Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de enero de 2012

Lorem ipsum o la vuelta




Señores, en algún momento había que comenzar y este momento es tan bueno como cualquier otro. Algunos objetarán que un 2 de marzo es mejor que un 18 de enero, otros que con 20° se lee mejor que con 38° y habrá quienes opinen que dilatar la reanudación de mis textos hasta 2025 es mejor que empezar a jorobar ya en 2012, pero a todos ellos les respondo que no. Motivos ajenos a mi voluntad hacen que este sea incluso un momento propicio: hoy me reincorporo al trabajo después de las vacaciones.


Ya detecto alguna sonrisita de aquellos que todavía no han comenzado sus vacaciones o que siguen en ellas; escucho algún comentario poniendo en duda la realidad de mi reincorporación si resulta que estoy escribiendo para el blog, incluso veo a algún desubicado ensayar el gesto de hacer converger las yemas de los dedos debajo de la barbilla mientras repiten "chiva calenchu". Sólo me queda decir que si van a estar haciendo comentarios de este tipo vamos a terminar a las trompadas.


Como los lunes, en los cuales uno tarda unos minutos en reacomodarse y empezar de lleno con sus tareas, la vuelta de vacaciones tiene un proceso análogo. Uno necesita un tiempo para rearmarse y encarar todo lo que quedó esperando. Yo, por ejemplo, no creo que pueda hacer nada productivo hasta recuperarme del shock pre-traumático de volver al trabajo (cosa que imagino tener superada alrededor de abril) Así, aprovecho para compartir algunos pensamientos vacacionales que testifiquen que dejar de infringir dolor literario no ha sido uno de mis propósitos para este 2012:



Siempre me han llamado la atención las bibliotecas de las casas de veraneo: libros no interesantes de más de 25 años. Nunca algo que uno diga "che, que bueno este libro, me lo leo ya", nunca una compilación con lo mejor de Condorito. ¿Por qué? ¿como viven en un lugar copado tienen que compensar leyendo malos libros? ¿y como son malos dejaron de comprarlos hace 25 años? Queda abierta la polémica.

____________________


Con el traje de baño azul parece que estuviese gordo.


Con el traje de baño gris parece que estuviese gordo.


Conclusión inapelable: ya no hacen los trajes de baño como antes.


____________________


En los últimos años he constatado que existe una diferencia entre la imagen mental que uno se hace de las vacaciones y la realidad pura y dura. Por ejemplo:


imagen: caminando por la orilla de una playa semi desierta sumido en los propios pensamientos


realidad: otras 3 millones de personas esperaban que esa playa estuviese semi desierta, por lo que uno camina sumido en el pensamiento de como evitar terminar con una lastimadura de tejo en el pie


imagen: uno va a aprovechar ese espacio de tiempo para echarse a leer


realidad: uno aprovecha ese espacio de tiempo para echarse a tomar gin tonic


imagen: las vacaciones son un lugar libre de preocupaciones


realidad: "¿cómo que no hay sartén? ¿aceite tampoco? ¿y como hacemos la comida entonces?"; "pensé que habíamos comprado papel higiénico"; "¿donde se puede conseguir ibuprofeno infantil a esta hora? ¡¿32 kilómetros?!".

________________


A veces uno debe estar en una cabaña agreste en medio de la soledad para volver a valorar algunas cosas importantes. Como la propia cama y el propio baño, por ejemplo.

________________


¿Como darse cuenta que uno ha crecido? Cuando uno se encuentra del otro lado de la anécdota:


Pablo, versión 2002: "...y entonces fuimos a la casa de Martín y nos quedamos tocando la guitarra hasta como las 6 de la mañana".


Pablo, versión 2012: "¡A VER EL PELOTUDO DEL CAJÓN PERUANO SI PUEDE DEJARSE DE ROMPER LAS PELOTAS, QUE SON LAS 3 DE LA MAÑANA!".

_______________


En las fotos que sacamos con nuestra cámara aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de mi cuñado aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de unos amigos aparezco con cara de boludo.


Conclusión inapelable: ya no hacen las cámaras de fotos como antes.


_________________


Alguna vez he planteado esta polémica y lo más polémico que me dijeron fue que no consideraban que fuese siquiera una polémica, pero ahí va: ¿por qué los juegos de cartas se juegan sólo en vacaciones? ¿qué tiene el tiempo libre del año que sea incompatible con el chinchón, la podrida o la carioca?


Si por ventura usted jugase a esos juegos durante el año con sus amigos, le pido que se dirija a la polémica de al lado. Gracias.



Pues bien, la rueda ha comenzado a girar; los engranajes se mueven; la ambición se despierta y la razón se aguza. La vuelta se ha consumado.


Que lo disfruten con factor 30.


lunes, 18 de abril de 2011

Bitácora limada


Como ya es de conocimiento público dentro del público que tiene conocimiento privado de este espacio bastante privado de público, una o dos veces al año me toca viajar por trabajo. Durante un par de días, me pagan viajes en avión, en remises ejecutivos, un hotel y comidas para poder escuchar no sé qué cosa interesante que tengo para decir. Uno pensaría que una cosa así debería levantarle el ego a uno, pero lo único que logro pensar es que soy un ladrón; que nada que tenga para decir justifica la lista de gastos que imagino mientras firmo recibos y remitos. Qué se yo, quizás me amamantaron poco. La cuestión es que usted tiene la suerte de encontrarme en uno de esos viajes, para disfrutar de una nueva bitácora; donde podrá compartir esa mirada que surge cuando uno deja de ser protagonista de la vida para ser un mero espectador de ella.

Lo primero que hay que decir es que el viaje empieza en el mismo aeropuerto. No, no en el evidentísimo sentido de que es desde donde sale el avión, sino que el ingreso a la terminal aérea es ya dejar el terruño. Por lo menos, los precios de las cosas así lo indican. Una botellita de cualquier bebida cuesta $17. ¡$17! ¿Como no sentirse en Europa cuando nuestra plata se licúa de esa manera? Uno casi puede ver el cartel: "No poors allowed".

Subo al avión. La perspectiva de tener varias horas sentado al lado de un desconocido me ha llevado a asemejar el resultado a una lotería. Puede tocarte cualquiera. La fantasía es que sea una mujer despampanente; alguien famoso o -por que no- la conjunción de ambas dos.

Avión de la fantasía de Pablo. 19:42 hs.

- Hola, soy Araceli Gonzalez ¿este es el 14 D?

- Sí.

- ¿Qué vas a hacer a Lima?

- A dar unos cursos de capacitación.

- Pero qué interesante. ¡Y además sos profesor de filosofía! Siempre quise saber más de filosofía. ¿Sabés que esos datos, sumados a la manera casual con que manejás el hecho de que yo sea famosa y despampanante, hacen que quiera que nos juntemos a comer?

Un gordito morocho con barba de dos días y cara de pocas luces me hace comprender que comeré solo durante mi estada en Lima. Superada la desilusión inicial, empiezo a ver quién es quién en el avión. Un contingente de muchachas agraciadas se ubica 3 o 4 filas más adelante; el bebé que llora, 20 filas para atrás. A mi lado, cruzando el pasillo, uno de esos chino-americanos o nipón-americanos llamados Davis Wong que siempre están en un equipo de expertos en algo de la Universidad de Stanford, Yale o Massachussets lee en su tablet. Una camisa a cuadros, un pantalón beige y un par de zapatillas enmarcan esa característica parsimonia oriental. Las azafatas son lindas. Deben haber hecho furor en los 60s.

A diferencia de las últimas veces, esta vuelta me toca viajar por Aerolíneas. La nave es espaciosa y equipada por una tecnología nunca vista. A menos, claro está, que usted no sea un hobbit. Porque si es un ser humano, tendrá que elegir entre estar cómodo y mantener sus extremidades, o entre una intimidad impuesta con el muchacho que reclinó el asiento de enfrente o cambiar de lugar con el chaleco salvavidas. La cosa es que me propongo llenar los formularios de migraciones. Siempre lo dejo para el final y tengo que estar llenándolos en la fila sin lugar para apoyar. No tengo birome, así que se la pido al chino. Antes era bastante puntilloso para llenar esos formularios (si decía "apellido/s" ponía mis dos apellidos, si decía "nombre/s", ponía mis dos nombres) hasta que vi lo rápido que lo despachaban y la poca importancia que le daban. Ahora en domicilio puedo poner algo del tipo "Rivadavia" o "Palermo". Uno de estos días tomo coraje y pongo Johnny Tolengo a ver qué pasa.

Despegamos. Al rato, pasa el servicio de abordo. Bah, nos sirven la comida. Bah, nos dan el sandwich. El gordito morocho se corta con la caja de cartón que contiene el combinado fiambrístico. Pide una curita. Le traen una curita. Pregunta si le podrían traer alcohol. Le dicen que no tiene alcohol. Yo, con un vaso de tinto en la mano, tiendo a diferir. El gordito retruca que se cortó del lado de adentro. La azafata empatiza, pero sigue sin tener alcohol. El gordito entiende que la empatía es lo máximo que va a conseguir y se da por satisfecho. Por suerte, temí que tuviésemos que aterrizar de emergencia.

El viaje transcurre sin sobresaltos. El oriental se saca los zapatos. Ver sus medias sobre la alfombra me remite a lo que uno ve en las películas, donde todos van por la casa descalzos sobre la alfombra. Pienso que quizás por eso las paredes son de mampara, porque el primer japonés que intentó abrir un picaporte murió por la estática acumulada. Celebro mi propio humor. Cuando quiero compartirlo con el de al lado, encuentro un semblante que me hace desistir. Vuelvo sobre mis cavilaciones. De repente, sin decir "agua va", el hijo del sol naciente mete su mano en la zona inguinal sin remordimientos, como quién metiera la mano en la mochila para chequear si mandó los genitales a bodega o los trajo encima. No termino de recuperarme cuando repite la maniobra inmisericordemente. Completa el reacomodamiento general sacándose las medias y frotándose los dedos. Miro la bolsa de mareos de reojo.

Vuelve hacia lo que estaba leyendo en el tablet. Parece que es Sherlock Holmes. No, no él. Lo que lee. No creo que Sherlock Holmes se frotase los dedos en público. Una tensa calma envuelve a todos los que tenemos ojos entre las filas 11 y 14. Justo cuando pensé que todo había pasado, veo que su escozor es simétrico y ahora se rasca el traste con gran intensidad. Para facilitar la maniobra, tuvo la prudencia de desabrocharse el botón del pantalón. ¡Y todavía faltan 3 horas de viaje! A la altura de Salta, a este sujeto lo tenemos en bolas lanzando heces.


Merced del efecto del sueño -o de algún talco especializado- el resto del viaje transcurre sin mayores sobresaltos. Eventualmente llegamos a la ciudad de Lima, donde me esperaba un remís y una fiebre local. A esta última atribuyo el haberme reído anoche con la película "Un regreso con gloria". Ahora los dejo para seguir lavándome las manos.


¡¿Justo al chino tenía que pedirle prestada la birome?!


miércoles, 9 de febrero de 2011

Carta abierta a Pipo Pescador


"...el viajar es un placer..."

(Pipo Pescador, formador de opiniones
infantiles contemporáneo)


Debo reconocer que abrigaba mis dudas. Sobre todo cuando los pasajes me terminaron costando el cuádruple de lo que podrían haberlo hecho. Ni hablar cuando en el mismo aeropuerto la gente de la aerolínea me llamó por los altoparlantes (esos que siempre nombran a otros) para decirme que, por obscuras razones que ellos desconocían, mi pasaje no había sido emitido. Que le deseaban la mejor de las suertes a mi consorte y nuestras dos hijas en el viaje. Que seguramente las alcanzaría en el próximo avión y que todo es subsanable con un poco de buena voluntad y una visión no lineal del tiempo. Probablemente fuera que me había levantado a las 4:30 am, o quizás la idea de que ese escenario se presentaba más negro para la aerolínea que para mí, pero ni siquiera llegué a preocuparme. Pero sí reconozco que mis sentimientos no se asemejaban a lo que llamaríamos placenteros. De ninguna manera.

Señor Pescador, si en algún momento tuve dudas también es cierto que ellas se disiparon al momento de llegar a destino. Tendido en una hamaca, contemplando las sierras, Esperando a Godot no tiene otra que esperar. Y está bien que así sea, pues las nubes volvieron a tener formas ("¡un camello arremetiendo a la carrera! ¡una luna con cara de hombre avaro!") Cuando volteo la cabeza, descubro que a un metro hay un colibrí polinizando (¿los colibríes polinizan? ¿se dice colibríes o colibrís?) Pero me dejo llevar, Señor Pescador (¿puedo decirle señor Pipo?) lo cierto es que el contacto con la naturaleza pareció confirmar su apotegma. Lamentablemente, en esos momentos me da por pensar (un defecto mío, sin duda) y me encontré con algunos peros indisimulables.

En primer lugar, pensé que el "estar en contacto con la naturaleza" es, cuanto menos, vago. Por supuesto que disfrutaba de la vista y el contacto con el pasto. Pero, seamos francos Pipo, uno quiere una naturaleza parquizada. Agua caliente, microondas y -por lo pronto- una hamaca para poder disfrutar mirando una naturaleza salvaje que tiene que estar más allá del alambrado. Y confirme esto cuando nos cambiamos a un lugar más cercano al monte y, por tanto, a los bichos. La primera noche me costó conciliar el sueño por una serie de ruidos entre los que destacaba uno que parecía de una alarma de auto siendo arrastrada. A la mañana siguiente, logré descifrar que el ruido venía del baño. Detrás de la puerta encontré una chicharra o cogollo. Lo que usted bien puede conocer como una cigarra. Ahora, quítese la imagen fabulesca de la cigarra y deje de tararear a Mercedes Sosa ("cantando al sol como la cigarra, después de un año bajo la tierra...") No, no. Más bien piense en el malo de Men in Black I con banda sonora de Sepultura.


"¡Ah! ¿el baño estaba ocupado entonces? Disculpe".

Cuando medí a la bestia comprendí que si le daba con la ojota probablemente me la afanase. Y le quedase chica. Aun con el temor de que matar a un ser de esas proporciones me acarreara denuncias penales de sus familiares, le dí con el estropajo. Ahora, ¿no era eso "contracto con la naturaleza"? ¿sólo los delfines y las mariposas forman parte de la naturaleza? Naturaleza parquizada, Pescador. No lo olvide.

Entiendo que esto no tiene nada que ver con usted, pero se lo comento porque por ahí le sirve. No tengo claro para qué, pero guardelo en algún lado. Y además lo segundo sí lo involucra. Cuando usted dice que "el viajar es un placer" ¿se refiere al hecho de trasladarse de un lugar a otro o lo aplica lato sensu a toda incursión fuera de los terrenos de la propia morada? Porque si usted pondera el traslado mismo, que quiere que le diga, lo suyo es de una pelotudez supina. Perdoneme si soy duro, pero es así. Eso o el único contacto que tuvo con un niño fue en un recital. Porque viajar con niños es bastante parecido a un recital, pero estando del lado del público. Que además no salta y grita como los pequeños a su cargo sino que fue a ver una ópera.

Por eso, por el respeto que le tengo, asumo que habla de la experiencia de estar en otro lugar. Y estoy bastante de acuerdo, si ese otro lugar esta parquizado. Y tiene un estropajo.

Saludos cordiales.

sábado, 29 de mayo de 2010

Bitácora IV (fin de la bitácora)


Todo concluye al fin. Nada puede escapar. Ni siquiera esta bitácora. Gracias a los que han acompañado desde el sentimiento. Incluso cuando este haya sido de envidia, odio o repulsión. Gracias igual.

Capítulo 6: la despedida

En primer lugar, no sería justo no agradecer a F., M. y F. Jr. que me recibieron, me pasearon e incluso me charlaron mientras hacían todo lo anterior. Sí señor, no sería justo. M. me aconsejó al comprar los regalos para mis hijas que hiciesen que me pesara menos en la conciencia el haberlas dejado. F compartió unas cervezas conmigo y me brindó su amistad, al punto de que casi olvido en ese bar los regalos para mis hijas que hiciesen que me pesara menos en la conciencia el haberlas dejado.

Capítulo 7: las fajitas

No sólo porque arrastraba la presión ejercida por el público tan bello que acompañó la patriada (el famoso "bello público") sino porque efectivamente me parecía un deber, consideré que no podía dejar Méjico sin probar una comida típica. Pero no fríjoles, chicharrones ni cosas cuyo ardor pudiesen atentar contra mi salud, sino algo más cercano, como un taco. El error estratégico, quizás, fue hacerlo antes de subirme al avión. 3 pesadas fajitas y un vaso largo de margarita (o sea, una versión medio yanqui de la comida mejicana) tuvieron que ser acompañadas por una argentinísima Buscapina por el bien de todos.

Capítulo 8: no voy en tren (¡maldición!)

De niño disfrutaba volar. Al tener familia en Chile, era común para mí tomar un avión de vez en cuando. Toda la liturgia aeroportuaria, el ingreso a lugares donde solo entraban quienes viajaban y el servicio de a bordo hacían del viaje en avión un momento mágico. Una compañera nerviosa y un pozo de aire viajando de San Pablo a Buenos Aires rompieron algo de esa magia. El tener hijas también. No por ellas, sino porque ya no me siento tan libre de estrellarme donde me plazca. Lo sé, soy todo generosidad. La cosa es que, aún con cierta inquietud, cuando viajo solo puedo vivirlo con alguna tranquilidad. Pero entiendo castellano, señores:

A muchos metros de la tierra. 00:17 hs.

Cling (cartel de abrocharse los cinturones encendido)

A muchos metros de la tierra. 00:18 hs.

(Voz de grabación) Estimados pasajeros, el cartel de abrocharse los cinturones ha sido encendido. Rogamos volver a sus asientos y abrocharse los cinturones. Muchas gracias.

A muchos metros de la tierra. 00:21 hs.

(Voz de azafata en vivo) Debido a las turbulencias y por razones de seguridad, no estaremos sirviendo la cena. Rogamos sepan disculpar las molestias.

A muchos metros de la tierra. 00:24 hs.

(Voz del capitán) Tripulación tomar asiento, por favor.

Entonces lo visualisé. Casi podía escuchar "Stars and stripes" sonando de fondo:





Finalmente no fueron más que unos sacudones leves. Y además, eran un champú y un gel de baño.


FIN

jueves, 27 de mayo de 2010

Bitácora innecesaria III

Llego hasta aquí despedazado, arrastrando mi pesada humanidad luego de un largo día de actividad intensa. Y a la mañana trabajé también. Las pautas ya están claras: rapidez por sobre precisión e información sobre elaboración intensa. Si el primer relato tenía un entusiasmo adolecente y el segundo una sintaxis adolescente, este directamente adolece. Lisa y llanamente.

Vamos a lo nuestro: pinceladas del DF.

Capítulo 4: el hormiguero.

Mientras uno baja en el avión, puede vislumbrar un manto interminable de lucecitas pequeñas, que no parecen acabarse aunque uno esté por tocar tierra, dando la sensación de que los aviones aterrizan en algún estacionamiento céntrico.

- ¿Se lo dejo acá nomás, jefe?

- Vaya nomás, que yo le cuido el 737.

Según el IEMAT (Instituto estadístico de mi amigo el taxista), 9 millones de personas viven en el DF. A ellos se suman los que vienen a trabajar, para conformar una mole humana de 20 millones de personas. El problema no es solo que se trata de mucha gente, sino que la ciudad no parece contemplar la posibilidad de moverse caminando, lo cual resulta en congestionamientos fantásticos. Para que se haga una idea, luego de terminar un curso por la tarde fui a visitar a unos amigos que están viviendo aquí. El viaje de ida me tomó entre 1:15/1:30. Cuando volví -pasadas las 10 de la noche- el trayecto demandó sólo 15 minutos. Imagine la Panamericana un domingo a las 7 de la tarde. Ahora imagine que ese domingo es el de vuelta de Semana Santa. Por último, imagine que empiezan a llover autos desde el cielo. bueno, eso es más o menos esta ciudad en horario pico.

Lo curioso es que a eso se suma que las reglas de tránsito son tomadas como simples recomendaciones. Si para tomar mejor tal calle tengo que hacer una cuadra de contramano (esto es estrictamente testimonial), pues está bien. Las preferencias las vamos viendo en el camino, no hace falta normativas exteriores o anteriores a lo que la situación concreta insinúa.

Significado del semáforo en el DF:

Verde: pase

Amarillo: pase

Rojo: pase con cierto cuidado

Capítulo 5: !¿dónde dice?!

Si hay un cordobés entre los lectores, le pido que no ingiera líquidos mientras lee esto. Como ya he dicho, unos amigos míos están viviendo aquí, así que me tomé la molestia de rastrear en el google earth cuanto nos separaba. Lo que descubrí es que mi hotel se ubica a pasitos de un lugar llamado "Loma del Ocote". Así como lee. No agrego nada. No invento para darle un toque de gracia al asunto. Fueron los mejicanos, hable con ellos.

Puedo decir que mi hotel está -físicamente- en la loma del culo. No me diga que no es algo para contarle a los nietos. Sí, ya sé que estaba cerca y no en, pero mi mala memoria y el entusiasmo harán el resto.

Los dejo por ahora. The end is coming.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Bitácora insulsa II


Señores, no tenemos tiempo para detenernos. He leído los comentarios y apenas pueda los contestaré. Pero, lanzado a suplir calidad con cantidad, no me queda más que apurar el paso. Lo cierto es que Lima no me dejó mucho más, a menos que...no sé si este es el lugar para ventilarlo. Aunque la presencia de testigos supone un potencial resguardo. Bueno, lo digo y que sea lo que Dios quiera.

Mi amor, debo confesarte que mientras estaba en Lima... bueno, la verdad es que estaba solo... fue un momento de tentación... pero sabés que vos y las chicas son lo más importante para mí.... en fin, no puedo negarlo más: me dormí una siesta mientras miraba la televisión tirado en una cama. Espero que puedas perdonarme.

Por lo demás, excepto por el jugo (néctar para ser más preciso) con gusto a chizito que casi ocasiona un incidente diplomático, solo logro extraer de esta última etapa algunos inconexos retazos de pensamientos.


Capítulo 2: no se pasa a ser gourmet por estar en otro lado.

No me gusta el pescado. Es así. Algunos festejan sus distintas preparaciones olvidando que en algún momento de la niñez lo odiaron. Yo me mantengo fiel. No quiero "comer como gente grande", quiero comer rico. Y no me importa que el ceviche "sea una especialidad," y "que no puede ser que no lo pruebe" porque puede ser perfectamente. Porque se trata de pescado. Aquí y en Perú.

Los que sostienen que cometo una herejía culinaria son los que anteponen la posibilidad ("¿cuando vas a poder comerte otro ceviche limeño?") por sobre el gusto ("nunca, porque así quiero que sea") Es así, y no se me escandalice porque lo llevo a Clo-Clo y me pido una milanga con fritas.

Capítulo 3: los Amish.

Me subí al avión que me llevaría, en un viaje de toda la noche, desde Lima hacia el DF y ¿a que no sabe con qué me encontré? Sí, una familia Amish ¿cómo lo supo? A mi lado estaba papá Amish (Frank me pareció que se llamaba): rubio, vestido de granjero y con cara de pocas luces; al otro lado, mamá Amish, dueña de un rictus que Tomy Lee Jones hubiese envidiado, custodiaba a pequeña Amish rubia I y a pequeño amish I (rubio y rapado). Detrás de ellos, se situaban otros 3 pequeños amish de distintos tamaños, todos igualmente rubios, todos igualmente rapados, todos con la misma inequívoca expresión facial de "no cazo un fulbo de que está pasando". A mis espalda, abuelo y abuela Amish rodeaban a pequeña Amish rubia II . Capta el cuadro general ¿no? Pañuelos en la cabeza, faldas largas floreadas, botines acompañando pantalones marrones y camisas a cuadros. Estética amish en su máxima y esteriotípica expresión.

Esta buena gente entrelazaba momentos de estar totalmente inerte con otros de frenética actividad: hablaban entre ellos en, ponele, alemán a viva voz; agarraban los respaldos para impulsarse para salir al pasillo, donde posteriormente deambulaban sin pudor ni manejo de las medidas. En un momento casi me pongo a bailar la Macarena en cueros para escandalizarlos, pero después me pareció un poco mucho.

La cosa es que, cuando empiezan a repartir los papelitos de migraciones, preguntando si uno era mexicano o no, Frank da la sorpresa cuando, en un torpe castellano, dice: "Yo ser mejicano. Mi familia...no. Ellos ser bolivianos". Casi me le cago de risa en la cara. Desde que pusieron a hacer de príncipe de Persia a un tipo de apellido Gyllenhall esto se está yendo a la mierda.

Pues bien, por hoy creo haber cumplido. Les recuerdo que prometí hacerlos parte de este viaje, no que estuviera bueno aquello de lo que forman parte.

Tendrán novedades. Lamentablemente.

lunes, 24 de mayo de 2010

Bitácora


Los tiempos en la blogósfera son como los años caninos. Dos días parecen casi una semana. Una semana se percibe como un mes. 6 meses se sienten como un ciclo. Perdón, me entusiasmé. La cosa es que mi ausencia debe haber generado en el lector algún tipo de comentario. No sé, alguno. "¿Habrá dejado de escribir?"; "¿cerrará el blog?"; "¿habrá muerto de forma traumática, incluso para un muerto?"; "¿habrá escuchado lo que comentamos a sus espaldas de los últimos escritos?". Pues no, no, no y n...un momento ¿qué andan diciendo de los últimos escritos? No importa. Lo que importa es que, quizá para despegarme del terrible post de la semana pasada, he tenido que trabajar. Tengo que trabajar. Tendré que trabajar. Pero lo excepcional, lo que vale la pena acotar, es que lo estoy haciendo en el exterior. No de la blogósfera (sería interesante saber cuál sería el exterior de la blogósfera) sino de la Argentina. En este momento, por ejemplo, estoy en el business center* de un hotel de la limeña ciudad de...bueno, de Lima. No contento con eso, esta misma noche parto hacia México DF.

Notará un cierto tono orondo en mis revelaciones. Lo cierto es que no tengo intención de ocultarlo. ¿Qué mayor muestra de mi humildad que pavonearme de estar en otro lado? ¿usted ve a los grandes empresarios pavonearse? Bueno, yo (que por supuesto tengo acceso a grandes empresarios) no. Aunque ya he hablado sobre estos viajes, lo cierto es que todavía me parece increíble viajar ¡y que me paguen por eso!


La cuestión es que no sé cuanto tiempo y acceso a internet tendré, pero -aprovechando el mismísimo nombre de este formato- ensayaré una suerte de bitácora irrelevante con delay de este viaje...de negocios...en el que me pagan por ir a otro lado. No porque crea que mi vida es particularmente interesante, sino porque estas experiencias lo ponen a uno en la condición de observador constante, descomprometido de esa rutina que no es la propia, y resulta que las vidas del resto sí pueden ser más interesantes.

Vamos al punto de partida: nos situamos en la fila 26** del vuelo 2428 que, mientras los cielos de la ciudad de la Buenos Aires -paradójicamente- amenazan con venirse abajo, se propone salir a su encuentro (quizás para apuntalarlos) llevando en su vientre a un ya adormilado Benegas. Salgo de mi sopor al ver como desfilan, hacia las filas del fondo, las agraciadas integrantes de un equipo femenino de hockey. A mi lado, en dramático contraste, encuentro una anciana oriental que -por lo visto- no tiene miedo de cocinar con ajo.

Ya surcando los aires, las pantallas del avión nos devuelven un plano donde ubicar al avión en el mundo. El mapa más amplio, que muestra medio mundo conocido, nos sitúa al sur de todo. Como casi todos los mapas. Corrobora este dato indicando que un poco más al norte está Brasilia, que mucho más al norte está Washington y que muchísimo más al noreste se encuentra la africana ciudad de Abuja. Intrigado, me pregunto qué tipo de referencia puede ser Abuja. Si el avión cayese y, luego de alcanzar una isla misteriosa (sobre todo por el hecho de encontrarse en el camino entre Buenos Aires y Lima), lográsemos establecer contacto por pocos segundos con una base, ¿la conversación sería esta?:

- ¿Donde están?

- La última vez que me fijé estábamos en algún lugar al sudoeste de Abuja. Bastante al sudoeste.

Trato de pensar algún original juego de palabras con "aguja" y "abuja". Fracaso miserablemente.

Mientras apoyo la cabeza en la almohada, pienso que necesito recuperarme para tener mejores resultados. Mientras tanto no puedo hacer mucho. Ajo y agua.


Quizás esto último lo haya dicho en voz alta, porque la oriental me miró con hambre.



* cómo en este hotel les gusta llamar a la computadora libre que está en una oficina administrativa cercana a la azotea y que hace que tres señoras desempeñen sus funciones alrededor mío en este preciso momento.

** sí, sí, tampoco es que soy un portento. Viajo en Economy nomás.


domingo, 31 de enero de 2010

Memoria y balance


Cuando llega fin de año, la gente se amontona para hacer balances. Lo que hizo o dejó de hacer; lo que logró y lo que no; el estado actual de su vida dentro de una proyección estimativa de como viene... En fin, una suerte de informe de gestión de las propias aventuras y desventuras. Vaya y fíjese nomás. En blogs de distinta índole y con niveles dispares, algo de esto siempre hay. Ahora vuelva y tómese el trabajo de mirar qué comentan esas mismas personas por estos días. Verá que -si han escrito algo- no pasa de una serie de comentarios costumbristas o promesas de eventuales vueltas a la actividad bloggeril en un futuro vago. Para que tampoco se tenga que mover tanto, que usted nunca fue amigo de los ejercicios (en usted lo vago es el presente), vaya a mi último post. ¿Ve? Un robo a mano armada.

¡Por supuesto que esta situación tiene que ver con las vacaciones! No me diga: vio Sherlock Holmes y se entusiasmó con el tema de la deducción lógica. Bueno, apunte un poquito más alto. Que tiene que ver con las vacaciones me lo podría haber dicho Watson, el lateral derecho del Portsmouth, que ni siquiera terminó la primaria. La cosa es que poca gente se da cuenta de que el momento para hacer un balance es ahora. El balance no se debería hacer sobre el año, sino sobre las vacaciones.

Ventajas de hacer el balance sobre las vacaciones:

- Nadie espera demasiado de las vacaciones, lo que evita la caída de egos por un acantilado después de presenciar el acopio de proyectos no concretados.

- El material con el que se trabaja es menor, permitiendo recordar mejor los aciertos y justificar mejor los fracasos.

- Esa misma exigüidad del material permite exagerar los logros, argumentado que las cosas espectaculares o que valgan la pena nombrar están planificadas a partir de abril.

Pues bien, haciendo un balance y memoria de las vacaciones prontas a finalizar, comparto con ustedes algunos retazos de las mías a modo de ejemplo:

1) La cantidad de gin tonics ingeridos durante este tiempo supera la cantidad de páginas que pude avanzar en mi libro veraniego.

Algunos creen que estas dos variables estarían conectadas. No entiendo por qué, si nunca apoyé el vaso de gin tonic sobre el libro.

2) Hice 118 puntos de una en el Scrabble.

Esto se lo dedico a todos los que pensaron que el gin tonic estaba afectando mi capacidad con las letras. La palabra era "sfgiojhkerdzx". No importa que no aparezca en diccionario de la RAE, sé que significa algo. Malos perdedores.

3) Algunos pensamientos que me surgieron mientras el termómetro oscilaba entre los 35º y los 40º por más de 5 días:






4) Algunos pensamientos que me surgieron mientras jugaba al tenis a las 12 del mediodía con un sol que rajaba la tierra:

"Un momento, entonces ¿yo estoy sufriendo esto por propia voluntad? ¡¿y además pago por hacerlo?!"

"Ese que está al lado de Omar bailando sobre sus manos ¿es Rick Astley? ¿puede ser que tenga un bidón de agua fresca en la mano y me lo muestre burlonamente?"

"¡Maldito Rick Astley!"

"Creo que el calor me está afeeectandoooo. Calorcalorcalorcalorcalorcalor. Que lindo es el calor. Que lindo el sol, que según Lerner será testigo de nuestra historia de amor. No, Lerner no es lindo. Lindo es el sol ¿no lo dije ya? Arena y sol, y el mar azul, contigo yo-o-o, conmigo...caramba ¿qué será de la vida de Marta Sanchez?

5) Me metí al mar después de mucho tiempo y no barrené ninguna ola.

A mi favor digo que el agua estaba helada, que ya se había ido el calor cuando llegué a la orilla, que mi hija me demandaba atención y que la gente de la playa dijo que me demandaba si me volvía a tirar al agua con tan poca gracia. O sea, no logré ni hacer la prueba.


¿Ven? Acotado, simple e indoloro. Nada de que "debería haber hecho..." o "me propongo para este año". Pim pam pum. Listo. Y queda tiempo para ir a tomarse un gin tonic.

Faltaba más. Que lo disfruten con salú.


martes, 10 de noviembre de 2009

Adelantándose tarde


Estamos en noviembre. Sí, ya sé que lo sabía, pero lo repito: estamos en noviembre.

¿Qué quiere decir esto? Que ya hemos pasado octubre y todavía no llegamos a diciembre. Bien, veo que ha estado estudiando el calendario. No hablo del mero transcurrir del tiempo que se escurre como arena entre los dedos. ¿Vio como se escurre la arena entre los dedos? Bueno, así. Pero dije que no hablaba de eso, sino del tiempos signado por eventos significativos. Usted, en su torpeza, se apresurará a comentarme sobre Navidad y año nuevo. Y la verdad es que si lo pasa en la casa de sus viejos, en la de sus suegros, uno y uno o en lo de los Perez García poco me importa. Hoy no voy a dedicarme a las fiestas. En primer lugar porque no me gusta el mote uniformante de "las fiestas" y porque mal que mal uno ya sabe a qué se enfrenta. Lo invito a mirar más allá y encarar el tema verdaderamente problemático de estas fechas: las vacaciones.

Deseadas durante todo el año, su proximidad genera una ansiedad llamativa. Parece como si uno estuviese meses esperando la visita de una personalidad y en el momento que llega dijese: "uh, ya llegaron las vacaciones y yo en estas fachas". Porque aunque lo quiera disfrazar con un ejemplo, usted y yo sabemos que en el fondo hablo de las vacaciones.

Un primer tema es la elección de la locación. Una imagen mental que uno suele hacerse de las vacaciones involucra una playa soleada, de arena blanca y en cuya soledad se puede divisar una palmera cayendo educadamente sobre el mar turquesa como si lo estuviera reverenciando. Yo le echo la culpa de esto a los avisos de las empresas aéreas. Lamentablemente, la foto corresponde las más de las veces a Bora Bora y no a Las Toninas o Villa Gessell. Los dueños de esta imagen mental forman parte de los hombres que podemos denominar "playeros", y que no conciben un verano sin mar ni arena. No, no en el sentido del tiempo que se escurre sino literalmente arena. Lo que uno podría objetarles a estas personas es que si lo que quieren es irse a otro lugar para alejarse de todo, no vayan al lugar donde va todo el mundo para alejarse de todo. Tengo un solo recuerdo de Mar del Plata e involucra muchísima gente. Fui esquivando personas hasta que sentí que en un momento mis pies estaban mojados: había llegado al mar. Y eso que era marzo.

Pero hay otro genotipo vacacional que repudia la playa y sueña en cambio con un campo verde o una sierra. No, no una sierra eléctrica. Con un paisaje serrano. No, no sé que significará soñar con sierras eléctricas. Ponele que castración o potencia sexual o tendencias psicópatas. La cosa es que...o simplemente que tenés que terminar la biblioteca rápido. Puede ser. Le averiguo. Decía, los que van mucho al campo sufren durante el año del encierro de la urbe. "Son todos unos animales" confiesan a quién quiera escucharlos. Y es por eso que buscan un reducto donde los únicos seres vivos, bueno, sean todos animales. La sierra por su parte implica además alguna pretensión de ejercicio físico, más no sea ir a una parrilla que quede cuesta arriba.

Pero esta elección está sazonada por dos condimentos no elegidos: los días y el presupuesto. Y los nombro juntos porque guardan una extraña relación: quienes tienen más días (docentes, por ejemplo) tienen menos presupuesto y quienes tienen más presupuesto (empresarios grosos) tienen menos días. ¡Oia! ¡resulta que son inversamente proporcionales! Hay, sin embargo, algunos casos excepcionales que logran combinar ambas variables: gente que no tiene ni días ni presupuesto (básicamente esclavos) y gente que tiene días y presupuesto (abogados de Tribunales, hijos de empresarios grosos, Bill Gates)

Si usted es de la gente que tiene pocos días y algo de presupuesto, tomese las vacaciones en marzo. Tomarse las vacaciones en enero es como pedir un día libre y elegir el viernes. Nadie trabaja ese día de cualquier manera. Si quiere sobrevivir al año, aproveche la baja de gente en la ciudad propia de la época estival y vayase cuando todos estén volviendo o hayan vuelto (hay un placer extra en irse cuando los otros ya han vuelto. O eso me han contado las malas personas) Si en cambio tiene muchos días y poca plata, los sanguchitos para la playa hágalos en pan francés. Es más fácil quitarles la arena. Lo único que le pido es que, si bien los precios de la playa son prohibitivos, no lleve un tupper con tallarines para degustar en familia. Por el resto se lo pido.

Usted sabrá donde ubicarse en las combinaciones posibles; eso sí, no me desordene el cuadro diciendo que tiene bastantes días y que justo se ganó la lotería o que no tiene demasiada plata pero además siente que el tiempo vacacional se le escurre como arena entre los dedos.

Ahora junte todas la piezas y vea cuál es el destino de sus próximas vacaciones. Por mi parte, estaré recostado durante largas jornadas tomando sol en la paradisíaca Plaza Congreso.

miércoles, 11 de junio de 2008

Movimiento Under (incapacidad de)


"Los cuerpos, bañados en sudor y enmarañados, se mecían acompasadamente como si fuesen uno sólo. Los ocasionales gemidos que se podían escuchar desde distintos puntos daban cuenta de la incapacidad de distinguir donde terminaba un cuerpo y comenzaba otro, en aquella informe marea humana..."



Estas palabras, que bien podrían estar describiendo una orgía, hacen referencia a la línea "D" del subterráneo de la ciudad de Buenos Aires a las 8:30 de la mañana. Quien ha tenido la valentía (o la inconciencia, no lo sé) de querer subir a esos vagones para dirigirse al trabajo, ha visto como las reglas de la física son violadas cuando 15 personas logran subir a un vagón en el cuál no había ningún lugar posible. En tal situación, mi sospecha es que las reglas de la física no son las únicas que resultan violadas. Los rumores son que la línea está incompleta en su recorrido, el cual originalmente terminaba en el Hades. Eso le daría al viaje un carácter propedéutico.



Si usted vive en Chile podrá identificarse a través del Transantiago; si vive en Japón, lo puede charlar con la persona encargada de empujar a la gente dentro de los vagones del subterráneo; si vive en la India puede debatir al respecto en el tren con la persona que está sentada sobre su cabeza; si vive en Suiza...póngase al pie de los Alpes nevados con un bombo y cante un tema de AC/DC. Quizás la madre naturaleza le de la oportunidad de empatizar conmigo.


Si no tiene la oportunidad de comprobarlo en estos lugares y quiere darse una idea de cómo es el fenómeno, haga lo siguiente: ponga en la televisión uno de esos especiales de National Geographic en los cuales se puede ver los colapsados trenes de la India a los que hacemos referencia. Ahora, levante el televisor y déjelo caer sobre su pecho. Repita el experimento con una plancha, las sillas del comedor y la heladera y se acercará a la sensación de viajar a esas horas.


Pero, donde todos ven motivo de quejas, yo descubro las ventajas:

a) No hay ninguna posibilidad de que lo moleste un vendedor ambulante.

b) Podría haber una nueva glaciación y usted no sentiría el frío.

c) Un enema deja de parecer una práctica invasiva.


No se trata aquí del vaso medio lleno o medio vacío sino de arreglárselas con el líquido que hay. Alguno podría decir que me hago aparecer como una suerte de Rambo solamente por viajar en el transporte público. A ellos les contesto que Rambo es un burgués. Cuando no está en un jeep o en un helicóptero, camina por parajes agrestes en los cuales no se tiene que preocupar si una mano en la cola es un robo, una muestra de cariño anónima o una disposición azarosa de las partes en el todo. Y el que piense que Rambo estaba en una situación desventajosa por estar rodeado de iraquíes, norcoreanos o policías, solo queda decirle que siempre lo rodean a varios metros de distancia. Que en vez de pescar en Tailandia viaje de traje al microcentro y entonces lo consideraré un duro.


Pero quien haya presenciado el Tetris humano que se produce cuando alguien quiere bajar o ha experimentado cómo una persona está tan cerca que parece robarnos el aire que nos corresponde para respirar, sabe que uno podría estar disfrazado del Chapulín Colorado y nadie se daría cuenta. Hay dos tipos de intimidad: la que da la soledad y la que da la multitud. En la mitad del campo uno puede hacer muchas cosas sin que nadie se entere; en la mitad de un recital de los Rolling Stones, también. El subte proporciona la segunda. ¿Qué? ¿que prefiere la indecente exposición de viajar cómodo? ¿Ve? En el fondo usted desprecia el contacto con los seres humanos. Le gustaría que por su bien haya cada vez menos. Igual que Rambo.
Related Posts with Thumbnails