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miércoles, 16 de enero de 2013

Los olvidados de Terpsícore (o sobre mi primera fiesta)


Cuando pensamos en aquellas cosas que nos diferencian de los animales, en general podemos pensar en acciones como la observación microscópica, la elaboración de una tesis metafísica o el accionamiento de la cadena del inodoro. Pero hay una acción alejada del terreno de lo racional y aun totalmente paralela a ella que también pertenece a la órbita de lo que nos distingue como seres humanos: bailar.

Piénselo bien: no satisface ninguna necesidad vital, visto desde fuera se presenta como ridículo: adultos moviéndose frenéticamente en grupos siguiendo una serie de sonidos... Y, sin embargo, ni el mismísimo Jean Paul Sartre resistiría el catártico ejercicio de contorsionarse gritando "Oh, L´Amour" a voz en cuello.

Pero, así como no nacemos haciendo regla de tres (y aun algunos no la aprenden en toda su vida), así tampoco nacemos habiendo bailado. Siempre hay una primera vez. Una primera fiesta.

Es decir, los hombres tenemos una primera fiesta. Un momento y un lugar en que nos vemos obligados por primera vez a bailar. Las mujeres no pasan por eso. Llegan ya con las horas de vuelo que les dan las coreografías de piyama party, lo que además las pone en posición de juzgar. Y como en general son menos cantidad, el asunto adquiere un dramático ribete darwinista.

Así, por un lado tenemos un grupo de niñas con mayor grado de madurez física y mental y que dominan los rudimentos de la danza; por otro, a un grupo de preadolescentes a los que les arrancaron los muñequitos de He-Man una semana antes y para quienes "baile" implica demostrar superioridad futbolística. Y lo más sádico del asunto es que son estos últimos quienes deben sacar a bailar a las primeras. Sí, porque (lo voy a decir ¿y qué?), en mi época se sacaba a bailar. Uno a uno. La exposición más cruel y absoluta.

En este ambiente se desarrolló mi primera fiesta. No hace falta aclarar que se trataba de un ambiente de gran vulnerabilidad para todos. Bastaría decir a modo de ejemplo que, mientras esperaba juntar coraje para invitar a bailar a alguna chica riéndome por un chiste que me había hecho un amigo, de la nada me encuentro con el Gordo Carbonell apostrofando y desafiándome a que lo haga mejor que él, que se estaba matando en la pista.

En fin, la cosa es que yo llegaba al lugar de los hechos con algunos conceptos que, con el tiempo, se mostraron como exigencia parentales que ya estaban en desuso desde hacía 20 años antes:

a) "Hay que sacar a bailar a la dueña de casa". En general uno no conocía a la dueña de casa, así que suponía primero un trabajo de inteligencia para identificarla, seguido por un posterior trabajo de justificación ante la dueña de casa de nuestro inexplicable accionar al sacarla a bailar de la nada.

b) "Siempre debe ser la mujer la que diga hasta cuando se baila". En otra fiesta, esto me implicó una maratónica sesión de baile de una hora y media, seguida por otra hora y media de justificación ante mis amigos por mi inexplicable actitud.

Pues bien, me hallaba entonces en ese álgido instante en que uno se siente compelido a pasar a la acción. Lo que me llevó a darme cuenta de que no tenía puta idea de cómo se pasaba a la acción. ¿Debía extender una invitación en términos formales o bastaba una pregunta abierta del tipo "¿querés..?" o "¿te gustaría...?" seguida de un gesto? Lo debo haber resuelto rápido, porque enseguida me encontré con otro escollo más dífícil: la dama elegida para que se entretenga con mi autoestima antes de responder si quería bailar se encontraba ubicada necesariamente dentro de algún subgrupo inseparable de féminas, féminas que tendrían la oportunidad única de contemplar en primera fila mi humanidad sudando como acomodador de baño finlandés intentando articular lo que fuese que había resuelto sobre el primer problema. Pero lo cierto es que estas incomodidades sólo velaban el acceso al gran y único problema real: ¿cómo mierda se baila?

sin ningún tipo de conocimiento, miré alrededor en busca de algún imput y vi rutinas todas muy distintas entre sí; descarté las que no podía o no quería realizar y me concentré en las que se veían factibles. Entonces (¡ay!) cometí el error de confiar en el criterio danzarín de mi amigo Andrés.

Andrés tenía la virtud de mantener su paso sin importar que sonase U2, Twisted Sister, UB-40, Cheyenne o Vangelis: saltaba de un pie hacia el otro con ritmo dispar. Eso mantenía ocupado el tracto inferior. Por su parte, el tronco mantenía la rigidez de una actuación cómica de Stallone, quizás para no ceder antes los embates gimnásticos de una y otra pierna. Los brazos -desatendidos del plan original- se veían obligados a improvisar por su cuenta. La cabeza fluctuaba entre supervisar lo que hacía el resto del cuerpo y acompañar con un leve meneo de costado. El resultado era, por así decirlo, estéticamente cuestionable. 

Mirándolo en retrospectiva, tendría que haber sospechado que algo no andaba bien luego de que le contestó a la tercer persona que no tenía epilepsia. Pero para los que cuestionan mi referencia, en mi favor debo decir que la cara de abrumación y la de admiración en una púber pueden llegar a confundirse.

Así, mis primeros pasos fueron la imitación de una serie de movimientos que a  uno le parecerían más propios de las artes marciales. En personas con Parkinson. A las que les están aplicando una descarga eléctrica. Y que no saben artes marciales. 

Así, si es cierto que la primera impresión es lo que cuenta, la mía no llegaba a contar hasta tres antes de darse a la fuga. Pero hay que reconocer por otro lado que me quitó toda presión de hacerlo peor la vez siguiente. Es más, por poco la de que haya una vez siguiente.

Por suerte la dueña de casa no logró identificarme. Que lo parió.


martes, 6 de abril de 2010

El pesimista


Existe entre nosotros un tipo de persona que cree ser el centro de una conspiración cósmica contra su persona, orquestada quizás por alguna deidad maligna que envidia su belleza o a la que no le gustó su pronunciación en inglés. Hablamos, ni más ni menos, que del pesimista.

Este subtipo de ser humano considera que todo tiempo pasado fue mejor, sin que esto signifique que haya sido necesariamente bueno. "Es cierto, me casé con una modelo y después me gané la lotería. Pero ahora que tengo una casa enorme y lujosa es una fija que entran a robar, me violan a la vieja (porque escuchame, estos tipos están todos endrogados y hacen cualquier cosa) y me lo matan al Toby de una ataque en su canino corazón. Con lo bien que estaba en La Paternal con la única preocupación de llegar a fin de mes".

Estas gentes, para las que la diferencia entre un optimista y un pesimista radica sólo en la cantidad de información que manejan, están rodeadas de un falso halo de madurez, como si lo malo fuese lo verdaderamente constitutivo de la realidad (¡Salud, Schopenhauer!) y lo bueno sólo una ilusión de mentes infantiles. El diario les da la razón, alegan, sin tener en cuenta que -como decía Chesterton- el diario está compuesto enteramentemente por casos excepcionales.

Pero si alguien encarnó de manera hiperbólica este modo de ser, ese fue el recordado Alcídes Cuestabajo. Los pesimistas lo evitaban para no hacerse mala sangre; los laboratorios aclaraban en los prospectos de antidepresivos que éstos no contrarestaban los efectos de una charla con él; a su paso las flores cerraban sus capullos; los niños dejaban de jugar y juraría que una nube lo seguía para que el calor del sol nunca lo entibiara, como si corriese el peligro de empollar la idea de que el mundo no es una reverenda bosta.

Un editor trató de recopilar sus dichos para publicar "los aforismos más negativos del mundo". Se pegó un tiro cuando iba por la página 6.

Nos quedan fragmentos, frases sueltas, para leer en medio de la Pampa yerma mientras un viento frío y gris nos azota la cara y de fondo suena música de Larralde: "podrá haber parado, pero eventualmente siempre se larga a llover de nuevo"; "el tema no es si el vaso está medio lleno o medio vacío, sino que clavado se trata de una muestra de orina"; "sé que podría ser peor... sólo deme tiempo".


Un día, mientras le contestaba a alguien que lo cuestionaba que él efectivamente hacía lo que esperaba que los demás hiciesen por él y que por eso se había quedado callado la mayor parte de la conversación, cruzó imprudentemente y un auto lo pisó. La demora de la ambulancia y las impericias médicas coronaron la fatalidad.

Quizás fuese una idea mía, pero en el funeral me pareció haber visto dibujada en su cara una sonrisa de satisfacción.


jueves, 5 de noviembre de 2009

¿Por qué quebró Canal 4?


La desaparición del Canal 4 hubiese sido impensable 10 años antes. Pero en el momento que se dio, la estación solamente era conocida por sus esporádicos escándalos. Escándalos que surgían cuando a alguien se le trababa el control remoto cuando estaba pasando y alcanzaba a escuchar alguna de las barbaridades a las que nos tenían acostumbrados. Después, comentario de boca en boca, búsqueda y You Tube y 5 minutos de fama. Literales. You Tube no quería mancillar su imagen teniendo material de Canal 4 en su página.

Todo comenzó cuando Matildo Arrigorría tomó la conducción del canal. Heredero de una gran familia aristocrática, el tipo era dueño de todo. Incluso de una descomunal incompetencia. El principio del fin fue la inclusión del programa "Pandamonium" en el prime time. Cocineros japoneses debían cazar osos pandas usando solamente sartenes. Después de varias quejas de la audiencia, permitieron que los cocineros pudiesen usar también planchas de cocina y un tenedor. Se levantó después de la carta protestando por la crueldad, que mandó el Partido Nacionalsocialista local.

Pero más allá de algunos programas desafortunados y de una que otra decisión catastrófica, todos saben que el eje de la culpa recae sobre el noticiero. Una primera falla fue contratar un meteorólogo mitómano. La gente soportó salir con calzoncillos largos, 3 bufandas y 2 camperas para encontrarse con 35 húmedos grados; soportó estar al borde de perder extremidades por congelamiento mientras una lluvia torrencial mojaba su bermudas y musculosa; pero lo que no pudieron soportar fue escucharlo decir que "debido a una corriente cálida del sudoeste, Godzilla asolará la ciudad". "Godzilla no es un fenómeno climático" decían indignados los televidentes.

Es comprensible y hasta lógico que el presentador deportivo sea un fanático del fútbol. Pero no parece igualmente lógico que sea un fanático de un equipo determinado. Su análisis de la fecha distaba de ser parejo. "Resulta que ganaron los p***s de Deportivo Cañazo. Ya van a ver cuando los agarremos en la fecha 12". Después se prolongaba en una serie de analogías sexuales que no parecían aptas para un noticiero del mediodía. Su equipo copaba la mayoría del segmento, que era mechado con algunas alusiones al "pechofrío de Pagliotti" o al "cagón de Torrealba". Muchas veces rompía espontáneamente en cánticos soeces cuya conclusión general era que su equipo iba a campeonar. El acabose se dió el día 23 de septiembre. "Hoy mi equipo perdió así que no tengo ganas de hablar de fútbol. Cambiemos de tema". Acto seguido, empezó a relatar bastante pormenorizadamente la fisonomía de cierta vecina suya que, por lo que rescatamos de su descripción, parecía bastante agraciada.

La columna de espectáculos no eras mala, pero el hecho de que su presentador fuese tartamudo le restaba un poco de brillo. La reseña sobre "El Señor de los Anillos" duró más que la película original.

Pero el epicentro de lo que derivó en la implosión del canal estaba en el presentador: Claudio Tulio Menigosi. Por más que uno pueda estar indignado y tomar posición imo pectore, no puede decir "hay que matarlos a todos" al aire. Especialmente cuando se está hablando de una iniciativa de los Boy Scouts para construir casas en una comunidad pobre.

"Lo que les molesta es que haga un periodismo independiente" se defendía Menigosi.

"Independiente de la realidad" le retrucaban sus detractores.

Lo cierto es que la independencia no era la característica fundacional del Canal. Cuando Arrigorría se encaprichó con ser presidente de la Nación, Menigosi fue su instrumento de propaganda. Le adjudicaba proezas como haber ordenado el sentido del caudal de los ríos o haber resuelto el cubo de Rubik. "Como ha confirmado nuestro meteorólogo, los movimientos sísmicos de esta mañana han sido producidos por los opositores de Arrigorría". El triunfo en lanzamiento de jabalina de un deportista nacional se debía a Don Matildo, que "bien que accidentalmente podría haberle quebrado el brazo y nunca lo hizo".

Llegado el momento de la votación se descubrió que Arrigorría había hecho fraude (pensándolo bien, haber puesto publicidades suyas en las urnas falsas no fue una buena idea). Éste cayó en desgracia y con él el Canal 4, que no consiguió nadie interesado en comprarlo. Sus profesionales se dispersaron y el olvido lo cubrió con su manto. Por suerte.

Eso fue todo, pueden retirarse. Eso sí, les recomiendo llevar un paraguas. El nuevo meteorólogo del canal 8 dice que van a caer elefantes abrazados. Literalmente.

jueves, 29 de octubre de 2009

Un talento para el fracaso


Algo sospeché. aunque para ser totalmente sincero al principio pensé que se había equivocado. Una simple confusión. Incluso le dí las gracias. Ahora me cierra más su cara de sorpresa.

"Tenés la facha de Jean Paul Sartre y la inteligencia de Matthew McConaughey" me dijo. Y yo le sonreí como un budista. Pero ella - que siempre hizo de la claridad una virtud- insistió con señales menos ambiguas. La carta documento me llevó a preguntarme si algo andaría mal. Pero lo que terminó por convencerme fue el inequívoco hecho de que se fuera con Darío "cara de Totem" Ferronato. Darío no sólo era la persona menos interesante que he conocido, sino que además es violentamente feo. Un atentado contra la estética de 1, 55 mts. Justo con él, que en la federación de box le decían "el Feo". Eso es toda una declaración.

El lector me reprochará mi superficialidad pero ¿quién puede ser sutil con una persona a la que Horacio Guaraní apodó "el cabezón" mientras -señalándolo- se burlaba de él? "Algo le habrá visto" dirán, concediéndole el beneficio de la duda. Ustedes no conocen a Cara de Totem como yo. 3 años trabajamos en aquella garita de vigilancia. Yo fui el que escuché día tras día las aventuras de su abuela renga en el supermercado del barrio. Yo el que sonreí frente a los relatos de sus triunfos en diversos juegos de rol frente a adversarios de 14 años. Yo el que soporté la evolución de su historia de amor con una mujer que no parecía estar enterada de ella y que -luego me enteraría- vivía de vender su cuerpo. No, no, no por partes. En bloque. Más que venderlo podríamos decir que lo alquilaba. Pero Darío, sumido en un mundo que no es el nuestro, nunca lo supo. Y ahora ese infeliz tiene novia. Mi novia.

"Esta mina no te va a hacer tocar fondo" me advertí. Y fui fiel a mí mismo, porque a partir de ese momento empecé a derrapar cuesta abajo.

"Como bocina de avión", "como cenicero de moto", "como diccionario en un fotolog". Mi jefe dedicó varios minutos a buscar analogías sobre mi desempeño y aporte laboral. Cuando sintió satisfechas sus ansias literarias, me mostró cuál era la puerta de salida. Después le mostró a la gente de seguridad cuál era yo y ellos solitos unieron las piezas.

Si hay algo que me han enseñado las películas, es que en esos malos momentos uno tiene que ir a la barra de un bar. No importaba que fuesen las cuatro de la tarde. Siempre, cuando uno está cabizbajo mirando el vaso de whisky, entra alguien importante para la historia, algo pasa. Y algo pasó.

"¡Quiñones!" escuché. "¡Ernesto Quiñones! ¡no lo puedo creer!". Era un antiguo compañero de la secundaria. Se sentó a mi lado y me contó que ahora era un próspero empresario del negocio de la computación. Yo sabía que algo iba a pasar. Justo encontrármelo después de que me rajaron del laburo no podía ser casual.

"Esperame un segundo" me dijo, con un entusiasmo que le salía por los poros. La verdad es que estaba sorprendido. Cómo uno puede marcar a las personas. Según recordaba, yo lo había tratado bastante mal cuando eramos compañeros. Y se ve que él también lo recordaba, porque cuando entró de nuevo estaba acompañado de dos hombres con anteojos negros que hubiesen intimidado a un gorila adulto.

Lo que siguió fue una escena de esas que en las películas se tapan enfocando las sombras, sólo las caras de los agresores o el lugar de la golpiza desde afuera.

Cuando desperté en la cama del hospital, mientras me tocaba las múltiples heridas en la cara, pensé nuevamente: cómo uno puede marcar a las personas. Un médico me dio el parte de la situación.

"¿Cómo estoy?" pregunte angustiado. El Doctor, con un tono sereno, me respondió: "al principio nos preocupamos por una posible mala praxis, pero después nos tranquilizamos". "¿Porque no fue nada?". "No, porque usted no está cubierto por la obra social, así que técnicamente no es responsabilidad nuestra. Estábamos esperando que despierte para trasladarlo a la enfermería de una escuela primaria que está acá a tres cuadras. Cuando llegue pregunte por Mary. Ella le pondrá un banquito por ahí. En lo posible trate de no levantar los brazos y respirar al mismo tiempo. Ah, y no cruce las piernas".

Ya recuperado, quise reconstruir mi vida. Era septiembre de 2008 y yo no podía seguir así. Me puse a hacer cuentas en medio de la calle para ver cuanto era lo que necesitaba para cambiar la situación. Un hombre de traje con pinta de importante me vio, tomó el papelito en el que estaba escribiendo y le dijo a otro hombre de traje que estaba a sus espaldas: "Esto es lo que necesitamos. Sangre nueva". No sé si lo decía asombrado por mis cálculos o por la herida en mi hombro que no terminaba de cicatrizar.

Ahí nomás me propuso un puesto alto en una gran compañía: Lehman Brothers.

Después de la quiebra yo fui acusado de no sé que cosa y es por eso que escribo estas palabras desde la cárcel. La verdad es que aquí no se está tan mal. Para ser sinceros aquí me siento bastante protegido... de mi mismo. El otro día me vino a visitar Cara de Totem y nos jugamos unas manos de un juego de rol. ¿Qué más se puede pedir?


martes, 30 de junio de 2009

Conferencia de prensa


Salón de conferencias del Partido Popular de Trabajadores Aunados (Pa.Po.T.A.) 21:12 hs.



Los he citado a esta conferencia de prensa para dar respuesta a algunos rumores que corren sobre mi persona y que me hieren política y personalmente. Y creo que me hieren precisamente porque corren sobre mi persona.

Ante todo responder a las constantes acusaciones de jugador compulsivo. Me duelen este tipo de estigmatizaciones porque eso es algo que ha quedado en el pasado. Pueden apostarlo. De hecho, todavía nos juntamos con los muchachos del grupo de jugadores en recuperación los martes a jugar al poker.

(murmullos)

Antes de que empiecen a chillar aclaro que jugamos con porotos. Si bien es cierto que tengo una deuda de 26.000 bolsas de porotos, es una mentira artera que las haya comprado con fondos públicos. Los fondos mencionados fueron gastados íntegramente en alcohol.

(agitación entre la multitud)

Incluso este hecho ha sido pérfidamente descontextualizado por cierta prensa tendenciosa, que ha sacado nota tras nota sobre ciertas fiestas descontroladas en las que aparezco en compañía de políticos corruptos, narcotraficantes, prostitutas y la defensa de Boca del 89. ¡No lo niego, señores!

(¡oooohhh!)

Antes bien, me enorgullezco de ello. Forma parte de una incomprendida cruzada llamada "Sacados de la calle". El plan es tan claro como infalible: mientras están bailando el tutá-tutá con señorita contratadas (además, bien visto, es una fuente de trabajo) o desmayados en un sillón, claramente no pueden estar simultaneamente robando o tramando planes mefistofélicos. ¡He comprometido mi hígado en la causa de la seguridad nacional!

(tímidos aplausos mientras se cruzan miradas de desconcierto)

Es muy posible que -con la ayuda de la cirrosis y las enfermedades venéreas- hagamos de este un país más seguro en poco tiempo.

No contentos con vejarme moralmente, quieren también denostarme intelectualmente. Circulan versiones sobre la notable semejanza existente entre mi Manual de coordinación y una obra política del siglo pasado. Sólo puedo decir que no sé hasta donde he logrado influir en otros escritores, pero no puedo hacerme cargo de eso. Estas acusaciones me desgastan, y no descarto que algún día diga -como el personaje de mi novela El flaco de la lanza y su relleno compañero-: "En un lugar de Buenos Aires, de cuyo nombre no quiero acordarme..." para referirme a mi tierra. Y ya que estamos en el tema de no hacerse cargo, quiero hablar sobre los 4 hijos que se me adjudican. Los tres que quiere que reconozca mi mujer vaya y pase, pero en el caso del otro la mentira se hace evidente. Si bien se parece a mí, tiene los ojos marrones y los míos son color café.

No contentos con enlodar mi nombre, quieren involucrar vilmente a mi familia bajo acusaciones de nepotismo. ¡Fabulaciones de opositores desesperados! Sobre estas argucias hablará directamente mi vocero oficial, el tío Pepe, quién aprovechará para responder consultas sobre los proyectos que mi hermano Alfredo está llevando a cabo en el country donde viven mis padres. ¡Uno no puede descuidar electores en ningún lado, muchachos! Ja, ja, ja...

Habiendo limpiado mi injustamente mancillado nombre los dejo porque tengo una reunión política con el ex-presidente Clinton en el salón Caimán o algo así. Buenas noches.

martes, 26 de mayo de 2009

Oda al amor casi perfecto


Los que han seguido los sucesivos traspiés del poeta Ruiz en el ámbito deportivo me han exigido una reparación. "No puede ser que haya fracasado en todas sus incursiones al mundo del deporte" me dicen. Estoy aquí para dar satisfacción a tal demanda: José Feliciano Ruiz fracasó en otros ámbitos de la vida parejamente.

Él se consolaba diciendo que las personas felices no escriben, y que son las desventuras el abono necesario para que crezca la literatura. Esto le sucitó dos problemas: el fenomenal acopio de infortunios al que había llegado le hacía difícil discernir por dónde comenzar la hercúlea tarea de pasarlos al papel. El segundo problema fue que, cuando acercó sus primeros escritos a algunos editores, estos le dijeron que eran justamente eso: abono.


Así las cosas, el poeta entendió que su obra estaba destinada a trascender a través de la oralidad, por lo que se hacía indispensable recurrir a la rima. Para que sea más fácil de retener, vio. Muchas de las obras que dejó fueron elogiadas. Se elogió sobre todo el gesto de dejarlas, pues las que terminó son directamente insufribles. Destaca entre ellas la "Oda al amor casi perfecto" que dedicase a su amor de juventud, la hija del Coronel Echazarreta, de quién se dice que daba miedo su sola presencia. Y del Coronel también se dicen cosas.

La obra en cuestión mereció el reproche de los críticos. Estos sin embargo, dejando de lado todo merecimiento, la ignoraron lisa y llanamente. Lo más parecido a una crítica fueron las palabras al paso de Enrique Bacigaluppi, cuñado del famoso crítico literario, quién dijo: "Y... es una oda".

Sin más, transcribo los versos sin hacerme cargo de lo que puedan sucitar en el ánimo o el estómago del lector:

Me subyuga tu mirar,
hacia él presto me arrojo.
Ni siquiera me hace dudar
que esté compuesto de un solo ojo.

Ese ojo singular
es un faro, una estrella
o así se puede apreciar
por el monóculo culo de botella.

Los que no entienden de alegorías
los que vociferan: "miren, es tuerta"
yo sé que tu mano les tenderías
incluso la otra, que no está muerta.

Porque no he yo de negar
que de tus extremidades sana hay media
no lo trataré de disfrazar
aunque sea notable la ortopedia.

Sin embargo tu cuerpo no hay virtud
o perfección que no tenga
quizás sólo en las piernas algo de rectitud
o simetría, pues eres renga.

Es que son todos superficiales
atienden cosas de poca monta
porque en las lides intelectuales
se rumorea que eres un poco tonta.

¡Qué saben esos racionalistas,
gente sin alma, crueles y bobos!
¿es que no pueden ser personas listas
aquellos que se atribulan con la tabla del dos?

Pero aunque el vulgo con inquina
contra ti de burlar no cese
yo insistiré -mal que me pese-
pues me fletó tu prima Cristina.

Fuerte. Que lo disfruten como puedan.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Director poético de futbol


La historia de José Feliciano Ruiz no le es desconocida al gran público. Su audaz paso por la geografía futbolística y las desventuras que sufrió, junto con el desánimo que allí contrajo han dado lugar a numerosos volúmenes. Pero todos los acercamientos al poeta parten desde su llegada a la barra brava de Deportivo Español y finalizan en el ostracismo posterior a dicha incursión. No obstante, algunos historiadores han publicado recientes estudios en los que han analizado nuevos documentos y recabado diferentes testimonios que hacen pensar que no todo terminó con aquél botellazo en Santos Lugares. Se lo hacen pensar, sobre todo, a los que leen esos estudios.

Al parecer, una vez que recuperó la lucidez (o la conciencia sería más exacto decir) dejó en un mismo movimiento el hospital y la Capital Federal. Descorazonado, sintiendo todavía el impacto en su alma y en su parietal derecho, optó por recluirse en la localidad de Campana, en búsqueda de la paz y el sosiego que Deportivo Español no le había dado. Allí, después de algunos meses de reflexión, pergeñó un nuevo plan. El problema había sido que faltaban sentar las bases para que su voz pudiese ser escuchada. Y las bases del mundo futbolístico no son otras que los mismos equipos de futbol. Con un rápido modus ponendo ponens llegó a la conclusión de que se necesitaba dar un paso anterior: debía tomar la dirección técnica de un equipo de futbol. Sin dudas, esta escuadra invícta le mostraría al mundo aquella dimensión estética de la ética. Quedaba definir si se la mostraría a través de un 4-4-2 o un 4-3-3.

Armado de valor -y de una persuasiva Colt- se dirigió a la sede del club local, Villa Dálmine, para dar comienzo a su epopeya cultural. Sorpresivamente, la Colt no fue necesaria. No se sabe si fue su sólida argumentación o el hecho de que el técnico anterior había renunciado llevándose todos los fondos disponibles, pero los dirigentes aceptaron de inmediato. Vale la pena reproducir las anotaciones que hizo de las palabras de Ruiz el taquígrafo del club... en una servilleta... con una tiza... robada del jardín de infantes que se encuentra a dos cuadras: "El problema del futbol actual es el kantismo, señores. Todo se rige por el deber ser: 'vos marcalo al 9'; 'vos jugá de enganche'; 'presionen en la mitad de la cancha'; 'matalo que se escapa'. No, no y no señores. ¿Donde está la captación de la belleza que nos salva de caer en el ciego voluntarismo? ¿donde el gozo que nos incita a no bajar los brazos cuando los demás desfallecen? Hay que devolverle al fútbol la estética de su ética".

Frente a la elocuencia de Ruiz los dirigentes sólo acertaron preguntarle si eso quería decir que era menottista o bilardista. Su respuesta fue terminante: "Ni lo uno ni lo otro. Menotti es un timorato y un pusilánime, igual que todos sus íncubos. Y Bilardo... Bilardo es un narigón". Convencidos de que estaban frente a un revolucionario de la pelota, esa misma tarde lo pusieron al frente del primer equipo.

El poeta había recuperado el entusiasmo. Tenía frente a sí 14 almas (11 almas titulares y 3 suplentes) que encarnarían su proyecto de literatura futbolística. Sin perder el tiempo, empezó a hablarles de forma personal para manifestarles qué esperaba de ellos. A los primeros que abordó fue a la pareja de centrales, el Cabezón Cuernavaca y Hacha Brava Ramirez: "Muchos hombres intentarán pasar entre ustedes. Necesito que se porten como Escila y Caribdis" en alusión a los monstruos de la Odisea que custodiaban un estrecho por el cual no se podía pasar. Luego se dirigió al Avioneta Quiroga, el rápido marcador de punta del equipo: "Quiroga, usted sientase libre de volar cual alma arrebatada. Embriaguese con la velocidad. Transportese por la línea hacia un mundo distinto". Por último preguntó quién era el armador del equipo. Le dijeron que el Duende Gonzalez. Sus ojos se iluminaron. "Duende -comenzó, como queriendo marcar especialmente la palabra- usted dejese seducir por las musas. De allí le vendrá la magia, la improvisación, el toque distinto. Mientras mayor sea su receptividad, mejor para el equipo".

Pero lamentablemente para el futbol mundial en general y para Villa Dalmine en particular, su mensaje no fue decodificado como hubiese esperado. Cuernavaca y Ramirez se empezaron a prostituir bajo los nombres de Priscila y Barbi (Ramirez alega que a él le tocó el nombre más dificil); Quiroga será una gran contribución para el equipo una vez que cumpla la suspensión por doping y Gonzalez... bueno, Gonzalez se dejó seducir por las muzas. Las de la Pizzería de Rubén más precisamente. 15 kilos después, la magia sigue sin aparecer.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Los ornitorrincos depresivos de Kairós


Todo aquél que haya visto suficientes películas pochocleras sobre la vida universitaria desde los 80 para acá sabe perfectamente un par de cosas sobre el sistema educativo norteamericano:

a) la universidad es una época de descontrol juvenil más ligada a la cerveza y "a las chicas" (sic) que a la formación en un determinado campo del saber.

b) todas las universidades tienen algún animal representativo, ligado principalmente al equipo de futból americano (nótese la acentuación)

c) los capitanes de la opción "b" son los representante arquetípicos de la opción "a".

Ahora bien, el consumo masivo de comedias universitarias de fines de los 80s y principios de los 90s ("Porky' s", "La venganza de los nerds", etc..) por parte de los jóvenes neouniversitarios argentinos trajo aparejada una serie de desencantos que impactaron fuertemente en su conformación psíquica. Los estudiantes de ingeniería, luego de mirar su entorno, se preguntaban donde estaban esas chicas que las películas prometían, ya que no sólo 98 de cada 100 ingenieros eran varones, sino que además las chicas que habían generalmente los aventajaban en altura y fuerza de brazos. Al resto de los universitarios no les fue mucho mejor, pues los que sí tenían contacto con mujeres veían como las frases picarescas que hacían las delicias de las jóvenes que veían en sus VHS no respondían en el mundo real de la misma manera: el cancherísimo "¿qué dices si nos vamos de aquí?" con el que el macho universitario arrastraba a la porrista de turno frecuentemente recibía respuestas menos satisfactorias del tipo: "diría que sos un pelotudo"; "espero que estés hablando de vos y los babosos de tus amigos". Tampoco surgía efecto la libidinosa pregunta "¿tu casa o mi casa?". Las mujeres solían reemplazar la disyunción exclusiva por una conjunción, para expresar la bifurcación necesaria de los destinos finales.

No obstante, a pesar de tan notorios fracasos, hubo quienes quisieron llevar hasta el final esta imitación. "El problema no es el sistema. El problema es que no se ha implementado hasta el final" decían estos jóvenes a quién los quisiese escuchar. Muchos mantuvieron sus dichos y se enrolaron en el Partido Comunista. En fin, la cuestión es que estos grupos radicalizados sentían que para lograr el éxito en esta empresa debía cambiarse la cultura universitaria, y que eso se daría simplemente con la adición del nombre de algún animal a los equipos deportivos universitarios. Para llegar a esto se hicieron pruebas piloto en clubes, escuelas secundarias y universidades. Los detractores de este proyecto argüían que en jardín de infantes ya dominaban estas prácticas y que eso no los había ayudado a "conseguir chicas". Pero nada de esto detuvo a nuestros héroes. Lo que los detuvo fue el fracaso puro y duro.

El primer experimento fue con "Los buitres de GEBA", nombre que se le dio al equipo masculino de hockey sobre cesped. A las pocas semanas los jugadores se quejaban de que el sobrenombre no los había favorecido para nada en la vida social, sobre todo con las chicas del equipo femenino. Algo similar sucedió con "Los perros de Cambaceres", que sufrieron el escarnio de sus contrincantes como nunca en la vida. Peor fue el caso de "Los Alces de San Fernando", equipo de natación conocido por las infidelidades a las que los sometían sus novias durante las largas giras que emprendían. No ayudaba la arenga que se hacían de "sacar a relucir los cuernos". Pero todo esto fue un aprendizaje. Se vio la necesidad de que el animal elegido simbolizase virtudes del deporte en cuestión. Así, el equipo de basquet de "Los Gorilas de Villa Ballester" logró una cierta aceptación hasta que empezó a sufrir ataques y escraches por parte de miembros de la Juventud Peronista. Pero el caso que fue simultáneamente el cenit y la caída de este proyecto fue el del equipo de handball de la escuela nocturna n°4 de Berazategui.
"Los gatos de Berazategui" lograron una repercusión sin par. "¿Viste los gatos de la nocturna?" se escuchaba decir frecuentemente entre los parroquianos. La cosa se fue de madre cuando aparecieron fotos de a un reconocido intendente saliendo de un albergue transitorio con la arquera del equipo.

Desde entonces nadie ha tratado de volver a emular ciertas prácticas del sistema educativo norteamericano...y la escuela nocturna n°4 ya no tiene equipo de handball.

martes, 25 de noviembre de 2008

José Ruiz. Poeta


José Feliciano Ruiz fue un poeta singular. Siempre sintió que debía hacer llegar la poesía a las masas. Criticaba con razón a aquellos que se llenaban la boca diciendo que la educación solucionaba todos los problemas, pero que eran incapaces de plasmar ese enunciado en acciones concretas. Porque nadie más lejano a la imagen del poeta desencarnado, de un hombre que parece flotar sobre el mundo que José Feliciano Ruiz. A pesar de sus discutidos méritos artísticos, él era un hombre de acción. Es por eso que decidió llevar el precepto de que para salir de la violencia se necesita educación hasta sus últimas consecuencias. Merced de su labia elegante, de su capacidad de comunicar una idea vigorosa con claridad y de la vasta fortuna que le había dejado su padre, un empresario siderúrgico, José Feliciano logró erigirse como el jefe de la barrabrava de Deportivo Español, un club de segunda división. El fútbol nos ha dado momentos mágicos, pero nunca había tenido un trovador entre sus filas, nunca una voz que le cantase loas vibrantes, elegías elegantes. Y, si me preguntan a mí, diría que nunca más lo tendrá.


Es cierto que su primeras composiciones pecaban de ingenuas, pero era simplemente la transición necesaria entre la poesía impresa y la poesía entonada por 300 voces viriles. Algunos envidiosos todavía le reprochan los versos "¡Oh, guardavallas excelso! ¡oh, Cerbero de nuestros ánimos! Mantén la meta impoluta frente al acoso de los extraños". Es verdad que estas líneas hicieron que tuviesen que correr cuando visitaron a Italiano, pero uno no puede sino admirar la sutileza. Además, no tardó mucho en entender cómo era el mundo que se abría a su pluma. Hay que reconocer en este avance el aporte de su lugarteniente, el Negro Mortero, quién le hizo algunas sugerencias que fortalecieron su prosa. Recuerdo (¡lo recuerdo y las lágrimas casi se me escapan de los ojos!) aquella vez en cancha de Defensa y Justicia, cuando Ruiz nos regaló con "En este encuentro nos agenciaremos de placer venéreo a costa de la impericia de vuestros jugadores. Oh oh oh oooh"(en esta última parte se vio el aporte de Mortero) Todavía recuerdo las caras de incredulidad de los locales. Después descubrimos que no habían entendido.


Poco a poco su obra fue trascendiendo. La hinchada de Español iba creciendo, incorporando estudiantes de letras que convivían con otros miembros de la hinchada que pensaban que un soneto era una marca de pañuelos descartables. El arte y la fuerza de los cánticos crecían proporcionalmente. "Las rodillas de los hinchas de Temperley se quebrarán y manará de ellos la negra sangre" llegó a cantar antes de ser sancionado por el tribunal de la AFA por incitación a la violencia y por la Asociación de amigos de Homero por plagio.


Pero en este punto se jugaba su proyecto, debía ser audaz. Si quería transformar la violencia desde dentro debía llevar su obra a un enfrentamiento callejero. Peleó contra hinchas de Nueva Chicago como si estuviese liberando los lugares santos. Ah! Nos corrigen acá, al parecer peleó contra hinchas de Nueva Chicago en Santos Lugares. Mientras luchaba cuerpo a cuerpo, se lo oyó decir frases como: "El domingo venidero experimentarán el verdadero sentido de la expresión contra natura", "ser hincha de Nueva Chicago es decir con los actos que la vida es fútil, y que no vale la pena diferenciarse de los primates" o "Roma Victa" (presumiblemente sacada de la película Gladiador) Un formidable botellazo frenó en seco sus elocuentes frases. Mientras se lo llevaban en camilla semiinconciente, alguien lo escuchó conjugar el verbo infatuar. Fueron sus últimas palabras en el ámbito futbolero.


Nunca volví a escuchar de él. La hinchada de Español perdió vuelo. Los jugadores del club ya no se sonrojan por alguna palabra elogiosa. Las hinchadas rivales ya no se desternillan de risa. El fútbol siente un vacío de muerte. Además, el colorado Pezzotti no puede jugar el sábado por una contractura. Que lo parió.


lunes, 10 de noviembre de 2008

Semblanza de Gutierrez


Estamos hoy reunidos aquí para descubrir el busto de José María Gutierrez. La cantidad de gente que se ha acercado da cuenta de la importancia que este evento tiene. Es por eso que me referiré en primer lugar a la concepción de este magno proyecto.

Hace poco menos de 6 meses, estando en una reunión de la intendencia, alguien preguntó al aire si la grandeza de un prócer venía dada por el tamaño de la plaza que albergaba su busto. No, no crean que en la intendencia perdemos el tiempo. Construimos cultura que es muy distinto. La cuestión es que el planteo disparó diferentes disputas históricas y de espacio público (¿qué es lo que hace a una plaza importante? ¿sus dimensiones o su ubicación? En el caso de ser ambas, ¿en qué proporciones habría que medirlas para hacer un baremo?) En fin, no entraremos aquí en esas cuestiones porque no afectan la conclusión que desnudamos: los bustos siempre...a ver, ¿de qué se ríe el petiso de la segunda fila? ¿cómo? ¿que dije "desnudo" y "busto" en la misma frase? No sea inmaduro, hombre. Decía, los bustos siempre están dedicados a célebres políticos, artistas y hombres de cultura, lo cuál es una discriminación flagrante hacia la gran masa de hombres sin méritos extraordinarios que son los que componen, habitan y hacen grande esta Nación.

(aplausos de la multitud)

Gracias. Gracias. Percatados de esta injusticia, nos pusimos a trabajar en el busto (¿la puede cortar el de la segunda fila?) del hombre común. Pero entonces surgieron varios interrogantes: ¿qué rostro tendría? ¿debía ser varón o mujer? ¿qué contextura es la más común? ¿qué rasgos? Además, tampoco debería ser alguien famoso, porque eso implicaría destacarse de cierta manera, lo cual iría contra la esencia misma del proyecto. Descartamos entonces a deportistas, emprendedores y vedettes. Al poco andar habíamos descartado prácticamente a todos. Fue entonces cuando la edil Fontanova nos refirió de una persona que ella conocía que no poseía mérito alguno. Era más bien un portento de la mediocridad. Tengo que ser sincero, tanto se ajustaba a nuestra búsqueda que en un principio no le creí.

(murmullo desaprobatorio entre la gente)

Pero bastome dar una hojeada a su vida para darme cuenta de que difícilmente se pueda encontrar un concatenación de naderías como las que nos ofrecía Gutierrez. De una forma meritoria, nunca logró destacarse en nada. Y no porque no lo intentara. En el ámbito de los deportes, cabría destacar que es la única persona en ir cada quince días durante más de 10 años a las pruebas de Deportivo Morón para tratar de entrar al equipo. Y digo bien, "cabría" destacar ya que no cabe nada, señoras y señores. Consultado al respecto, el entrenador de las inferiores alega no recordar que haya ido alguna vez. Vecinos: ir 10 años al mismo lugar y no lograr ni siquiera formar parte del paisaje no hace más que reflejar una mediocridad magnánima. Esa que hace que no sólo no haya promocionado nunca laboralmente, sino que incluso no tenga tareas encomendadas para realizar desde 1986. Cuando leí eso no pude contener la emoción, señores. Incluso llegué a escuchar el rumor de que todavía cobraba en australes.

(un "Ooohhhhh!" de admiración escapa de entre los espectadores)

No podemos dejar de nombrar su incursión por el mundo de la literatura. Su libro "Viaje a las regiones septentrionales de Lanús" fue un hito. Si el fracaso se puede cuantificar, queridos coterráneos, entonces lo hace en las ventas de este libro. El público -consiente de lo que este hombre representaba- no pudo sino ningunear el libro, que no logró vender copias ni entre los mismos familiares de nuestro homenajeado. Familiares, por otro lado, que encontraban serias dificultades en recordar su rostro.


Esta fue la causa de que su funeral no contase con las suficientes personas para llevar el féretro. Incluso una señora que estaba haciendo su práctica como llorona tuvo que juntar fuerzas para transportar lo que se dio en llamar poéticamente entre los concurrentes (o sea, el que llevaba la manija de adelante se lo dijo al que sostenía las dos de atrás) como "una caja de manzanas". Fue esto, más que una muerte, "la conclusión de un poema" como diría Marechal.

(de repente, un hombre se agita entre la multitud)

Gutierrez: ¡pero si estoy vivo!¡yo soy Gutierrez!


Intendente: desde luego, Marechal se refería a la muerte de otra persona.


Gutierrez (agitando las manos): ¡Ey! ¡que yo soy Gutierrez!


Vecina 1: ¡Shhh! ¿No ve que estamos en algo importante?


Intendente: es por eso que hemos decidido realizar este homenaje post mortem. Porque si hay una enseñanza que nos ha dejado Gutierrez, es que siempre seremos mejores que alguien. Que Gutierrez más precisamente.


Gutierrez: ¡si estoy acá! ¡háganme el homenaje en vida!


Intendente: ¡A ver si la cortan con el murmullo! ¡Policía, llévese a ese individuo que agita las manos!¡ese, el de la remera de Deportivo Morón! Y también al petiso de la segunda fila; su risa molesta constantemente.

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