martes, 1 de mayo de 2012

Experimento


Cada día se aprende algo nuevo. Eso dicen. Hoy les voy a contar lo que aprendí anoche, frente a la computadora, pasadas las 11 de la noche, luego de una larga y cansadora jornada luchando a brazo partido contra el Sindicato de Infantes Exaltados. Allí, en completo silencio por primera vez en el día, tuve una epifanía, una revelación.

Es importante aclarar una cosa: estaba de pésimo humor.

Listo, eso era importante aclarar. Si digo que voy a aclarar una cosa es una cosa. Porque algunos dicen que van a aclarar una cosa y se despachan con una explicación donde terminan aclarando por lo menos 4 o 5 cosas. Yo creo que aclarando ese simple dato basta y sobra. Pero divago. Lo importante es que aprendí algo nuevo. ¿Que qué aprendí? Que uno no debe entrar a Facebook si está de mal humor. Y -como he aclarado oportunamente- yo estaba de mal humor.

Casi por definición, Facebook es un lugar de información que no es imprescindible; de comentarios breves, gratuitos e innecesarios; de frases ocurrentes destinadas a olvidarse en 5 minutos o de fotos que retratan momentos que sólo valen la gratuidad que otorgan las cámaras digitales. Y este escenario no parece propicio para que haga su aparición como solista "el hombre que odia al mundo". 

Resulta que entrar a Facebook de mal humor es la mejor manera de considerar que todos sus conocidos son estúpidos y que mejor hubiese sido que aprovechase ese tiempo gastado en asados, reuniones familiares, partidos de futbol y salidas en batir su propio récord en el solitario o perfeccionado sus habilidades haciendo origami.

Si en ese momento hubiesen podido asomarse a mi cabeza, hubiesen escuchado cosas como "¿esa frase? ¿en serio? ¿no te das cuenta de que simplemente da vuelta las palabras? Además, ¿estás seguro que la dijo Gandhi? La semana pasada la había dicho Luther King"; "¿por qué entendés que nos interesa saber que estás tomando un café con leche? ¿prohibieron el café con leche y es un acto subversivo? ¿le agregaste cicuta y se te olvido tipearlo? ¿es un código secreto que indica que van a invadir Polonia?"; "Veo. Miran a la cámara y sacan la lengua. Inolvidable. Sobre todo porque tienen los ojos bien abiertos al mismo tiempo. algo nunca visto"; "¿qué quiere decir que 'te gusta' que él esté tomando un café con leche? ¿te gusta el café con leche? ¿sos el contacto? ¿vas a invadir Polonia?"; "¿que necesitás qué para Farmville? ¿qué carajo es Farmville y cómo ha hecho que necesites una boludez como esa?"; "¿así que estás en Bélgica? Por supuesto, es mucho más fácil ahorrar cuando sos incapaz de relacionarte con cualquier homo sapiens"; "Juntar 'me gusta' en esa campaña sin duda va a cambiar la historia de la humanidad. Sos un revolucionario".

Al parecer, no soy un buen tipo cuando estoy de mal humor. Y en ese momento estaba -creo haberlo mencionado- de pésimo humor. Mi recomendación médica en esos casos es la abstinencia total de teclado. Comentar algo puede llegar a afectar seriamente su vida social. En algunos casos incluso su vida biológica. Por más que piense que se controló al poner "sos un estúpido" en lugar de "merecés la muerte", la gente no suele tomar a bien que insulte su inteligencia. Ni a sus parientes cercanos.

Así que eso es lo nuevo que aprendí hoy. ¿Como que aprendí dos cosas? ¿que no hay que entrar a Facebook cuando se está de mal humor y que si lo hace entonces no hay que escribir nada? Eeeehhh..bueno, sí.

Usted me logra poner de mal humor.


lunes, 16 de abril de 2012

Número 2 Parte 1



No son tiempos fáciles. Nunca lo son. Siempre las cosas fueron más reposadas en el pasado. Ya los hombres de las cavernas se quejaban, añorando los tiempos sencillos en que no debían estresarse chocando rocas para conseguir fuego. Al parecer, los seres humanos intentamos evolucionar tanto como para tener la plácida vida de un organismo unicelular. No, no 'un celular', 'unicelular'. No, no. Le digo que Motorola no tiene nada que ver. No sé qué ha entendido. No dije 'Nokia', dije 'no sé qué'. No, que yo si sé qué dije, lo que digo es que dije 'no sé que'. ¿Qué? Deje. Sí, el celular deje.



Decía, estos son nuestros tiempos. Y una de las cosas que debemos aceptar de nuestros tiempos es que no son reposados. Nunca lo son. ¿Como? ¿ya lo dije? Disculpen, es la vorágine. Lo que se desprende de lo planteado es que nuestro estilo de vida es el menos reposado de los que se han conocido hasta ahora, y esto se muestra en que ya no resistimos los tiempos vacíos. Ya sea mientras viajamos al trabajo o cuando llegamos a nuestra casa y no hay nadie, experimentamos la necesidad de llenar esos minutos con alguna actividad: leer un libro, ponernos los auriculares para escuchar música o ver el diario en la Blackberry por ejemp...sí, sí, no dudo de que su Nokia también puede hacer eso. ¿Le pagan comisión a usted? La cuestión es que no hay momento alguno en que quedemos solos con nuestros pensamientos. Había uno, sagrado e intocable, pero cuya frontera ya ha sido cruzada por este irrespetuoso presente: el momento de ir al baño.



No, no se ría, que estamos hablando de cosas serias. Ir al baño suponía un momento a la vez de contemplación y de concentración; de esfuerzo y de relajo; de intimidad y -lamentablemente para el resto- de irradiación. Y si tal límite ha sido cruzado, lo menos que podemos hacer el dar una guía para moverse en este territorio inexplorado.



Imagine que usted está en uno de esos baños antiguos de techos altos y en los que el inodoro está a una distancia sideral de la puerta, puerta que en su esplendor supo tener llave pero que carece de ella desde 1963. Allí, en el medio de la Pampa sanitaria, usted se debate entre dos posibilidades de ampliar su experiencia estético-gástrica: un mp4 o el diario de ayer.



Detengámonos aquí por un minuto.



Opta usted por los auriculares. Se sumerge en un mundo de rítmicos sonidos que lo circunda y envuelve. Tocan la puerta. "¿Hay alguien ahí?" El único sonido que podría percibirse suavemente es la de un confuso golpeteo de su pie contra el suelo. Tocan la puerta nuevamente. Mientras se abre la puerta se escucha "¿No hay nad...?". Allí, majestuoso, cual pensador de Rodin contemporáneo, en toda su desnudez (o por lo menos en una desnudez particular) usted tararea "I saw the sign, and it opened up my eyes I saw the sign no one's gonna drag you up...".



Ha cometido la terrible y temible equivocación de aislarse demasiado. Ahora existe una persona en el mundo a la que no podrá volver a mirar a los ojos porque lo ha visto en la más humillante de todas las situaciones: tarareando Ace of Base.



Si en cambio hubiese optado por el diario, no sólo hubiese visto que no le había dedicado suficiente tiempo en la primera lectura, sino que ante la eventual invasión, se hubiese podido parapetar detrás de algo.



Ahora, en principio no cualquier lectura es apta para el toilette. Y esto por diversos motivos. Por ejemplo, no sé qué dirá la gente de los yogures al respecto, pero debe ser una lectura liviana. No tanto porque uno asume que la lectura de la Divina Comedia merece un mejor marco que una analogía chusca, sino sobre todo porque hay gente que, aunque haya terminado de hacer lo que fue a hacer, no se levanta hasta haber terminado de leer lo que llevó. Todos recuerdan aquél trístemente célebre episodio del joven que se enganchó con El Señor de los Anillos es el único baño de la familia. Familia que, lejos de ver la ironía del libro elegido en tal situación, intentó sacarlo con pedidos gentiles (capítulo 3), protestas airadas (capítulo 7), órdenes tajantes (capítulo 11), llantos desesperados (capítulo 23) e incluso arrojando gas dentro del baño. Como ven, las ironías se sucedían una tras otra. Sólo lograron sacarlo cuando a uno de los hermanos se le ocurrió gritar que a Gandalf lo mataban unos neonazis y Frodo se iba a vivir a Ibiza. El ingenuo se lo creyó.



Todos saben que eso es lo que pasa en Harry Potter.



Pero decía que hay otros motivos. Si uno se encuentra en el baño del trabajo, no sólo tiene que llevar algo liviano sino también descartable. ¿Por qué? Una vez preparaba un examen contra reloj y me llevé un paper al baño. Al salir del cubículo inodoril me encuentro con mi jefe lavándose las manos. No puedo disimular mi procedencia ni la posesión de un documento por el que, si alguna vez tuvo curiosidad, la ha perdido ahora (remitirse al tema de la procedencia) por lo que supondrá que es una pavada que me aleja de mis tareas habituales.



Por último, está el tema de los jueguitos en el celular. Yo creo que son una buena salida si se sabe manejarlos. De lo contrario, podría ser fatal. Es decir, un Sudoku puede ser una buena inversión de tiempo, pero empezar a exasperarse con el Angry Birds y que los ocasionales transeúntes escuchen desde el baño como usted maldice a "este pájaro que no emboca una" puede llevar a confusiones por demás embarazosas.



Bien. Espero que me haya podido acompañar por los meandrosos caminos de este tema sin desbarrancar. Ahora lo dejo porque tengo otra reunión. ¿De casualidad no vio donde quedó la revista del diario del domingo?



jueves, 1 de marzo de 2012

En cartel por un cartel



Los guionistas son personajes subestimados, sin duda. Se manejan en las sombras y, sin embargo, son el principio de todo; la condición de posibilidad de que la rueda se ponga en movimiento. Uno puede llegar a verlos subir a recibir un premio en alguna entrega, pero lo que piensa es "¿Que hace este no-famoso ahí arriba? ¿donde están los actores? ¿y encima se pone a agradecer? Matenlo". Bueno, quizás con bajarlo de la tarima sea suficiente, pero el punto es que no se reconoce su importancia. Todos recuerdan la excelente actuación de Kevin Spacey en "Los sospechosos de siempre", pero nadie repara en que antes hubo un señor que pensó que....bueno, que pasara lo que pasó. Estos prohombres parten sin otra cosa que el horror vacui, desde las mismas entrañas de la hoja en blanco y llegan a construir maravillosos palacios del séptimo arte.



O no.

Porque también existen los que técnicamente se denominan "ladrones de gallinas". O sea, sujetos inútiles con fines de lucro que sólo combinan azarosamente recetas ya largamente probadas dando lugar a esperpentos monumentales o películas clase Z. En este punto, hay que reconocer que a veces se vuelve borrosa la línea que separa a los guionistas ucranianos de los ladrones de gallinas, pero a grandes líneas podemos discernir quién es quién:


1) Los magos de la remake


No tengo mayores problemas con la realización misma de remakes. Es decir, los avances tecnológicos hacen que muchas veces una buena idea del pasado pueda ser mejor plasmada o presentada más vistosamente en la actualidad. Ahora, cuando hacés una remake de una película del 2002 (Spiderman) quiere decir que no se te cae una idea.


Peor es cuando los norteamericanos toman una película que fue filmada en otro país y la "adaptan" al suyo. O sea, tenemos una película enterita bien lograda (Taxi, Nueve reinas...) pero que por extraños motivos necesitan que esté hablada en inglés. Unos inadaptados.


2) Tema por 200

En otras ocaciones, pareciera que directamente tienen un bolillero del que ir sacando grandes temas que van mezclando sin vaselina.

Sala de guionistas. 2:04 am.



- A ver que sale en el bolillero de los malos de la película... "zombies".


- Bueno, pero películas de zombies hay muchas. Sacá otra.


- Saco otraaa yyyy.... ¡ya está! "nazis".

- ¿Zombies contra nazis?


- Mmmno, porque ¿por quién tomaría partido la gente? Muy complicado...


- ¡Lo tengo! ¡ZOMBIS NAZIS!

- SEEEEEEEEEE!!!!!!!




DEAD SNOW










¡¿En serio me estás diciendo?! ¡¿zombies con ideología?! ¿donde se ha visto gente sin vida con ideas nocivas que además le jode la vida a otr...no dije nada.



Pero eso no es todo. Oh, no. No lo es.



Sala de guionistas. 4:35 am.

- Bueno, hay que sacar la bolilla con el héroe de la película.


- Y saaaaaale: "presidente de Estados Unidos".


- VAAAAAMOS.


- Momento. Ya tenemos un presidente héroe en varias películas de los últimos años. Tendríamos que ver la manera de darle una vuelta de tuerca.


- Podría ser un presidente más antiguo.


- Richard Nixon.


- No, ese está en el bolillero de los malos de la película.


- Además hay que trata de despolitizarlo.


- ¡Ya sé! Un padre de la patria. Puede ser Lincoln.


- Me gusta, me gusta. Ahora nos faltan los malos. ¡Vamos al bolillero!


- Por favor, que salgan los ninjas...


- Nop, salieron loooos "talibanes".


- Pero no podemos hacerlo, a menos que hagamos una película de viaje en el tiempo.


- Uh, no. Hay que cuidar correlatos. Y los fans de Ray Bradbury siempre vienen a hacer quilombo con el cuento de la mariposa. Mejor sacá otra.


- Lo que toca, toca, la suerte es loca... Voilá. "Vampiros".


- SEEEEEEEEEE!!!!!!!





Oh, sí.



ABRAHAM LINCOLN: VAMPIRE HUNTER









Cuando uno pensaba que era mucho, vienen con esto y no quedar otra que darse cuenta que "mucho" es un término relativo. Incluso lo evidente complica hacer un chiste alusivo. Es... eso.






Disculpe que lo haya arrastrado hasta este lodazal cinematográfico, pero no podía guardarme esto. Porque ¿sabe que es lo peor de todo el asunto? Que tengo ganas de ir a verlas.


jueves, 23 de febrero de 2012

En el amor y en la guerra...


Pasar desapercibido. Entrar. Salir. Pim pam pum. No hacer contacto visual, no mostrar mucho el rostro. Ser un fantasma; un espejismo que se insinúa por el rabillo del ojo; una imagen difusa que a uno le cuesta recordar si fue real. Movimiento continuo y cabeza gacha, movimiento continuo y cabeza gacha, movimiento continuo y cabeza gacha. Allá vamos...

Entró con las manos en los bolsillos y los brazos pegados al cuerpo. El corazón le palpitaba traicioneramente y la tensión del rostro transformaba esa sonrisa protocolar en una mueca de muñeco de cera. "No lo voy a lograr" pensó cuando una pequeña niña miró su cara de payaso poseído y se puso a llorar. Entonces cerró los ojos y pensó en ella; pensó en su dolor y en su pedido desesperado. "No puedo volver. Si no lo consigo no puedo volver".

Si los astros nos dicen algo, si sus movimientos intentan comunicarnos un mensaje vital, esa noche en aquél lugar ese algo sonaba como "¡Cuidado que vas a pisar mier...! Nada, nada. Dejá".

A los 20 minutos, después de dar varias vueltas, entendió que no iba a conseguirlo sin recurrir a alguien. Maldijo para sus adentros, apretó el puño y se dirigió a ese mostrador que tanto había querido evitar. Deslizó el papel mientras miraba disimuladamente hacia otro lado.

La voz del otro lado sonó cortante.

"¿Sí?".

Tragó saliva e intentó mostrar compostura.

"Estaba buscando vsmlnmnhan".

La voz volvió, ahora meliflua, como si hubiese entendido lo que pasaba y lo disfrutara enormemente. El poder corrompe.

"Disculpe. No alcancé a entender. ¿Qué quiere?".

Perdido por perdido... "Estoy buscando... Vagisan".

"CACHO, EL SEÑOR ESTÁ BUSCANDO CREMA PARA LOS HONGOS VAGINALES. ¿NOS QUEDÓ ALGO?"


¿Qué qué aprendió ese día? Que las humillaciones vienen en pomos de 125, 250 y 500 cm2.










nota del autor: mi mujer y el objeto puntiagudo que tiene en su mano me piden que aclare que he tomado de base para este relato una anécdota ajena. Ningún matrimonio ha sido lastimado para la realización de este post.


jueves, 26 de enero de 2012

Cuento de Nadas


Bosque de fábula. 16:25 hs.


Caperucita entra a la casa de su abuelita. Aun con todo a media luz, alcanza a divisar a la anciana metida en la cama. Se acerca con la canasta de víveres que trajo.


- Hola, abuelita.


- Hola Caperucita.


- Son $143,50.


- ¿Eh?


- Dice mamá que son $143,50. Y eso que no me dejó cobrarte propina por traerte todo para acá. Claro, al pibe del COTO denle algo nomás, pero a la nieta boluda no ¿no?


- Esteee... Fijate ahí que está mi cartera. Pasamela.


Caperucita se acerca para entregarle la cartera y se sorprende.


- ¡Abuelita! ¡pero que ojos tan grandes tienes!


- Es que soy hipotiroidea.


- ¡Abuelita! ¡pero que nariz tan grande tienes!


- Bueno, bueno. No escupas al cielo, que es una herencia familiar. Te muestro una foto de Nana Goldstein y vas a ver lo que te espera cuando pases la pubertad.


- ¡Abuelita! ¡pero que orejas tan grandes tienes!


- ¡Pero, che! ¿te parece querida?


- ¡Y que peluda eres!


- (Haciendo puchero) Eso ya es cruel. Es verdad que ya no me depilo como antes, pero lo de las orejas y la nariz duele muchísim...


- ¡Y que manos tan grandes tienes!


- ¿Esos son los modales que te enseñó tu madre?


La abuelita se pone a sollozar. En eso entra el lobo, que ve a la abuela, mira a Caperucita y le dice:


Lobo: - ¿Qué le hiciste? ¿qué le hiciste?


Caperucita: - Pep...yo pensé que en realidad era usted.


Lobo: - Yo dejé el transformismo hace ya varios años. ¿Te parece compararla con un canis lupus? ¡mirá cómo se puso!


Caperucita: - No le hice nada. Yo sólo manifestaba mi sorpresa por el tamaño de las distintas partes de su fisonomía.


Abuela: - Si viniera a visitarme más seguido no le pasaría... ¡y además me dijo peluda!


Lobo: - ¡Pero que pendeja de mierda! ¡un poco de respeto con tu abuela!


Abuela: - ¡Cómasela, señor Lobo! ¡cómasela!


Lobo: - No, Doña Gertrudis, que es menor de edad y después se me arma un quilombo legal de novela. De novela infantil concretamente. Yo no sé qué les enseñan a estos chicos hoy en día. Fíjese, Doña, yo ya tengo miedo de venir por el bosque. El otro día dos borregos me robaron todo. Después la policía los agarró destruyendo la casa de la señora Bonafide de acá a la vuelta. Hansel y Gretel Ramírez, se llamaban. Pero como son menores los dejan libres enseguida. Ya veo que la terminan matando a la pobre señora en represalia.


Abuela: - Es lo que le comentaba a Mariano, el que vive con esta chica acá a 10 minutos.


Lobo: - ¿El que vive con la chica blancuzca me dice?


Abuela: - Ese.


Lobo: - ¿Uno petiso y narigón?


Abuela: - No.


Lobo: - ¿Un petiso malhumorado?


Abuela: - No.


Lobo: - ¡Ah! El petiso de anteojos.


Abuela: - Tampoco.


Lobo: - ¿Entonces cual?


Abuela: - El petiso que usa ropa que le queda grande tipo skater. Mire, cuando me enteré que vivía con 7 muchachos ya me espanté bastante, pero cuando escuché que además los 7 se llamaban Mariano (ella misma habla cariñosamente de los "7 Nanos") entonces pensé en decirle dos palabritas.


Lobo: - ¿Ah, sí?


Abuela: Sí: terapia urgente.


Caperucita: - ¡Abuela! ¡pero que moral pequeñoburguesa tan grande tienes! Si ella quiere vivir con siete muchachos ¿cual es el problema? ¿Por qué sostener un tipo de familia que viene de la estructura de producción capitalista?


Abuela: - ¿Ve, Señor Lobo? Cursa un año en la Facultad de Ciencias Sociales y mi Caperucita ya se transformó en Caperucita Roja. Y además, querida, si hay una pequeñoburguesa acá es justamente la chica esta. Así que usted se me queda callada.


Caperucita: - ¡No me podés callar así! ¡ya soy una mujer! ¿sabés qué? ¡me voy con mi novio y no vuelvo más!


Se va dando un portazo.


Lobo: - ¿Tiene novio la pendex?


Abuela: - Sí, un leñador de por ahí. Un vividor, bah. Porque es fácil hacerse la Rosa Luxemburgo con la plata de papá bancando todo. Y el tipo este no es ningún bobo y sabe como es la cosa.


Lobo: - Un predador, sin duda.


Abuela: - Bueno, che. Te dejo que me voy a meter a la cama a clavarme un whiscacho para recuperarme del maltrato de la chiquita esta.


Lobo: - Vaya nomás. Que lo disfrute con salú.





Moraleja: la historia la escriben los que van a la Facultad de Ciencias Sociales. ¡Ah! Y hacer las compras por internet te puede ahorrar un disgusto.




miércoles, 18 de enero de 2012

Lorem ipsum o la vuelta




Señores, en algún momento había que comenzar y este momento es tan bueno como cualquier otro. Algunos objetarán que un 2 de marzo es mejor que un 18 de enero, otros que con 20° se lee mejor que con 38° y habrá quienes opinen que dilatar la reanudación de mis textos hasta 2025 es mejor que empezar a jorobar ya en 2012, pero a todos ellos les respondo que no. Motivos ajenos a mi voluntad hacen que este sea incluso un momento propicio: hoy me reincorporo al trabajo después de las vacaciones.


Ya detecto alguna sonrisita de aquellos que todavía no han comenzado sus vacaciones o que siguen en ellas; escucho algún comentario poniendo en duda la realidad de mi reincorporación si resulta que estoy escribiendo para el blog, incluso veo a algún desubicado ensayar el gesto de hacer converger las yemas de los dedos debajo de la barbilla mientras repiten "chiva calenchu". Sólo me queda decir que si van a estar haciendo comentarios de este tipo vamos a terminar a las trompadas.


Como los lunes, en los cuales uno tarda unos minutos en reacomodarse y empezar de lleno con sus tareas, la vuelta de vacaciones tiene un proceso análogo. Uno necesita un tiempo para rearmarse y encarar todo lo que quedó esperando. Yo, por ejemplo, no creo que pueda hacer nada productivo hasta recuperarme del shock pre-traumático de volver al trabajo (cosa que imagino tener superada alrededor de abril) Así, aprovecho para compartir algunos pensamientos vacacionales que testifiquen que dejar de infringir dolor literario no ha sido uno de mis propósitos para este 2012:



Siempre me han llamado la atención las bibliotecas de las casas de veraneo: libros no interesantes de más de 25 años. Nunca algo que uno diga "che, que bueno este libro, me lo leo ya", nunca una compilación con lo mejor de Condorito. ¿Por qué? ¿como viven en un lugar copado tienen que compensar leyendo malos libros? ¿y como son malos dejaron de comprarlos hace 25 años? Queda abierta la polémica.

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Con el traje de baño azul parece que estuviese gordo.


Con el traje de baño gris parece que estuviese gordo.


Conclusión inapelable: ya no hacen los trajes de baño como antes.


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En los últimos años he constatado que existe una diferencia entre la imagen mental que uno se hace de las vacaciones y la realidad pura y dura. Por ejemplo:


imagen: caminando por la orilla de una playa semi desierta sumido en los propios pensamientos


realidad: otras 3 millones de personas esperaban que esa playa estuviese semi desierta, por lo que uno camina sumido en el pensamiento de como evitar terminar con una lastimadura de tejo en el pie


imagen: uno va a aprovechar ese espacio de tiempo para echarse a leer


realidad: uno aprovecha ese espacio de tiempo para echarse a tomar gin tonic


imagen: las vacaciones son un lugar libre de preocupaciones


realidad: "¿cómo que no hay sartén? ¿aceite tampoco? ¿y como hacemos la comida entonces?"; "pensé que habíamos comprado papel higiénico"; "¿donde se puede conseguir ibuprofeno infantil a esta hora? ¡¿32 kilómetros?!".

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A veces uno debe estar en una cabaña agreste en medio de la soledad para volver a valorar algunas cosas importantes. Como la propia cama y el propio baño, por ejemplo.

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¿Como darse cuenta que uno ha crecido? Cuando uno se encuentra del otro lado de la anécdota:


Pablo, versión 2002: "...y entonces fuimos a la casa de Martín y nos quedamos tocando la guitarra hasta como las 6 de la mañana".


Pablo, versión 2012: "¡A VER EL PELOTUDO DEL CAJÓN PERUANO SI PUEDE DEJARSE DE ROMPER LAS PELOTAS, QUE SON LAS 3 DE LA MAÑANA!".

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En las fotos que sacamos con nuestra cámara aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de mi cuñado aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de unos amigos aparezco con cara de boludo.


Conclusión inapelable: ya no hacen las cámaras de fotos como antes.


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Alguna vez he planteado esta polémica y lo más polémico que me dijeron fue que no consideraban que fuese siquiera una polémica, pero ahí va: ¿por qué los juegos de cartas se juegan sólo en vacaciones? ¿qué tiene el tiempo libre del año que sea incompatible con el chinchón, la podrida o la carioca?


Si por ventura usted jugase a esos juegos durante el año con sus amigos, le pido que se dirija a la polémica de al lado. Gracias.



Pues bien, la rueda ha comenzado a girar; los engranajes se mueven; la ambición se despierta y la razón se aguza. La vuelta se ha consumado.


Que lo disfruten con factor 30.


martes, 13 de diciembre de 2011

Problemas hipervinculares



- Mirá, quería preguntarte a vos que sos un amigo. Vos sabés que no han sido tiempos fáciles, pero he logrado juntar un pequeño capital liter...


- Te recomendaría que lo pongas afuera.


- ¿Seguro?


- Sí, te va a rendir mucho más. ¿Conocés alguna cueva?


- ¿Cueva? Bueno, justamente me junto con unos muchachos que desde una cueva...


- Ni lo dudes. Andá y poné todo allá.




Yo le hice caso y publiqué un artículo en Men In Blog




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