es la vorágine. Lo que se desprende de lo planteado es que nuestro estilo de vida es el menos reposado de los que se han conocido hasta ahora, y esto se muestra en que ya no resistimos los tiempos vacíos. Ya sea mientras viajamos al trabajo o cuando llegamos a nuestra casa y no hay nadie, experimentamos la necesidad de llenar esos minutos con alguna actividad: leer un libro, ponernos los auriculares para escuchar música o ver el diario en la Blackberry por ejemp...sí, sí, no dudo de que su Nokia también puede hacer eso. ¿Le pagan comisión a usted? La cuestión es que no hay momento alguno en que quedemos solos con nuestros pensamientos. Había uno, sagrado e intocable, pero cuya frontera ya ha sido cruzada por este irrespetuoso presente: el momento de ir al baño.



No, no se ría, que estamos hablando de cosas serias. Ir al baño suponía un momento a la vez de contemplación y de concentración; de esfuerzo y de relajo; de intimidad y -lamentablemente para el resto- de irradiación. Y si tal límite ha sido cruzado, lo menos que podemos hacer el dar una guía para moverse en este territorio inexplorado.



Imagine que usted está en uno de esos baños antiguos de techos altos y en los que el inodoro está a una distancia sideral de la puerta, puerta que en su esplendor supo tener llave pero que carece de ella desde 1963. Allí, en el medio de la Pampa sanitaria, usted se debate entre dos posibilidades de ampliar su experiencia estético-gástrica: un mp4 o el diario de ayer.



Detengámonos aquí por un minuto.



Opta usted por los auriculares. Se sumerge en un mundo de rítmicos sonidos que lo circunda y envuelve. Tocan la puerta. "¿Hay alguien ahí?" El único sonido que podría percibirse suavemente es la de un confuso golpeteo de su pie contra el suelo. Tocan la puerta nuevamente. Mientras se abre la puerta se escucha "¿No hay nad...?". Allí, majestuoso, cual pensador de Rodin contemporáneo, en toda su desnudez (o por lo menos en una desnudez particular) usted tararea "I saw the sign, and it opened up my eyes I saw the sign no one's gonna drag you up...".



Ha cometido la terrible y temible equivocación de aislarse demasiado. Ahora existe una persona en el mundo a la que no podrá volver a mirar a los ojos porque lo ha visto en la más humillante de todas las situaciones: tarareando Ace of Base.



Si en cambio hubiese optado por el diario, no sólo hubiese visto que no le había dedicado suficiente tiempo en la primera lectura, sino que ante la eventual invasión, se hubiese podido parapetar detrás de algo.



Ahora, en principio no cualquier lectura es apta para el toilette. Y esto por diversos motivos. Por ejemplo, no sé qué dirá la gente de los yogures al respecto, pero debe ser una lectura liviana. No tanto porque uno asume que la lectura de la Divina Comedia merece un mejor marco que una analogía chusca, sino sobre todo porque hay gente que, aunque haya terminado de hacer lo que fue a hacer, no se levanta hasta haber terminado de leer lo que llevó. Todos recuerdan aquél trístemente célebre episodio del joven que se enganchó con El Señor de los Anillos es el único baño de la familia. Familia que, lejos de ver la ironía del libro elegido en tal situación, intentó sacarlo con pedidos gentiles (capítulo 3), protestas airadas (capítulo 7), órdenes tajantes (capítulo 11), llantos desesperados (capítulo 23) e incluso arrojando gas dentro del baño. Como ven, las ironías se sucedían una tras otra. Sólo lograron sacarlo cuando a uno de los hermanos se le ocurrió gritar que a Gandalf lo mataban unos neonazis y Frodo se iba a vivir a Ibiza. El ingenuo se lo creyó.



Todos saben que eso es lo que pasa en Harry Potter.



Pero decía que hay otros motivos. Si uno se encuentra en el baño del trabajo, no sólo tiene que llevar algo liviano sino también descartable. ¿Por qué? Una vez preparaba un examen contra reloj y me llevé un paper al baño. Al salir del cubículo inodoril me encuentro con mi jefe lavándose las manos. No puedo disimular mi procedencia ni la posesión de un documento por el que, si alguna vez tuvo curiosidad, la ha perdido ahora (remitirse al tema de la procedencia) por lo que supondrá que es una pavada que me aleja de mis tareas habituales.



Por último, está el tema de los jueguitos en el celular. Yo creo que son una buena salida si se sabe manejarlos. De lo contrario, podría ser fatal. Es decir, un Sudoku puede ser una buena inversión de tiempo, pero empezar a exasperarse con el Angry Birds y que los ocasionales transeúntes escuchen desde el baño como usted maldice a "este pájaro que no emboca una" puede llevar a confusiones por demás embarazosas.



Bien. Espero que me haya podido acompañar por los meandrosos caminos de este tema sin desbarrancar. Ahora lo dejo porque tengo otra reunión. ¿De casualidad no vio donde quedó la revista del diario del domingo?



miércoles, 12 de octubre de 2011

La divulgación es historia



Introducción: casi por definición, la obras de divulgación implican una simplificación. Esta condición para una mayor comprensión de la redacción que logre una mejor retención en el lector huevón parece una contradicción. Pues la ejercitación del intelecto simplón no se da en la consumisión de papilla sino en la conformación de hábitos y la superación de una postulación simple de la realidad. Pero esta constitución no se da en la repetición de lo que diga un libro a elección sino en la fijación y comprensión de una concepción que bien podríamos denominar 'cosmovisión'. Y si bien la acreditación de esto es díficil, una evaluación externa puede confirmar nuestra percepción de la consecución de una idea propia o de la adhesión a una tradición existente. Por supuesto, esta clasificación no tiene la intención de generar confusión sino de ayudar a la clarificación para facilitar la elección de bibliografía futura.


- ¿Eh?

- Perdón, Galíndez. Me voy por las ramas. En realidad lo cité para hacerle una devolución de su examen de Historia. Y me han pedido expresamente que lo haga porque su performance preocupa por lo que se pueda pensar de esta institución. Y de los seres humanos en general. Al parecer, en el último ranking, nuestro país habría caído 23 puesto sólo por su prueba, Galíndez.

Ante todo, para que no lo tome como algo personal, quiero que sepa que yo creo que hay un mérito en hacer libros de historia como los de -pongamos por caso- Felipe Pigna, que simplificando un poco el asunto lleva por los avatares de la historia a un amplio espectro de lectores. Se trata de un mérito económico, sin duda. De hecho, de ahí viene la expresión de que un libro "salió como Pigna". Pero divago, Galíndez. Decía, hay ciertas cosas, sin embargo, que no pueden dejarse pasar. Bah, quizás pudiesen dejarse pasar a una exposición dadaísta o a un drenaje, pero no a un examen de Historia, que es lo que nos congrega hoy.

En primer lugar, es destacable que comprometa su visión en los acontecimientos históricos, pero quizás se haya pasado de rosca con los subjetivemas. Aunque poco académico, puedo aceptar que desde un determinado marco teórico se refiera a los norteamericanos del siglo XX como "cerdos imperialistas". Aunque no soy amigo de las repeticiones, también podría conceder que repita la adjetivación para los ingleses del siglo XVIII; pero no creo que pueda aplicarlo sin más al milenario Imperio Chino. Es claro que la carga es otra. Y dudo que la dinastía Ming haya planeado saturar Occidente con mercancía barata y de mala calidad como usted les imputa. No, no, el gato que saluda constantemente no tiene nada que ver con ellos. Ni tampoco el supermercado que está a la vuelta de su casa, así que directamente taché todos sus reclamos referidos al mantenimiento de la cadena de frío y el redondeo a favor del cliente.

Tampoco puedo negar su compromiso afectivo con los grandes personajes históricos, pero usted lleva sus simpatías demasiado lejos. Por eso quería aclararle que a Heráclito le decían "el obscuro de Éfeso" gracias a su prosa sibilina y enrevesada. Ciertamente "el Negro Heráclito" no tiene una significación análoga. Y si bien "el Azote de Dios" es también un sobrenombre, tampoco es homologable con "el hinchapelotas de Atila". Pero le reconozco que esas referencias por lo menos eran claras. No tanto así en otros casos. Por eso le pido que deje las supersticiones afuera del aula: 45 minutos tratando de entender a quién se refería cuando hablaba del presidente "Mendez". Recién cuando menciona las políticas económicas "del innombrable" pude unir cabos. Incluso uno de mis hijos que leyó a la pasada me preguntó si Lord Voldemort había sido presidente de Argentina. Justo estaban pasando las noticias, así que no sabe lo que me costó quitarle esa idea de la cabeza.

Por otro lado, no tengo intención de rehacer el camino de sus asociaciones libres, pero las facciones que apoyaban respectivamente al Pontificado y al Emperador en la Europa del siglo XII se denominaban güelfos y gibelinos, y no 'golfas' y 'gobelinos'. No, no me interesa saber en qué sentido usted considera que libran una batalla. Simplemente es inexacto.

Quizá, para redondear, marcarle algunos errores puntuales. Cositas de nada. Waterloo no fue una marca de inodoros y la conferencia de Yalta no tuvo como objetivo la promoción de un antiácido. Ciertamente no fue Blas Armando Giunta el que dijo que sólo podía ofrecer "sangre, sudor y lágrimas". No, no le voy a preguntar al plantel de Mandiyú del 92, no fue él quién lo dijo. El régimen de Vichy nada tiene que ver con una crema francesa para perder peso y cuando pregunto por los antecedentes de Perón no puede contestarme que antes era Cangallo.

Ponerle un cero sería ofender a quienes han sido sorprendidos copiándose, pero por otro lado los profesores de esta institución consideramos que haber cursado el mismo año 8 años es una paradoja temporal peligrosa y que la única marmota es usted mismo así que hemos optado por aprobarlo, teniendo en cuenta que algunas respuestas son correctas si uno simplemente cambia la pregunta. Por ejemplo, su respuesta sobre los factores desencadenantes de la primera guerra coincide con la descripción de las prácticas rituales en los deportes de los Mayas.

Además, desde la DEGEP nos dicen que prenderlo fuego no es una solución posible.

lunes, 23 de mayo de 2011

El consultorio del Doctor Amor



Advierto que voy a tocar un tema espinoso. Lo que no deja de ser raro, porque cuando uno va a tocar algo espinoso lo lógico sería que lo adviertan a uno. Pero no. Resulta que me advierto y además no me hago caso porque lo toco igual. Espero que mi inexplicable manera de actuar no me reste credibilidad para el tema espinoso que voy a tocar. ¡Ay!


Nos toca transitar tiempos aciagos para la vida en pareja. La gente no se quiere casar; los que sí se casan, se separan; los que no se casan, también. Las relaciones duran un tiempo y parecen agotarse. Ya no hablamos de "nuestra media naranja" ni del "compañero de toda la vida" sino de "el pedazo de naranja que había en el mercado cuando llegué" o de "mi pareja actual" (mote que bien podría ser retribuido con un rodillazo a los genitales por nuestra -ahora- ex-pareja actual) Los motivos que se esgrimen para justificar este desbande sentimental en general no suelen referirse a cuestiones que involucren a los involucrados, como el individualismo o el carácter de mierda, sino a cuestiones 'inevitables', como la rutina o el carácter de mierda...del otro.


Imposibilitado de mediar entre gentes con carácter de mierda, me gustaría hacer un pequeño desagravio de la rutina. Uno quizás haya conocido lugares espectaculares, pero aquellos que verdaderamente significan algo para nosotros lo llegan a hacer justamente gracias a la rutina. El campo de los abuelos donde transcurrió la infancia o la casa de Pepito donde nos juntábamos todos los sábados se constituyen gracias a una miríada de pequeños recuerdos que se solapan hasta taparse entre sí. Y sí es más emocionante conocer la Torre Eiffel o estar en un bed & breakfast en Budapest, lo cierto es que el lugar al que volvemos, allí donde estamos cómodos y podemos descansar no es ese. Eso sí, esta misma comodidad puede transformarse fácilmente en dejadez y desidia, por lo que hay que sacudir la estantería de vez en cuando para evitar el apachorramiento. Espero que haya captado la analogía porque no lo vuelvo a explicar y esto entra en el final.


Pero hemos notado que este principio general sobre la situación de una pareja, sin el debido apuntalamiento, puede derivar en los caballeros en prácticas catastróficas. Es por eso que, desde este humilde espacio, intentaremos dar alguna asesoría para reavivar esa llama a veces lánguida, a veces insuficientemente fogoneada, a veces esquilada y vendida en ferias artesanales hecha bolsitos hippies.


Compartiendo logros:


SÍ: hacerla partícipe de algún logro laboral.


"Querida, hoy en la reunión me terminaron aplaudiendo, y parece que pasa mi proyecto nomás".


NO: mostrarle orgulloso el tamaño de sus deposiciones.


"Che, ¡mirá lo que es eso! ¿No deberíamos inscribirlo en el Registro Civil?"


Sorprendiendo a su pareja:


SÍ: hacer algo intempestivo que muestre la preocupación por ella.


"¿A que no sabés? Reservé una cabaña en la costa. Ya lo arreglé, tu mamá se queda con los chicos y nos vamos ya".


NO: hacer algo intempestivo que muestre que usted es un ser inestable.


"¿A que no sabés? Me gasté todos nuestros ahorros en el Hipódromo. Ya lo arreglé, tendrás que prostituirte y te espera un señor en nuestro cuarto ya".


Evitando relaciones rutinarias:


SÍ: proponerle vestirse temáticamente.


"¿Qué te parece este vestidito de enfermera?"


NO: proponerle barbaridades sistemáticamente.


"¿Un trío con tu prima putona no te va?".


Dándole pequeños gustos:


SÍ: ceder, adaptándose a un gusto de ella para pasar un momento agradable.


"Alquilé una comedia romántica. Si querés podemos verla mientras comemos".


NO: evidenciar que no tiene la más puta idea de cuales son sus gustos.


"Alquilé los Ositos Cariñosos. ¿Qué? ¿pero no que te gustaba algo del amor y no sé qué? ¿no tenías un sticker en tu agenda?".


Incorporándola a sus actividades:


SÍ: explicarle el deporte que está viendo.


"Y cuando quedan empatados a 6 games, el set se define en tie-break, donde hacen dos saques cada uno hasta que uno llega a la diferencia de dos puntos".


NO: ponerla a jugar a la Play en su equipo.


"¡Pero pelotuda! ¡sola te había dejado con el pase! ¡sola! ¡tenías que apretar la "X" nada más! ¿Qué tan difícil puede ser? ¿cómo vas a apretar el botón para tirar el centro?".


Creando lazos con la familia política:


SÍ: realizar actividades con los restantes miembros de la familia.


"Che, me voy a ir a jugar al golf con tu viejo. Nos vemos al mediodía para almorzar todos".


NO: no insista con lo de la prima putona. No es lo mismo.


Los detalles:


SÍ: regalele algo que muestre que a usted no se le escapan los detalles, que tiene un conocimiento atento y una preocupación constante.


"Te grabé un CD con las canciones que escuchábamos cuando estábamos de novios".


NO: no le regale algo que muestre que a usted no se le escapan los detalles, que tiene un conocimiento atento y una preocupación constante.


"Te compré esta perchita de pared, para que dejes de colgar las bombachas en la canilla del baño, la puta madre".


Los regalos:


SÍ: tener pequeñas atenciones que valen más por el gesto mismo de haberla tenido presente.


"Mirá, te traje un flores. No son nada, pero me acordé de vos".


NO: tenga cuidado con aquello de lo que se acuerda.


"Mirá, te traje Glade fragancia floral. No quiero decir nada, pero me acordé de vos".


La finalidad de su actuar:


SÍ: mostrar que se preocupó porque quería mejorar las cosas.


"La verdad es que estuve pensando mucho y me alegro que hayamos podido encaminar las cosas".


NO: mostrar demasiado, demasiado pronto.


"Dale, vieja. ¿Que hacés todavía vestida? El flaco de Kairós decía que con dos o tres boludeces caías muerta caías. Che ¿a donde vas?".





Que lo disfruten con...



"¿No viste que se me fue la patrona, pelotudo?¿cómo voy a disfrutarlo? ¡Gil!".





Saludos cordiales.






viernes, 29 de abril de 2011

En la cima de la estupidez... y subiendo (o sobre la involución del hombre)



Francisco María Arruet fue uno de los grandes impulsores de la Ilustración, movimiento cuya repercusión e influencia se debe en realidad a una confusión inicial. Al parecer, la gente compraba los libros de los hombres de este movimiento convencidos de que tenían dibujitos. Una vez comprados, se encontraban con densos libros que no contenían absolutamente ninguna ilustración. Sólo para no quedar como un estúpido que había sido engañado, la mayoría terminaba aceptando las ideas contenidas. Algunos identifican este momento con el nacimiento del marketing, pero ese es otro tema. La cosa es que, si bien en teoría se aceptaban sus ideas, en la práctica un sentimiento de rencor se iba adueñando de sus contemporáneos, al punto que los sobrenombres más comunes de Arruet eran "el vendehumo de Ferney" o "el garca que en realidad no sabe dibujar". Sin embargo, la habilidad de este hombre (que no descartamos venga de su experiencia en marketing) hizo que la posteridad lo conociese por otro de sus apodos: Voltaire.


Voltaire sostenía que la razón humana, mediante la ciencia y la técnica, va llevándonos hacia un futuro mejor. La historia golpeó a Voltaire en la cara. Yo, hoy, me propongo patearlo en el suelo. Y lo haré afirmando una teoría tan audaz como impopular: que el hombre es cada vez más estúpido.


Creo que era Scott Adams el que hablaba de algo así como una "línea de la imbecilidad". Una línea que divide al hombre competente que puede desempeñarse correctamente frente al mundo del -cómo decirlo- "intelectualmente desafortunado" para quién la vida es demasiado y lo desborda. Afirmo sin temor que, a medida que pasa el tiempo, es cada vez más la gente que queda bajo esta línea. Por ejemplo, cada versión nueva de Windows debe arrojar entre 850.000/900.000 personas bajo ella. Gente que antes se manejaba con aplomo y confianza ahora es presa del temor y la confusión mientras intenta lograr cambiar el tipo de letra o subrayar una palabra. En ese momento de desesperación, no puede pensar sino que con el Windows anterior era mejor. Desandando el camino, concluimos que nunca hubo nada más perfecto que el Windows 3.1. Se da cuenta de que no cierra ¿no? ¿Y qué pasó en el medio? Estupidez. Pura y dura.


¿No me cree? Me está obligando a descender al terreno de lo concreto. Después no se queje si le duele.


a) Nuestros representantes


Desde el mundo griego surgieron formas políticas desarrolladas. Más allá de los diferentes avatares históricos, lo cierto es que siempre juzgaron que los mejores hombres debían conducir los asuntos públicos para bien de todos. En la democracia de masas que describe Weber, son hombres políticos de una condición especial los que dirigen a técnicos preparados para conducir la sociedad. Y después tenemos Argentina, donde la fama es la condición de posibilidad para cualquier cosa y donde entendemos que si alguien hace suficientes cagadas, en algún momento tendrán que repercutir positivamente.


Imaginemos por un momento un coloquio transhistórico donde un Aristóteles interrogue: "¿Quiénes son los prohombres que dirigen vuestra civilización y cuáles sus méritos?". Escarbando en la arena política, nos vemos obligados a presentarle a la Tigresa Acuña, Miguel Del Sel y Pocho la Pantera. "Bueno, ejem, se trata de una mujer que se caga a trompadas; de un hombre que se disfraza de mujer o de muñeco y de un muñeco cuyas canciones hacen que las mujeres lo quieran cagar a trompadas". ¿Qué pasó en el medio? El que avisa no es traidor.


b) Nuestro lenguaje


No caeremos en el facilismo de recurrir a los simiescos monosílabos utilizados por gran parte de la juventud como todo lenguaje para probar este punto. No, no. Aquí los peores son los mayores, que han perdido absolutamente toda conexión con la realidad. Por ejemplo, llamamos 'videoclub' a un lugar que no tiene absolutamente ningún VHS, o 'pasacassettes' a un aparato que reproduce 2 o 3 formatos diferentes, pero que no pasa ningún cassette. Uno puede inventar una palabra para nombrar algo nuevo, pero no tiene sentido usar palabras que designan otras realidades. Es como querer confundir a propósito. Podríamos seguir, hablando por ejemplo sobre el flagrante oxímoron en el que cae quién pide una milanesa napolitana o sobre el estado de abandono al que se ha sometido la palabra 'ludibrio', pero no tendría sentido.


c) Los medios


La tendencia general cuando uno se ve acorralado por lo hechos, es delegar la culpa. "No soy estúpido, me han hecho estúpido" dice con cara de suficiencia quién acaba de ahorrarnos una ulterior búsqueda de pruebas. Con cara de falsa comprensión, metiendo ambas manos entre los muslos a modo de maestra jardinera y para tranquilizar su estúpida conciencia, le preguntamos: "¿Y quienes fueron?". "Los medios" sentencia sentenciosamente nuestro imbécil tipo (o tipo imbécil, según prefiera).


Lo peor es que uno está tentado en darle la razón. No sólo por la simple existencia de pasquines que nos obligan a replantearnos el beneficio de tener ojos, como ha mostrado un reciente estudio del Dr. Carugo, sino porque incluso en la tapa misma de un importante diario ayer se podía encontrar una ¿noticia? como esta: "¿Justin Timberlake se está quedando pelado?". Tomémonos un momento para reflexionar sobre esto.




(momento para reflexionar sobre eso)





(momento extra que necesita Pablo para recomponerse después de haber reflexionado sobre eso)




¡PERO QUÉ CARAJO ME IMPORTA! ¡Ni la vida capilar de Justin, ni la conveniencia de hacer un ADN al hijo intrauterino de Juanita Viale, ni que Romina Gaetani, a pesar de ser feliz, diga que necesita estar con un hom...! Caramba. ¿Romina Gaetani dijo eso? En fin, sé que usted bien podría decir "bah, que se publique no quiere decir que se lea masivamente". Mientras le recuerdo que la última vez que fue a cortarse el pelo se lanzó encima de la revista Pronto como si fuese un oasis en la mitad de Sahara (incluso estuvo tironeando con la anciana aquella, no diga que no) le pido que no sea estrecho de miras. ¿Quiere una muestra de cómo los medios ya se han percatado de la imbecilidad generalizada y ni se molestan en maquillarlo? Fíjese cómo hay 30 programas que son en realidad el mismo programa: las 'reality competencias'. Lo básico es competir para lograr algo que todos los que compiten quieren lograr; y para eso deben ser juzgados en diferentes etapas. Frente a cada presentación de un concursante, el juez malo dice: "es una cagada". Plano de la cara de sorpresa del concursante. Cambio a plano de entrevista personal donde el concursante da su parecer: "No esperaba que dijese que era una cagada". Y listo. La repetención de esa secuencia ad nauseam mantiene 4 o 5 canales. Si el contenido es salir con alguien, ser chef, modelo, músico o sujeto experimental de una lobotomía con cucharas de plástico no importa. Es lo mismo.


Para terminar, los iba a dejar con algunas muestras de estupidez cotidiana que me han sorprendido gratamente, básicamente porque me dan la razón. El problema es que no logro pasarlas del celular a la computadora, así que quedarán para una futura entrega.



Esto con las cámaras de rollo no pasaba.





viernes, 4 de marzo de 2011

In cómodo way


La bestia humana es un bicho complicado. Y su complicación viene precisamente de ser algo más que un bicho. Mire el reino animal y verá que los animales se pelean, se aparean, juegan y -circunstancialmente- algunos se comen a los otros, pero nunca nunca se incomodan.

Pienselo, ¿alguna vez vio un animal carraspear, bajar la mirada, ponerse colorado o desviar la vista? Bueno, quizás lo haya hecho, pero que tenía que ver más con un pedazo de comida atravezado en la garganta que con la vergüenza. Su perro bien podría soltar un sonoro pedo en medio de una comida y seguir echado pensando en lo que quiera que sea que piensan los perros cuando están echados (y que no descartamos que tenga que ver con la relación entre la racionalidad y la incomodidad en los humanos) Pero no nosotros. A los seres humanos no nos hace falta llegar a niveles tan explícitos para frotarnos las manos nerviosamente o cruzarnos de brazos defensivamente. No, no. Darse cuenta de que uno está tocando un tema que no debería, que ha dado más información de la pertinente o que su interlocutor parece buscar un perro echado para atribuir una acción desafortunada nos basta.

Incluso, dentro de la personas, tenemos diferentes niveles. Existen algunos especímenes sinceramente difíciles de incomodar; otros que se incomodan cuando la circunstancia lo amerita y un tercer grupo que tiene la virtud de incomodarse por pelotudeces. Y yo tengo el carnet vitalicio de este último e inmortal conjunto. Dicho sea de paso, quizás sea esta característica la que ha hecho que desarrolle mi sentido del humor, porque el humor permite... ¿Que no le parece que haya desarrollado ningún tipo de sentido del humor? Caramba.

(silencio incómodo)

Pues bien, váyase al carajo. Que eso es lo bueno de escribir, que uno no está frente a frente para hacerse cargo de lo que el otro puede estar pensando. Es más, en este momento podría tener prácticas de perro echado y usted ni se enteraría. No, no la de pensar en la relación entre racionalidad y capacidad de incomodarse en los humanos. Eso, lo del pedo. Pero no lo siga diciendo que esto ya parece un espectáculo de Jorge Corona.

Como sea, la cuestión es que recientemente descubrí que en el párrafo de arriba estaba equivocado, y que la capacidad de incomodarse no es una prerrogativa del contacto directo. No, no, que va. Hay una manera de que esa incomodidad se traduzca en torpeza social y que esta, a su vez, quede inmortalizada. O por lo menos almacenada por 15 días: el contestador automático.

Está claro que uno llama a otra persona con algún fin. Más no sea el de hablar con esa misma persona. Pero, de repente, después de que el tono suene 4 veces, nos atiende una voz que nos comunica que tenemos 5 segundos para preparar un monólogo. Un monólogo que debe contener la información necesaria (ni sobreabundar, ni dejar de lado elementos esenciales) y que solo tenemos una oportunidad para grabarlo. En medio del nerviosismo que esto genera y, como si todo esto fuese poco para los nanosegundos que tenemos de preparación, la voz también nos pide que recordemos alguna información sobre la dinámica de la llamada que nos servirá para después: "cuando finalice, corte. O presione numeral para más opciones".

¿Pero qué tipo de presión es esa? ¿sin practicar? ¿sin segundas oportunidades? No somos comediantes de stand up, no acostumbramos improvisar, rara vez monologamos. Como es previsible, las más de las veces el resultado es desastroso.

"Hola, soy Pablo, quería...este....decirte, por lo del otro día... No, a ver. Te llamaba porque nos ibamos a juntar con Juan como habíamos dicho el otro día. Ah, cierto que no estabas. Bueno, el otro día nos juntamos con Juan en....este...en este lugar...¿como se llama? Bueno, no importa. Nos juntamos y dijimos de juntarnos. De nuevo. Pero con vos también, obvio. ¿Para qué estaría llamando sino? Y queríamos quedar, así que llamame. ¿Dije que era Pablo? O llamalo a Juan. O vemos. Y...este....chau. Nos vemos. Llamame cuando escuches el mensaje. Porque antes dudo que...je, je, en fin. ¿Ahora qué tenía que hacer? ¿se apretaba numeral? Soy Pablo. Chau".

¿Como errar tanto en tan poco tiempo? Y eso que estoy omitiendo las búsquedas de palabras básicas olvidadas por el pánico escénico, los cambios de voz impostada que tanto nos avergüenzan y los chistes fallidos que tantos golpes merecen y sobre los que tan bien nos podría ejemplificar un contestador automático promedio.

Por eso es que, ahora, apenas escucho "Este es el contestador de..." corto. Prefiero volver a llamar y ahorrame el intento de suicidio. Por eso le recomiendo que siempre tenga un monólogo preparado para salir del paso. Algo suscinto y reutilizable del tipo: "Hola, soy Pablo. Llamame". A menos que no se llame Pablo. Entonces está por las suyas.

Al finalizar el artículo deje su comentario. O de lo contrario disfrutelo con salú.



miércoles, 29 de diciembre de 2010

Abalanzándose sobre el año


Antes que diga nada, ya sé, ya sé. 'Avalanzarse' va con 'v'. Pero lo que quiero hacer aquí es hacer un balance del año. Por eso nos vamos a abalanzar sobre él. Ya sé, no me diga nada, uno no debería hacer chistes que lo dejen mal parado a menos que los explique, lo que por otro lado le quita todo el chiste. No me diga nada, ya sé que estoy abundando demasiado en una explicación. En resumen, como norma general, no diga nada.

Recordar el año con un poco de perspectiva no por repetitivo deja de ser un ejercicio necesario. Creo que era Bauman quién decía que nuestro tiempo se asemeja a patinar sobre hielo muy delgado: hay que moverse muy rápidamente porque si uno se detiene se rompe el suelo sobre el que está parado. Pero no hay manera de engrosar ese hielo a menos que uno se detenga. No, es una metáfora, ¡no se deteng...! ¿ALGUIEN PUEDE AYUDAR AL SEÑOR QUE SE CAYÓ AL AGUA? Decía, si no hacemos pequeños balances los hechos nos pasan por al lado sin dejar huella, sin que podamos digerirlos, sin que nos ayuden a ser más sabios.

Por eso intentaremos hacer un furtivo recorrido por aspectos positivos y negativos de este año:


Aspecto positivo: por sus implicancias históricas, fue un año donde afloraron nuestros hondos sentimientos de pertenencia a la Patria.

Aspecto negativo: todo se fue al garete cuando Alemania nos clavó 4 goles.
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Aspecto positivo: el mundo entero se emocionó al ver emerger 33 hombres desde el fondo de una mina.

Aspecto negativo: el mundo entero ve emerger una envidia terrible cuando ve a estos muchachos ir gratis a partidos de la Premier League o la Liga Española, a las playas griegas, a Disney, a...

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Aspecto positivo: la película argentina "El secreto de sus ojos" ganó un premio Oscar, mostrando que en el país hay gente que puede hacer cosas buenas con contenido.

Aspecto negativo: se editó la revista Hola! Argentina mostrando... bueno, a Juanita Viale en la tapa.

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Aspecto positivo: Marcelo Tinelli se dio cuenta de que su programa degradaba intelectualmente a los argentinos y prometió renovar los contenidos para el año que viene de tal manera que no haya 30 programas reproduciendo peleas infantiles.

Aspecto negativo: lo que dije en el aspecto positivo es una expresión de deseo mía.

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Aspecto positivo: gracias a la fidelidad de un público que fue capaz de soportar una campaña de propaganda que envidiaría Stalin, con el blog colectivo Men in Blog llegamos a la final del concurso de la página española Bitácoras.com

Aspecto negativo: el jurado que elegía los ganadores no era parte de ese público fiel.

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Aspecto positivo: volvieron los Kes bun.

Aspecto negativo: volvieron los perejiles de Gran Hermano.

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Aspecto positivo: Independiente ganó la Copa Sudamericana.

Aspecto negativo: Independiente ganó la Copa Sudamericana (para la gente que no es de Independiente, claro está)

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Aspecto positivo: gracias a una filtracióna través de Wikileaks, nos enteramos de los chimentos sobre los grandes líderes políticos mundiales.

Aspecto negativo: nos enteramos que los chimentos sobre los grandes líderes políticos mundiales son iguales a los chimentos sobre el verdulero y su cuñada.

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Aspecto positivo: los lectores pueden agregar parte de su balance anual.

Aspecto negativo: todavía no salí de vacaciones así que probablemente les conteste.


Que lo disfruten con champagne.

lunes, 20 de diciembre de 2010

No me pidan que cabecée (parte II)


Que nos ayudan a elaborar cosas; que la vida es uno; que son imposibles de distinguir de la vigilia; que son hermanos de la muerte; que están regidos por el principio del placer y no por el de realidad; que serán ellos mismos pero que aquí se hacen realidad; que se alcanzan si uno los desea con suficiente fuerza...

Muchas cosas se dicen sobre los sueños. Pero lo que ni Freud, ni Descartes, ni los griegos, ni Berugo Carámbula ni los cantautores romanticones nos dicen es cómo lidiar con ellos cuando nos acechan en momentos no destinados para la actividad onírica. Cuando irrumpen, arrogantes, en medio de nuestra jornada; sin preguntar si el momento es apropiado; sin importarles que nos estén mirando o incluso dirigiendo la palabra. Y nosotros peleamos, a brazo partido, por conservar los párpados plegados sobre nuestros globos oculares, luchamos por no poner los ojos en blanco; por no sucumbir ante un ciclo REM que no hemos invocado; por no babearnos. Condenados a la derrota, vencidos antes de presentar batalla, vamos deformando nuestra mejilla contra la palma que intenta sostenerla.

Señores, este artículo es una reparación histórica. Hace ya mucho tiempo volqué en este blog mis elucubraciones al respecto. Y prometí una segunda entrega que tardó más en llegar que Volver al Futuro II. Bueno, no tanto, pero bastante. Y en este caso no tiene un nivel similar a la anterior. En ese sentido, esto sería más como Volver al Futuro III, Sí, la del Viejo Oeste (o del Viejo Este, como lo llaman los japoneses)

La cosa es que me gustaría bajar de la teoría a la práctica. Por eso, y simplemente para colorear lo ya sostenido, mostraré cómo (me) afecta el sueño en la rutina diaria cuando he dormido menos de 8 horas (que, desde hace 3 años y medio, eso implica los últimos 3 años y medio).

Caso 1: llegando al Nirvana en el laburo (o "¿te sentís bien, flaco?")

Mi rutina laboral se divide entre momentos de dictado de clases y otros de oficina. Estos últimos se desarrollan en una suerte de cubículo de paredes bajas conectado a otra serie de cubículos de paredes bajas. O sea, nos vemos todos.

Me encontraba yo en un momento de estudio y después...bueno, recuerdo que miraba fijamente un libro cuando el libro dejo de tener sentido. Las oraciones se sucedían sin que significasen nada, reproduciéndose en mi cabeza de la misma manera que lo hace el sonido de la heladera, que uno no percibe hasta que se corta. Poco después, las letras mismas dejaron de serlo para transformarse en extraños signos más propios de la piedra Rosetta que de una fotocopia de $6,50. Eso es lo último que recuerdo. Hasta que, después de vagar quién sabe por donde, mi alma volvió a mi cuerpo sacudiéndolo como quién se despierta luego de haber soñado que se caía. O quizás así haya sido. Lo cierto es que en todo momento yo estuve en la misma posición. Sentado y con la cabeza mirando hacia abajo.

Rato después hablaba con una profesora sobre otra cosa y me preguntó: "¿te sentís bien? No, porque te ví medio...cansado" (se ve que decir "dormido" le debe haber parecido muy fuerte). "No, estoy bien, sólo meditaba unas ideas".

Ideas que meditaba en esos momentos:

- ¿Como es posible que esté jugando a los tazos, si estoy en 1720?

- Si nado hasta Ushuaia, no paso por ningún supermercado.

- ¿Qué diablos hace aquí Graciela Borges, de nuevo?


Caso 2: los apuntes (o "¿qué quería poner cuando puse lo que puse o cuando no puse lo que debería haber puesto para que se entienda qué quería poner?")

Parte de la culpa de mi estado de constante ensoñamiento la tienen los dos años de cursada de una maestría. Terminada la cursada, repaso los apuntes en busca de pistas para trabajos que debo presentar. Las pistas son inequívocas: viví en un estado de constante ensoñamiento.

Si las líneas sismográficas que reemplazan a mi letra en determinados momentos no fuese suficiente indicio, los infinitos baches argumentales de mis apuntes son justificados eventualmente por autonotas del tipo "aquí me quedé dormido", "y aquí", "y aquí también", "definitivamente no fue una buena noche" o "¿por qué no me despertaron cuando terminó la clase?".


Lo que es importante que retenga es que he sobrevivido a esta protonarcolepsia y que eso nunca se ha interpuesto en la finalización de una actividad. Más bien todo lo contrario: me ha obligado a finalizarlas.


Ahora les dejo algo para que puedan disfrutar con sa...



jueves, 4 de noviembre de 2010

Fumar puede ser perjudicial para el ego


Nunca fumé. No quiero decir que nunca haya pitado un cigarrillo, sino que -si alguna vez terminé uno- nunca adquirí el hábito. Desde el principio no me gustó. Gustativamente, por así decirlo, no me gustó. No me gustó el olor que dejaba en la ropa; tampoco el que impregna en los lugares donde está (que suele ser muuuy similar); no me gustó el resabio que deja en la boca ni el color amarillento mortecino con que tiñe los dedos. ¿Cómo decirlo? No me gustó un carajo.


"Es un gusto adquirido" me dijeron alguna vez, dándome a entender que, si me esforzaba un poquito, algo que desde el principio sabía que me hacía mal podía llegar a gustarme. Y yo, en mi condición de niño asmático con intenciones de futbolear libremente, sabía que me hacía mal. Decliné el generoso ofrecimiento.


Podrá parecerle extraño, pero este artículo en realidad quiere realizar un elogio del fumar. No porque desee hacerlo, sino porque mi condición de no fumador me ha patentizado, varias veces, las grandes ventajas que trae en distintos terrenos.


En primer lugar, quizás tributando al ochentoso Don Johnson de Marlboro, el cigarrillo apareja un halo de profundidad; conlleva una cierta mística. Recuerdo estar a orillas de un lago en el cerro Frei contemplando la luna más grande que haya visto en mi vida. 8 personas contemplábamos extasiados el imponente paisaje. 7 de ellos con un cigarrillo en la mano... y yo. "¡Qué buen momento para fumarse un pucho!" comentaban entre sí los miembros de la secta. Su momento parecía, por razones que desconozco, más místico que el mío. Lo mismo se replicaba al terminar de comer, al salir a tomar algo, al compartir un café...



Quizás sea fruto de la influencia de la publicidad o de las películas, como dice el personaje de Aaron Eckhart en "Thank you for smoking", pero por lo pronto parece ser que la ceremonia de clausura de un acto sexual satisfactorio implica un cigarrillo. ¿Qué dice de nuestro desempeño leer una revista, prender la televisión o hacer palabras cruzadas? Además, las diferencias se marcan mucho más en el terreno social.


Si en una fiesta y/o reunión social usted queda sólo, la diferencia entre ser un fumador y no serlo pasa a ser dramática. Alguien que fuma parece -mientras inspira con los ojos entrecerrados- estar pensando en algo importante; abstraído por un instante del bullicio para trascender hacia planteos metafísicos. Por otro lado, si simplemente está ahí sólo, parecerá que usted se coló. Quién vive esa situación no sabe qué diablos hacer con las manos: si las pone en los bolsillos parecerá que está esperando a que lo busque su madre; si cruza los brazos parecerá que está esperando porque vino a buscar a su hija... Y, desde ya, no se le ocurra entrecerrar los ojos, porque más que abstraído en elucubraciones metafísicas parecerá que está tratando de leer la cuarta línea en el oftalmólogo.


La diferencia, esa inconmovible línea divisoria, parece situarse entre estar realizando una actividad y no hacerlo. Piénselo bien: cuando alguien deja la oficina para charlar en otro lado bajo la égida del cilindro tubular vicioso, la explicación de su ausencia es suficiente: "salió a fumar". No son igualmente aceptados "salió a hacer palabras cruzadas", "salió a echarse en el pasto", "salió a dormir 15 minutos" ni "salió a leer blogs". Entiendo que uno no "sale" a leer blogs sino que las más de las veces "se queda" para eso, pero el punto es que el corte no está igualmente justificado. Los fumadores son mártires perseguidos mientras los demás son ladrones del tiempo organizacional. Y después se sienten discriminados.


Recuerdo cuando entré a trabajar en una oficina. Dentro de un piso de 50 a 60 personas, uno se las arregla para ir conociendo a la gente. Un saludo tímido; un reconocimiento mutuo de rostro; un código interno por más pedorro que sea ("nos volvemos a encontrar en el ascensor"; "¿así que también comés en la panchería de la esquina?"; "nos volvemos a encontrar almorzando panchos en el ascensor") hacen que de a poco uno logre aproximarse a una conversación sobre fútbol, desde donde puede proyectarse hacia otros tópicos. Luego se accede al radiopasillo, los after office y ese tipo de cosas. Digo, de cosas. Ahora bien, un amigo, que había entrado unos dos meses después que yo, a las pocas semanas ya dominaba la inside information de la empresa, y se abrazaba con todos por los pasillos. "¿Cómo hiciste? ¿cómo sabés esas cosas?". "Es que con esos pibes nos juntamos a fumar en la kitchenette".


¡La kitchenette! ¡hijo de mil putas! ¿cómo poder acceder a ese recinto? Uno no puede servirse agua durante 15 minutos. Hay que justificar la permanencia en la kitchenette, por lo menos hasta lograr una confianza mínima. Y eso era el cigarrillo: un pasaporte; una tarjeta de invitación a una conversación informal; una credencial; una membresía para el club de la kitchenette.


Pero quizás lo que más me molesta; aquello que no termino de comprender por más que le doy vueltas y vueltas sea lo siguiente: ¿dónde está mi plata?
Un fumador promedio fuma, pongámosle, unos 7 u 8 cigarrillos por día. O sea que un atado le dura -redondeando- unos 3 días. En un mes tipo estaríamos hablando de unos 10 atados. A $5 cada uno son $50 mensuales en cigarrillos. hablamos de $600 anuales solamente en el vicio. Y he sido generosos en mis estimaciones (que en este caso quiere decir que he sido tacaño) O sea que una persona de mi edad ha gastado, si comenzó haciéndose el pistola a los 15, alrededor de $9000. Pues bien, ¿donde están mis $9000? ¿por qué los fumadores de ingresos similares tienen una economía similar? ¿quién se ha llevado mis $9000?


Mi conclusión es que los socialmente indefensos; los vitalmente postrados; los parias no son los fumadores sino que lo somos los no fumadores. Todo nos cuesta más; todo parece menos espontáneo; todo es un poco menos cool.



Creo que ya me he extendido lo suficiente. Le doy gracias por haberse fumado este artículo. Lo único que me interesa remarcar es que fumar puede ser perjudicial para el ego... de los no fumadores.


Que lo disfruten con un faso.



miércoles, 6 de octubre de 2010

Lo que nos hizo Sigmund



Señores, el tema que estoy por tocar tiene aristas cuya profundidad va más allá de nuestra imaginación. Sobre todo porque me resulta tremendamente difícil imaginarme una arista con profundidad. La cosa es que abordaré una cuestión doblemente sensible. Sensible por las acaloradas discusiones que genera y sensible por sus consecuencias practicas.

Me referiré a la influencias de la Psicología en la vida cotidiana.

Ya está, lo dije. ¿Cómo que "¿eso era?"? Sepa que camino sobre una cuerda floja enjabonada extendida a 100 metros de altura sobre amenazantes púas rociadas con limón. No tanto por lo que pueda decir la comunidad psi en general (bastaría con pedirles una definición de la psicología para que se empezasen a matar entre ellos) sino porque mi mujer es psicóloga y una patinada aquí podría costarme un par de días durmiendo en el sillón. Debajo del sillón, para ser más exactos.

Por eso renuncio desde ahora a hablar sobre psicología, para simplemente describir qué es lo que la psicología ha alterado en la vida de los legos en la materia. Lo primero que hay que decir es que dado que no tenemos noticia de denuncias de mala praxis psicológica, todo aquél que haya escuchado alguna vez a un estudiante de psicología decir el nombre de una unidad del programa de una materia que estudiaba se siente en condiciones de ensayar teorías e interpretaciones sobre las cuestiones más variopintas. Algún desorbitado tratará de situarme a mí mismo en esta categoría, pero como lo mío no es latente sino manifiesto, está todo bien.

Decía, esto puede dar lugar a los más vergonzosos intentos de interpretación. No importa cuanto intenten los psicólogos convencernos de que algo no puede ser interpretado en el aire, nosotros queremos un par de tips de la misma manera que le pedimos a nuestro amigo que acaba de gastar $2000 pesos en un curso de magia que nos enseñe un par de trucos para impresionar a una muchacha. Y no cejamos hasta que logramos una afirmación taxativa. Por ejemplo:

"Soñar con máquinas hace referencia a la potencia sexual".

- ...y entonces, cuando las papas fritas mutantes -que en realidad eran los primos de un compañero de primaria- venían a hablarme, yo agarraba un aut...digo, un Airbus 7337 y me iba a otro lado. Y entonc... momento, pero el avión iba lleno de minas lindas ¿eh? Porque ya veo que como había pibes en el sueño y una máquina vos pensás que soy gay. No, en realidad eran primas. Sí, eso, primas pechugonas.

El primer concepto psicológico que asimilamos es el del complejo de Edipo. Y la primera reacción es la del rechazo simple y llano. "¡¿Con mi vieja?! Estos están todos podridos. ¡Podridos!". Al poco tiempo, aceptamos que para poder fungir de psicólogos debemos aceptar este principio. Pero, con esa aceptación, a la vez que se rompe en nosotros la pureza del recuerdo infantil, se erotiza la relación filial. Los niños ya nos son angelicales criaturas cuyas potencialidades serán desarrolladas merced de una cariñosa educación, sino potenciales parricidas a la espera de una oportunidad*. La sospecha cunde. Ya nada es lo mismo.

Antes de Freud:

- Mamá, te quiero mucho.

- Yo también.

Después de Freud:

- Mamá, me resultás simpática de una manera asexuada, más cercana al ágape que al eros.

- ¡¿Dónde está tu padre?! ¿qué hiciste con él? ¡habla, bastardo, habla!


Antes de Freud:


- ¿A quién querés más? ¿a tu papá o a tu mamá?


Después de Freud:


- Inconscientemente, ¿a quién preferís matar? ¿a tu papá o a tu mamá?


Esta sospecha se disemina por nuestra vida. Creemos que, al haber sido introducidos en los misterios del Arcano, podemos detectar las interpretaciones que se tejen en torno a nosotros. Como si se tratase de un juego de espías, nadie quiere dar pie a una interpretación. El silencio se cierne sobre hombres y mujeres de ceño fruncido y pipa imaginaria. Sólo los valientes se atreven a afirmar algo...



- Sos un pelotudo.

- ¿No estarás proyectando en mí aquellos aspectos de tu personalidad que no toler...?

- No, no, sos un pelotudo.

- ¿O estás sublimando una animosidad pretérita que...?

- ...en lugar de en el lavavajillas, metiste los platos en el lavaropas. Sos un pelotudo.


Intenta resistir, pero sabe que es carne de cañón. O de diván, lo que en este caso sería homologable. Es conciente de que tarde o temprano surgirá el complejo tema de los complejos. Y él se sabe tan pero tan acomplejado que tiene, a la vez, complejo de superioridad y de inferioridad. Por eso, entre tímido y altisonante, espeta: "¡Pero callate, taradito! ¡Yo soy mucho más infeliz y miserable que vos!".


Y vuelve a callar. Por la confusión de su interlocutor y porque teme cometer un acto fallido. Esas malditas palabrejas que escapan de la represión y se cuelan en el discurso conciente. Por eso calla.


Pero, vamos, que un acto follado le puede tetas a cualquiera.







* Al parecer, la visión negativa de los infantes (a los que llama "perversos polimorfos") que se detecta en la obra freudeana, está directamente ligada a una mala lectura del Mio Cid. Freud pensaba que los "infantes de Carrión" eran en realidad dos niños pequeños.


martes, 21 de septiembre de 2010

Consideraciones gastronómicas


De las actividades más básicas del ser humano, la única que apareja una cierta complejidad es la de alimentarse. Antiguamente, esa complejidad tenía que ver con que el almuerzo pesaba quince veces más que uno, corría bastante rápido y no tenía intenciones de ser comido. O con que la mayoría de las veces todos esperaran a que el primo bobo empezara a comer para chequear que el postre no fuese venenoso.

¡Oh, como envidio aquellas pequeñas menudecias! Actualmente la alimentación se ha complejizado hasta un punto donde pelear contra un mamut sería una bocanada de aire fresco.

Breve historia de la alimentación

Si repasamos la historia de la ingesta de comestibles, encontraremos una progresión más o menos así:

- "Señores, tenemos que comer. Hay cosas que están mejores que otras pero que son más difíciles de obtener y de digerir. Como la carne. Necesitamos garrotes".

- "Caballeros, Magut, aquí presente, acaba de descubrir que el famoso fuego hace que los alimentos sean más fáciles de comer. Avísenle al primo bobo que son los alimentos los que se ponen al fuego, no uno".

- "Señores, conseguir alimento es fácil, el tema es la elaboración. Hay cosas que están mejores que otras pero que son más difíciles de obtener. Como el caviar. Necesitamos dinero".

- "Caballeros, el Dr. Magut, aquí presente, acaba de descubrir que la ciencia permite que podamos hacer alimentos artificiales. Avisenle al primo bobo que cuando digo "artificiales" estaba pensando en caramelos masticables, no en masticar el tacho de plástico del baño".

Llegado este punto, empezamos a notar que lo que habíamos hecho no nos hace bien; que la Coca-Cola arruina los dientes, que McDonald's tapona las arterias y que el pollo lleno de hormonas amplia el busto. Tratamos de dejar la Coca-Cola; tratamos de dejar McDonald's; tratamos de convencer a nuestras mujeres de que consuman pollo; pero ya es tarde. Estamos atrapados.

Sin embargo, siguiendo el movimiento pendular que caracteriza la historia, surge un nuevo imperativo: ahora hay que "comer sano". Dos extraños caminos se nos abren:

a) Recurrimos a la alteración de la alteración: con el constante avance biotecnológico, nuevos productos resultan. Ahora, cada vez que uno de estos productos se promociona, hace parecer que hasta ese momento estabamos comiendo el tacho de plástico del baño: "Ahora con Lactobaciluis GG"; "con menos colesterol"; "0% grasa", "con Grambys verdes y azules", "esta vez le hicimos caso al control de calidad", etc... Paradójicamente, mientras por un lado se sigue esta línea hastra la saturación, por otra se promociona:

b) La vuelta a lo natural: básicamente se trata de tener la dieta de un granjero del siglo XVIII pero pagando una fortuna. Quienes hayan visto a oficinistas de empresas de primera línea pagar mucha plata por una ensalada bastante pedorra habrán contemplado cómo se cierra el circulo.


Sobre gustos están escritas las líneas de acá abajo

Alguna vez ya lo he dicho, pero con respecto a los gustos existen ciertas convenciones que considero, por lo bajo, totalitarias. ¿Quién estableció que el vittel toné es más rico que una milanga con fritas? Ciertamente alguien que nunca probó la milanga con fritas. A mayor prestigio la comida tiende a volverse más etérea. Así progresivmente hasta que lo más caro parece ser mirar un plato vacío.

Aprovechando el espacio, y para que no queden dudas, lo digo claramente:

repito el pescado.

repito el pescado.

repito el pescado.


La matemática calórica

Si comer sano es comer lo que la tecnología ha refinado, en el fondo estamos diciendo que la naturaleza ha estado tratando de matarnos durante generaciones. Si un hombre de a pie quisiese simplemente clavarse un buen pedazo de vacío (¡malditas reses apetitosas!), al parecer estaría atentando contra su vida.

Por eso -en una remake del maniqueísmo- muchos consideran que la materia es mala y, en nombre de la figura, se someten a un ascético y matemático control de las calorías ingeridas. "¿Un pedazo de galletita? ¡Pero si es como 3/4 de manzana!". Calculadora en mano, reparten augurios tormentosos a quienes coman algo disfrutable y pueden convertir todo de tal manera que uno tendría que cuidarse hasta de olfatear un apio entre comidas.
A veces me parece que uno podría asaltar un restaurant naturista solamente amenazándolos con un Mantecol en la mano.

Mi problema con todo esto no es que la gente "se cuide", sino que la cultura light terminará por discriminar a los que disfrutamos del azucar, la sal y las diferentes cosas que quedan fantásticas con azucar o sal. Por ejemplo, cada vez que pido una Coca me preguntan "¿Light?". "No, normal" contesto. Ante el avance de los consumidores de Coca Light (la que supo ser "Coca Diet"), en un futuro cercano esa será la normal. ¿Y cómo pediré mi Coca? ¿Coca "para un desarrollo abdominal diferenciado"?


Y no estoy diciendo esto porque yo tenga problemas de figura. La mía es una figura circular perfecta.

Que lo disfruten con dulce de leche.


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Actualización: hablando de cosas indigestas e indigeribles, hoy publiqué en Men in Blog. Cumplo en avisar por si alguno leyendo esto cree que no se podría escribir peor.

jueves, 15 de julio de 2010

Ponele Masón(da)


Es paradójico. Alguna vez hemos hablado al respecto, pero mientras por un lado creemos firmemente que los hombres son cada vez más libres y tienen más posibilidades, por otro sospechamos que los destinos "del mundo" están y estuvieron siempre controlados por unos pocos, que se mueven en las sombras y cuyo mundo no se toca con el nuestro. Incluso dentro del circulo de poder donde se mueven; incluso en esa reunión para al alta sociedad norteamericana en una mansión gigantesca en los Hamptons; incluso allí sus vecinos no sospechan que ese hombre que ríe amablemente con un whisky en la mano es una de las personas que mueve los hilos del mundo. Porque debe existir un circulo todavía más hermético, de unos 10 o 12 donde se define de antemano todo lo que nosotros entendemos que simplemente se da como parte del acontecer histórico.


Por eso basta una simple chispa, un nombre, para que explote en nuestra cabeza un arsenal de teorías conspirativas de cosas que son ultra secretas y han sido escondidas por generaciones, pero que mi primo Ernesto justo las conoce: "El imperio romano nunca existió. Es un invento de la Coca-Cola"; "el increíble Hulk se hizo para desacreditar a Greenpeace"; "El atentado a las torres gemelas fue para poner un McDonalds ahí"; "Yabrán vive en las Bahamas y juega al golf con Elvis"; "Walt Disney fue descongelado y fue el que digitó al quiebra de Lehman Brothers".


¿Cuál es el nombre de esta sociedad secreta, necesaria para implementar esta serie de hechos? No importa, mientras no sea secreto: los Templarios, los Illuminati, los Magios, el GOU o los Harlem Globetrotters...


Pero hay uno que me interesa especialmente: los Masones.


Me interesan porque, pese al halo de misterio necesario para aplicar a sociedad secreta, algo sabemos de ellos. Sabemos, por ejemplo, que las logias "ortodoxas" no aceptan mujeres y prohiben hablar de política y religión. Se juntan a librepensar fraternalmente. Un poquitín sospechoso. Sobre todo la actividad de la conocida "Logia de la Gran Coartada".


Mujer: - ¿A dónde vas un martes a las 10 de la noche?

Marido: - Tengo una reunión secreta.

Mujer: - ¿se puede saber qué hacen en esa reuniones y por qué volvés a las 4 de la mañana con olor a chupi?

Marido: -¡No puedo decirte, mujer! Es todo muy secreto.


Por otro lado, la verdad es que se pierde algo de ese halo misterioso desde el momento en que se juntan en un edificio céntrico en lugar de bajo las ruinas de Stonehenge a las 3 de la mañana o un domingo al mediodía en el microcentro. Tal como se da ahora, faltaría el cartelito: "HOY AQUÍ, REUNIÓN SECRETA". Tampoco queda bien, si se trata de mantener un bajo perfil, tener una página web. ¿Donde quedó la elegancia de antaño? ¿las cartas membretadas sobre el escritorio?


Lo bueno es que parece ser que, como uno se va adentrando en los misterios de a poco, existen infinidad de grados, lo que implica que uno está casi permanentemente ascendiendo.


Gran Maestre: - Yo te asciendo a ser un masón de grado 53.

Masón de grado 53: - ¡Excelente! Gracias, Gran Maestre. Y dígame una cosa ¿cuál es la diferencia con ser masón de grado 52?

Gran Maestre: - Este...emmm... ahora.... te podés poner jogging con zapatos.


La identidad reservada es otro tema espinoso. Al parecer sólo podía ser revelada al morir el masón. Lo raro es que, al morir, resultaba que todos los que habían hecho algo más o menos importante resultaban ser masones. Nunca un Gonzalez cualquiera. El último albañil fue el que les dio el nombre*.


Aprovecho este espacio para aclarar que Winston Churchill era hincha de Independiente. Nunca se lo dijo a nadie ni se lo vio en la cancha porque era secreto, pero ahora que murió es necesario que se sepa.


Como se ve, una fantochada. Por eso los invito a recomponer la espíritu masón en aquél bar, mientras jugamos al pool y resolvemos los problemas de la vida.


Además, odio a la gente que usa jogging con zapatos.



*maçon = albañil

miércoles, 30 de junio de 2010

Frases históricas II


Ya hemos hablado alguna vez de cómo la historia, para dárselas de interesante, suele alterar las formulaciones originales de algunas frases, con el expreso fin de..ah, ya lo dije. La cuestión es que durante largos meses hemos repasado archivos, recabado testimonios, hablado con expertos, investigado concienzudamente. El resultado es contundente: es mucho más fácil inventar. Con ustedes, la segunda parte de estas frases artificialmente afortunadas:


El primer hallazgo con lo que nos hemos topado, ha sido que "El Estado soy yo" no es más que el fruto de un desacuerdo lúdico. Luis XIV se disponía a jugar al Monopoly con dos de sus amigos, el Mariscal Jean Pierre C'elamastic y el conde de Laquettepariau. Luego de que cada uno eligiese ficha, empezaron a discutir sobre quién iba a oficiar de banco. La discusión empieza a ser cada vez más acalorada hasta que Luis se sulfura y grita "el Banco soy yo".


"Así no juego nada -le responde Laquettepariau- Me voy a vengar. Tu frase se va a saber de manera que quedes como un monárquico absolutista. Y el verdadero Rey Sol es Marquesi" dicen que alcanzó a decir, mientras dejaba el salón haciendo gestos obscenos.


Pero si algunos se ven perjudicados por el cambio, hay otros que quedan francamente mejor parados. Como es el caso de Plinio el Viejo quién, mientras escribía sobre las guerras contra los germanos, al parecer se aburría terriblemente. Algunos dicen haberlo escuchado decir: "¡No podés ser tan aburrido, germano!". La cuestión es que, para recrearse, empezó a gastar bromas pesadas a sus compañeros de campamento.


Por supuesto, la mayoría de estas bromas se han perdido. Sin embargo, llega hasta nosotros aquella en que Plinio echaba talco sobre las bebidas de sus congéneres, sólo que reformulada para pasar como un tipo de frase picaresca para hombres cultos: "In vino veritas".


Algunas veces, la frase histórica efectivamente formulada esconde otra frase un poco menos histórica. Tal es el caso de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto. Al parecer, el poeta Pablo Neruda se disponía a escribir cuando entró su mujer a la habitación:


- ¿Cómo andás, Gordo?

- Bien, me disponía a escribir cuando entraste a la habitación.

- Que bien. ¿Te conté que me encontré con Cata en el super? Está re-gorda. Nunca fue una modelo pero la ves ahora y no la reconocés. Está hecha mierda. Claro, también, con el marido que tiene. ¿Vos creés que ese zanguango ayuda alguna vez en algo? El tipo llega a la casa después de haberse ido a chupar con los amigos y quiere la comida y que no lo jodan. ¿Y a los chiquitos quién los cuida? Para mí termina mal. Como el bordado de esta camisa. Yo no sé para qué lo llevo a la costurera si hace estas cosas. ¡Mirá! Todo mal hecho. Y después se quejan de que no hay laburo. El que parece que se quedó sin laburo fue...

Cuando estaba a punto de gritarle "¡Bastaaaa! ¿por qué no te callás un poco y te vas, por el amor de Dios?" recordó el fuerte carácter de María Antonieta. Recordó también su no menos fuerte cross de derecha, así que optó por palabras más medidas que pudiesen transmitir el mismo mensaje:

- María Antonieta, me gusta cuando callas, porque estás como ausente.

- ¡Ay! ¡gracias, bichi!


Como podrán ver, lo que nos llega muchas veces es parcial, está deformado o embellecido. Las frases célebres se parecen a los bonsáis. Parecen bellas y naturales pero por dentro están llenas de arreglos y forzamientos.


Despídome con aquella severa sentencia que dirigiera Alejandro Magno a su tutor Aristóteles cuando entendió que había llegado la aciaga hora de partir:




Chau.


martes, 27 de abril de 2010

De otro planeta


Usted sabe, querido lector, que este blog no se destaca por su análisis de la coyuntura. Hay otros espacios que logran eso con mayor eficacia y talento. No obstante, de vez en cuando no está de más detenerse en algún hecho, dato o persona que pueda ser un punto de partida iluminador para cogitar sobre cuestiones especiales desde una perspectiva prosaica.

Además, me hincharon los huevos.

Resulta que, leyendo el diario de ayer, me topo con esta noticia. Cuando uno logra dejar de lado el abismo existente entre lo que el título promete (que Stephen Hawking haya admitido la existencia de extraterrestre) y lo que el artículo efectivamente dice (donde Stephen Hawking tira un condicional tras otro) puede llegar, aún con cierta incomodidad, al tema de fondo, a saber: ¿qué carajo sabe Stephen Hawking sobre los extraterrestres?

Ante todo decir que, si existen, espero que no estén anoticiados de la falacia ad verecundiam, que consiste en usar una autoridad en un campo para hablar sobre otro. Así, el amigo Stephen deja los cómodos dominios de la física para meterse en los urticantes avatares de las relaciones intergalácticas o las insondables profundidades de la psicología alienígena. Sólo espero que no se le ocurra decir que Argentina tiene que ir al mundial sin Messi.

La cuestión es que nos da pie para analizar ciertos lugares comunes con respecto a los seres venidos de otros planetas.

Intenciones

Lo primero que asumimos de movida es que, de venir extraterrestres, clavado que es para invadirnos, dominar el mundo, matarnos a todos para divertirse o todas las anteriores. Afortunadamente para nosotros, su avanzada tecnología no incluye un GPS, así que siempre terminar aterrizando en el Conurbano Bonaerense o en medio de un desierto en Nueva México, donde mueren de sed antes de llegar a la primera estación de servicio o son atrapados por agentes del FBI que los someten a operaciones invasivas que incluyen varios enemas y un pap por las dudas. Como para que después no quieran invadirnos, dominar el mundo y matarnos a todos para divertirse.

Ahora ¿por qué no pueden venir a conocer, comprarse la remera de un club de futbol y volver a su planeta a compartir la proyecciones holográficas de su viaje con los parientes cercanos?

Apariencia física

No sabemos por qué, pero si vienen de tan afuera no pueden parecerse a nada de lo que conozcamos. El agua y las rocas en otros planetas podrán ser igual, pero si son seres racionales tienen que ser medio ovalados de cara, con ojos grandes, igualmente ovalados y totalmente negros. Y no tener barba. Su piel es medio grisácea. O quizás sean re-facheros y los agentes del FBI no querían competencia con las mujeres terrícolas, que ya se nos hace difícil. Eso justificaría las prácticas vejatorias a las que nos hemos referido.

"Busco señorita para establecer amistad. Me gusta viajar y conocer otros lugares. Soy extrovertido, tengo mirada profunda y escucho Bandana".


Nos cuenta el mismo artículo que la NASA "emitió en el espacio la canción de The Beatles "Across the Universe" para mandar un mensaje de paz a eventuales extraterrestres. Este mensaje debería llegar a la región de Polaris en 2439". Según entiendo -y aquí podría aceptar la ayuda de este muchacho Hawking- en el espacio las ondas sonoras no corren. Y aunque calculo que deben haberlo subsanado de alguna manera, lo cierto es que probablemente para el 2439 los Beatles hayan pasado de moda. ¿Cuantos hits del año 1581 ha escuchado últimamente? Me parecía.

Por otro lado, todos sabemos que los extraterrestres no tienen orejas.

Tecnología

Como hemos dicho anteriormente, descartamos que si han llegado hasta aquí es porque tienen tecnología de punta. ¿Qué significa de punta? Paradójicamente, en las naves eso parece significar que son redondas. La cuestión de los 'platos voladores' que giran sobre sí mismos no deja de llamarme la atención. ¿Puede avanzarse en línea recta por fuerza centrífuga o centrípeta? Probablemente por eso sea que llegan mareados, se pierden y terminan en Nueva México atrapados por agentes del FBI. Por eso o por la cantidad de luz que siempre hay en el interior de las naves. Lo que me lleva a pensar que quizás no es que sus ojos sean enteramente negros, sino que cuando salen de un lugar tan iluminado se les dilatan las pupilas.

Esta luz, sin embargo, no solo sirve para leer de noche sino que también para abducir gente, también de noche (rara vez se realizan abducciones diurnas). Cuando alguien es abducido llega a una nave que es enteramente blanca (al parecer la inteligencia superior viene ligada a un desinterés cromático importante) donde un grupo de marcianos hace lo mismo que haría la gente del FBI si los encontrase perdidos en medio del desierto en Nueva México.

Otras características

Una cuestión aparte son las señas particulares de estos organismos plurimultimegacelulares. Al parecer, sus nombres estarían compuestos por todas las consonantes que nosotros dejamos sin uso o que sólo usan los chinos (Zorg, Xar, N-5) Generalmente vienen totalmente desnudos pero no tienen órganos genitales de ningún tipo. La reproducción en seres tan avanzados se daría por un simple intercambio lascivo de miradas, uniendo los cráneos por 20 segundos o por la presencia de repollos espaciales. La tesis de los repollos espaciales cobra fuerza cuando se percibe que no tienen ombligo.

Como verán, si Stephen Hawking puede hablar de cosas que no conoce, pues yo también puedo hacerlo y mucho más. Espero que las nociones de física, ingeniería y cine berreta que he impartido generosamente los ayude a leer el diario con mayor atención hasta que seamos conquistados, invadidos y matados por diversión.

Nanu-nanu.


viernes, 23 de abril de 2010

The Doors


El otro día, leyendo un libro sobre la clase obrera durante la Revolución Industrial -justo se me había perdido la Mafalda-, encontré una cita de época que hablaba de ciertas costumbres pueblerinas. Decía: "Un arbusto de aulaga significaba una mujer con fama de deshonesta; y un arbusto de acebo, una mujer a la que aman en secreto; un cuerno de carnero especificaba que el hombre o la mujer no eran fieles al matrimonio; una rama de un árbol muy joven, verdaderamente enamorada; una ramita de abedul, una muchacha bonita".

¿Que quiere que le diga? Me pareció genial. Lo primero que deduje (yo solito) es que de allí debe venir el famoso "poner los cuernos". Después de todo, si uno lo piensa bien, aún si un carnero macho es engañado por la hembra, es engañado con otro carnero que también tiene cuernos. O sea que -estrictamente- los dos son cornudos. A menos que la hembra se vaya con el hipopótamo. Ahora, si tu jermu te engaña con un gordo sucio como ese quiere decir que algo no estás haciendo bien. Pero, aunque esto pueda sorprenderlo, no me interesa meterme en la vida sentimental de los carneros. Por eso paso rápidamente a lo segundo que me llamó la atención y que fue lo que me pareció verdaderamente genial: el método de comunicación establecido. Se dejan determinadas cosas en un lugar visible para decir determinadas cuestiones. Todos participan del mensaje. Creo que estamos perdiendo un poco esa magia de la comunicación interpersonal menos obvia. Hoy en día lo único que podemos deducir mirando la puerta de entrada de la casa de alguien es que le pide al canillita que le lleve el diario (o que tiene problemas con la mafia, si ese diario está envolviendo un pescado)


Puestos a recuperar la comunicación pórtica entre los cada vez más anónimos seres de la urbe, colaboro con algunas propuestas:

- Un auto clavado en la puerta de una casa quiere decir "Papá, pagame el curso de manejo".

- Un joven sentado en la entrada quiere decir: "me olvidé las llaves y no hay nadie".

- Un joven parado en la entrada y pateando algo quiere decir "me olvidé las llaves y no hay nadie, la rep**ísima madre que lo remil parió".

- Un enano de jardín significa "tengo mal gusto" o "esta es la casa de Mariano".

- Una rama de un árbol grande quiere decir "voy a demandar a la Municipalidad por no podar los árboles".

- Una valija en la puerta quiere decir "conseguite un lugar para vivir, infeliz".

- Una puerta astillada quiere decir "entraron a afanar".

- Una hoja de menta significa "lugar donde se cocina con demasiado ajo".

- Un ascensor en la puerta significa "vivo en un sexto piso".

- Un elefante rosado bailando twist mientras recita la tabla del 2 significa que estás borracho como una cuba.

- Un farolito significa "guarda con el escalón".

- Una pila de cuentas significa "estamos de vacaciones".

- Una tira policial especifica que los habitantes de la casa ya no se llevan tan bien.

- Un felpudo en la puerta significa "considero que Kairós es lo mejor que ha salido desde la creación de internet y me gustaría instrumentar la manera de hacerle llegar dinero a su carismático e increíblemente buenmozo autor".

Los invito a que me refieran prácticas de este tipo que puedan existir en sus barrios para que no nos perdamos el significado oculto detrás de los elementos que podamos encontrar agazapados en puertas propias y ajenas.



Che, ¿quién fue el gracioso que dejó un cuerno acá?




miércoles, 3 de marzo de 2010

Los hombres son de Marte y las mujeres son de una sonda que orbita Marte cuando Marte está haciendo otra cosa


"La gran pregunta que nunca ha sido contestada
y a la cual todavía no he podido responder,
a pesar de mis treinta años de investigación
del alma femenina, es: ¿qué quiere una mujer?"

(Sigmund Freud)


"Maldición, Sigmund ¡baja la maldita tapa del inodoro!"

(Martha Bernays)


Ustedes me obligaron. Yo soy un tipo de naturaleza afable, pero tampoco le doy las gracias al que me da un chicotazo en la nuca. No, no. He sentido las repercusiones del último post. Acá las sentí. En el pecho. Mi mujer dice que debe ser un aire, que pruebe eructar; pero yo sé que se trata del dolor de un orgullo lastimado, de una integridad machacada, de un espíritu vejado. Además, nunca me salió eso de eructar voluntariamente.


Resulta que ahora nadie juega al futbol. Que los que lo hacen lo hacen en condiciones tan excepcionales que son irreductibles a una clasificación arbitraria. Que el análisis hecho es inservible. Pues bien, esto no va a quedar así. Mostraré a los que me achacan desconocimiento de mis congéneres que desconozco mucho más de lo que ellos presuponen. Desoiré a los timoratos que me aconsejan volver a temas más asequibles y asépticos. Subiré la apuesta. Proclamaré mis opiniones temerarias. Vociferaré que tengo razón. Haré todo lo que tenga que hacer para reivindicar mi buen nombre en este espacio virtual. Todo. Todo menos eructar voluntariamente, porque eso nunca me ha salido.


Profundizando entonces en la cuestiones relativas al entendimiento de los hombres por parte de la mujeres, no me queda más que marcar algunas importantes diferencias entre ambos. Así como lo escucha. Lisa y llanamente. Ya sabemos que no me atemorizan los posibles motes de 'pollerudo', 'misógino', 'ignorante', 'gay' o 'cuatro ojos' (porque uso anteojos) que me puedan dedicar la diferentes facciones, porque a mi lo que me interesa es iluminar el tema y ayudar a las damicelas en peligro (que no son tantas y parecen arreglárselas bastante bien, pero que ayudaré a pesar suyo) tratando de evitar la lógica dicotómica del club de los varones y el club de las mujeres de tercer grado. O del baño de varones y el baño de muj...ah, no. Eso está bien.


Una primera diferencia esencial entre varones y mujeres es la diferencia en el balance entre el instinto lúdico y el principio de realidad que prima en unos y otros. El relato de los hechos, por ejemplo, apasiona a las mujeres independientemente de los hechos que sean relatados. Pero no tanto como desentrañar las intenciones y pensamientos que acompañan a los protagonistas de los hechos. Los hombres, en cambio, son más selectivos con respecto a los acontecimientos que merecen atención. Puestos a decidir entre el resumen del campeonato italiano y las intenciones de X cuando invitó a Z sabiendo que iba a estar W, quién recientemente había cortado con 3,1416, no ven donde perderse. ¿Sabe por qué? Por la primacía del instinto lúdico. El mismo que los lleva a encarar la vida misma en formato competencia. "A que llego a la esquina antes que el gordito de sombrero"; "a que gano más que Mengano"; "a ver quién tira la piedra más lejos"; "¡que lo parió! ¡perdí contra el Milan en semifinales de la UEFA! No me hables por un rato por favor"; "a es-tos putos les tenemos que ganar, a estos putos les tenemos que ganar". La vida es una gran competencia en la que uno trata de seleccionar aquellos eventos o contrincantes que le permitan ocasionales victorias.


Ese es, por ejemplo, el espíritu que los lleva a practicar deportes. Mientras las mujeres pasan directamente del obligatorio test de Cooper en la clase de gimnasia de 3er año del secundario a no hacer deportes hasta que la gravedad (ya sea la ley de gravedad o la gravedad de su estado físico) las lleve de nuevo al gimnasio, los hombres siempre necesitan competir. Y no me venga con que su pareja no juega al futbol, porque el instinto se puede sublimar de otras maneras: quizás haga otro deporte, quizás juegue a la PlayStation, quizás se transforme en un ser horrible cuando juega al TEG.

Una segunda diferencia importante tiene que ver con la capacidad para hacer operaciones paralelas. Las mujeres se glorían de su multifocalidad (capacidad de hacer simultaneamente varias cosas) y achacan al hombre ser monofocal, es decir, poder hacer solamente una cosa por vez. El problema es que no son coherentes con esta concepción, y quieren forzar la multifocalidad en la misma persona a la que se la han negado. Mi mujer, por ejemplo, se queja constantemente de que no la escucho, que no le presto suficiente atención a lo que me dice. Mi contraargumento es que me habla cuando estoy leyendo el diario o viendo televisión. "¿Y no podés hacer las dos cosas?". No, porque lo que pasa es que -justamente- soy monofocal.

Eso sí, la monofocalidad le daría al varón una mejor perspectiva sobre cada tema puntual; le agudizaría la mirada. Un claro ejemplo de esto sería la destreza en el uso del control remoto para hacer zapping. Mientras un hombre necesita aproximadamente 0,0003 segundos para darse cuenta de que un canal no vale la pena, una mujer necesita al menos 20 segundos de programa antes de pasar al otro. Al macho alfa le basta ver la cara de Maryl Streep en sepia para saber que se trata de una película dramática de los 70's que en ese momento no está de humor para ver. A la señora de alfa le parece que hay que ver de qué se trata la película antes de decidir si vale la pena quedarse o no. Uno reclamará que pase más rápido, la otra responderá que así no se puede ver nada. Para zanjar la cuestión, decir que la palabra zapping viene de la onomatopeya "zap", sonido que haría el aparato televisivo frente a un rápido cambio de canales. Lo que hacen las mujeres, más que zapping, se trataría de cliiiiiiiiiiiicking.

Ya está, lo dije. Probablemente la platea femenina se arroje a mi yugular virtual. Probablemente descubra la cantidad de excepciones existentes. Probablemente duerma en el sillón.

Probablemente no deba escribir después de tomar vino en el almuerzo.


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