miércoles, 17 de noviembre de 2010

Sobreviviente


Es un lugar común, ampliamente difundido, que hay que enfrentar los miedos. Psicólogos, educadores, consejeros y guionistas de películas de Disney nos lo repiten incesantemente. Solo accederá a una vida mejor cuando haya pasado por el mal trance hasta el punto de dejarlo atrás. Pero uno se siente cómodo de este lado del tunel y se hace el distraído. Incluso cuando se trata de un hecho puntual, lo va relegando mentalmente, como si no dedicarle el pensamiento le quitase toda entidad, todo peso real.

No puedo negarlo: yo lo sabía. Lo supe con bastante anticipación, pero no quise enfrentarlo. El tiempo siguió avanzando (sospecho que -por maldad pura- de hecho lo hacía más rápidamente) hasta que el momento temido se presentó a mi puerta, impiadoso: mi mujer se iba todo el fin de semana y yo me quedaba solo con las dos chicas.

No me malinterprete, amo profundamente a mis hijas. Y es precisamente por eso que temía ese momento. Yo paso tiempo con ellas y colaboro en los menesteres logístico-afectivos, pero justamente eso es lo que me hace valorar que seamos dos. Para que pueda intuir de qué estoy hablando, le pido que recuerde la escena de Rocky II en la que Rocky persigue a la gallina. ¿La tiene? La imagen, no la gallina. Ahora imagine que hay no una sino dos gallinas. Imagine además que esas dos gallinas se bajaron un pack de 6 latas de Red Bull. Por otro lado, no sé si usted lo sabe, pero hay eremitas que duermen 4 horas por día. Ahora imagine al actor Colin Farrell volver de una noche de excesos y descontrol y...no, ese es Colin Flirth. Colin Farrell, el de Swat ¿no? El de DareDevil. El malo. No, no el morocho enorme, el irlandés loco. Sí, sí, mala película. Bueno, imagínese que cuando vuelve de la jarana se entera que solo podrá dormir 4 horas. Imaginemos, por último, que Colin Farrell es narcoléptico. Pues bien, así pintaba el fin de semana: como un actor hollywoodense mal dormido vestido de monje eremita persiguiendo 2 gallinas alteradas por una bebida energizante. Dígame si no hubiese tenido miedo.

Largar el sábado a las 7 de la mañana no fue prometedor, pero si Rocky llegó a hacer 4 películas más, yo llegaría al domingo. Durante un día completo fui a la vez la ley y el consuelo al infractor; fui chef y mozo; animador y guía televisiva; asistente de vestuario y recolector de residuos; médico y mago amateur. Como sólo una de las pequeñas (la que amaneció a las 7 am) duerme siesta, la noche encontró una versión bastante desmejorada de Pablo Benegas. Los pormenores poco importan aquí. Ellas habían sobrevivido comiendo 4 comidas y yo también.


Lo bueno es que desde el principio existía un horizonte. Como eramos varios amigos que nos encontrábamos en una situación análoga, uno había realizado un análisis lúcido y realista: "El sábado vamos a aguantar, pero el domingo puede llegar a ser terrible". El plan era claro: nos íbamos a juntar todos a comer un asado en una casa con jardín y pileta donde los niños pudiesen correr (lamentablemente la pileta estaba llena así que tuvimos que dejarlos correr por el jardín nomás). Combinando cierta autogestión con una mayor oferta, las últimas horas serían una papa. La hora pactada para el reencuentro con nuestra mujeres era clara: 17:30 hs. así que, hasta entonces, seguíamos por las nuestras.

Señores, lo que vi en ese encuentro todavía no ha abandonado mi alma: ánimos vencidos, convicciones horadadas, fuerzas vitales extintas; vi muecas que fusionaban asombro y pavor con un secreto reconocimiento y escuché a varones insultar contra la linealidad del tiempo; ojos inexpresivos de shock traumático se entrelazaban con ojos vidriosos de llanto contenido. Una generación pletórica de energía proclamaba su victoria contra un grupo de ex-jóvenes.

Pero como lo saben quienes juegan el futbol, cuando no da el físico hay que recurrir al oficio. "Oficio" puede querer decir dos cosas: que uno sabe donde pararse para regular y así optimizar la capacidad física o, también, entrar a dar murras a diestra y siniestra amparado en la mayor afinidad generacional con el árbitro.

Empezamos por lo primero. Advertidos de la compulsión a la repetición de los infantes, se trataba de encontrar una actividad congregante. Uno ensayó un juego de caza de aves con un palo y una canasta. Duró hasta que el bloque infantil se dividió entre los que proponían una espera estratégica para que los pájaros se acercasen a la trampa y los que preferían un ataque frontal a los gritos. El intento de congregarlos bajo "la Era del Hielo 3" sólo consiguió aumentar el fastidio de los padres que no habían visto "la Era del Hielo 3" y que no conseguían hacerlo merced del desbande generalizado. "¡Murra!" gritaba la tribuna. "¡Y pegue, y pegue, y pegue Pablo pegue!". Pero no conseguíamos alcanzarlos.

A las 17:29 hs, exhaustos y superados numéricamente, nos apersonamos en el lugar para encontramos con las profesionales de la materia: las madres. Alivio y alegría.

No me importa lo que digan: que no es para tanto, que los roles son meras contrucciones culturales perfectamente intercambiables, que soy un inútil y estoy rodeado de inútiles, pero mi conclusión es que madre hay una sola.


Sólo espero que no encuentre la llave de la puerta de salida que escondí.


jueves, 4 de noviembre de 2010

Fumar puede ser perjudicial para el ego


Nunca fumé. No quiero decir que nunca haya pitado un cigarrillo, sino que -si alguna vez terminé uno- nunca adquirí el hábito. Desde el principio no me gustó. Gustativamente, por así decirlo, no me gustó. No me gustó el olor que dejaba en la ropa; tampoco el que impregna en los lugares donde está (que suele ser muuuy similar); no me gustó el resabio que deja en la boca ni el color amarillento mortecino con que tiñe los dedos. ¿Cómo decirlo? No me gustó un carajo.


"Es un gusto adquirido" me dijeron alguna vez, dándome a entender que, si me esforzaba un poquito, algo que desde el principio sabía que me hacía mal podía llegar a gustarme. Y yo, en mi condición de niño asmático con intenciones de futbolear libremente, sabía que me hacía mal. Decliné el generoso ofrecimiento.


Podrá parecerle extraño, pero este artículo en realidad quiere realizar un elogio del fumar. No porque desee hacerlo, sino porque mi condición de no fumador me ha patentizado, varias veces, las grandes ventajas que trae en distintos terrenos.


En primer lugar, quizás tributando al ochentoso Don Johnson de Marlboro, el cigarrillo apareja un halo de profundidad; conlleva una cierta mística. Recuerdo estar a orillas de un lago en el cerro Frei contemplando la luna más grande que haya visto en mi vida. 8 personas contemplábamos extasiados el imponente paisaje. 7 de ellos con un cigarrillo en la mano... y yo. "¡Qué buen momento para fumarse un pucho!" comentaban entre sí los miembros de la secta. Su momento parecía, por razones que desconozco, más místico que el mío. Lo mismo se replicaba al terminar de comer, al salir a tomar algo, al compartir un café...



Quizás sea fruto de la influencia de la publicidad o de las películas, como dice el personaje de Aaron Eckhart en "Thank you for smoking", pero por lo pronto parece ser que la ceremonia de clausura de un acto sexual satisfactorio implica un cigarrillo. ¿Qué dice de nuestro desempeño leer una revista, prender la televisión o hacer palabras cruzadas? Además, las diferencias se marcan mucho más en el terreno social.


Si en una fiesta y/o reunión social usted queda sólo, la diferencia entre ser un fumador y no serlo pasa a ser dramática. Alguien que fuma parece -mientras inspira con los ojos entrecerrados- estar pensando en algo importante; abstraído por un instante del bullicio para trascender hacia planteos metafísicos. Por otro lado, si simplemente está ahí sólo, parecerá que usted se coló. Quién vive esa situación no sabe qué diablos hacer con las manos: si las pone en los bolsillos parecerá que está esperando a que lo busque su madre; si cruza los brazos parecerá que está esperando porque vino a buscar a su hija... Y, desde ya, no se le ocurra entrecerrar los ojos, porque más que abstraído en elucubraciones metafísicas parecerá que está tratando de leer la cuarta línea en el oftalmólogo.


La diferencia, esa inconmovible línea divisoria, parece situarse entre estar realizando una actividad y no hacerlo. Piénselo bien: cuando alguien deja la oficina para charlar en otro lado bajo la égida del cilindro tubular vicioso, la explicación de su ausencia es suficiente: "salió a fumar". No son igualmente aceptados "salió a hacer palabras cruzadas", "salió a echarse en el pasto", "salió a dormir 15 minutos" ni "salió a leer blogs". Entiendo que uno no "sale" a leer blogs sino que las más de las veces "se queda" para eso, pero el punto es que el corte no está igualmente justificado. Los fumadores son mártires perseguidos mientras los demás son ladrones del tiempo organizacional. Y después se sienten discriminados.


Recuerdo cuando entré a trabajar en una oficina. Dentro de un piso de 50 a 60 personas, uno se las arregla para ir conociendo a la gente. Un saludo tímido; un reconocimiento mutuo de rostro; un código interno por más pedorro que sea ("nos volvemos a encontrar en el ascensor"; "¿así que también comés en la panchería de la esquina?"; "nos volvemos a encontrar almorzando panchos en el ascensor") hacen que de a poco uno logre aproximarse a una conversación sobre fútbol, desde donde puede proyectarse hacia otros tópicos. Luego se accede al radiopasillo, los after office y ese tipo de cosas. Digo, de cosas. Ahora bien, un amigo, que había entrado unos dos meses después que yo, a las pocas semanas ya dominaba la inside information de la empresa, y se abrazaba con todos por los pasillos. "¿Cómo hiciste? ¿cómo sabés esas cosas?". "Es que con esos pibes nos juntamos a fumar en la kitchenette".


¡La kitchenette! ¡hijo de mil putas! ¿cómo poder acceder a ese recinto? Uno no puede servirse agua durante 15 minutos. Hay que justificar la permanencia en la kitchenette, por lo menos hasta lograr una confianza mínima. Y eso era el cigarrillo: un pasaporte; una tarjeta de invitación a una conversación informal; una credencial; una membresía para el club de la kitchenette.


Pero quizás lo que más me molesta; aquello que no termino de comprender por más que le doy vueltas y vueltas sea lo siguiente: ¿dónde está mi plata?
Un fumador promedio fuma, pongámosle, unos 7 u 8 cigarrillos por día. O sea que un atado le dura -redondeando- unos 3 días. En un mes tipo estaríamos hablando de unos 10 atados. A $5 cada uno son $50 mensuales en cigarrillos. hablamos de $600 anuales solamente en el vicio. Y he sido generosos en mis estimaciones (que en este caso quiere decir que he sido tacaño) O sea que una persona de mi edad ha gastado, si comenzó haciéndose el pistola a los 15, alrededor de $9000. Pues bien, ¿donde están mis $9000? ¿por qué los fumadores de ingresos similares tienen una economía similar? ¿quién se ha llevado mis $9000?


Mi conclusión es que los socialmente indefensos; los vitalmente postrados; los parias no son los fumadores sino que lo somos los no fumadores. Todo nos cuesta más; todo parece menos espontáneo; todo es un poco menos cool.



Creo que ya me he extendido lo suficiente. Le doy gracias por haberse fumado este artículo. Lo único que me interesa remarcar es que fumar puede ser perjudicial para el ego... de los no fumadores.


Que lo disfruten con un faso.



martes, 2 de noviembre de 2010

Historias mínimas VI


Como se habrá dado cuenta, últimamente mi participación virtual ha descendido. Porque se dio cuenta ¿no? Diga la verdad, algo olfateaba. ¿No se sintió raro en los días más recientes? ¿y en los anteriores? ¿tampoco? Que se yo, la sensación de que se había olvidado algo o de que algo no estaba en su lugar. A veces se puede somatizar, quizás un poquito de acidez... ¿no estornudó en la últimas dos semanas? ¿Ve? ¡Ahí está! Es porque inconcientemente se dio cuenta del descenso de mi actividad bloggeril. Y tal cosa se debió a la vorágine que nos fragmenta y despedaza hasta que sólo quedan retazos separados de vida que uno va uniendo como puede.

Pues desde el fondo de esa nostalgia por la unidad perdida, desde esa caterva de momentos inconexos, emerge orgullosamente lo único que puede surgir: una nueva entrega de las historias mínimas.


Señales inequívocas de que el mundo se está yendo a la mierda:

- Jason Priestly actúa de duro.

- Leonel Messi es modelo de Dolce & Gabanna.

- Noel Gallagher quiere cantar con Carlos Tevez.

- Según la Revista Esquire, Cristina Fernandez es una de las 195 mujeres más bellas y sexies.

- Que me guste una canción de Lady Gaga.
_____________

Realmente pensé que no viviría para verlo. Y, sin embargo, pasó. Y sentí que en ese sencillo hecho no reposaba sólo una satisfacción individual sino también la de todos aquellos que pasan por lo mismo; aquellos cuyas vidas basculan entre la inteligencia de un plan y la humillación de nunca verlo concretado; entre el anhelo y el escarnio; entre la pureza de los deseos y el dolor de la realidad esquiva. Quizás haya quienes mirarán el hecho y pasarán de lado sin advertirlo, pero yo puedo dimensionar sus cósmicas consecuencias.

El otro día vi un capítulo en el que al final Tom le ganaba a Jerry.

_____________


Grandes errores de la historia de la humanidad:

- Chequear con la otra mano que la luz que da calor efectivamente quema.

- Invadir Rusia en invierno.

- Ir demasiado rápido en una zona donde hay icebergs.

- Aliñar la ensalada con aceto balsámico teniendo puesto un buzo color crema.

____________

- Che, hoy me enteré que Robert en realidad no nació en Estados Unidos como pensábamos sino en Tokio, cuando su viejo estaba de embajador.


- ¡No te puedo creer que Bob es ponja!
______________

Cosas que nos han enseñado los cuentos de hadas:

- Que una persona puede entrar en una propiedad privada, robar en reiteradas ocasiones, provocar la muerte del dueño de casa y ser el bueno de la historia (Jack y la habichuelas mágicas)

- Que está bien abalanzarse sobre una mujer que está inconciente (Blancanieves)

- Que el amor de nuestra vida es cualquiera que calce 36 (La Cenicienta)

- Que, si la facha no ayuda, puede encerrarse a alguien hasta lograr conquistarlo (La Bella y la Bestia)

- Que no importa si uno hace las cosas a medias, lo importante es estar contactado con alguien que las haga bien y sacar provecho de ello (Los 3 chanchitos)

- Que mejor que hacerle mal a una persona es engañarlo antes de hacerle ese mismo mal (Caperucita Roja)


Que las disfruten con salú.

jueves, 28 de octubre de 2010

¡Da la face... book!



Al parecer está siendo furor la película "Red Social", que trata el proceso de fundación de Facebook haciendo una biopic que no deja muy bien parado a su fundador, Mark Zuckerberg. Excelentemente referenciada por la crítica, no sabemos si tales criticas se deben atribuir a la excelente dirección de Davis Fincher, a la sólida actuación de Jesse Eisenberg o al galopante desagrado que provoca que un pibito de 25 años tenga más plata que todos los que leen las críticas juntos. Cualquiera sea la razón, lo interesante es que la película pretende plantearse como un retrato generacional. Es por eso que, en esa clave, desde este espacio queremos contribuir a la conformación de ese mosaico con nuestro pedacito de porcelana.


Casa de la Familia Mendez. 20:02 hs.

- Ernestito, nosotros sabemos que los jóvenes de hoy en día se manejan mucho con eso de las computadoras y la internet. Sobre todo con lo del feisbu...

- Facebook. A Ernesto le gusta esto.

- Lo que nos parece es que se te ha hecho una adicción. Nos parece que tenés que salir, conocer gente...

- Ernesto tiene 642 amigos.

- Puede ser que en la máquina pero, seamos sinceros, tener sólo esos amigos es medio nerd.

- Ernesto te ha invitado a irte a la mierda ¿será posible?

SÍ NO ES POSIBLE

- No lo tortures así, Sergio.

- Ernestito y Mamá ahora son amigos.

- Lo hago por su bien, Claudia. Así no va a lograr nunca ponerse de novio...

- Ernesto está en una relación con Juanita.

- ¿La hija del verdurero? Dale.

- Ernesto ha instalado la aplicación "amigos con derecho a roce".

- Por lo que sé, a Juanita la instalaron todos. ¡A la aplicación digo!

- Papá ha sacado el máximo puntaje en "¿Qué tan hijo de puta eres?"

- No soy yo, es lo que dicen...

- No te enojes, Ernestito, te lo decimos porque te queremos...

- Ernesto ha dejado un mensaje en tu muro: "Dejenme de hinchar las pelotas. ¡Ya soy grande!".

- No te pongas así. ¿No te acordás cuando íbamos juntos a la plaza, a patear al aire libre en la canchita?

- Ernesto te ha etiquetado en el álbum "Parque Centenario '92".

- ¿No estaba bueno? ¿no lo disfrutabas?

- En este momento Ernesto está desconectado del chat.

- Bueno, bueno... Entonces me parece que Papá va a cortar las aplicaciones "Casa y comida", "Ropa" y "conexión a internet" así que contame que puntaje hacés en el juego "Viviendo en la calle".

- Bueno, viejo, vos buscá la pelota. Yo me voy a poner los cortos y vuelvo.
- ¿No te digo, Claudia? Con un poco de ganas uno enseguida entiende de estas nuevas tecnologías.



No, la película no la ví, pero creo que al final se descubre que el viejo de Mark Zuckerberg era Darth Vader.


Pablo ha escrito en su blog: "Que lo disfruten con salú".


Seguinos enermizamente.



viernes, 15 de octubre de 2010

Procrastinación


Me miran. Lo puedo sentir. Si bien un observador neutral sostendría que sólo yacen apaciblemente sin hacer movimiento alguno, yo sé que me están mirando. Y se sonríen, y se burlan de mí. Saben que cuentan con la ventaja que da la necesidad. Saben que tarde o temprano la victoria será suya.

Una pila de finales (5 preguntas, todas de desarrollo) me espera en el escritorio. Hojas y hojas que hablan exactamente de lo mismo. Bueno, eran dos temas, pero aún así. A pocos centímetros, otra pila de trabajos prácticos parece saludarme con sorna. "Y después yo" parecen decirme socarronamente, concientes de que no me interesa lo que tengan para decir. Y eso sin contar que ya corregí un curso entero (cerca de 60 alumnos, 5 preguntas, todas de desarrollo) lo que ha mermado si no aniquilado la motivación que pude haber tenido. Empezar a corregir y ver que mientras la pila de corregidos se mantiene constantemente al ras, la pila de los por corregir parecen aparearse y reproducirse mientras tanto hace que uno reconsidere el valor de la cultura.

Ya no me acuerdo si fue el año pasado o a principios de este mismo año, pero en cualquier caso fue la palabra del año. Un descubrimiento. La palabra procrastinación venía a llenar un vacío léxico en mi vida. Cuando uno le puede poner nombre a las cosas entonces se tranquiliza. Y ese es el nombre perfecto para describir lo que hago mientras escribo este artículo. En este punto ya son 3 los exámenes que no corregí por hacer...que se yo...esto. Así que vamos a procrastinar como se debe, y les contaré como llegué aquí (a este momento, a este estado) aportándoles algunos datos que no les aportarán nada y preguntándoles cosas que quizás nunca se preguntaron (y no por profundas)

Todo comienza esta mañana en la oscuridad de mis aposentos, donde con mi mujer nos enredamos en una competencia de quién lograba postergar más el despertador. Entre snooze y snooze parecía que había un flipper en el cuarto.


No, no este.


Este.


Finalmente gané y -como la competencia me dejó extenuado- festejé quedándome 5 minutos más en la cama.

¿Cuál es su estrategia con el despertador?

a) ponerlo lo más tarde posible y salir a las corridas. ¿Quién necesita desayunar, bañarse o sacarse el pijama para ponerse el traje?

b) ponerlo más temprano para poder hacer fiaca antes de salir de la cama. Como la computadora, entre que se prende y que está lista para funcionar pasa un tiempo. En mi caso se trata de una computadora con Windows 95.

c) ponerlo a la hora que se tiene que levantar. Aunque estrambótico, quizás haya gente que lo haga. Hay de todo en la viña del Señor.

Ya lanzado al mundo exterior, me dirigí hacia el subterráneo. Si bien descarto viajar sentado, sé que depende del día de la semana y la hora, podría viajar en modalidad "caramba, somos sorprendentemente pocos", en modalidad "somos bastantes pero cada cual tiene su metro cuadrado" o en modalidad "estamos violando las leyes de la física y -si alguien hace un mal movimiento- podríamos estar violando a secas". Hoy me tocó la segunda opción (ya deben ser como 5 los exámenes que podría haber corregido) y, como cuando está fresco, la temperatura del subte era agradable. Quizás eso me permitió reflexionar en que , no sólo en el subte sino que en cualquier transporte público, uno suele coincidir con otras personas que realizan "actividades de viaje" de las que uno, a veces con intención y otras sin ella, puede participar.



Cuando viaja en transporte público ¿a qué cosas presta atención?

a) trata de leer las noticias del diario que lee el pelado que está al lado suyo. Algunos con ver algún título se conforman. Otros casi que se fastidian si les pasan la página antes de tiempo.

b) trata de escuchar qué música oye el muchacho del MP3. Dejo de lado al infeliz que directamente comparte sus gustos musicales con el resto de los pasajeros.

c) se contorsiona para tratar de ver el título del libro que lee la chica que está a metro y medio. ¿Qué quieren que les diga? Me provoca curiosidad. Incluso puede generarme simpatía o antipatía dependiendo de lo que esté leyendo. Lectores de Stamateas y Dan Brown, abstenerse.


Si bien indudablemente le prestaría atención,

dudo que me sumase (más de estos aquí)

Todas las opciones son desaconsejables si usted viaja en auto. Sobre toda la de hacer aros. La cuestión es que finalmente llego al trabajo. Me siento en mi escritorio, prendo la computadora y veo que me esperan los citados papeles. Nos situamos aquí en un momento que divide tipos de personas.

Cuando llega al trabajo, usted:

a) Establece las prioridades del día y va sacándolas una a una eficientemente. si yo le dijese que una de sus prioridades es corregir finales de ética (5 preguntas, todas de desarrollo) ¿qué me diría?

b) Se acuesta sobre su escritorio y le dice a su jefe que lo despierte para ir a almorzar. ¿El escritorio no es algo duro? ¿no tienen alfombra en su oficina? ¿qué tal es Narnia?

c) Si bien en un rato empieza con todo, como una computadora con Windows 95, necesita acomodarse en el día y por eso hace una breve recorrida por blogs como Kairós. Que lo disfrute con salú.


8 exámenes y medio. Deséeme suerte.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Lo que nos hizo Sigmund



Señores, el tema que estoy por tocar tiene aristas cuya profundidad va más allá de nuestra imaginación. Sobre todo porque me resulta tremendamente difícil imaginarme una arista con profundidad. La cosa es que abordaré una cuestión doblemente sensible. Sensible por las acaloradas discusiones que genera y sensible por sus consecuencias practicas.

Me referiré a la influencias de la Psicología en la vida cotidiana.

Ya está, lo dije. ¿Cómo que "¿eso era?"? Sepa que camino sobre una cuerda floja enjabonada extendida a 100 metros de altura sobre amenazantes púas rociadas con limón. No tanto por lo que pueda decir la comunidad psi en general (bastaría con pedirles una definición de la psicología para que se empezasen a matar entre ellos) sino porque mi mujer es psicóloga y una patinada aquí podría costarme un par de días durmiendo en el sillón. Debajo del sillón, para ser más exactos.

Por eso renuncio desde ahora a hablar sobre psicología, para simplemente describir qué es lo que la psicología ha alterado en la vida de los legos en la materia. Lo primero que hay que decir es que dado que no tenemos noticia de denuncias de mala praxis psicológica, todo aquél que haya escuchado alguna vez a un estudiante de psicología decir el nombre de una unidad del programa de una materia que estudiaba se siente en condiciones de ensayar teorías e interpretaciones sobre las cuestiones más variopintas. Algún desorbitado tratará de situarme a mí mismo en esta categoría, pero como lo mío no es latente sino manifiesto, está todo bien.

Decía, esto puede dar lugar a los más vergonzosos intentos de interpretación. No importa cuanto intenten los psicólogos convencernos de que algo no puede ser interpretado en el aire, nosotros queremos un par de tips de la misma manera que le pedimos a nuestro amigo que acaba de gastar $2000 pesos en un curso de magia que nos enseñe un par de trucos para impresionar a una muchacha. Y no cejamos hasta que logramos una afirmación taxativa. Por ejemplo:

"Soñar con máquinas hace referencia a la potencia sexual".

- ...y entonces, cuando las papas fritas mutantes -que en realidad eran los primos de un compañero de primaria- venían a hablarme, yo agarraba un aut...digo, un Airbus 7337 y me iba a otro lado. Y entonc... momento, pero el avión iba lleno de minas lindas ¿eh? Porque ya veo que como había pibes en el sueño y una máquina vos pensás que soy gay. No, en realidad eran primas. Sí, eso, primas pechugonas.

El primer concepto psicológico que asimilamos es el del complejo de Edipo. Y la primera reacción es la del rechazo simple y llano. "¡¿Con mi vieja?! Estos están todos podridos. ¡Podridos!". Al poco tiempo, aceptamos que para poder fungir de psicólogos debemos aceptar este principio. Pero, con esa aceptación, a la vez que se rompe en nosotros la pureza del recuerdo infantil, se erotiza la relación filial. Los niños ya nos son angelicales criaturas cuyas potencialidades serán desarrolladas merced de una cariñosa educación, sino potenciales parricidas a la espera de una oportunidad*. La sospecha cunde. Ya nada es lo mismo.

Antes de Freud:

- Mamá, te quiero mucho.

- Yo también.

Después de Freud:

- Mamá, me resultás simpática de una manera asexuada, más cercana al ágape que al eros.

- ¡¿Dónde está tu padre?! ¿qué hiciste con él? ¡habla, bastardo, habla!


Antes de Freud:


- ¿A quién querés más? ¿a tu papá o a tu mamá?


Después de Freud:


- Inconscientemente, ¿a quién preferís matar? ¿a tu papá o a tu mamá?


Esta sospecha se disemina por nuestra vida. Creemos que, al haber sido introducidos en los misterios del Arcano, podemos detectar las interpretaciones que se tejen en torno a nosotros. Como si se tratase de un juego de espías, nadie quiere dar pie a una interpretación. El silencio se cierne sobre hombres y mujeres de ceño fruncido y pipa imaginaria. Sólo los valientes se atreven a afirmar algo...



- Sos un pelotudo.

- ¿No estarás proyectando en mí aquellos aspectos de tu personalidad que no toler...?

- No, no, sos un pelotudo.

- ¿O estás sublimando una animosidad pretérita que...?

- ...en lugar de en el lavavajillas, metiste los platos en el lavaropas. Sos un pelotudo.


Intenta resistir, pero sabe que es carne de cañón. O de diván, lo que en este caso sería homologable. Es conciente de que tarde o temprano surgirá el complejo tema de los complejos. Y él se sabe tan pero tan acomplejado que tiene, a la vez, complejo de superioridad y de inferioridad. Por eso, entre tímido y altisonante, espeta: "¡Pero callate, taradito! ¡Yo soy mucho más infeliz y miserable que vos!".


Y vuelve a callar. Por la confusión de su interlocutor y porque teme cometer un acto fallido. Esas malditas palabrejas que escapan de la represión y se cuelan en el discurso conciente. Por eso calla.


Pero, vamos, que un acto follado le puede tetas a cualquiera.







* Al parecer, la visión negativa de los infantes (a los que llama "perversos polimorfos") que se detecta en la obra freudeana, está directamente ligada a una mala lectura del Mio Cid. Freud pensaba que los "infantes de Carrión" eran en realidad dos niños pequeños.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cómo ser un imbécil y no morir en el intento



¿Es usted una persona con un coeficiente intelectual promedio? ¿logra armar oraciones con sentido? ¿está aburrido de entender lo que le quieren decir? ¿le gustaría experimentar lo que se siente ser un completo imbécil? Pues bien, tenemos una propuesta que parece estar hecha a su medida.

Oligofrenic tours le ofrece la posibilidad de convertirse -a un costo muy razonable- en un ser dubitativo, confundido y con expresión de pocas luces. Usted podrá elegir dónde vivir en carne propia lo que significa ser un idiota de la primera hora.

Opción 1: el trámite bancario.

La consigna inicial no podría ser más simple: pagar unos dólares que figuran en el resumen de su tarjeta de crédito. Pero aquí viene lo emocionante: deberá hacerlo desde una tarjeta de débito ¡del mismo banco!

- ¿Qué tal? Sí, quería pagar unos dólares de mi tarjeta.

- ¿Efectivo?

- No, desde una tarjeta.

- Por caja no, vaya a servicio al cliente.


- ¿Qué tal? Sí, quería pagar unos dólares de mi tarjeta.

- Puede hacerlo desde las terminales de autoconsulta.


- ¿Qué tal? Sí, quería pagar unos dólares de mi tarjeta.

- ...

- ¡Ah, es una maquina! ¡qué bolú! A ver...pongo acá...¿qué es esto?


- Sí, disculpe, yo vine recién. Me pide una clave.

- ¿No tiene clave telefónica? Tiene que ir a un cajero, seleccionar "generación de claves" y poner un número que no empiece con 19 ni con 20, cuyos números no se repitan ni sumen entre sí un múltiplo de 2, 3 o 5...

-Fantástico.

- ...con esa clave llama a este teléfono, recita un soneto que no sea del siglo de oro español mientras baila una polka y selecciona la opción 16. Va a ver que el auricular empieza a hacer una serie de sonidos chirriantes como de señal de fax. Cuando escuche un ruido en fa, entonces apriete el número 4 todas las veces que pueda. Si llega a la cantidad que la máquina considera suficientes, le dará la clave que necesita.


- ¿Qué tal? Yo estuve...

- Sí, ¿qué pasa?

- Mire, tengo un problema. Cuando quiero seleccionar la opción 16 me toma sólo el 1 y me lleva a la opción para que el banco me extraiga plata de la cuenta arbitrariamente.

- ¿Está seguro de que está bailando una polca y no un minué?

- Sí, sí...

- ¿Y aprieta la opción mientras baila y recita?

- No, yo lo estaba haciendo después. Es que con el movimiento...

- Debe ser eso.


Si a esa altura usted no duda de sus capacidades es porque es un imbécil. ¡Ah, caramba! Satisfacción garantizada.

Opción 2: el mecánico

Pocos ámbitos son tan misteriosos para un lego (y tan costosos) como el mecánico. Las oportunidades de quedar como un soquete y de que incluso se rían de uno a sus espaldas son inmejorables.


- Sí, ¿qué tal? Vengo porque el auto está haciendo un ruido raro en la rueda de atrás.

- A ver... (abre el capó)

- Pero el ruido es... (señala tímidamente la rueda de atrás pero finalmente opta por sumirse en un cauteloso e ignorante silencio)

- Claro, se ve que... ¡CRACK! (arranca una pieza del motor) Mirá, pibe, ¿ves esto? Este es el problema.

- Pero ¡si usted lo acaba de arrancar!

- No, campeón, no. El sonido de rotura y las pequeñas piezas y tornillos que ahora se le van cayendo son perfectamente normales, pero ¿ves esto? esteee...estaaa...ehhh...manchita de aceite. Bueno, eso no debería estar. Voy a tener que pedirte el repuesto. Un defibrilador asintónico XP-3...sin manchita de aceite. Calculale $3800.

-¡$3800!

- Y eso que casi no te estoy cobrando la mano de obra.

- Bueno (resignado), lo paso a buscar la semana que viene, entonces.


(Mientras se va, escucha risas a sus espaldas)


Opción 3: los especialistas

En cualquier ámbito de las Ciencias Sociales siempre contaremos con un grupúsculo que, con lenguaje sibilino, querrá mantenerse entre los iniciados marcando la distancia existente con el común de los mortales. Por eso le aconsejamos que si usted es psicólogo, se junte con historiadores; si es historiador, vaya con los sociólogos; si es sociólogo, con los filósofos y si es filósofo, mándenos su currículum. Si usted es administrador de empresas, médico o ingeniero electromecánico, vaya con cualquiera de los antes mencionados. Todos ellos, para marcar esta diferencia, han desarrollado un lenguaje que les permite mantener a los legos en una situación de embobamiento incomprensivo. Pues bien, si tiene tarjeta de crédito ¡usted puede ser un lego bobo que no comprende!


- Claramente aquí se ve como se pone en juego una lógica que, objetivando aquellos recortes disciplinares, opera en la coyuntura matricialmente, de manera que podemos problematizar las subjetividades sin necesariamente sistematizarlas.


- ¿Eh? ¿es una pregunta? Café con leche. No, mejor los hunos. O el óptimo de Pareto. Lo que aplique mejor.


Nunca se sintirá más disminuido intelectualmente. Dudará de sus capacidades intelectuales hasta el punto de ver con recelo a los simios, delfines y cerdos. ¡Aproveche ahora!


Promoción válida hasta que se todos se den cuenta de que no están diciendo una bosta.


Como ve, las oportunidades son muchas y están al alcance de la mano. Decídase, deje su lado su reparos, su pudor, su ego y su economía familiar y súmese a las propuestas de Oligofrenic tours.



Oligofrenic Tours. Después de pagarnos, se sentirá un imbécil.


Related Posts with Thumbnails