Escribir un libro. Plantar un árbol. Tener un hijo.
Y ahí nos dejan. Se entiende que estos 3 imperativos vitales apuntan a un legado que sobreviva a uno mismo; en el plano de las ideas, de la transformación de la realidad y de la descendencia; repercutiendo en lo intelectual, lo físico y lo espiritual.
Escribir un libro quizás sea la más difícil de hacer. ¿Que usted ya qué? No, no, yo también escribí en un libro. No vale. Se trata de escribir uno íntegramente, inventando los nombres, los personajes y la trama. No me importa si hizo comentarios propios en los márgenes, el libro no es suyo. Bueno, el ejemplar sí, pero no el libro. Porque usted no lo escribió. ¡Que la anotaciones en los márgenes no cuentan le digo!
La cosa es que una vez que sale de nuestras manos deja de ser nuestro, para bien o para mal. No, no tiene que ver con el e-mule, sino con que de forma inmediata se independiza de nosotros, porque no sabemos quienes lo leen y qué dirán de él. Puede triunfar, puede caer en el olvido o primero triunfar y luego precipitarse en el olvido, pero nosotros ya nada podemos ni debemos hacer.
El árbol es mucho más fácil en su realización. Un poco de esfuerzo concentrado y voilá: tachamos el segundo ítem. Fíjense que no se trata de poner una semilla y cuidar el brote hasta que se transforme en un árbol, proceso mucho más ominoso, sino directamente de plantar un árbol ya hecho. Mientras no lo plante en el arenero de su casa o en un fiordo, hay relativamente pocas chances de que falle. Lo único que me permito recomendarle es que sea estratégico y lo plante cerca de otro árbol. Quienquiera que se esté haciendo cargo del primer árbol, bien puede regar el suyo de pasada. Y si no, siempre puede alegar que el problema no fue su torpe acción sino una omisión de la madre naturaleza. De esta manera su legado queda a salvo de acusaciones de inoperancia y estupidez profunda.
Y tenemos por último el tema del hijo. Quizás sea el más fácil de hacer. O por lo menos el más divertido. Pero a muchos les pasa que, habiendo cumplido con todo y sintiéndose muy satisfechos; se sientan muy orondos para darse cuenta de que el crío sigue ahí. Entonces se preguntan a sí mismos: "Caramba, ¿y ahora qué se hace?". Resulta que no todo es tan fácil como lo pintan y al parecer esa parte del legado implica un cierto seguimiento, preocupación y -según comentan algunos- cariño en un tiempo extendido.
Es por eso que, para aquellas almas con un pensamiento más avocado a la posteridad que al tedioso tiempo actual, les presento una serie de consideraciones útiles para que en su lápida, junto a su nombre, se lea "amante esposo y padre abnegado" en lugar de "inútil profesional y medio sorete".
1) Poniendo los límites: en el camino hacia la conformación de su personalidad, el pequeño filisteo puede extralimitarse o actuar sin tener en consideración a los demás. Es necesario de su parte poder mostrarle cuales son los límites más allá de los cuales su acción es desaprobada. Para esto puede recurrir a pequeñas amenazas que le hagan comprender que sus acciones tienen consecuencias.
Amenazas razonables:
"Vas a irte en penitencia"
"Te vas a quedar sin postre"
"Te voy a hacer chas chas en la cola"
Amenazas menos razonables (desaconsejadas):
"Te voy a quebrar las piernas"
"Voy a ir a buscarte al jardín con mi amigo el Negro Mortero y su banda y te vamos a empalar en la trepadora"
"Dormí con un ojo abierto porque voy a hacer guita uno de tus riñones"
2) Preguntas incómodas: es posible que, en su progresivo conocimiento del mundo, el infantoide en algún momento llegue a cuestionarse sobre el nacimiento de los bebés o de cómo es que llegan al útero de una mujer (aunque probablemente el protohumano lo plantée en términos más coloquiales como "la panza de la mamá"). Es importante que entienda que debe contestar solamente lo que le preguntan y no ir más allá.
Respuesta concisa tipo:
"El papá puso una semillita en la panza de la mamá y así se formó el bebé".
Respuesta científicamente inexacta y que sobreabunda en detalles innecesarios:
"Bueno, los papás tiene un coso (en mi caso es un coso enorme) que meten en las mamás y les dejan una semillita que se convierte en un bebé. Bah, eso si las mamás no están en esos días en que les sale sangre de adentro y se ponen de un humor de mierda. Y si la mamá fue siempre una mamá y no nació siendo un papá al que después le pintó hacerse mamá como a tu tío Alberto. O que el papá ponga el coso donde no corresponde. ¿Entendés? Mirá, justo acá tengo una película que te puede dar una idea".
3) Leyendo con el niño: siendo el límite entre la realidad y la fantasía más lábil en la edad infantil, los cuentos y las historias forman un importante instrumento para que la difusa psiquis del semiracional internalice valores. Una fábula con moraleja bien puede en este punto ser mucho más útil que la enunciación de valores abstractos.
Fábula con moraleja más útil que la enunciación de valores abstractos:
"Pedrito era un pastor muy mentiroso. Siempre asustaba a todos diciendo que venía el lobo para después reírse de ellos cuando corrían espantados. Un día vino el lobo y, cuando Pedrito gritó por auxilio, nadie le creyó y el lobo se lo comió. Moraleja: no es bueno mentir".
Historia con moraleja que no parece contribuir a la formación del niño y que no se entiende por qué se la lee antes de acostarse:
"...y entonces Zaratustra bajó a donde estaban los hombres y les dijo: "Dios ha muerto". Moraleja: los valores universales han caído. Sólo queda la voluntad de poder. El más fuerte es el que se impone y de lo que se trata es de vivir de acuerdo a las pasiones más oscuras porque somos sólo una chispa entre dos noches eternas. Fin. Que duermas bien, querido".
Creo que si sigue estas líneas, recuerda su nombre y no lo obliga a trabajar mientras esté cursando la primaria (mandarlo a cursar la primaria también sería un gesto) andará relativamente bien en lo que a su legado se refiere. Por si acaso, le dejo algunas instrucciones más que me han hecho llegar y que vale la pena tener en cuenta.









Que lo disfrute con salú.