jueves, 22 de septiembre de 2011

Breves e inconexas VI




1) Si algo ha eclipsado las filtraciones de Wikileaks han sido las filtraciones de Choluleaks. Fotos de famosos desnudos se hacen públicas sistemáticamente. Por supuesto -en los casos en que el culpable no es un ex novio despechado- se trata de robos de teléfonos celulares y hackeo ilegal de computadoras. Gente de bien que se ve sorprendida en su intimidad por inescrupulosos voyeuristas.


Habiendo establecido esto, mi pregunta es ¿por qué diantres hay personas que se sacan fotos desnudas con su celular en primer lugar? Es decir ¿cuando serían un buen momento para ver fotos de uno mismo como Dios lo trajo al mundo? "Che, qué macana, todavía faltan 200 números para mi turno. ¿Cómo era yo desnudo?"; "Este es mi sobrino Ambrosio comiendo papilla, esta es mi perrita Laica corriendo por la playa, esta soy yo en bolas mirando con cara de ninfómana, este es el cumpleaños de mi abuela...".


Un 'desnudo cuidado' es el desnudo que no se fotografía.


2) No me gusta ver películas de terror. No existen motivos éticos, estéticos, técnicos, estocásticos o peripatéticos. Simplemente soy cagón. Cada incursión forzada termina con un pensamiento similar al que uno puede tener mientras el carrito de la montaña rusa remonta lentamente la primera subida: "¿Por qué me estoy sometiendo voluntariamente a esta tortura? Y ahora ya no puedo volver atrás".


Ahora bien, mis incursiones en el género* han bastado y sobrado para constatar un par de cosas:


- Si alguien se baña, entonces va a morir. No sé si habrá lobby de las perfumerías francesas, pero lo cierto es que tomar una ducha (ni que hablar de un baño de inmersión) es una sentencia de muerte. Y los que se salvan siempre están sucios al final de la película. Lo preocupante del caso es que los asesinos no parecen respetar la intimidad. Me gustaría ver una escena en la que el asesino entre al baño y se encuentre con la víctima sentada en el inodoro.


- Los zombies son lentos y -paradójicamente- pueden morir. Un zombie es una criatura infernal ciertamente curiosa: al parecer, al resucitar a una persona esta pierde a) el equilibrio: ya no puede caminar balanceando graciosamente sus brazos sino que parece estar tomando distancia en el patio del colegio; b) todo atisbo de velocidad: si se quiere evitar ser mordido por un zombi, básicamente lo que hay que hacer es apurar el paso. No obstante, aun cuando son lentos y van murmurando constantemente, logran sorprender a los personajes secundarios que siempre están mirando para atrás; y c) la noción de una dieta balanceada: quizás por resentimiento contra los que tienen articulaciones, lo único que les interesa es la carne humana. Nunca una ensalada o unas machas a la parmesana. Además, pueden estar días vagando sin sentido, pero apenas se hacen de un cacho de persona (o de la persona de Cacho) no pueden esperar a ponerla unos minutos a la parrilla.


- Las octavas partes nunca fueron buenas. Los distintos géneros (comedia, acción...) han adoptado la permanencia de historias para dar continuidad a un relato, a un personaje o, según dicen algunos malintencionados, lucrar. Ahora, las películas de terror han llevado este principio hasta el paroxismo.


Una película de terror sólo puede terminar cerrando el circulo: la muerte del asesino; el cese del destino trágico; la exorcización del espíritu errante. La amenaza constante que da sustento a la película debe ser eliminada. Eso debería anular la posibilidad de una secuela. Pero no, el asesino no estaba tan muerto, el destino sólo había hecho una pausa para ir a mear y le erraron con la exorcización del espíritu errante. O sea, es lisa y llanamente desautorizar la película anterior. Sólo se trata de un tiempo de respiro para que la protagonista consiga un nuevo entorno en el que puedan morir todos después de que su entorno muriese en la película anterior.


3) Blogger son los padres.


Esa es mi conclusión. Desde el momento en que uno decide publicar algo en un blog, entiende que la posibilidad de una feedback cara a cara es difícil. Por suerte, además de los comentarios, se puede echar mano a las magníficas estadísticas que nos provee blogger y allí encontrar no sólo la cantidad sino la cualidad de los lectores que entran al propio espacio. Y así es como uno se entera, por ejemplo, qué es leído en Argentina (naturalmente) pero también en España (¡bien ahí!), en México (¡soy un tigre!), en Libia (¿eh?) y en Alaska (¿llega la conexión a internet siquiera?)


No puedo dejar de sospechar. Internet es una red, concedo; existen los amigos de los amigos, por supuesto; hay hispanoparlantes diseminados por el mundo, claro está; todas las personas del mundo pueden ser conectadas en 6 etapas, ponele; pero no me vengan con que una persona cuyas preocupaciones van desde la asimilación de otra cultura al intento de convencer al resto de su familia de que la mudanza a Burkina Faso es efectivamente una oportunidad aprovechada quiere leer sobre las inconsistencias que presenta el zombi como personaje. Ahí hay un muchacho de blogger entreteniéndose mientras pone banderas al azar para que estemos contentos.


¿Paranóico dice? Piense la opción: "Los rebeldes han tomado la ciudad y dicen que ya se puede leer Kairós nuevamente. La gente sale a la calle mientras solicita una nueva entrega de 'Breves e inconexas'".



Pero, si llega a ser el caso, que lo disfruten con salú.


















* hablo del género de las películas de terror, que después se me arma lío con mi mujer.


viernes, 16 de septiembre de 2011

Fermín


Son las siete y media de la tarde. Un vagón de subte que ya no está atiborrado, pero cuyos pasillos todavía albergan gente parada. Y una persona que sube con un parlante, un micrófono y una guitarra. Es Fermín.

Ya conocemos a Fermín; lo hemos visto en dos o tres ocasiones. En el mundo de los títulos autoimpuestos -allí donde Atlanta es el capo de la "B" y yo soy un crack- Fermín es músico. No sólo lo atestiguan su guitarra y su micrófono sino también su pelo desaliñado, su remera gastada, su pañuelo al cuello y sus pantalones chupines. Sabiendo que cuenta con esos testimonios irrefutables, Fermín toma la palabra frente a los que ha impuesto que serán su público. Nos explica que -para el que no se dio cuenta- él es músico. No un músico de subte, no. Él tiene una banda. Pero los meandrosos caminos de la vida lo obligan a llegarse hasta el subte (un Hades tan simbólico como literal) para obsequiarnos con su talento a cambio de lo que nuestra generosidad (¿generosidad? ¡justicia más bien!) quiera retribuir.

El problema es, desde el primer momento, que los viandantes no retribuyen nada -ni siquiera una mirada- al bueno de Fermín. Los auriculares que se vislumbran aquí y allá nos permiten presumir que la gente escucha otra música o se pone algo para no escuchar la de nuestro héroe; los ojos que se posan en el libro/diario/fotocopia/etiqueta con información nutricional que cada uno lleva o -a falta de un texto propio- en el de al lado nos indican que existe una resistencia.

Y Fermín lo nota. "Parece que no hay onda" reflexiona en voz alta. El didascálico valor de sus palabras no permite escapar a la invitación: un ruego espontáneo del público, una súplica conjunta, un pedido popular de rectificación o la explicación justificante de un malentendido se imponen naturalmente. Pero parece ser que nos encontramos entre una multitud contra natura, porque no pasa nada de eso. Sólo textos y auriculares.

Fermín sigue buscando una mirada cómplice. Incómodo, a 70 centímetros del Maestro,el que escribe parece desafiar al primer párrafo del libro que tiene entre manos a ver quién pestañea primero. No puedo quitar la mirada de esa hoja. Fermín está muy cerca y me interroga con la mirada. Lo siento. Siento sus ojos escrutadores cuando pasan una y otra vez por el lugar donde me acodo. Ya conocemos a Fermín. Se impacienta facilmente Fermín.

"Yo a veces no sé qué hago acá" brama. ¡Silencio! ¡que nadie se atreva a sumarse a la pregunta! El Maestro se encuentra en un debate consigo mismo. Se pone en duda y se reafirma. El tiempo parece detenerse, dejando a los ocasionales habitantes del vagón suspendidos en un momento infinito, del que sólo nos puede rescatar el arribo de Fermín a una conclusión.

"Yo suspendo" anuncia. No debería quitar la vista de mi párrafo, pero no puedo evitarlo. Aunque haga contacto visual y me transforme en una estatua de piedra, debo ver la reacción de Fermín. Pero él, magnánimo, ya se ha dado vuelta contra la puerta y canturrea algo mientras toca la guitarra desapasionadamente.

Detrás de él: el vacío. Sólo un tendal de textos y auriculares; algún remordimiento quizás, probablemente varios alivios; un párrafo fijo y una frase. Una frase que brota de lo más hondo del corazón, a apenas 70 centímetros de ese portento del ritmo:


"Fermín, dejá de hincharnos las pelotas".




Que lo disfruten con salú.



martes, 6 de septiembre de 2011

Antes del fin



Quienes han tenido la dudosa suerte de leer mis escritos históricos, saben que pienso que se suele prestar una atención desmesurada a las últimas palabras. Incluso que, en un envalentonamiento revisionista, he puesto en duda que las últimas palabras que se atribuyen sean efectivamente las últimas palabras pronunciadas. Si me preguntan a mí, las últimas palabras de Napoleón deben haber sido algo del estilo "Arghhhh, la puta que arde" y las de Gaudí algo como "¿Cuidado con el 60? ¿qué ses...?".



Porque digan lo que quieran, pero las de la lápida tampoco son las últimas palabras. Si el muerto alguna vez las pronunció, seguro que fue en momentos de mayor lucidez. Y si son una cita, el occiso quizás ni las haya escuchado en su vida (y menos que menos en la muerte) Jim Morrison tiene en su tumba una cita en griego. ¿Cuantas veces lo escuchó hablar en griego? No, no se le entendía porque estaba dado vuelta, no porque fuese grieg... que no. Siga así, dele, siga así que en su lápida va a aparecer "puto el que lee" escrito en griego. Total, sus familiares lo van a tener como un intelectual y usted tampoco es que se va a incomodar si se descubre.



De cualquier manera, el punto no es ese. Lo que me interesa es...no, tampoco sé como se dice "puto" en griego. Decía, lo que me interesa es poner sobre el tapete aquellas frases que, sin ser las últimas palabras, desencadenan el proceso que lleva a que haya últimas palabras; que actúan como el detonante de una serie de eventos desafortunados; que llevan en sí como germen la posterior serie de actos dañinos; que hacen, por así decirlo, que se pudra todo.



Listo aquí algunas frases que no encontrará en lápidas (a menos, quizás, que sea alguna alusión pintada encima con aerosol) ni enmarcada en manuales del secundario, pero que -por las consecuencias que trajeron- para muchos han significado un dramático cambio en su historia:





- ¿Te acordás de mi ex novio psicópata del que te hablé?



- Vos dejame a mí que te muestro como se hace.



- No, no pusiste 'Reenviar' sino 'Responder a todos'.



- ¿La madre? Ah. Disculpe, es que por teléfono suenan igual.



- Ponelo que ni se van a dar cuenta.



- Sí, puede ser que estés un poquito más culona.



- ¿Alguien del público tiene una pregunta? ¿la bragueta abierta dice?



- ¿Qué querés apostar?



- Vos estabas tomando pastillas anticonceptivas ¿no?



- ¿Pero qué puede pasar?



- Quienes han tenido la dudosa suerte de leer mis escritos históricos, saben que pienso que se suele prestar una atención desmesurada a las últimas palabras.









lunes, 29 de agosto de 2011

El discurso del bufón



A nadie escapa la importancia de saber transmitir las ideas con precisión y claridad. La ambigüedad de la frase del ingeniero Takashimi "se me escapó un gas", tomada con tanta jocosidad al principio, redundó en la muerte de no menos de 350 personas que no comprendieron que el gas se había escapado del reactor 5. Menos dramático fue el caso de la empresa "John Johnson & Son". Se dividió a la gente del departamento de Recursos Humanos en dos grupos; uno debía elaborar propuestas para evitar la reduplicación de tareas y el otro para mejorar la comunicación interna. Grande fue la sorpresa de Johnson padre cuando descubrió que ambos grupos habían preparado propuestas para evitar la reduplicación de tareas.


Se trata de casos de mala praxis lingüística ejercida por incompetentes que deberían volver a las cavernas. Especialmente el ingeniero Takamishi; por lo menos hasta que se calmen las aguas. Los familiares de las víctimas suelen ser rencorosos.


Por eso, para usted, que cuando dice la palabra "admonición" en una conversación hace una pausa dramática de 10 segundos para que el resto admire su vocabulario; para usted, que habla siempre de "sus lecturas", sin aclarar que son dos ("Mi planta de Naranja Lima" cuando estaba en séptimo grado y un libro de Dan Brown que le regalaron hace dos cumpleaños); para usted, que en un poema a su primera novia hizo rimar "primor" con "amor" y siente que deberían hacerle un lugarcito en la Academia Argentina de Letras; para usted son estos consejos sobre cómo mejorar sus discursos y/o cómo dejar de decir gansadas a mansalva.


Y hacemos esto porque hemos detectado algunas expresiones que utiliza que van desde lo francamente desconcertante a lo metafísicamente imposible. Vayamos a algunos ejemplos.


"Después de todo, lo que digo es totalmente lógico".


Le pido que se tome un minuto y me trate de contestar qué podría haber "después de todo". Y la respuesta es nada porque, si hay algo, entonces o está en el todo o el todo no es tooooodo, sino sólo "una suma bastante importante de cosas". en definitiva, o es la nada o es parte del todo, pero si es parte del todo no puede estar "después" de aquello de lo que forma parte. ¿Se entiende? Es como todo, usted no parece entender nada.


Y lo peor es que además le parezca lógico.


"Desde luego".


Su manejo de la temporalidad lineal deja mucho que desear. ¿Cómo va a situar el principio en el futuro? ¿por qué no la hace completa y dice "desde luego y hasta la semana pasada"? Le diría que es un animal pero los animales se manejan con humildad y tino en el presente.


"Antes que nada, quisiera aclarar que..."


Solamente para chequear ¿tiene usted datos certeros de una futura y cercana aniquilación? ¿no? Entonces lo que dice no tiene sentido. Y desde ya que no aclara. Si quiere puede mezclar y decir "después de nada...". Quizás deba dedicar gran parte de sus conversaciones a discutir con los que sostienen la eternidad del mundo, pero, después de una suma bastante importante de cosas, se trata de algo más interesante que lo que usted estaba por decir en primer lugar.


"Mire, lo que yo quise decir fue..."


¿Se da cuenta? ¿se da cuenta de que lo suyo no es lo verbal sino lo visual? Primero da una orden a su interlocutor ("mire") y luego, mientras el pobre cristiano está distraido buscando el objeto que usted querría mostrarle, usted le tira por la cabeza lo que hubiese querido decir si tan solo hubiese palabras para describir lo que usted realmente quería decir. ¡Ah! ¿las hay? Pero que cosa, che. ¿Por qué entonces no las dijo la primera vuelta y nos ahorraba la molestia a todos?


"No es para tanto".


Ahora usted está siendo deliberadamente ambiguo. Lo hace a propósito ¿no? ¿A qué viene esto de cuantificar el alcance de sus dichos? ¿cuanto es "tanto" y, en cualquier caso, para cuanto da lo que usted dice? ¿Para menos enunciados? ¿para menos verbos conjugados? ¿menos objetos directos? Trataré de ser lo más sintético posible: Tú Tarzan, yo NO Jane.


"¿Por qué no se va a la re%&$# de su madre?".


¡Muy bien! Esto es un avance. Usa la pregunta retórica y una metáfora en la misma oración. ¿A qué barrabrava me dijo que pertenecía? ¿ninguna? No, por nada.


Incluso veo por su puño en alto que ha aprendido a comunicarse de formas no verbales. ¡Bien por usted! Y yo que pensaba que ¡ay! Sí, sí, ya entend...¡baje ese bate! ¡no, no sobre mi rodilla! ¡ay! Espere, trate de contemplar el valor didáctico de lo que ¡ay! No, no de lo que "hay", imbécil. No hay nada, nada que no sea parte del todo quiero decir. Lo que pasó fue que interpuse una interjección de dolor porque usted me ¡ay! ¡exactamente! Lo del bate. ¡Ay! sí, sí, lo captó perfectamente. Es más, antes de desmayarme quiero decirle que ha hecho grandes prog







lunes, 1 de agosto de 2011

Breves e inconexas V



Los tiempos de crisis son también tiempos de oportunidades. Sí, sí, ya sé lo del ideograma chino. Es ante la necesidad que se presenta patente que nos vemos obligados a buscar salidas que antes no habíamos pensado, a proponer tomando riesgos que en la comodidad de la bonanza no hubiésemos tomado. La adrenalina de la situación límite reencauzada en una explosión creativa que nos sitúa en un nuevo lugar...


O no.


Los tiempos de crisis también arrojan esperpentos que únicamente pueden entenderse como fruto de una crisis. Mamarrachos que sólo queda mirar con cejas arqueadas, ojos achinados, sonrisa condescendiente y un lento asentimiento de cabeza que indican a una vez lástima, simpatía y el intento de evitar decir "esto es una bosta".


En esta segunda categoría podemos encontrar el presente escrito, cuya inconexión y...eeeh...brevitud abrevan en una fenomenal ausencia de ideas sólidas. A tal punto que en un momento incluso le parezca estar leyendo una entrega de "historias mínimas".




1) El acuciante tema del mal, al que nuestro tiempo le ha añadido una dosis de relativismo que nos quite todo norte y referencia, van minando la confianza del hombre contemporáneo en un cosmos ordenado; en una historia con sentido; en un hombre que no sea el lobo del hombre. Es por eso que atesoramos aquellas personas y aquellos valores a los que todavía podemos recurrir para orientarnos en este mundo caótico. Por eso me pregunto: Carlos Villagrán ¿por qué mierda tenías que contarnos que te encamabas con Florinda Meza a espaldas de Roberto Gómez Bolaños? ¿qué necesidad de romper esa mágica burbuja de la vecindad, donde podría haber pobreza, vagancia, trabajo infantil y violencia física, pero nunca un lío de polleras? ¿por qué quitarle a las generaciones venideras la imitación de cachetes inflados, que ya nunca podrá hacerse con inocencia? Ni con Inocencia ni con Florinda, por supuesto.



Y perdón que diga todo esto, pero el chiste del Edipo mal resuelto ya lo hizo todo el mundo.





Y le decía "tesorito" enfrente del otro, la muy hija de puta.




2) No debe haber una profesión que nos genere mayor veneración que la de médico. O sea, podemos respetar y admirar a hombres de oficios o profesionales de las más diversas ramas, pero ninguno cuenta con la adhesión de nuestro instinto de conservación como un galeno. Se trata de una persona que puede decirnos cosas como "usted está hecho pelota"; "sus resultados francamente no me conforman" o "quítese la ropa" sin que nos atrevamos a responder otra cosa que un "sí, sí" como pidiendo perdón o un genuflexo "ta' bien, Doctor".


La cosa es que la semana pasada me enfermé. Sí, estoy mejor, gracias por preguntar. Cuando uno se enferma ya no basta con llamar y avisar que se está enfermo. No, no. Hay que solicitar médico. Médico laboral. Sí, ya sé, pero aunque suene enfermo lo tiene que pedir lo mismo. Porque, además, es fácil "sonar enfermo" cuando uno está congestionado con gripe pero ¿cómo se hace cuando uno está con una descompostura? No estoy diciendo que haya tenido una descompostura, sólo digo que...no, tampoco lo estoy negando. Pero no soy yo el que estoy sobre el tapete sino el médico. El médico laboral. Como la que vino la semana pasada a mi casa.


La recibí en la entrada de mi departamento pensando que me iba a pedir que me acueste en mi cama para revisarme. Pero no, no sólo no tenía intención de revisarme sino que tampoco pensaba acercarse demasiado, no vaya a ser cosa que yo estuviera enfermo. Y entonces, me tiró la pregunta que mi situaba a mí como un especialista o a ella como una Contadora Pública: "¿Y? ¿qué tenés?". No la sintomatología; lo que me pedía esta buena mujer era un diagnóstico, una hipótesis clínica. Yo, entonces, no sólo opiné sobre mi enfermedad (que no he afirmado ni negado que se tratase de una descompostura) sino que la acompañé de información sumamente importante y precisa sobre la presencia de una hepatitis viral en el seno familiar. Me dirigió una mirada inescrutable y -con un dejo de autismo- me entregó un papelito verde que certificaba que mi llamada, aun cuando no sonase enfermo (lo que no es un reconocimiento ni una negación de una posible descompostura) era verosímil y se me perdonaba haber faltado.


"¿Qué me aconseja, Doctora?" pregunté con ingenuidad. "Que no te olvides la llave cuando me bajes a abrir la puerta".



3) Orientación vocacional para psicópatas



¿Es usted un potencial asesino y considera que la sociedad no le deja espacio? ¿disfruta inflingiendo dolor a sus semejantes y siente que lo juzgan moral y penalmente? Usted sólo debe vislumbrar los resquicios en los cuales su actividad no sólo es bienvenida sino incluso valorada.


Posibles ocupaciones para un psicópata hecho y derecho:


- Proctólogo


- Auditor


- Volante central en un club del Nacional B


- Director de programación de canal 7


- Recepcionista de turnos en el RENAPER



4) Avisos clasificados de actualidad:


- Busco co-protagonista para video prohibido. Único requisito: ser medianamente famosa. Seriedad y absoluta falta de privacidad garantizadas.


- Vendo recopilación de merchandising infantil. Made in Avenida Corrientes (oriyinal) Vinchas, gorritos, remeras, globos inflados con helio de Barney y huevos inflados con Barney. De regalo, dos entradas a la final de la Copa América sin uso.


- Blogger mundialmente desconocido busca mecenas para dejar de trabajar y mejorar así la calidad de sus textos. Buena predisposición al ocio contemplativo y a la siesta. Imaginación en aceptable estado y voluntad sin uso. Interesados contactarse a kairos-apuntes.blogspot.com y preguntar por Pablo.



Que lo disfruten con salú.




miércoles, 20 de julio de 2011

Títeres del destino



Cumpleaños infantil. 17:12 hs.



Una miríada de niños observa una tabla de madera más ancha que alta que se yergue delante de ellos. En el centro de esta madera más ancha que alta se recorta un cuadrado que nos deja ver el pedazo de tela roído que se usa como todo telón de fondo. De repente, desde el extremo izquierdo, aparece el payaso Manolete, quién camina meciéndose hasta el centro del cuadrado que se recorta sobre la tabla más ancha que alta. Manolete se da vuelta hacia el público y exclama:



Payaso Manolete: - ¡Hola, Chicos!


Chicos: -¡¡¡¡HOOLAAAAAAAAAAAA!!!!!


Payaso Manolete: - ¿Cómo están?


Chicos: -¡¡¡¡BIEEEEEEEEEEEEEEEENNNNN!!!!!


Payaso Manolete: - ¡Qué bueno! ¿Saben? Se me perdió mi conejo Pompón. ¿Me ayudan a encontrarlo?


Chicos: -¡¡¡¡SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!


Payaso Manolete: - Gracias. No entiendo por qué tienen que gritar, pero gracias igual. Si lo ven, avísenme.



(En el margen superior derecho se asoma Pompón)



Chicos (señalándolo): ¡AHÍ!¡AHÍ!


Payaso Manolete (desorientado): - ¿Dónde? ¿dónde?


Chicos: -¡¡¡¡AHÍIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!


Payaso Manolete (mirando hacia el otro lado): - ¿Dónde?


Ernestito (sacado): -¡¡¡¡AHÍIIIIIIIIIIIIIIIIII PELOTUDOOOOOOOOO!!!!!


Payaso Manolete: - Bueno, bueno, flaquito. Aflojale al azúcar ¿eh?



(Pompón, evidentemente, ya no estaba más. En ese momento hace su aparición la Princesa Jacinta)



Princesa Jacinta: - ¡Payaso Manolete! ¿Qué buscáis por estos lares?


Payaso Manolete (todavía mirando al niño de reojo): - Se me ha perdido mi conejito Pompón.


Princesa Jacinta: - ¡Oh, qué desgracia! Pero si los niños nos ayudan...


Payaso Manolete: - Dejá, ya les dije...


Princesa Jacinta: - ...lo encontraremos, sin duda. ¿Nos ayudáis, niños?


Chicos: -¡¡¡¡SÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!


Payaso Manolete: - ¡No los hagas gritar, por favor te lo pido! (A los niños) El payaso Manolete estuvo tomando unos... jugos anoche y hoy le duele un poco la cabeza.



(En eso, en el margen inferior izquierdo aparece Pompón)



Chicos (señalándolo): ¡AHÍ!¡AHÍ!

PJ y PM (moviéndose convulsivamente): - ¿Dónde? ¿dónde?

Chicos: -¡¡¡¡AHÍIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!


Payaso Manolete: - No lo veo.


Ignacito: - Maestro, 20 chiquitos de 6 años lo ven y vos no. ¿Me estás cargando? Sos un tarado. No servís para nada.


Payaso Manolete: - Preguntale a tu vieja si no sirvo para nada. (Mirada admonitoria de la Princesa Jacinta) ¡Porque animo cumpleaños y ella me paga, digo!


Niño: - ¿Y no es medio frustrante repetir la misma rutina una y otra vez?


Pompón (que aparece acodado en el margen inferior derecho): - ¿Sabés qué pasa, pibe? La calle está dura. Y con esto mal que mal te la rebuscás. Yo, así como me ves, era una de las promesas del circuito under.


Pedrito: - ¿Qué es el circuito under?


Payaso Manolete: - El circuito under es un lugar donde Pompón fracasó miserablemente, pero en el que todos son tan cool que ni abuchean, así que Pompón piensa que era un ídolo.


Matiit...el pequeño Matías: - ¿Qué significa cool?


Pompón: - Es lo que no es Manolete, que sangra por la herida porque la única vez que se subió a un escenario fue de tramoyista a poner una silla y ni eso hizo bien.


Ermenigildito: - Pero eso no es una definición sino un ejemplo. Y negativo, con lo cual incumple por lo menos dos reglas de la definición.


Pompón: - Vos vas a morir virgen, pendejo.


Princesa Jacinta: - ¡Pompón! ¿No os parece que habéis ido un poco lejos?


Pompón: - ¿Y a vosotros no os parece que podéis iros a la puta que os parió? Porque yo no os digo nada cuando le metéis los cuernos a Manolete con el Príncipe Braulio.


Manolete: - ¡¿QUÉ?! ¡¿con Braulio?! ¡No os lo pued...no puedo creerlo! ¡Atorranta!


Pedrito: - ¿Qué pasa?


Pompón: - Es que Manolete acaba de enterarse que la Princesa Jacinta es más fácil que la tabla del uno.


Juancito: - El año que viene vamos a aprender las tablas. Ahora aprendimos a sumar y a restar.


Pompón: - No te preocupes que vos restás, querido, vos restás.


Princesa Jacinta: - Pompón, sos poco conejo ¿cómo vas a decir que yo lo engañé con un hombre?


Pompón: - Me retracto. Manolete, no te engaño con un hombre. Te engañó con varios. ¿Así que saben sumar, chicos? A ver si me ayudan: estuvo Hernán el soldado, Lorenzo el bombero, el Batracio José...


Princesa Jacinta: - ¿Por qué me hacés esto?


Payaso Manolete: - ¿Vos querés que te rompa la cabeza?


Ermenelgildito: - ¿Al batracio José también lo contamos como "un hombre"?


El pequeño Matías: - ¿Qué significa 'batracio'?



(La situación se descontrola. El Payaso Manolete se arroja encima de Pompón; Ernestito se arroja encima de la Princesa Jacinta; alguien grita que los chisitos están mojados; otro que a Pedrito lo vino a buscar la mamá; se produce un saqueo de bolsitas; Manolete le arroja pedazos de torta a Pompón; Pompón dice que la situación es muy semejante a la obra "Sangre y balances contables" en la que participó en el famoso Galpón de los pájaros de concreto de Berazategui; Ermenegildito dice que fueron 2 hombres, o 3 si lo contamos al batracio José; Matías vuelve a preguntar qué significa 'batracio'; las chicas lloran; los chicos orinan las plantas -la planta alta y la planta baja-; las madres tratan de sacar a Ernestito de la Princesa Jacinta...)



Ignacito: - ¿Ves mamá? Te digo lo mismo que te dije después de la contusión del dinasaurio Barney del año pasado y la denuncia de las pichipinas del anterior, vos dejanos una PlayStation conectada y nosotros nos arreglamos.




Que lo disfruten con Fanta.






jueves, 7 de julio de 2011

La necesidad es la novia de todos los inventores



No es fácil la vida de un inventor. La universalidad de su espectro es interpretada por el vulgo como mera inespecificidad; la creatividad de sus empresas es reelaborada por los legos como la profesionalización tramposa de un hobbie; la novedad de sus aportes es vista por los estrechos de espíritu como la suma de una chuchería más al mundo de los objetos materiales. Así, los inventores siempre encuentran dificultades para presentarse en una reunión social, llenar una tarjeta de migraciones o convencer al padre de una novia o a un inspector de la AFIP.


Pero la ingratitud no queda ahí. De tanto en tanto son obligados a escuchar una frase hiriente, humillante, horrible e hinexact...inexacta, pronunciada con una medida de malicia, tres cuartas partes de mala leche y sazonada con una pizca de ignorancia: "Está todo inventado".


Por eso, hoy queremos reivindicar la figura de los inventores a través de la semblanza de un prohombre que se contó entre ese grupo (aun cuando el resto le pedía explícitamente que no lo hiciera): Enrique Bomparola.


"Doctor Enrique Bomparola" se apresura en corregir William Martinez, quién fuese su ayudante durante largos años. "Efectivamente" nos apuramos nosotros en replicar, sólo para no aceptar una derrota biográfica tan temprana. "Lo que no recordábamos era la especialidad. ¿Química? ¿física?". "En realidad, derecho societario. Pero nunca ejerció efectivamente". "¿O sea que de hecho no participó en juicios?". "No, no. Participó en cerca de 180, pero nunca con efectividad".


¿Qué podemos decir de este hombre elegido? Tantas credenciales, tantos documentos, tantos papeles de investigación... quizás sólo que el tamaño de su billetera debe haber sido monstruoso. Los logros de este insigne animal racional son sin duda singulares. Nunca logró que se produjese más de una unidad de un invento suyo. Pero si hay algo que todos reconocieron es que su trabajo significó un vuelco en la historia de la ciencia. Es más, era común encontrar entre la comunidad científica a un científico (sí, es muy común encontrarlos en la comunidad científica ¿no le digo?) preguntarle a otro por los avances de los estudios y encontrar una respuesta unánime "Ese muchacho volcó".


Pero vamos al contenido de sus trabajos. Mientras algunos de sus inventos fueron injustamente relegados al olvido; otros todavía hoy son injustamente recordados constantemente. Tal es el caso del avión con propulsión a mentos con Coca-Cola. ¿Qué nos puede contar al respecto, Martinez?


"El proyecto del Ycaro II era maravilloso: un avión cuya energía venía de una fuente evidentemente alternativa. El diseño aeronáutico sólo era comparable a las ventajas comerciales. La única falla fue quizás que el Capitán debía haber sido un diabético en vez de un goloso empedernido. Es una lástima que se hayan dado cuenta de eso recién en la mitad del Atlántico".


¡Caramba! Convengamos que ponerle el nombre 'Ícaro' a un avión no resulta prometedor.


"No entiendo".


Pues porque se trata del hombre que logró levantar vuelo con unas alas de cera que, por volar demasiado cerca del sol, se derritieron ocasionándole la caída. Y la muerte presumiblemente.


"Pues no. El nombre se debe a que, en la presentación del modelo a los inversionistas, frente a la pregunta de qué les parecía, lo único que dijeron fue: "Y...caro". Por otro lado, se trata de algo completamente distinto a lo que usted expone. Porque la altura estaba bien, el material era otro y no murió una persona sino 230. No obstante, reconozco que hubo algunos defectos en la fase de realización. Cuando testeábamos el modelo y yo le decía 'se cortó el chorro' él entendía que habíamos perdido la financiación. Por eso al final el viaje inaugural se hizo con Cunnington Cola".


Bien, bien. Quizás quiera recordar pasajes más felices de la obra del maestro Bomparola.


"Doctor Bomparola" se apresura en corregir William Martinez, quién fuese su ayudante durante largos años.


Sí, sí, Doctor Bomparola. Decía, quizás sea más agradable recordar aquella joya con la que ganó el Premio "Lástima que tu invento no valga tanto como el mío" que le otorgó la Fundación Bill Gates.


"¡Ah, sí! El mundialmente potente disolvente de todo ente (o 'Disolvetutti', como iba a llamarse comercialmente) Se trataba de un líquido que disolvía absolutamente cualquier material. Lástima que no logramos inventar un envase para contenerlo. Hubiese sido un éxito".


Lamentablemente, sabemos que no se trató de su única decepción comercial. Usted debe tener presente su incursión en el terreno musical.


"Sí, sí. Lo recuerdo. La idea no era mala. En pleno auge de los discos de Bossa con algo, él rompió el molde. esa era su característica en la vida en general y en la cocina en particular: romper los moldes. No un trillado 'Bossa n' Beatles' o 'Bossa n' Rolling Stones' sino un revolucionario 'Bossa n' Joao Gilberto'. Fue un giro".


Sí, un giro de 360°. Todavía debe encontrarse alguna copia en las disquerías. Bah, en realidad todavía deben encontrarse todas las copias en las disquerías.


"No sea injusto, recuerde que Bomparol...que el Doctor Bomparola (me apresuro en corregir) hizo patria".


Es cierto, fue un impulsor de la industria nacional...


"No, no. Hizo P.A.T.R.I.A. El Potente Adecuador de Tonos en Red Inalámbrica mediante Antena. Un dispositivo notable".


Sí, lástima su también notable semejanza con el teléfono celular.


"Se trata simplemente de coincidencias accidentales. ¿Olvida usted que Leibniz y Newton descubrieron el cálculo infinitesimal simultaneamente sin saber el uno del otro?".


Sí, pero en este caso Leibniz tenía el manual de un New-tone XRL635 en su casa...


"Es parte del proceso creativo. Uno a veces toma objetos como fuente de inspiración para otros objetos. Como cuando quiso hacer una versión del alargador de mano pero para objetos que estuviesen cerca. Le aseguro que ese aparato se amoldaba perfectamente a la mano y permitía tomar objetos que estuviesen cerca sin ningún problema. Es cierto, le criticaron que funcional y estéticamente era igual a lo que conocemos como un 'guante', pero el proceso creativo había sido enteramente otro".


Una última pregunta y ya lo dejo quitarse las comillas y la itálica. ¿Qué nos puede contar de ese fatídico último experimento?


"Bueno, usted sabe que todas estas cosas fueron minando su autoestima, a tal punto que trató de suicidarse con un dispositivo de propia factura. Lamentablemente para sus planes, el aparato no funcionó.


Por otro lado, encontró una fuente alternativa para la producción de pochoclo".






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