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lunes, 9 de noviembre de 2015

Un recuerdo


“Islas, Clausen, Villaverde…”

6 de marzo de 1987. Todos tenemos recuerdos felices de la infancia. Son quizás, los recuerdos más felices. Y creo que lo son porque tienen algo de recuerdo y mucho de proyección: un momento de seguridad, sin grandes preocupaciones. Es decir, lo son porque los miramos con ojos adultos. Pero, si bien hay una trampa cronológica, existe algo en ciertos momentos que los hace brillar por sobre el resto. Y yo puedo situar ese algo en el 6 de marzo de 1987.

Comenzó con la vuelta de mi padre de la oficina a eso de las 7 de la tarde. Mi padre trabajó toda su vida en la Publicidad y ese día justificó para siempre ante mí su elección profesional: me trajo de regalo una cartuchera con forma de caja de chiclets Adams rellena con cajas de chiclets Adams. Lo placentero y efímero unido a lo perdurable y útil para guardar lápices. Pero quizás lo más llamativo fue que, mientras sacaba este don precioso de detrás de su espalda, me pareció percibir una sonrisa de plan, una mueca que no acababa en el hecho de dar a un chico de 7 años el libre acceso a una golosina que estaba fuera de sus límites regulares. No tardó en ceder a la mirada de extrañeza con una respuesta explosiva: “Vamos a ir a ver a Independiente”.

“…Ríos, Enrique, Reinoso…”

Los recuerdos felices suelen ser en realidad el culmen de una serie de pequeños momentos que no siempre perduran pero que preparan y sin los que no existirían esos grandes momentos. La vuelta de la cabalgata con el sol poniéndose el horizonte es significativa por todas las horas compartidas con ese caballo y porque la cotidianeidad nos ha hecho habitar ese paisaje bucólico del campo de los abuelos; el beso épico se sostiene en una infinidad de conversaciones incómodas, pensamientos contradictorios y charlas inconducentes que le dan la épica al momento de concresión. ¿Qué hechos justificaban que ese recuerdo del 6 de marzo de 1987 fuese un hierro caliente marcado en mi alma a tan corta edad? Para empezar, la elección de un equipo de fútbol debe ser una de las primeras decisiones que tomamos que nos constituye. A partir de ese día, uno ha elegido para toda la vida, sin saberlo, días de alegría y días de mal humor; ha elegido cómplices y eventuales némesis; uno ya se define como “algo” no sólo frente a sus pares sino aun ante los adultos (como ante el tío Daniel, que es gallina y va a ganar la copa de leche que se sortea en La Rural) Aun hoy me cuesta no mirar a quienes han hecho un cambio de club de preferencia como a quienes estuviesen diciendo que sus promesas matrimoniales fueron en realidad un chiste del momento. Yo era de Independiente. Y había tomado esa definición con toda la seriedad del caso: todos los domingos pedía una licencia especial en el lugar o el tiempo de mi cena para llegar a ver Fútbol de Primera; todos los martes caminaba hasta el kiosko de diarios de la esquina para preguntarle a Mauro si ya había llegado El Gráfico. Y, de repente, mi padre me estaba anunciando que vería a esos héroes mitológicos que yo estudiaba en mis papiros de tamaño A4 con poster central en vivo y en directo. Me costó procesarlo.

“¿Cómo? ¿A dónde?” – pregunté como quién descubre que el cerebro no le está funcionando. “Vamos a la cancha, Pablo” – confirmó mi padre. Me parece impotante aclarar que mi padre es ese tipo de personas que disfruta sinceramente de mirar deportes, con esos disfrutes que la pasión desbordada no alcanza a contaminar y a los que usualmente acompaña la objetividad, objetividad que me arrojó encima suyo para golpearlo el día del ominoso 5 a 0 de Colombia (que saco para ejemplificar y vuelvo a guardar ahora en el arcón de la negación).  “¡¿En serio?! ¡¿A la cancha?! ¿¡Ahora?!”. Mis preguntas no daba margen para la chanza. Pocas cosas en la vida me han despertado el entusiasmo y sorpresa combinados de esa propuesta hecha hace ya casi 30 años.

“…Marangoni, Giusti, Bochini…”

Los recuerdos se transforman en instantes. Entrando hacia la tribuna, viendo gente, mucha gente, siendo envuelto por los sonidos rítmicos de los bombos, por las silbatinas que cruzaban el aire, por los coros graves de voces de aliento, por las irrupciones espontáneas de consignas eternas (“¡¡¡Vamo’ Rojo todavía!!!”); después, sentado en los tablones de madera de la cancha de Ferro. ¿Qué dirían mis compañeros cuando les cuente? ¿qué diría el tío Daniel (que es gallina y va a ganar la copa de leche que se sortea en La Rural)? El césped nunca fue tan verde como en esa alfombra majestuosa que se tendía a tan sólo unos metros de mi lugar. Salieron los equipos y ahí nomás podía ver a esos titanes de la historia futbolística. Estirando las piernas y pateando casi con displicencia -casi humano- estaba Bochini. ¡Bochini! Alguien que, de tanto haber leído, pensaba que no podía existir. En ese momento, en aquél metro cuadrado que me fue asignado en ese estadio de Caballito, yo flotaba. Me derribó el rugido ensordecedor del festejo del primer gol de Independiente. No voy a fungir de macho, me pegué un cagazo tremendo. No sabía que la suma de las voces humanas podía generar una cosa así: intenso, furioso y explosivo, al mismo tiempo catarsis y éxtasis, el grito de gol es un momento donde es impertinente hablar de una pretendida distinción entre el alma y el cuerpo.

Seguí el resto del partido con las manos cerca de mis oídos, para que mis tímpanos tuviesen otra defensa que no sea la de Ferro frente a aquella maravillosa orquesta ofensiva. Salí del viejo estadio de Avenida Avellaneda 1240 transformado, con la clara conciencia de que era otro. Acababa de presenciar una batalla ya había sobrevivido para volver a mi vida de intercambio de figuritas en los recreos y distinciones de sujeto y predicado. Aquí es donde mi recuerdo y las estadísticas mundiales del fútbol se bifurcan. Para mí, el partido fue un 3 a 2 agónico; para los fríos contadores deportivos fue apenas un 2-2. No estoy de ánimo para discutirles. Menos cuando emprendimos la vuelta a casa y, antes de llegar, paramos en una vieja cafetería en la esquina de Constitución y San José para comer una fugazzeta de trasnoche. Para alguien con 3 hermanos en aquella época, lo que estaba pasando era especial, único y, en muchos sentidos, irrepetible.

“…Franco Navarro o Percudani y Barberón”


Han pasado 28 años y mis entusiasmos, aunque duren más, son menos intensos. Son menos las cosas que me pasan por primera vez pero más las cosas significativas que me pueden generar un recuerdo en cualquier momento. Y si eran 3 hermanas las que en esa medianoche dormían sin saber que en una pizzería yo hacía el balance de uno de los mejores momentos de mi vida infantil, este nuevo balance me encuentra con 3 hijas generando sus propios recuerdos de infancia. Y un varón, que con sólo 7 meses todavía no ha tomado decisiones que lo constituyan y ni siquiera vislumbra que uno pueda divertirse en un juego en el que no juega. A él este recuerdo, en la esperanza de que pueda alguna vez sorprenderlo y entusiasmarlo como me lo hicieron a mí el 6 de marzo de 1987.

sábado, 14 de junio de 2014

Maracaneando


Cuando comencé con este blog, me propuse intentar escribir dos posts por semana. Llegó un momento donde con uno por semana me conformaba. Uno por mes, para por lo menos cubrir... por año. Con uno por año se ve cierta continuidad. Hoy por hoy creo que uno por Mundial no deja de ser un ritmo aceptable. Hasta es mejor para evitar la rutina, mirá lo que te digo.

En fin, no puedo abstraerme de la fiebre mundialista, así que les hago llegar un pronóstico de partidos de la primera rueda. Tal como he señalado, es febril y carece de capacidad de abstracción.

GRUPO A

Brasil - México: el árbitro cobra un penal para Brasil. El línea le hace notar que todavía no comenzó el partido. El arbitro corrige su error y cobra sólo tiro libre.

Camerún - Croacia: el equipo africano es ampliamente superado por los croatas. Su público se impacienta y empiezan los reproches. "Pecho tibio" gritan desde la tribuna.

GRUPO B

España - Chile: en un choque cromático para ver quién se queda con el mote de "la Roja" y quién debe cambiarlo por "la Pantone 185", se encuentran españoles y chilenos. España juega a lo ancho del campo. El concepto de "ancho" desconcierta a los chilenos, lo que los españoles aprovechan para marcar el primer gol. Todo parece a pedir de boca para ellos hasta que Sergio Ramos empieza a patear a los mediocampistas. A Iniesta y Busquets principalmente. "Es la costumbre" se defiende. El árbitro no sabe si amonestarlo o acariciarle la cabeza. Iker se sale de sus casillas, lo que le trae aparejado un duro cuestionamiento identitario. En la confusión Chile empata.

Holanda - Australia: Robben mete dos goles. Se los anulan y lo suspenden. Consultado, el árbitro dice que es por aquello de "es un Robben, suspendanló". Los australianos saltan de alegría, saltan de emoción, saltan de entusiasmo. Un momento... No, es una imitación del salto del canguro en celo.

GRUPO C (Colombia - Grecia - Costa de Marfil - Japón)

Aunque el comité de la FIFA está revisando el caso, se las habrían arreglado para quedar eliminados los 4 en primera rueda.

GRUPO G

Alemania - Estados Unidos: EEUU sorprende metiendo el primer gol. Poco después anota el segundo. Termina el partido. Gana Alemania. El árbitro es claro al respecto: "El fútbol es un deporte de 11 contra 11 donde siempre gana Alemania".

Portugal- Ghana: Portugal quiere cambiar el histórico mote de pecho frío. "Preferimos que nos reconozcan como llorones y metrosexuales". De cualquier manera, el partido es invalidado. El árbitro es claro al respecto: "El fútbol es un deporte de 11 contra 11 donde siempre Ghana - Alemania".

GRUPO H

Argelia - Corea: el partido se pone ríspido. El árbitro expulsa a un coreano. El partido sigue. Ante otra entrada fuerte, el juez pregunta a uno: "¿A usted no lo había expulsado?". "No, yo soy el 9 y usted expulsó al 2". El árbitro consulta con el asistente, vuelve y le explica: "Disculpe, es que todos los orientales me parecem iguales". "No tengo idea de qué me está hablando, yo soy el técnico".

Bélgica - Rusia: los belgas quieren ser la sorpresa del torneo. Por eso 5 de ellos entran con la remera rusa y se la cambian cuando empieza el match.

Intentaremos continuar con la cobertura. O cubrir directamente el Mundial que viene. Veremos.

Que lo disfruten con salú.

domingo, 10 de junio de 2012

Breves e inconexas VIII


Se me ha objetado que la cada vez más dilatada periodicidad de mis publicaciones puede hacerme perder lectores. Vengo hoy aquí a dar reparación a tal objeción, mostrando que lo que me hará perder lectores es, por el contrario, la publicación frecuente. Vengo también porque he tenido una epifanía que me ha permitido dilucidar el motivo de mi dificultad para producir material humorístico: en nuestro país es muy difícil competir con los medios.

No hablo de uno en particular sino de todos, porque el acontecer nacional que esos los diarios y programas televisivos registran y comentan supera por mucho el producto que la imaginación de un pobre proyecto de escritor con visos humorísticos pudiese generar. No obstante, lejos de tirarme abajo, he decidido que si ellos van a ser competencia mía...¡¡¡YO VOY A SER COMPETENCIA DE ELLOS!!!

...

Me apuntan aquí que lo que acabo de decir es una gansada. Les pido disculpas, no volverá a pasar. Desde mañana cambiaré el apuntador por otro más obsecuente.

La cosa es que si los medios aprovechan el material que les da el acontecer nacional y mundial, yo aprovecharé el que me dan ellos. En este caso, la sección deportiva. Algunas cositas más breves que inconexas:

Como en cualquier evento deportivo desde el mundial del 2010, ha aparecido otro animal vidente. En el caso de la Eurocopa que acaba de comenzar, se trata de un elefante. La metodología profético-gastronómica es la siguiente: se ponen 3 recipientes con comida, cada uno de los cuales tiene asignado un resultado. El animal elije un recipiente, que será el resultado del match. Un poco por curiosidad y otro por la necesidad de generar ingresos de cualquier manera, hice una prueba con mi canario Ricardo. Puse 3 tachitos para saber cómo saldría Argentina - Brasil. En primer lugar Ricardo se inclinó patrióticamente por el triunfo del combinado nacional. Extrañamente -al finalizar todo lo que había- pasó a afirmar a pico batiente que, por el contrario, ganaba Brasil. Por último, para zanjar salomónicamente la cuestión, se bajó el tachito del empate sin pudor. Lo que me confundió fue que después me vomitó el empate y algo de la victoria brasilera en el zapato. Y pude identificar pedazos del triunfo argentino entre sus deposiciones.
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Sobre el partido mismo, sólo puedo decir que si uno hiciera una cisura del equipo en la mitad de la cancha, de un lado encontraría jugadores que logran elevar el ritmo cardíaco de los argentinos con cada intervención, haciéndonos pensar que el gol está al caer en cualquier momento, en cada jugada.

Por suerte, en la otra mitad tenemos a la mejor delantera del mundo.
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'Messi' no debería ser un nombre sino un adjetivo.
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En lugar de "Messi + 10", la campaña de Adidas debería haber sido algo como "Messi + 4 - 6".
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Dato curioso: hay un clon del sueco Ibrahimovic ¡en la selección de Bolivia!



Y además se llama Pablo Escobar. A este muchacho le falta mismidad.
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Pasando al ámbito local, el otro día escuchaba las declaraciones de un jugador y no podía dejar de pensar que en los entrenamientos deben practicar movimientos conjuntos, pelotas paradas y declaraciones a la prensa. Yo sé que analizar un partido no es pensar la estrategia geopolítica de un país, pero la recurrencia de algunas frases no puede ser espontánea:

"El mérito es de todo el equipo": aunque el único mérito de todo el equipo haya sido no interponerse mientras ese jugador arreglaba las cagadas de los otros o hacerle foul mientras esquivaba a todo el equipo contrario para hacer un gol. Si quieren repartir el mérito exigimos que sean más específicos: "Este triunfo además se debe a Hernández, Ribonetti, Tartufo y Fiorussi. Un poco menos a Villar y ciertamente ni un poquito a Bertolo. ¡Bertolo, volvé al almacén de tu viejo y dejanos de incordiar, que tenés menos derecha que el parlamento chino!".

"Sabíamos que iba a ser un partido difícil". Primero, no suena sincero si venís de sodomizar al otro equipo y, segundo, es un comentario que realmente no aporta nada. ¿Querés decir que sabías que ibas a enfrentar a futbolistas profesionales? ¿que te cuidaste de no seguir de largo tres noches antes de entrar a la cancha? Más que muestra de humildad es una muestra de que realmente dejaste todo en la cancha. Incluso la capacidad de análisis.
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Creo que deberíamos tener cuidado con aquello de que el fútbol muestra algo de nosotros. No porque no sea cierto, sino justamente porque lo es: amigos en la victoria y negadores en la derrota; expertos en analogías de interacción sexual si nuestro equipo gana y caballeros heridos en su honor deportivo si nos recuerdan haber perdido. Y además medio morbosos, siempre. Si alguien necesita alguna prueba de que a los argentinos nos gusta el morbo, esa es que el partido más importante de la fecha sea, sin duda alguna, Tigre - San Lorenzo.


El canario Ricardo me dice que espere a que la hepatalgina le haga efecto y me tira una fija.


martes, 22 de junio de 2010

Apuntes de estética


La palabra 'estética' viene del griego aisthesis, que significa...sí, del griego, como los griegos contra los que jugamos hoy. ¿Quiere hablar de eso? Bueno, hablemos del partido entonces.

Me descubrió. No tenía pensado hablar sobre estética, pero la sobresaturación mundialistica es tal que uno debe recurrir a este tipo de maniobras arteras para atraer a algún lector. No se preocupe, no durará mucho. El artículo, porque al mundial todavía le falta un montón gracia'a dió.

1) En primer lugar, anoticiados de mis profundos conocimientos del griego, visitantes ocacionales me han hecho llegar sus consultas sobre el significado de los nombres de los jugadores griegos. Sobre todo del número 10, Giorgios Karagounis.



Giorgios. Rico pibe.

Pues bien, nada más fácil. Karagounis se traduce al castellano como "Cara de goonies".



"Es que justo me agarran recién levantado".

Como se ve, no se puede hablar de estética y de Karagounis en el mismo artículo, sería como hablar de... que se yo... de un pedazo de asado y de Karagounies en el mismo artículo. Es incomible.

2) Cabe destacar la tarea del delantero griego Samaras. Porque se las arregló para inquietar aún estando más solo que King Fu y porque cuando saltaban a cabecear con Demichelis parecía un aviso de Sedal. Cristiano Ronaldo y Head & Shoulders LTA.


Soltá tu pelo con Wellapon.

3) Hay que felicitar a la organización. Sobre todo a la de la ONG "Cumplí tu sueño" que permitió, no sólo que Palermo juegue un partido en un mundial, sino que incluso meta un gol.


En la imagen se puede apreciar la clase, la gracia y la elegancia de Palermo.


Lo peor es que no se le puede decir nada. Bah, sí se puede: que es un caballo, que tiene un tarro enorme y otro par de cosas, pero los defensores del Palermosaurius Rex pueden presentar las irrefutables estadísticas: el tipo la mete. De tabique, de canilla, con la espalda, con la rodilla, pero la mete. Está siempre en el lugar exacto. Messi se saca 3 pibes y mete un terrible cañonazo que pega en el palo. ¿A donde va el rebote? Y el tipo le pega con una tabla de cortar quesos y la pelota entra. Mientras esté en la selección, pues que así sea.



Martín se abraza con el representante de la ONG "Una selección para los discapacitados motrices". Momento emotivo.

Estas fueron las primeras impresiones que me dejó el partido. Reconozco que no son estrictamente futbolísticas pero, para hablar de fútbol, gente sobra.

Señores, yo lo difruto. No con salú, pero lo disfruto.



lunes, 7 de junio de 2010

Sabiduría mundial


Roberto: - Hijo, ya tenés 5 años y es hora de que aprendas sobre algunas cosas importantes de la vida. Cosas que tenés que saber para poder desarrollarte integralmente en la vida. Nociones invaluables que te acompañarán en el devenir de los sucesos ancladas en el núcleo duro de la realidad.

Pepito: - ¿eh? ¿de qué estás hablando? ¿voy a tener un hermanito o algo así?

Roberto: ¡Pero! Explicale vos, Marta, que yo me pongo nervioso con el tema.

Marta: - No, Pepito, no. Lo que tu papá quiere decir es que en muy poquito tiempo empieza el mundial, que es un campeonato de fútbol en que juegan todos los países del mundo.

Pepito: ¿Todos todos? ¿Burkina Faso también?

Marta: - Bueno, no todos todos. Todos los que tienen Federación de Fútbol asociada a la FIFA y que clasifican en las respectivas eliminatorias. Burkina Faso no creo que haya clasificado. Y no sé si tiene Federación de Fútbol. ¿Tiene, Roberto?

Roberto: - No sé. Pero no es lo importante, lo importante es que cada 4 años se juega este campeonato y es un momento muy pero muy importante.

Pepito: - ¿Por qué?

Marta: - Porque todo el mundo (menos, quizás, Burkina Faso) se une para celebrar un evento del que todos los que tienen Federación de Fútbol asociada a la FIFA y que clasifican en sus respectivas eliminatorias forman parte. Es una celebración de la humanidad.

Roberto: - Bueno, 'se unen' es un poco fuerte. Porque ya veo que el chico se va a meter a la hinchada de Inglaterra a cantar por Argentina y se le va a confundir la explicación de de dónde vienen los bebes.

Marta: - Bueno, lo importante es que se trata de un campeonato divertido porque juegan los mejores.

Roberto: - ...y también el Chino Garcé. La cuestión es que como uno va por uno de esos equipos, esto hace que el campeonato sea más emocionante.

Marta: - En tu caso se trata de 'emoción violenta'. Cuando nos eliminaron en el 2002 casi me trompeás, Roberto.

Roberto: - Pero tenías que entender que no era algo personal. Era la impotencia.

Marta: - Mirá, Roberto, no me hagas hablar de tu impotencia delante del niño.

Roberto: Hablo de fútbol, Marta. Como sea, entonces, Pepito, vamos a alentar ¿no?

Pepito: - Sí. Yo voy a ir por Brasil, porque me gusta el color amarillo.

Marta: - ¡Roberto, bajá esa lámpara! No, mi amor, yo te explico. Uno hincha por el equipo del propio país.

Pepito: - ¿Los de Burkina Faso también?

Marta: - No, ellos pueden ir por otro. Pero existe algo que se llama 'sentimiento nacional' que hace que uno prefiera a la selección argentina si es argentino, brasilera si es brasilero o nigeriana si uno es de Burkina Faso.

Pepito: - ¿'Sentimiento nacional' es como lo de San Martín en el acto?

Marta: - Exactamente. Por eso nos vamos a juntar con familia y amigos a ver los partidos y gritar 'gooool'.

Roberto: - O "la puta madre", según de quién sea el gol.

Marta: - ¡Roberto!

Roberto: - No, es que si me grita un gol de los nigerianos yo lo cago a tompadas, Marta.

Marta: - Bueno, querido, así que ya sabés: este mes va a ser recontra emocionante. ¿Te quedó claro?

Pepito: - Sí, excepto que no sé como carajo va a hacer San Martín para jugar, porque palmó hace banda.



FIN


miércoles, 5 de mayo de 2010

El artículo que quería la gente


El famoso clamor popular. Un recurso artero para justificar una opinión propia en una vaga y difusa voz omnisapiente anclada en alguna aparente tradición. Un sucedáneo de la polémica 'voluntad general' roussoniana. Una chantada, como quién dice. Porque después, si tal afirmación resultase falsa o directamente nociva, uno siempre se puede escudar en que la opinión no era propia, que le vayan a reclamar a "todos los que lo dicen", al pueblo o a Rousseau.

Hablar del clamor popular le agrega un condimento a la cuestión: se trata de un imperativo. La gente quiere que se haga X. Pero si por ventura X saliese mal; si gracias a X hay que pagar los gastos de reparación de Y; si hay que comerse una demanda de Z por acoso o simplemente correr para que no te agarren W, G, F y P, entonces a llorar al campito. Parece que uno debiera quedarse como H. Mudo.

Estamos hoy aquí para ejemplificar a partir de un pedido popular lo que pasa cuando sobreviene el fracaso, con la esperanza de que la próxima vez que argumente algo no vaya corriendo a esconderse bajo la falda de una masa informe de bípedos implumes ficticios.

"Hay que levantar el nivel cultural de los medios de comunicación".

Corría 1989 cuando el Grupo Vergogna decidió que había que levantar el nivel de las transmisiones. Como prueba piloto, comenzaron por la estación de radio del Grupo. Para lograr masividad, se avocaron a las transmisiones deportivas. El fútbol dominical era relatado por el Ingeniero Angelotti y comentado por el Sociólogo Salvatierra.

Desgrabamos aquí un relato del Ingeniero elegido azarosamente: "...va Jimenez, atraviesa el radio de la circunsferencia central. Tira una hipotenusa hacia el noroeste hasta situarse de forma paralela a la línea del costado. Sigue, sigue pero no tanto como para que las paralelas se crucen. Gira 48°. Impulsa el balón, que sigue inercialmente en una trayectoria irregular. ¡Momento! Parece que el rozamiento comienza a afectar al cuerpo circular, que va cediendo más y más al dominio de la gravedad. Súbitamente, aparece un objeto (la cabeza de Vitone) que interrumpe la aceleración de 9,8 metros sobre segundos cuadrados hacia el centro de la tierra y cambia la trayectoria de manera que la esfera termina impactando al abroquelamiento de rombos trenzados antes de terminar irremediablemente en el suelo".

Aunque claramente superior -desde el punto de vista conceptual- que el escueto "Jimenez cruza la mitad de la cancha, desborda, tira el centro. Vitone cabecea y gooool" de la radio de la competencia, lo cierto es que la gente no podía seguirle el ritmo. A veces incluso un error de cálculo los llevaba a gritar gol cuando en realidad se trataba simplemente de un lateral desde la mitad de la cancha, o entender que efectivamente había habido un gol 30 minutos después, luego de haber resuelto complejas ecuaciones que implicaban función cuadrática.

Las entrevistas de Salvatierra no iban mucho mejor:

- Salvatierra, acá estoy con el serrucho Gonzalez ¿quiere preguntarle algo?

- Sí. Gonzalez: el relato concepto-funcional del técnico ¿problematizó el constructo amigo-enemigo que se pone en juego y opera a nivel simbólico en la dialéctica diferencial preponderante en los grupos de hinchas que se autoconstruyen socio-históricamente como los portadores de la esencia futbolística?

- Creo que el triunfo es mérito de todo el equipo.

Luego de esta primera experiencia fallida, consideraron que en lugar de tratar de elevar el nivel de lo masivo, mejor era masivisar más las discusiones intelectuales. Surgió así el programa televisivo "La cosa es así", brillantemente conducido por el filósofo Fernán Parmesani. La impronta barrial de Parmesani y sus conocimientos sobre arte, política, economía y otros tópicos prometían llevar la alta cultura a la multitud.

Lo que no tuvieron en cuenta es que el irascible Parmesani lo único que prometió fue no trompearse delante de las cámaras. Todavía se recuerda aquella trístemente célebre entrevista al Diputado Maffiolo.

- Honorable Diputado, usted está en la comisión que trata el asunto de la venta de acciones de la Empresa estatal a capitales privados ¿no?

- Es cierto. Nuestro bloque propone recortar las acciones vendibles a sólo un 5% del total.

- Ajá, ¿puedo hacerle una pregunta?

- Por supuesto.

- ¿Usted siempre fue tan boludo o recibió ayuda de la gente de su bloque?

- Parmesani, yo le voy a pedir que si no está de acuerdo lo manifieste de manera menos ofensiva.

- Y yo le voy a pedir a usted y a toda la sinarquía internacional que me...

El audio se va repentinamente. Pero los gestos de Parmesani hacen que hasta Helen Keller pueda darse cuenta de las opiniones del pensador respecto del tema en cuestión. Luego de un corte, se podía apreciar al Diputado sentado, con las manos entrelazadas, prácticamente inmóvil y mirando a Parmesani con una cara que en una reunión de filatelistas hubiese sido considerada seria. El filósofo se acomodaba la corbata mientras intentaba recuperar la compostura.

- Le pido disculpas, Diputado. Creo que el punto ya había quedado claro.

- Efectivamente.

- Es que esta manía de que el Estado no suelte prenda para poder acomodar en la empresa al sobrino de la amante que no estaba calificado ni para cursar jardín de infantes me enerva un poco.

- ¿Como se atreve a insinuar que exista algún tipo de nepotismo de parte de los cuadros políticos?

Cuando la respuesta tomó forma de gargajo, los directivos del Grupo entendieron que la empresa estaba perdida. Movieron a Parmesani a un incipiente programa de chimentos y consideraron que habían hecho todo lo posible. Era la gente la que había dado la espalda a tan magno proyecto.

La respuesta al próximo clamor popular la daría el mismísimo Parmesani.


viernes, 26 de febrero de 2010

Ecce homo (aquello que la Cosmopolitan nunca le podría decir)


"El hombre. Es el bobo del hombre".

(María Martha Hobbes)


¿No consigue que los hombres le den bola? ¿le bostezan en la cara? ¿aquellos con los que sí consigue salir la desilusionan? ¿no logra pasar de las risas de vodevil? ¿una vez comprometida no sabe cómo traspasar esa cáscara dura que envuelve a su bon o bon? ¿su media naranja le parece inescrutable?

Pues bien, aunque me puede costar caro, yo le daré una mano. Sepa que esto puede acarrearme el mote de pollerudo, el ostracismo o el puente chino. Aún así, en mi condición de varón, la orientaré para que logre recabar aquella información necesaria para evaluar si están dadas las condiciones para mantener una relación con aquél muchacho arreglado y perfumado que ha devenido en este ser autista y desaliñado que mira Banfield-Arsenal y al que parecen no preocuparle los interesantísimos avatares de la vida de su amiga Pepita.



1) Inside information

Es evidente que su macho alfa no vino de un repollo, se conservó en un raviol, creció en un tupper y después tomó contacto con usted. No, no, el muchacho tiene una historia. Historia a la que usted deberá acceder informalmente. Porque la diferencia entre una decisión informada y una orden de restricción es la discreción con la que maneje el asunto.

Algunas cosas a tener en cuenta:

a) Puede pedirle información a las ex-novias, pero sepa que por cada "es un gran hombre. Lástima que lo nuestro no haya funcionado" encontrará ocho "es un inmaduro", 12 "más boludo que las palomas" y 21 "no me hables de ese infeliz". No recomendable. Por otro lado, si la ex todavía tiene esperanzas de recuperarlo, puede inventarle que tiene una joroba, un tercer ojo o que es hincha de Racing. No recomendable.

b) Están los amigos. El problema es que generalmente los amigos también son hombres. Esto la trae de nuevo al punto de partida. No sólo eso, sino que además los hombres son sensibles a lo que ellos creen que es un halago, así que si invita a comer a un amigo de su novio para hablar con él, aunque sea sobre su novio, lo más seguro es que se le tire encima. ¿Códigos? Hable con el departamento de Sistemas, aunque no sé a qué viene.

¿Qué su novio es el amigo de su ex novio al que le preguntó por su nov...por su ex-nov...por Cacho? ¡Ah! Deje, deje.

c) La familia. Quizás sea la mejor opción. Puede acercarse a ellos sin despertar sospechas ni exponerse a un ataque sexual. Bueno, quizás exceptuando al primo; a él dejelo afuera de su investigación. La madre es quién en general tiene más memoria de las aventuras y desventuras de su gurrumín. Además, quizás cegada por la perspectiva de un futuro nieto o quizás sea la segunda botella de Cavernet Souvignon, lo cierto es que el filtro es casi inexistente.

"Todavía me acuerdo cuando se pasaba a nuestra cama cuando algo lo asustaba: la oscuridad, las tormentas, el final de Macroeconomía de la semana pasada..."


2) ¿Cómo hacer que me diga sin darse cuenta que me está diciendo?

Una vez que a trazado un contorno -un croquis por así decirlo- de la personalidad de este buen muchacho, es necesario que lo llene con la información que sólo él le podrá dar. Pero ¿cómo hacer? ¿cómo traspasar esa cáscara dura que envuelve a su bon o bon? Ya sé que los bon o bon no tienen una cáscara dura sino un envoltorio que...sí, sí. Se trata de una imagen metafórica del hombre desead...exactamente. Sí, y lo de la media naranja también. Claro, claro. Muy bien.

Hay una forma de saber mucho del hombre en cuestión, deduciéndolo de una conversación sobre futbol. Como lo oye. En medio de la conversación pregúntele si juega al futbol. Cuando le conteste que sí, pregúntele con cara de saber de qué habla: "ah ¿y de qué jugás?". A continuación, el código (¿ve que soy un tipo de códigos?):

- "Soy defensor": se trata de un tipo fiel, pero rústico. Es decir, no le pida que disfrute viendo "El acorazado Potemkin" mientras comen sushi, pero el muchacho va a estar ahí bancándose una película del año del orto mientras come pescado crudo.

- "Soy lateral": hablamos aquí de un muchacho que tiene la suficiente fuerza para trabar pero además la velocidad y el estado físico para subir (adelantarse en el campo de juego. Ir más cerca del arco contrario. Correr) O sea, un rústico con ínfulas. Le va a proponer programas que sean pedorros, pero además va a creer que son una genialidad.

- "Soy mediocampista": desde su perspectiva, es el imprescindible, el que sostiene al resto. Su talento lo ha situado en lo que geográficamente se puede considerar el centro del universo. Habrá que ver si la percepción tiene asidero real. Pero a nuestro fines diremos que, básicamente, -si se me permite la expresión ochentosa- que se cree mil.

- "Soy enganche": lo mismo, pero se cree dos mil.

- "Soy arquero": o se trata de un gordito bufarra que sabe que no se le puede exigir nada porque se hizo cargo de aquello que el resto dejó y por eso es impune (que en el plano amoroso la deja a usted mal parada) o es un tipo con visión y que se preocupa por cuidarle la espalda al resto (a las claras, una mejor opción para usted)

- "Soy polifuncional": no juega al futbol y espera confundirla. Algo mentiroso, seguramente la única cancha que haya pisado sea de futbol 5, en la que anduvo boyando mientras miraba lo que los otros hacían. No lo crucifique, quizás sea el único que le conteste cuando usted le cuente sobre los interesantísimos avatares de la vida de su amiga Pepita. Eso sí, lo más probable es que le conteste algo como "lo que pasa es que Pepita es una estúpida" o "¿qué querés que te diga? No me importa".


Creo que tiene suficiente material para hacer una elección acertada la próxima vez que interactúe con personas cromosómicamente XY. No me lo agradezca. Ahora shh, que larga Platense-Ferro.

martes, 22 de diciembre de 2009

Ventaja (o por qué el tenis es mejor que el futbol)


Que quede claro: el fútbol es -como dice un comentarista deportivo- el deporte más hermoso del mundo. Y el que personalmente más me gusta. Quien argumente que sólo se trata de 22 personas en pantaloncillos corriendo detrás de una pelota nunca jugó un partido. No uno de fútbol 5 por lo menos. No obstante, el otro día fuimos a jugar al tenis con un amigo y no pude dejar de notar las ventajas que presenta el llamado "deporte blanco". Sí, yo también creo que "deporte blanco" sería un nombre más propio para el sky que para el tenis, pero parece que....no, no creo que jugasen al tenis en la nieve. Porque la pelota no pica. Al parecer tiene que ver con la ropa que se usaba antes. No, no en el sky, en el tenis. Mire si van a ponerse shorts en la nieve. Se mueren de frío. Y de aburrimiento. Porque la pelota no pica.

Las ventajas tienen que ver sobre todo con que hay más factores para justificar un potencial mal desempeño. Si usted es de aquellos para quienes coordinar un pie y una idea de lo que quiere que el pie haga es una proeza, este es su post. ¿Cuales son, entonces, las ventajas del tenis?:

a) El encordado de la raqueta nunca está totalmente simétrico. Esto permite que, después de impactar la pelota con el marco de la raqueta -cuando no con el mismísimo mango- pueda mirar la misma con cara de concentración y reacomodar la distancia entre las cuerdas. El gesto dice algo así como "aquí estaba el problema; las cuerdas del medio están separadas en el vigecimotercer cuadrante más que en los otros. Por eso la pelota se fue a la cancha de al lado". El futbol no permite tal cosa. Si su "tiro de media distancia" terminó en el club que está a tres cuadras, una levantada de medias o el ajustamiento de los cordones lo único que dice es : "debería dedicarme a levantarme las medias o ajustarme los cordones, porque para el fútbol soy un asco".

b) El viento puede influir. Es un hecho cierto que -en tiros muy justos- el viento puede hacer que una pelota que tenía destino de fleje vaya afuera. Pero no tiene que ser un profesional, también un neófito puede quejarse del viento, por más que se necesite del zonda o el pampero para justificar que la pelota haya caído 2 metros afuera. Igualmente, este no es su problema. Usted directamente la dejó en la red.

c) El factor estético. Mientras en el fútbol la contigüidad con otros seres humanos puede dejar en evidencia su falta de velocidad, coordinación motriz o buen aliento, en el tenis esa perspectiva se pierde. Hacer bien el movimiento no implica pegarle bien a la pelota, pero el movimiento queda divino. Es por eso que uno puede aparentar saber jugar aunque no haya sido capaz de pasar una sola pelota del otro lado de la red en todo el partido.

"Hoy no me salió una" se escucha decir a gente que no le ha salido una en los últimos 23 partidos que jugó y que parece dominar más la falacia de énfasis que el drive paralelo.

d) El tenis es un deporte individualista. Esta frase que se escucha decir con tono peyorativo a quienes no soportan que Argentina todavía no haya ganado la Copa Davis o a quienes no logran digerir que un tenista gane más en un torneo que ellos en toda su vida laboral, en realidad es uno de los aspectos más positivos del tenis. Piénselo: si le erra a la pelota y es un punto del otro, ¿prefiere que lo insulte una horda de hombres conformada por 10 titulares y 4 suplentes cuya razón se encuentra obnubilada por las pasiones o masticar la bronca en privado, diciéndose que la culpa de todo la tiene el viento (ver punto b)? Y si en el mismo movimiento termina cayendo de bruces sobre el campo de juego en forma vergonzosa ¿prefiere que se burlen de usted otra horda todavía más grande, que incluye al otro equipo, al suyo (que resultaron no ser tan buenos pibes), al árbitro y a las 3 novias que habían ido a ver el partido (incluida la suya, que resultó no ser tan buena mina) o que apenas un contrincante se sonría, conciente de que usted estará humillado, pero tiene una raqueta en la mano que puede funcionar como objeto contundente? La elección es clara.

Puede pasar también que a usted no le guste el fútbol. Tampoco el tenis. Y que menos que menos le interese leer sobre las ventajas de uno sobre el otro. En ese caso le pido disculpas por este artículo.

Fue culpa del viento.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Director poético de futbol


La historia de José Feliciano Ruiz no le es desconocida al gran público. Su audaz paso por la geografía futbolística y las desventuras que sufrió, junto con el desánimo que allí contrajo han dado lugar a numerosos volúmenes. Pero todos los acercamientos al poeta parten desde su llegada a la barra brava de Deportivo Español y finalizan en el ostracismo posterior a dicha incursión. No obstante, algunos historiadores han publicado recientes estudios en los que han analizado nuevos documentos y recabado diferentes testimonios que hacen pensar que no todo terminó con aquél botellazo en Santos Lugares. Se lo hacen pensar, sobre todo, a los que leen esos estudios.

Al parecer, una vez que recuperó la lucidez (o la conciencia sería más exacto decir) dejó en un mismo movimiento el hospital y la Capital Federal. Descorazonado, sintiendo todavía el impacto en su alma y en su parietal derecho, optó por recluirse en la localidad de Campana, en búsqueda de la paz y el sosiego que Deportivo Español no le había dado. Allí, después de algunos meses de reflexión, pergeñó un nuevo plan. El problema había sido que faltaban sentar las bases para que su voz pudiese ser escuchada. Y las bases del mundo futbolístico no son otras que los mismos equipos de futbol. Con un rápido modus ponendo ponens llegó a la conclusión de que se necesitaba dar un paso anterior: debía tomar la dirección técnica de un equipo de futbol. Sin dudas, esta escuadra invícta le mostraría al mundo aquella dimensión estética de la ética. Quedaba definir si se la mostraría a través de un 4-4-2 o un 4-3-3.

Armado de valor -y de una persuasiva Colt- se dirigió a la sede del club local, Villa Dálmine, para dar comienzo a su epopeya cultural. Sorpresivamente, la Colt no fue necesaria. No se sabe si fue su sólida argumentación o el hecho de que el técnico anterior había renunciado llevándose todos los fondos disponibles, pero los dirigentes aceptaron de inmediato. Vale la pena reproducir las anotaciones que hizo de las palabras de Ruiz el taquígrafo del club... en una servilleta... con una tiza... robada del jardín de infantes que se encuentra a dos cuadras: "El problema del futbol actual es el kantismo, señores. Todo se rige por el deber ser: 'vos marcalo al 9'; 'vos jugá de enganche'; 'presionen en la mitad de la cancha'; 'matalo que se escapa'. No, no y no señores. ¿Donde está la captación de la belleza que nos salva de caer en el ciego voluntarismo? ¿donde el gozo que nos incita a no bajar los brazos cuando los demás desfallecen? Hay que devolverle al fútbol la estética de su ética".

Frente a la elocuencia de Ruiz los dirigentes sólo acertaron preguntarle si eso quería decir que era menottista o bilardista. Su respuesta fue terminante: "Ni lo uno ni lo otro. Menotti es un timorato y un pusilánime, igual que todos sus íncubos. Y Bilardo... Bilardo es un narigón". Convencidos de que estaban frente a un revolucionario de la pelota, esa misma tarde lo pusieron al frente del primer equipo.

El poeta había recuperado el entusiasmo. Tenía frente a sí 14 almas (11 almas titulares y 3 suplentes) que encarnarían su proyecto de literatura futbolística. Sin perder el tiempo, empezó a hablarles de forma personal para manifestarles qué esperaba de ellos. A los primeros que abordó fue a la pareja de centrales, el Cabezón Cuernavaca y Hacha Brava Ramirez: "Muchos hombres intentarán pasar entre ustedes. Necesito que se porten como Escila y Caribdis" en alusión a los monstruos de la Odisea que custodiaban un estrecho por el cual no se podía pasar. Luego se dirigió al Avioneta Quiroga, el rápido marcador de punta del equipo: "Quiroga, usted sientase libre de volar cual alma arrebatada. Embriaguese con la velocidad. Transportese por la línea hacia un mundo distinto". Por último preguntó quién era el armador del equipo. Le dijeron que el Duende Gonzalez. Sus ojos se iluminaron. "Duende -comenzó, como queriendo marcar especialmente la palabra- usted dejese seducir por las musas. De allí le vendrá la magia, la improvisación, el toque distinto. Mientras mayor sea su receptividad, mejor para el equipo".

Pero lamentablemente para el futbol mundial en general y para Villa Dalmine en particular, su mensaje no fue decodificado como hubiese esperado. Cuernavaca y Ramirez se empezaron a prostituir bajo los nombres de Priscila y Barbi (Ramirez alega que a él le tocó el nombre más dificil); Quiroga será una gran contribución para el equipo una vez que cumpla la suspensión por doping y Gonzalez... bueno, Gonzalez se dejó seducir por las muzas. Las de la Pizzería de Rubén más precisamente. 15 kilos después, la magia sigue sin aparecer.

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