lunes, 9 de mayo de 2011

La guerra del Golf


La vista al frente, hacia el horizonte, donde se vislumbra el fin, la meta, la realización del deseo. Un hombre que ya no es más un hombre sino una pieza estética; una mezcla de potencia y gracia; de soltura y cálculo milimétrico; todo en movimiento; todo fluyendo hacia la consecusión de la perfección.


Mi primo estuvo de visita. Hermanados en la infancia por una amistad en la que el lazo de sangre no era sino un dato más que se agregaba a una larga lista de acuerdos, intereses comunes y códigos propios, el espacio y el tiempo quisieron atentar contra ese vínculo multiplicándose el uno y fragmentándose el otro. Yo me convertí en profesor de Filosofía y él en Ingeniero Civil; él me acusa de construir castillos en el aire y yo le recuerdo que construye castillos en la tierra. Así, a 1400 kilómetros de distancia y con una creciente cantidad de compromisos, sólo podemos reavivar esos momentos muy de vez en cuando. La semana pasada fue muy de vez en cuando.


Cuando uno se ve muy de vez en cuando, se da cuenta de que lo esencial no cambia. Uno es el que es y hace las cosas que hace. Pero, debajo de las grandes estructuras, hay una infinidad de detalles menores que sí van cambiando: hobbies que uno comienza, personas que va conociendo, rituales que incorpora, cosas que adquiere y una larga lista de etcéteras. La anterior vez que nos habíamos visto, mi primo me comentó que dentro de ese listado había un nuevo ítem incorporado precariamente: el golf. Y me invitó a hacer la prueba de incursionar en él. Nuevamente, la linealidad del tiempo impidió que tal incursión se realizase, pero quedó como pendiente. Hasta la semana pasada.


Antes de ir al hecho bruto, quisiera dar mi apreciación del golf en ese momento. Entendía que se trata de un deporte que uno debiera comenzar a practicar cuando se arruina las rodillas jugando al fútbol. Sobre su dificultad, no desconocía el mérito de dirigir esa pelotita hacia donde el jugador lo desea, pero entendía que dar un palazo para que la pelota salga despedida -como se requería en la práctica propuesta de ir al Driving-, no debía revestir demasiada dificultad. Pensaba.


Si bien la idea era, como acabo de decir, simplemente ir a pegarle a un canasto de pelotas*, consideré que era mi oportunidad para disfrazarme de golfista. Me puse una linda chomba y desenterré mi cap ("gorrito", si usted no frecuenta los courts) del fondo de mi tercer cajón. Al mirarme pensé que destilaba un aura golfística que no podía traer aparejada sino buenos golpes. Al llegar al lugar, la conversación entre mi primo y el señor del Driving me devolvió a mi lugar de neófito.




- ¿Así que tienen Green Fee?


- Sí, pero corto, no más de 50 yardas.


- O sea que no salen con todos los palos.


- No, con el pitch, el sand wedge y la snitch** se las arregla.


- Bueno, igual nosotros venimos sólo al driving, así que vamos a alquilar sólo dos palos.


- Bien, ¿cuales prefiere? (a esa altura, yo había dejado de ser un interlocutor válido)


- A mí dame un hierro 6 y... -me miró de arriba a abajo- ...un número 9.




Al parecer yo era un 9, sin que tuviese en claro que decía eso de mí. Fuimos a los boxes desde donde uno tira -él a uno, yo al de al lado- y empezamos.


Primer tiro: rastrón miserable que consigue avanzar unas 20 yardas (no, no, los 'metros' dejélos en casa, acá nos manejamos con yardas. Y no me discuta porque le tiro esta pinta de cerveza por la cabeza)


Segundo tiro: pif. La pelota avanza unos humillantes 15 centímetros.


Momento de asesoramiento técnico por parte de mi primo: "pies simétricos, flexioná las rodillas, levantá el mentón, el culo más para afuera, los brazos rígidos, no muevas la cabeza, todavía no muevas la cadera y no hagas fuerza con los brazos. Pero, sobre todo, estate suelto y relajado". Estas últimas palabras contrastaban con -básicamente- todas las anteriores, así que no supe si debía abandonar la posición de górgola en la que me encontraba o intentar usufructuar las posibilidades que me brindaba la recién presentada técnica.


Tercer tiro: swishhh. Aire. La pelotita sigue en el mismo lugar. Impertérrita.


Cuarto a décimo tiro: swishhhh. No logro pegarle a la pelotita. La frustración aumenta.


Para ahorrarle tiempo, los siguientes 10 a 15 tiros transcurrieron entre 'piffs' y 'swishhhs'. Hasta que, de repente...







La vista al frente, hacia el horizonte, donde se vislumbra el fin, la meta, la realización del deseo. Un hombre que ya no es más un hombre sino una pieza estética; una mezcla de potencia y gracia; de soltura y cálculo milimétrico; todo en movimiento; todo fluyendo hacia la consecusión de la perfección.


¿Cómo dice? ¿cuantas yardas? ¿es eso importante? Vea la plasticidad; observe a las leyes de la física juguetear alegremente; escrute a la naturaleza que parece usarme aquí para mostrar sus posibilidades; deleitese con las contorsiones de ese rígido palo número 9 que aquí parece plastilina en las manos de un artesano del golf. ¿Qué dirían los antigüos escoceses si pudiesen acceder a esta impresionante imagen? ¿qué palabras podrían expresar sus sentimientos frente a este punto que parece concentrar la trayectoria de aquello a lo que dieron comienzo? Me atrevo a pensar que dirían algo así como...








"¡¡¡SWISHHHHHHHH!!!"





Muchachos, el martes vuelvo al fútbol. Que lo parió.




* Aunque hablo de las pelotas que están dentro del canasto, hubo un momento en que pegarle al canasto contenedor no estaba fuera de las probabilidades.


** sé que no se trata de un elemento golfístico sino de una pelota de quiddich (juego de Harry Potter) pero bueno, no puedo acordarme de todos los nombres.






viernes, 29 de abril de 2011

En la cima de la estupidez... y subiendo (o sobre la involución del hombre)



Francisco María Arruet fue uno de los grandes impulsores de la Ilustración, movimiento cuya repercusión e influencia se debe en realidad a una confusión inicial. Al parecer, la gente compraba los libros de los hombres de este movimiento convencidos de que tenían dibujitos. Una vez comprados, se encontraban con densos libros que no contenían absolutamente ninguna ilustración. Sólo para no quedar como un estúpido que había sido engañado, la mayoría terminaba aceptando las ideas contenidas. Algunos identifican este momento con el nacimiento del marketing, pero ese es otro tema. La cosa es que, si bien en teoría se aceptaban sus ideas, en la práctica un sentimiento de rencor se iba adueñando de sus contemporáneos, al punto que los sobrenombres más comunes de Arruet eran "el vendehumo de Ferney" o "el garca que en realidad no sabe dibujar". Sin embargo, la habilidad de este hombre (que no descartamos venga de su experiencia en marketing) hizo que la posteridad lo conociese por otro de sus apodos: Voltaire.


Voltaire sostenía que la razón humana, mediante la ciencia y la técnica, va llevándonos hacia un futuro mejor. La historia golpeó a Voltaire en la cara. Yo, hoy, me propongo patearlo en el suelo. Y lo haré afirmando una teoría tan audaz como impopular: que el hombre es cada vez más estúpido.


Creo que era Scott Adams el que hablaba de algo así como una "línea de la imbecilidad". Una línea que divide al hombre competente que puede desempeñarse correctamente frente al mundo del -cómo decirlo- "intelectualmente desafortunado" para quién la vida es demasiado y lo desborda. Afirmo sin temor que, a medida que pasa el tiempo, es cada vez más la gente que queda bajo esta línea. Por ejemplo, cada versión nueva de Windows debe arrojar entre 850.000/900.000 personas bajo ella. Gente que antes se manejaba con aplomo y confianza ahora es presa del temor y la confusión mientras intenta lograr cambiar el tipo de letra o subrayar una palabra. En ese momento de desesperación, no puede pensar sino que con el Windows anterior era mejor. Desandando el camino, concluimos que nunca hubo nada más perfecto que el Windows 3.1. Se da cuenta de que no cierra ¿no? ¿Y qué pasó en el medio? Estupidez. Pura y dura.


¿No me cree? Me está obligando a descender al terreno de lo concreto. Después no se queje si le duele.


a) Nuestros representantes


Desde el mundo griego surgieron formas políticas desarrolladas. Más allá de los diferentes avatares históricos, lo cierto es que siempre juzgaron que los mejores hombres debían conducir los asuntos públicos para bien de todos. En la democracia de masas que describe Weber, son hombres políticos de una condición especial los que dirigen a técnicos preparados para conducir la sociedad. Y después tenemos Argentina, donde la fama es la condición de posibilidad para cualquier cosa y donde entendemos que si alguien hace suficientes cagadas, en algún momento tendrán que repercutir positivamente.


Imaginemos por un momento un coloquio transhistórico donde un Aristóteles interrogue: "¿Quiénes son los prohombres que dirigen vuestra civilización y cuáles sus méritos?". Escarbando en la arena política, nos vemos obligados a presentarle a la Tigresa Acuña, Miguel Del Sel y Pocho la Pantera. "Bueno, ejem, se trata de una mujer que se caga a trompadas; de un hombre que se disfraza de mujer o de muñeco y de un muñeco cuyas canciones hacen que las mujeres lo quieran cagar a trompadas". ¿Qué pasó en el medio? El que avisa no es traidor.


b) Nuestro lenguaje


No caeremos en el facilismo de recurrir a los simiescos monosílabos utilizados por gran parte de la juventud como todo lenguaje para probar este punto. No, no. Aquí los peores son los mayores, que han perdido absolutamente toda conexión con la realidad. Por ejemplo, llamamos 'videoclub' a un lugar que no tiene absolutamente ningún VHS, o 'pasacassettes' a un aparato que reproduce 2 o 3 formatos diferentes, pero que no pasa ningún cassette. Uno puede inventar una palabra para nombrar algo nuevo, pero no tiene sentido usar palabras que designan otras realidades. Es como querer confundir a propósito. Podríamos seguir, hablando por ejemplo sobre el flagrante oxímoron en el que cae quién pide una milanesa napolitana o sobre el estado de abandono al que se ha sometido la palabra 'ludibrio', pero no tendría sentido.


c) Los medios


La tendencia general cuando uno se ve acorralado por lo hechos, es delegar la culpa. "No soy estúpido, me han hecho estúpido" dice con cara de suficiencia quién acaba de ahorrarnos una ulterior búsqueda de pruebas. Con cara de falsa comprensión, metiendo ambas manos entre los muslos a modo de maestra jardinera y para tranquilizar su estúpida conciencia, le preguntamos: "¿Y quienes fueron?". "Los medios" sentencia sentenciosamente nuestro imbécil tipo (o tipo imbécil, según prefiera).


Lo peor es que uno está tentado en darle la razón. No sólo por la simple existencia de pasquines que nos obligan a replantearnos el beneficio de tener ojos, como ha mostrado un reciente estudio del Dr. Carugo, sino porque incluso en la tapa misma de un importante diario ayer se podía encontrar una ¿noticia? como esta: "¿Justin Timberlake se está quedando pelado?". Tomémonos un momento para reflexionar sobre esto.




(momento para reflexionar sobre eso)





(momento extra que necesita Pablo para recomponerse después de haber reflexionado sobre eso)




¡PERO QUÉ CARAJO ME IMPORTA! ¡Ni la vida capilar de Justin, ni la conveniencia de hacer un ADN al hijo intrauterino de Juanita Viale, ni que Romina Gaetani, a pesar de ser feliz, diga que necesita estar con un hom...! Caramba. ¿Romina Gaetani dijo eso? En fin, sé que usted bien podría decir "bah, que se publique no quiere decir que se lea masivamente". Mientras le recuerdo que la última vez que fue a cortarse el pelo se lanzó encima de la revista Pronto como si fuese un oasis en la mitad de Sahara (incluso estuvo tironeando con la anciana aquella, no diga que no) le pido que no sea estrecho de miras. ¿Quiere una muestra de cómo los medios ya se han percatado de la imbecilidad generalizada y ni se molestan en maquillarlo? Fíjese cómo hay 30 programas que son en realidad el mismo programa: las 'reality competencias'. Lo básico es competir para lograr algo que todos los que compiten quieren lograr; y para eso deben ser juzgados en diferentes etapas. Frente a cada presentación de un concursante, el juez malo dice: "es una cagada". Plano de la cara de sorpresa del concursante. Cambio a plano de entrevista personal donde el concursante da su parecer: "No esperaba que dijese que era una cagada". Y listo. La repetención de esa secuencia ad nauseam mantiene 4 o 5 canales. Si el contenido es salir con alguien, ser chef, modelo, músico o sujeto experimental de una lobotomía con cucharas de plástico no importa. Es lo mismo.


Para terminar, los iba a dejar con algunas muestras de estupidez cotidiana que me han sorprendido gratamente, básicamente porque me dan la razón. El problema es que no logro pasarlas del celular a la computadora, así que quedarán para una futura entrega.



Esto con las cámaras de rollo no pasaba.





lunes, 18 de abril de 2011

Bitácora limada


Como ya es de conocimiento público dentro del público que tiene conocimiento privado de este espacio bastante privado de público, una o dos veces al año me toca viajar por trabajo. Durante un par de días, me pagan viajes en avión, en remises ejecutivos, un hotel y comidas para poder escuchar no sé qué cosa interesante que tengo para decir. Uno pensaría que una cosa así debería levantarle el ego a uno, pero lo único que logro pensar es que soy un ladrón; que nada que tenga para decir justifica la lista de gastos que imagino mientras firmo recibos y remitos. Qué se yo, quizás me amamantaron poco. La cuestión es que usted tiene la suerte de encontrarme en uno de esos viajes, para disfrutar de una nueva bitácora; donde podrá compartir esa mirada que surge cuando uno deja de ser protagonista de la vida para ser un mero espectador de ella.

Lo primero que hay que decir es que el viaje empieza en el mismo aeropuerto. No, no en el evidentísimo sentido de que es desde donde sale el avión, sino que el ingreso a la terminal aérea es ya dejar el terruño. Por lo menos, los precios de las cosas así lo indican. Una botellita de cualquier bebida cuesta $17. ¡$17! ¿Como no sentirse en Europa cuando nuestra plata se licúa de esa manera? Uno casi puede ver el cartel: "No poors allowed".

Subo al avión. La perspectiva de tener varias horas sentado al lado de un desconocido me ha llevado a asemejar el resultado a una lotería. Puede tocarte cualquiera. La fantasía es que sea una mujer despampanente; alguien famoso o -por que no- la conjunción de ambas dos.

Avión de la fantasía de Pablo. 19:42 hs.

- Hola, soy Araceli Gonzalez ¿este es el 14 D?

- Sí.

- ¿Qué vas a hacer a Lima?

- A dar unos cursos de capacitación.

- Pero qué interesante. ¡Y además sos profesor de filosofía! Siempre quise saber más de filosofía. ¿Sabés que esos datos, sumados a la manera casual con que manejás el hecho de que yo sea famosa y despampanante, hacen que quiera que nos juntemos a comer?

Un gordito morocho con barba de dos días y cara de pocas luces me hace comprender que comeré solo durante mi estada en Lima. Superada la desilusión inicial, empiezo a ver quién es quién en el avión. Un contingente de muchachas agraciadas se ubica 3 o 4 filas más adelante; el bebé que llora, 20 filas para atrás. A mi lado, cruzando el pasillo, uno de esos chino-americanos o nipón-americanos llamados Davis Wong que siempre están en un equipo de expertos en algo de la Universidad de Stanford, Yale o Massachussets lee en su tablet. Una camisa a cuadros, un pantalón beige y un par de zapatillas enmarcan esa característica parsimonia oriental. Las azafatas son lindas. Deben haber hecho furor en los 60s.

A diferencia de las últimas veces, esta vuelta me toca viajar por Aerolíneas. La nave es espaciosa y equipada por una tecnología nunca vista. A menos, claro está, que usted no sea un hobbit. Porque si es un ser humano, tendrá que elegir entre estar cómodo y mantener sus extremidades, o entre una intimidad impuesta con el muchacho que reclinó el asiento de enfrente o cambiar de lugar con el chaleco salvavidas. La cosa es que me propongo llenar los formularios de migraciones. Siempre lo dejo para el final y tengo que estar llenándolos en la fila sin lugar para apoyar. No tengo birome, así que se la pido al chino. Antes era bastante puntilloso para llenar esos formularios (si decía "apellido/s" ponía mis dos apellidos, si decía "nombre/s", ponía mis dos nombres) hasta que vi lo rápido que lo despachaban y la poca importancia que le daban. Ahora en domicilio puedo poner algo del tipo "Rivadavia" o "Palermo". Uno de estos días tomo coraje y pongo Johnny Tolengo a ver qué pasa.

Despegamos. Al rato, pasa el servicio de abordo. Bah, nos sirven la comida. Bah, nos dan el sandwich. El gordito morocho se corta con la caja de cartón que contiene el combinado fiambrístico. Pide una curita. Le traen una curita. Pregunta si le podrían traer alcohol. Le dicen que no tiene alcohol. Yo, con un vaso de tinto en la mano, tiendo a diferir. El gordito retruca que se cortó del lado de adentro. La azafata empatiza, pero sigue sin tener alcohol. El gordito entiende que la empatía es lo máximo que va a conseguir y se da por satisfecho. Por suerte, temí que tuviésemos que aterrizar de emergencia.

El viaje transcurre sin sobresaltos. El oriental se saca los zapatos. Ver sus medias sobre la alfombra me remite a lo que uno ve en las películas, donde todos van por la casa descalzos sobre la alfombra. Pienso que quizás por eso las paredes son de mampara, porque el primer japonés que intentó abrir un picaporte murió por la estática acumulada. Celebro mi propio humor. Cuando quiero compartirlo con el de al lado, encuentro un semblante que me hace desistir. Vuelvo sobre mis cavilaciones. De repente, sin decir "agua va", el hijo del sol naciente mete su mano en la zona inguinal sin remordimientos, como quién metiera la mano en la mochila para chequear si mandó los genitales a bodega o los trajo encima. No termino de recuperarme cuando repite la maniobra inmisericordemente. Completa el reacomodamiento general sacándose las medias y frotándose los dedos. Miro la bolsa de mareos de reojo.

Vuelve hacia lo que estaba leyendo en el tablet. Parece que es Sherlock Holmes. No, no él. Lo que lee. No creo que Sherlock Holmes se frotase los dedos en público. Una tensa calma envuelve a todos los que tenemos ojos entre las filas 11 y 14. Justo cuando pensé que todo había pasado, veo que su escozor es simétrico y ahora se rasca el traste con gran intensidad. Para facilitar la maniobra, tuvo la prudencia de desabrocharse el botón del pantalón. ¡Y todavía faltan 3 horas de viaje! A la altura de Salta, a este sujeto lo tenemos en bolas lanzando heces.


Merced del efecto del sueño -o de algún talco especializado- el resto del viaje transcurre sin mayores sobresaltos. Eventualmente llegamos a la ciudad de Lima, donde me esperaba un remís y una fiebre local. A esta última atribuyo el haberme reído anoche con la película "Un regreso con gloria". Ahora los dejo para seguir lavándome las manos.


¡¿Justo al chino tenía que pedirle prestada la birome?!


lunes, 28 de marzo de 2011

El día que murió una infancia


Mi hija menor empezó sala de 2. Si, ya sé lo que me va a decir. Que es una crueldad. Que en su época se empezaba en pre-escolar. No crea que no lo pensé. Pero si la hubiese visto cuando la hermana salía a la mañana para el jardín, le aseguro que ese jardín lo estaba pagando usted.

La cosa es que el ingreso de un infante al jardín implica la pérdida del monopolio de sus experiencias. Implica la incorporación de una serie de personas, rituales y cantos de los que uno participa como espectador. Implica, sin más, el ingreso a nuestra vida del Pollito Lito.

No sabemos demasiado del Pollito Lito. Nos ha llegado, mediante la exégesis del canto, que el pollito Lito toma mamadera y toma biberón (lo que nos parece terriblemente redundante) Sabemos, también, que le gusta picotear y nos ha llegado a referir que lo han hecho dormir, así que entendemos que ha tenido contacto directo con la célebre ave en vías de desarrollo. La última noticia que tenemos -que no deja de ser sorprendente dada la movilidad diaria del hito y el cariz meritorio que le conferiría a los logros enumerados- es que el Pollito Lito ha nacido hoy. Así lo dice el canto y así lo han entendido todos en la salita verde. La cuestión es que el Pollito Lito goza de un gran predicamento. Se lo invoca letánicamente varias veces por día y creemos que en este momento es la principal influencia en la vida de nuestra hija. O era.

Comedor de la familia Benegas. 20:12 hs.

Hija de sala de 2: - Mamá ¿qué vamo' a comé?
Mamá: - pollito con puré.
Hija de sala de 2: - ¿pollito... ¡Lito?!
Mamá: - Eeeehhh...¡no, no! Pollo con puré. PO-LLO. Y puré. De papas el puré. ¿Viste que ricas las papitas? No, si son una cosa...esteee... ¿nunca pensaste de donde salen los bebés?

El daño ya estaba hecho. El tiempo se negó a realizar algún bucle que permitiese remendar el error. Lito, o al menos alguien de su familia, yacía ahora sobre el plato infantil en una escena como no se veía desde la cabeza de caballo en El Padrino. Una infancia murió ese día.

La infancia siempre pasa; en la mayoría de los casos, se trata de una desintegración paulatina; en otros, de una muerte abrupta; en una última tanda, de una marca indeleble grabada a fuego por un maníaco adicto al Red Bull. Por ejemplo, uno puede enterarse a los 10 años que el ratón Pérez no existe luego de sospecharlo durante un tiempo largo; puede descubrir a su padre in fraganti poniendo el sobre bajo la almohada o puede robarle los implantes dentales al abuelo para pagarse una computadora. En el primer caso, la infancia es algo de lo que uno se va despidiendo con cariño; en el segundo, un cuerpo inerte que uno encuentra en su cuarto al volver del colegio; en el tercero, se trata del mismo cuerpo, sólo que uno lo levanta y lo hace actuar en la versión argentina de Weekend at Berney's con Guillermo Francella y Emilio Disi.

Señores padres, midan sus palabras cuando se refieren a lo que sus hijos consumen. Evítense el momento de explicar la relación entre las costillitas de cerdo y la estética chanchita Olivia o entre una ensalada con perejil y el perejil de Topa.

Y nosotros que pensamos que ya habíamos superado el incidente del asado y la Vaca Paca.

Que lo parió.



IN MEMORIAM POLLITO LITO
24/03/11 - 24/03/11



lunes, 14 de marzo de 2011

Vikingos eran los de antes


825 d.C. En algún lugar de Gran Bretaña. 14:05 hs.

(Ulrich, Olaf y Lars beben unas hidromieles mientras se toman un descanso después de arrasar con una villa)

Ulrich: - Vaya batalla ¿no? Me estoy muriendo de hambre.

Olaf: - Yo estoy satisfecho; colmada mi hambre de victoria, saciada mi sed de sangre enemiga vertiéndose negra sobre la tierra yerma que...

Ulrich: - ¿Y tú, Lars? ¿qué comes?

Lars: - Una ensaladita de rúcula, tomate, manzana y choclo. Es que si no en los saqueos de la tarde me siento pesado.

Ulrich: - ¿Seguro que no quieres un poco de este cerdo asado?

Lars: - ¿Sabes cuantos cráneos debes partir para bajar las calorías de eso que comes? Espero que los bretones manden refuerzos, porque me parece ver un flotador por allí.

Olaf: - No iba a decirtelo, Ulrich, pero me pareció que dos bretones cuchicheaban al respecto.

Ulrich: - ¿Qué decían?

Olaf: - No lo sé. Justo le clavé un hachazo en la cabeza al que estaba hablando y no pude escuchar más. Es que me molesta la gente que cuchichea. Ya saben como dice el dicho, "secretos entre dos no son de Odín".

Lars: - Pero no te preocupes, ahora terminamos nuestra marcha y volvemos a la dulce y fría Schladanlykckyj donde podrás ponerte en forma. ¿Ya saben lo que van a hacer en las vacaciones?

Olaf: - Yo me quedaré en casa enseñándole a mi hijo a matar cachorritos usando los artefactos de cocina de su madre.

Ulrich: - Yo creo que aprovecharé unos días que me quedan de la campaña pasada, los haré coincidir con el feriado del OkThorberfest y me iré al nuevo continente que descubrimos. Al parecer, los locales administran casinos. Además, dicen que si les das 1 oveja, te dan un papelito que vale por dos ovejas al año siguiente. Y ustedes ya saben cómo me gusta la magia.

Lars: - ¿Y los de Recursos Humanos no te pusieron trabas?

Ulrich: - Al principio sí, pero cuando presenté la cabeza del Gerente clavada en una pica se flexibilizaron un poco. Sobre todo porque vieron que no había forma de que el Gerente se enterase.

Olaf: - De todas maneras, el problema que podés tener ahí son los de auditoría interna. Esos hombres sí que son unos bárbaros.

Lars: - No sé si no los prefiero. Tú porque no fuiste al outdoor en el que nos hacían hacer ejercicios de confianza. Debíamos dejarnos caer para que el otro nos atrape.

Olaf: - ¿Cuál es el problema? He visto a los bretones hacer ese tipo de cosas todo el tiempo.

Lars: - Y así les va. El problema es que nos tendrían que haber dicho que dejásemos las lanzas primero. Perdí algunos buenos amigos en ese outdoor.

Ulrich: - ¡Pero que no decaiga! Piensa que todavía nos quedan algunas ciudades para saquear. ¡Nuestras hazañas quedarán marcadas en los anales de la historia!

Olaf: - Eso no. Yo en eso soy un muchacho respetuoso. Sólo violo mujeres a la antigua usanza.

Ulrich: - Quiero decir que se recordará lo que hicimos.

Lars: - Para eso estaría bueno dejar alguno vivo ¿no? Digo, porque si no lo tenemos que contar nosotros y van a decir que es tendencioso.

Olaf: - Bueno, yo me voy yendo porque armamos un partidito con los muchachos para amenizar la espera.

Lars: - Bien ahí ¡hacha y tiza!

Ulrich: - Esperemos que ninguno pierda la cabeza. La decapitación de Magnus fue innecesaria y dejó al equipo con 10. Al equipo de Magnus.

Olaf: - Entonces espero que no se vuelva a perder la pelota.


Lars:- ¿Te fijaste? Debajo de la sangre y el barro se podía ver el chaleco descosido.

Ulrich: - ¿Estaba descosido? No hay nada que hacerle, vikingos eran los de antes.


viernes, 4 de marzo de 2011

In cómodo way


La bestia humana es un bicho complicado. Y su complicación viene precisamente de ser algo más que un bicho. Mire el reino animal y verá que los animales se pelean, se aparean, juegan y -circunstancialmente- algunos se comen a los otros, pero nunca nunca se incomodan.

Pienselo, ¿alguna vez vio un animal carraspear, bajar la mirada, ponerse colorado o desviar la vista? Bueno, quizás lo haya hecho, pero que tenía que ver más con un pedazo de comida atravezado en la garganta que con la vergüenza. Su perro bien podría soltar un sonoro pedo en medio de una comida y seguir echado pensando en lo que quiera que sea que piensan los perros cuando están echados (y que no descartamos que tenga que ver con la relación entre la racionalidad y la incomodidad en los humanos) Pero no nosotros. A los seres humanos no nos hace falta llegar a niveles tan explícitos para frotarnos las manos nerviosamente o cruzarnos de brazos defensivamente. No, no. Darse cuenta de que uno está tocando un tema que no debería, que ha dado más información de la pertinente o que su interlocutor parece buscar un perro echado para atribuir una acción desafortunada nos basta.

Incluso, dentro de la personas, tenemos diferentes niveles. Existen algunos especímenes sinceramente difíciles de incomodar; otros que se incomodan cuando la circunstancia lo amerita y un tercer grupo que tiene la virtud de incomodarse por pelotudeces. Y yo tengo el carnet vitalicio de este último e inmortal conjunto. Dicho sea de paso, quizás sea esta característica la que ha hecho que desarrolle mi sentido del humor, porque el humor permite... ¿Que no le parece que haya desarrollado ningún tipo de sentido del humor? Caramba.

(silencio incómodo)

Pues bien, váyase al carajo. Que eso es lo bueno de escribir, que uno no está frente a frente para hacerse cargo de lo que el otro puede estar pensando. Es más, en este momento podría tener prácticas de perro echado y usted ni se enteraría. No, no la de pensar en la relación entre racionalidad y capacidad de incomodarse en los humanos. Eso, lo del pedo. Pero no lo siga diciendo que esto ya parece un espectáculo de Jorge Corona.

Como sea, la cuestión es que recientemente descubrí que en el párrafo de arriba estaba equivocado, y que la capacidad de incomodarse no es una prerrogativa del contacto directo. No, no, que va. Hay una manera de que esa incomodidad se traduzca en torpeza social y que esta, a su vez, quede inmortalizada. O por lo menos almacenada por 15 días: el contestador automático.

Está claro que uno llama a otra persona con algún fin. Más no sea el de hablar con esa misma persona. Pero, de repente, después de que el tono suene 4 veces, nos atiende una voz que nos comunica que tenemos 5 segundos para preparar un monólogo. Un monólogo que debe contener la información necesaria (ni sobreabundar, ni dejar de lado elementos esenciales) y que solo tenemos una oportunidad para grabarlo. En medio del nerviosismo que esto genera y, como si todo esto fuese poco para los nanosegundos que tenemos de preparación, la voz también nos pide que recordemos alguna información sobre la dinámica de la llamada que nos servirá para después: "cuando finalice, corte. O presione numeral para más opciones".

¿Pero qué tipo de presión es esa? ¿sin practicar? ¿sin segundas oportunidades? No somos comediantes de stand up, no acostumbramos improvisar, rara vez monologamos. Como es previsible, las más de las veces el resultado es desastroso.

"Hola, soy Pablo, quería...este....decirte, por lo del otro día... No, a ver. Te llamaba porque nos ibamos a juntar con Juan como habíamos dicho el otro día. Ah, cierto que no estabas. Bueno, el otro día nos juntamos con Juan en....este...en este lugar...¿como se llama? Bueno, no importa. Nos juntamos y dijimos de juntarnos. De nuevo. Pero con vos también, obvio. ¿Para qué estaría llamando sino? Y queríamos quedar, así que llamame. ¿Dije que era Pablo? O llamalo a Juan. O vemos. Y...este....chau. Nos vemos. Llamame cuando escuches el mensaje. Porque antes dudo que...je, je, en fin. ¿Ahora qué tenía que hacer? ¿se apretaba numeral? Soy Pablo. Chau".

¿Como errar tanto en tan poco tiempo? Y eso que estoy omitiendo las búsquedas de palabras básicas olvidadas por el pánico escénico, los cambios de voz impostada que tanto nos avergüenzan y los chistes fallidos que tantos golpes merecen y sobre los que tan bien nos podría ejemplificar un contestador automático promedio.

Por eso es que, ahora, apenas escucho "Este es el contestador de..." corto. Prefiero volver a llamar y ahorrame el intento de suicidio. Por eso le recomiendo que siempre tenga un monólogo preparado para salir del paso. Algo suscinto y reutilizable del tipo: "Hola, soy Pablo. Llamame". A menos que no se llame Pablo. Entonces está por las suyas.

Al finalizar el artículo deje su comentario. O de lo contrario disfrutelo con salú.



martes, 1 de marzo de 2011

Historias mínimas VII


No sé si frecuenta los mismos lugares virtuales que yo, así que quizás no le pasó pero el año pasado, pasada la primera quincena de diciembre, empezó a correr en la blogósfera un imperceptible olor a vacaciones. Las publicaciones generales se empezaron a dilatar hasta que el primero puso el cartel de "cerrado por vacaciones" y ahí...ahí cada cual fue hijo de su propia madre. Ya en marzo y con el comienzo de clases escolares, vemos a los rostros de ayer volver acomodándose la corbata o tratando de recordar como se caminaba con tacos. Si bien todavía estamos haciendo el recuento, y no sabemos cuantos han quedado en el camino, lo que sí sabemos es que desde este espacio no nos dejaremos amendrentar y nos mantendremos sin corbata ni tacos hasta nuevo aviso.


Eso no sonó demasiado bien.

Nos mantendremos sin corbata solamente. No, no porque usemos tacos sino porque justamente nunca hemos usado...bueno, pero fue para probar cómo era, no porque...igual tampoco es que era una costumbre. La cosa es que hemos vuelto sin querer crear demasiadas expectativas. Y nada mejor para aplacar las expectativas que recomendar la lectura de los post del año pasado. Y, ya que estamos, dejar aquí una nueva entrega de la muestra de pereza escriturial más grande que se haya visto. No, no son las 'Breves e inconexas'. No, tampoco las 'frases históricas'. ¡Que no! ¡que no me voy a poner tacos! Va la séptima entrega de las historias mínimas, a pesar de que en esta oportunidad bien podrían ser 'historias inconexas' o 'breves y mínimas'. Aunque el segundo suena a título de película francesa sobre las fantasías de una mujer mediocre.

Como sea, usted ya sabe como es esto; leer las Historias mínimas es como correr barranca abajo: si puede seguirlo puede ser divertido, pero si no, probablemente tropiece y todo sea confuso y doloroso.


Conversación entre punguistas:

- ...y por eso nunca pensé que vos lo tenías que hacer.

- Gracias por charlarlo conmigo, loco, la verdad es que me sacaste un peso de encima.

- ¡La puta! ¿cómo te diste cuenta?

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- Que una mujer use push up ¿se puede considerar 'publicidad engañosa'?

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Frases que no tiene sentido:

(escuchado por ahí)

- ...y por eso le conviene directamente presentarse allá.

- Gracias.

- No, al contrario.

¿Qué sería lo contrario de "gracias"? (Que no diga "de nada". Que no diga "de nada"). No, no es "de nada". "De nada" es la respuesta de "gracias", no su contrario. Más bien sería decirle al otro algo así como que lo que hizo me perjudica gravemente. Aunque tendría que ser más breve y tener punch.


- ...y por eso le conviene directamente presentarse allá.

- Gracias.

- No, al contrario.

- Bueno, en ese caso $%&@!!!

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Grandes robos de la historia:


- Asalto al Great Train que iba de Londres a Glasgow(1963)

- Atraco al Banco Nacional de Irak (2003)

- Desvalije del Depósito de Seguridad Knightsbridge (1987)

- Estafa de Bernard Madoff (2009)

- Partido Boca-Oriente Petrolero (1991)

- El abdominazer (no importa cuando fue. Es una estafa)

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En las televisiones del subte pasan una campaña de fomento a la lectura infantil por parte de varios famosos. Uno de ellos es Alejandro Fantino que (más voluntarioso que lúcido) dice lo siguiente muy suelto de cuerpo: "te aseguro que una página de cualquier libro equivale a 2 meses de televisión".

Así las cosas, las 920 páginas de "Los endemoniados" de Dostoievsky equivaldría a...153 años y 4 meses de televis...¡SOLTÁ ESE LIBRO QUE TE VA A PUDRIR LA CABEZA!


(Gracias, Ale. Pero dejá)

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Dolores que duelen

Hay dolores que duelen el doble. Porque duelen físicamente, y porque duele saber que esas cosas antes no dolían:

- Dolor de cintura post-futbol (¡¿de cintura?! El ciático es un nervio que te sale cuando cumplís 80 años).

- Dolor de torax después de un topetazo que duele cuando toso. O me río. O estornudo. O trato de levantar los brazos. O me doy vuelta en la cama.

- Dolor de todo el resto por no calentar antes ni elongar después.


Y no, el abdominazer no ayuda para nada. Menos que menos en tacos.


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