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lunes, 17 de mayo de 2010

Día de oficina




9:10 Entro a la oficina. Seamos sinceros, entre entrar a las 9 y hacerlo a las 9 y 10 prácticamente no hay diferencia. 10 minutos, si quiere ponerse en auditor.

9:14 Luego de unos saludos de rutina, prendo la computadora.

9:15 Saludo cordialmente al resto de mis compañeros en esta épica aventura de transformar diariamente al país.

9:25 Termina de prenderse la computadora.

9:30 Ya tengo todo listo y funcionando. Estoy en condiciones de empezar a trabajar: el outlook, el teléfono IP, los archivos prestos a ser abiertos sin trabarse porque la máquina recién está calentando, todo. Pero recién acabo de llegar. Nadie espera que empiece de lleno. Con ese ritmo trepidante no llego al mediodía. Es un sobreentendido que la primera hora no se trabaja. Aprovecho para revisar mis mails, ver de qué viene la cosa en algún diario on-line, visito un par de blogs cercanos, dejo algún comentario, abro otro diario para poder comparar el tratamiento de la información.

10:42 Termino de hacer la recorrida matinal. Me pregunto si me habrán contestado alguno de los comentarios que deje. Hago una rápida pasada por algunos de los lugares donde estuve y sumo algunos blogs de mi segunda línea de seguimiento al recorrido.

11:27 Finalizada una infructuosa segunda vuelta, me pongo de lleno en el trabajo.

11:29 Se me ocurre una idea para un post. Anoto las ideas principales para no olvidarme y después, cuando tenga tiempo, lo escribo.

12:20 Termino de anotar las ideas. En el entusiasmo casi casi terminé el post. Teniendo en cuenta que a las 13 horas me voy a almorzar ¿qué esperan que haga en sólo 40 minutos? Es tiempo perdido. Para hacer tiempo releo el primero de los diarios que abrí.

13:34 ¿Ya la una y media? Eso me pasa por entrar a la sección espectáculos. Como la mañana ha sido larga, me voy a tomar mi merecida hora de almuerzo.

14:50 Vuelvo del almuerzo. Es evidente que uno no puede abocarse al trabajo hasta haber digerido. Me haría mal y podría morir. Ah, no, eso es si te metés a una pileta. Peor, yo no estoy en una pileta sino en una oficina. Y ni siquiera tenemos una hora de siesta como en España o Tucumán. No, si yo soy un mártir. En compensación, emprendo una nueva vuelta por los blogs. Respondo a las respuestas a mis comentarios, comento otro poco, descubro un blog nuevo que parece entretenido, leo sus posts viejos.

15:21 Termino. Ahora sí me pongo todas las pilas para sacar un tema tras otro.

15:22 Promediando el primer tema me doy cuenta de que no reviso mi mail desde la mañana. Eso me pasa por estar a mil.

15:24 Encuentro un mail con un attach divertido.

15:28 Envío el attach a varios amigos. Nos trenzamos en una picaresca ida y vuelta de mails.

16:05 Son las 4 de la tarde. Y yo casi no he cortado. Me voy a tomar un café.

16:53 Vuelvo. Reviso el status quo de la web. Todo en orden. El diario tienen una nueva noticia sobre algo en la India, pero no me meto. Con estas cosas hay que medirse para no perder el tiempo.

17:08 Entramos en la última hora laboral. Lo que no se hizo hasta ahora dificilmente se pueda hacer ahora. ¿Me habrán contestado mi contestación? ¿qué será de aquella cuenta de hotmail?

17:52 Cierro todo. Hasta que llegue a la puerta ya van a ser las 6 y yo no estoy para andar regalando mi tiempo. Me voy con el orgullo de haber participado en esta épica aventura de transformar diariamente al país.


lunes, 24 de agosto de 2009

Confesión


Es llamativo. Si uno busca compartir un triunfo, tiene que buscar en un circulo muy íntimo para que el otro lo valore y se alegre genuinamente con nosotros. Muchas veces detrás de un "¡pero qué bien!" se alojan pensamientos del tipo "¿y me lo tenés que enrostrar, hijo de p...?", "sí, sí, pero seguro que tenés sarro" o, las más de las veces, "¿y a mí que carajo me importa?". No obstante, si lo que uno quiere compartir es una flaqueza, un defecto o una agachada, tendrá que repartir números y ordenar en filas a la horda de amarillistas de baja estofa que se agolparán a su puerta sedientos de información. Si la flaqueza, el defecto o la agachada son ajenas, se le suma el placer del juicio y la cosa toma ribetes extáticos.

De este voyeurismo vital se nutre la franja de la televisión que va del mediodía hasta las 4 de la tarde. Y la de las 9 a las 11 de la noche. Y de la mañana también. En fin, todo lo que no sea un documental sobre moluscos de la costa de Burkina Faso en el canal seteintaypico. Usted me dirá que eso se da porque se trata de ventilar la vida privada de famosos. A lo que yo responderé que más bien se trata de famosos por ventilar su vida privada, y no podré contener la mueca de sonrisa por un juego de palabras tan logrado. Usted tratará de refutarlo sacando los casos de 3 o 4 famosos escrachados mientras se agita. Yo le daré los nombre de 230 ignotos argentinos que volvieron al ostracismo televisivo luego de un fugaz paso por la grilla. Usted se echará a llorar y me pedirá perdón por su insolencia. Yo le diré que no es para tanto y que me incomoda la gente que llora, así que por que no se echa unos pasos para atrás.

La cuestión es que lo que fue en un primer lugar la escucha de una desgracia o un chisme de parte de los involucrados o su entorno trocó en una feroz caza de brujas para conseguir una primicia, aunque tuviesen que atropellar al famoso para decir que tuvo que ser internado. Esta violenta irrupción en la esfera privada es vitoreada por la masa informe de consumidores de intimidades ajenas.

Pues bien, yo he sido objeto de uno de estos ataques. En un reciente post, uno de mis "amigos" aprovechó la volada para comentar que yo le había tirado una piedra a una profesora durante mis días de alumno secundario. No quiero hacer declaraciones al respecto.

Bueno, sí quiero. Ante todo aclarar que no se trataba técnicamente de una piedra, sino más bien de un puñado de tierra endurecida. Segundo, que la profesora me había castigado tres veces el mismo día. Tercero, que el hecho de que el colegio estuviese en construcción y diese lugar a esas formaciones terruñas fue una provocación. Cuarto, que le pegó en la pierna. Y quinto, quiero que mis alumnos sepan que la violencia de ese tipo no conduce a nada.

No contento con hacer esta aclaración, me parece que una confesión de mi parte será de ayuda. Prefiero que se enteren por mí antes de que lo lean en alguna revista sensacionalista*. Además, creo que ayudará a humanizar al escritor. Sacándome el peso de las miserias de encima lograré que el lector no se haga una idea errada de alguien que sólo tiene una capa de flaquezas, algunos defectos y algunas agachadas bajo una estructura de logros monumentales y acciones formidables.

En primer lugar quiero aprovechar este lugar para desmentir categóricamente que esté vinculado sentimentalmente con Luisana Lopilato. Más allá de los mails, los volantes en la calle, las pintadas, no se trata más que de un rumor que no tiene ningún fundamento. Es una gran mentira. Una que inventé yo, más precisamente.

A continuación, un pequeño listado de flaquezas, defectos y agachadas. No, no se sienta libre de sumar a la lista. Gracias igual, pero no. Cualquier cosa lo llamo. La lista:

1. Nunca pude ver el ojo mágico: ya sé que hay que hacer de cuenta que uno está mirando atrás de la lámina; ya probé ponerme bisco; ya seguí el dedo desde un costado. No hay caso. Si uno quiere ver algo en 3D, entonces que mire cosas con volumen.

2. Fui a un recital de Roxette: era joven y no sabía lo que hacía. Con decirle que en ese momento de mi vida hubiese elegido el Look Sharp por sobre cualquier cassette de Queen, Led Zeppelin o María Elena Walsh.

3. Nunca vi Forrest Gump entera: en mi defensa digo que sumando las partes que fui agarrando en el cable a través de los años, creo que sólo me falta la parte de guerra en Vietnam (esa en que arma el rifle rápido sí la vi)

4. Casi lloré cuando Argentina quedó eliminada del Mundial 94. Casi.

5. Yo fui el que le echó sal al helado de Alberto.

6. Soy incapaz de diferenciar los alcances de uso de los distintos trapos de la cocina (paño, valerina, trapo rejilla, etc...): este ¿se puede tirar al piso para limpiar o no?

7. Por una mujer linda me bajé varias paradas antes del colectivo: ¿cómo que qué pasó? Tuve que caminar mucho más hasta mi casa.

8. Una vez me estaba fugando en un Renault 18 y varios trapitos (chicos que cuidan autos) que sabían de mi fuga me amenazaron con delatarme hasta que uno dijo "No, dejenló. Me lo dijo el espíritu de Aníbal Hay": Ah, no. Eso lo soñé. ¿Cómo llegó Aníbal Hay a mi inconsciente?

9. Mientras estaba en Europa visitando lugares históricos se me atornilló a la cabeza "Todo a pulmón" de Alejandro Lerner: No me pregunte cómo llegó ahí. Sólo sé que se quedó molestandome durante varios días como si fuese un ataque de hemorroides. ¡Ah! también tuve hemorroides.

10. Cuando se levanta una bandada de palomas cerca mío me cubro y quedo en una posición... bueno, digamos que no es la que adoptaría William Wallace.

11. Una vez abrí el sachet de leche antes de meterlo en el porta-sachet: para el geniesillo que dijo que el orden de los factores no altera el producto, venga a ayudarme a limpiar el producto que quedó por todo el piso. Y traiga una Valerina.

12. Mentí en el número 4.

Me voy porque me acabo de enterar que los moluscos de la costa de Burkina Faso son bígamos y no me lo quiero perder.

* en el caso de que a estas revistas les interesasen repentinamente las vidas intrascendentes.

martes, 4 de agosto de 2009

Soliloquios de un cantautor incomprendido


"Como tantas madrugadas encerrados en un coche. En una calle sin luz, una calle sin nombre..."

Es verdad que nunca parece lo mismo. Una cosa es cantar uno, entonar algunos estribillos con cierta gracia y otra muy distinta es ver a alguien, a un otro, cantando por la calle. Y no se trata solamente de que uno agarra una parte, o que siempre que uno canta es porque está de humor para cantar y cuando escucha no necesariamente está de humor para escuchar. Es que a veces, simplemente, es distinto. Como aquella chica que venía con el discman cantando "la hija del fletero" de los Redondos.

"...los dos frente a frente, se miran despacio tras dedicarse al amor y sus trabajos. Secan su sudor. Secan su sudor. Tal como han aprendido, lo han olvidado..."

Es verdad que el discman no la ayudaba. Porque uno no se escucha a sí mismo, y puede estar a los gritos sin anoticiarse de ello. Y además no pegarle al tono. Además, hay que encontrar algo que vaya con las propias características vocales. Es muy difícil cantar "la hija del fletero" sin recurrir al falsete.

"El piensa ya nada es lo de antes; la vida debe estar en otra parte. Donde no la divisa porque..."

Se me ríe el tarado ese. Un cavernícola. ¿Qué va a entender de la nueva trova o de la sensibilidad de lo que canto? ¡Andá, gilún! ¡probá con letras de Sepultura a ver como te va! Seguro que el tipo se cree canchero y no se puede levantar ni a la mañana: "Hola, nena. Quiero beber tu sangre en el cráneo de un burgués" debe decir. O algo así.

"...ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas; huiremos lejos de aquí, a otro planeta.."

Y ni eso. No debe saber lo que es un burgués. Le decís "andá a buscar un burgués" y seguro que el tipo se va a McDonalds. De nabo que es nomás. Ahora ¿quién le pediría que busque un burgués?

"...llévame donde no estés. Un muerto encierras..."

¡Oia! Esa chica me miró. Sí, sí, sonrió y bajó la mirada. Esto pasa en las películas nomás. Seguro que sabe lo que estoy cantando y le dí la imagen de hombre sensible pero recio que estaba buscando por la vida. Y mirá que no está para nada mal. Y cuando lo cuente en la oficina va a estar todavía mejor. ¡Grande cantautor! Pará, pará, no te emociones mucho que ya veo que le pifiás al tono. Vos tranquilo. Casual.

"Él decide por fin vomitar las ideas, ella lo sabe, tranquilamente lo espera..."

¡Es para vos, Sepultura boy! ¿Quién se ríe ahora? ¿eh? ¡Yo! Yo y esos chiquitos que vienen de frente. Pero lo que importa es que... Che, ¿las madres no les enseñan que no se señala? Pero bueno, todavía no saben lo que es el amor. Y de cabeza que escuchan Rebelde Way o alguna gansada así ¿qué pueden saber de música?

"...su boca cobarde pronuncia..."

No, eso venía después. ¿Cómo seguía? ¡No te manques ahora que tengo que terminar la canción antes de llegar al laburo!

"...ellalosabe, tranquilamenteloespera, su...su..."

Que lo parió ¿cómo era?


"..ella lo sabe..."

Pero, che...

"¡ATAREMOS BANDADAS DE GORRIONES a nuestras muñecas, huiremos lejos de aquí, a otro planeta..."

Igual, con la ventaja y todo, tengo que dejar de decir palabras como "gilún" o "gansadas", porque de maduro y sensible a "vejete que tararea" hay un paso. Y ahí es cuando Sepultura boy y sus congéneres encuentran un resquicio y logran perpetuar la especie. ¡Mirá que simpaticona la señora que sonríe! A usted también le puedo dedicar alguno de mis cantos. pero será en otra ocasión.

"...llévame donde no estés. Un muerto encierras..."

Yyyyy...llegué al laburo. Ni que lo hubiera cronometrado.

- ¿Cómo andás Carlos? ¡No sabés lo que me pasó en la calle!

- La verdad que no, pero te pido que te arregles un poco para contarme.

- ¿Por?

- Tenés la bragueta abierta.

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