sábado, 10 de diciembre de 2016

Teoría del deshielo


Lo había entendido todo mal. Y por mucho tiempo. Creo, a riesgo de estar universalizando errores propios, que no fui el único. Es más, si me apuran un poco diría que en este país todos lo entendemos mal: en Argentina no sabemos ponerle hielo a la bebida.

Después de haber hablado con personas de diferentes partes del mundo, de observar usos y costumbres, de seguir hábitos y sobreestimar sin pudor mi criterio personal, he llegado a la conclusión de que el error primigenio se podría condensar en este postulado: para nosotros el hielo no es el factor enfriador primario. Su función, en la cosmovisión argentina, es más bien la mantención del frío previo de la heladera (o freezer) Sólo secundariamente su vis enfriante se usa para un enfriamiento de emergencia, si no se hubiese alcanzado el tiempo necesario de heladera (o freezer)

Por eso históricamente puteamos a las casas de comidas rápidas cuando llenan los vasos de gaseosa con paladas de hielo. "Es para cagarnos" concluimos. "Sin hielo y apretando un poquito más de tiempo el botoncito de la Coca, que yo no nací ayer" sentenciamos frente a la mirada extrañada del empleado del mes. Es que si uno va a la fuente de donde emanan los arcos dorados, se encuentra que en el gran país del norte se echan paladas de hielo al agua gratuita que se sirve en cualquier restaurant; que hay máquinas expendedoras de hielo en los pasillos de los hoteles como un servicio, a las que uno concurre para llenar los cubos de hielo de los que cada habitación dispone. Y si uno sigue un derrotero desde esas regiones septentrionales hacia el sur del Río Bravo, encontrará que en Venezuela, Colombia y otros tantos países "poner hielo" es algo distinto a lo que nosotros concebimos.

Una primera pista tiene que ver con el orden de los factores: el hielo no es algo que se le pone estrictamente a la bebida sino más bien al vaso. Es parte de las condiciones de posibilidad, no un agregado externo

La segunda tiene que ver con la cantidad. Hay una suerte de regla no escrita en reuniones y barras, cuando de números se trata, de que la cantidad standard son dos. Tres si uno se está preparando un vaso de Coca para ver una película y quiere hacer gala de sibaritismo. Se trata, desde ya, de una cantidad suficiente para poder hablar de "hielos", pero insuficiente a todas luces para enfriar efectivamente cualquier líquido. Y si agregamos la idea de escuchar el tintineo que produce el choque entre ellos o contra el borde mientras se agita el vaso lleno de Venado Cola como si se estuviese tomando un Black Label, incluso diría peligroso. Sobre todo si se trata de un pantalón de colores claros.

Dos hielos apenas si pueden ser una barrera de contención del contenido de la superficie del vaso frente a la temperatura ambiente, pero ya al segundo trago nada pueden hacer con el resto. Ocho hielos te transforman los efluentes del Vesubio en un refrescante ice tea en lo que uno tarda en decir "el té no se hace con cualquier líquido caliente, burro". Por eso no aguan el contenido, porque entre ellos generan el microclima para no derretirse al tiempo que no permiten cargar demasiado en el vaso como para tenerlo mucho tiempo con el mismo contenido. Si los hielos antárticos se autogestionasen como los de un vaso de gaseosa, Greenpeace sería un festival de música hippie.

Creo que el tema daría para muchísimo más, pero no quiero olvidarme de aquellas voces que me apuntan que en realidad daba para muchísimo menos. Por eso, consciente de haber traído un tema necesario para que cada uno examine su conducta y se replantée lo que deba replantearse; consciente también de que los cambios en las naciones se generan a través de los cambios de los individuos; pero sobre todo consciente de que con este post cumplo con la cuota anual casi por la ventana, me despido hasta que dos ideas arbitrarias coincidan en un mismo tema nuevamente o que las musas retiren la orden de restricción para que no me acerque a menos de 200 metros.

Que lo disfruten con salú. Y dos hielos.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Un recuerdo


“Islas, Clausen, Villaverde…”

6 de marzo de 1987. Todos tenemos recuerdos felices de la infancia. Son quizás, los recuerdos más felices. Y creo que lo son porque tienen algo de recuerdo y mucho de proyección: un momento de seguridad, sin grandes preocupaciones. Es decir, lo son porque los miramos con ojos adultos. Pero, si bien hay una trampa cronológica, existe algo en ciertos momentos que los hace brillar por sobre el resto. Y yo puedo situar ese algo en el 6 de marzo de 1987.

Comenzó con la vuelta de mi padre de la oficina a eso de las 7 de la tarde. Mi padre trabajó toda su vida en la Publicidad y ese día justificó para siempre ante mí su elección profesional: me trajo de regalo una cartuchera con forma de caja de chiclets Adams rellena con cajas de chiclets Adams. Lo placentero y efímero unido a lo perdurable y útil para guardar lápices. Pero quizás lo más llamativo fue que, mientras sacaba este don precioso de detrás de su espalda, me pareció percibir una sonrisa de plan, una mueca que no acababa en el hecho de dar a un chico de 7 años el libre acceso a una golosina que estaba fuera de sus límites regulares. No tardó en ceder a la mirada de extrañeza con una respuesta explosiva: “Vamos a ir a ver a Independiente”.

“…Ríos, Enrique, Reinoso…”

Los recuerdos felices suelen ser en realidad el culmen de una serie de pequeños momentos que no siempre perduran pero que preparan y sin los que no existirían esos grandes momentos. La vuelta de la cabalgata con el sol poniéndose el horizonte es significativa por todas las horas compartidas con ese caballo y porque la cotidianeidad nos ha hecho habitar ese paisaje bucólico del campo de los abuelos; el beso épico se sostiene en una infinidad de conversaciones incómodas, pensamientos contradictorios y charlas inconducentes que le dan la épica al momento de concresión. ¿Qué hechos justificaban que ese recuerdo del 6 de marzo de 1987 fuese un hierro caliente marcado en mi alma a tan corta edad? Para empezar, la elección de un equipo de fútbol debe ser una de las primeras decisiones que tomamos que nos constituye. A partir de ese día, uno ha elegido para toda la vida, sin saberlo, días de alegría y días de mal humor; ha elegido cómplices y eventuales némesis; uno ya se define como “algo” no sólo frente a sus pares sino aun ante los adultos (como ante el tío Daniel, que es gallina y va a ganar la copa de leche que se sortea en La Rural) Aun hoy me cuesta no mirar a quienes han hecho un cambio de club de preferencia como a quienes estuviesen diciendo que sus promesas matrimoniales fueron en realidad un chiste del momento. Yo era de Independiente. Y había tomado esa definición con toda la seriedad del caso: todos los domingos pedía una licencia especial en el lugar o el tiempo de mi cena para llegar a ver Fútbol de Primera; todos los martes caminaba hasta el kiosko de diarios de la esquina para preguntarle a Mauro si ya había llegado El Gráfico. Y, de repente, mi padre me estaba anunciando que vería a esos héroes mitológicos que yo estudiaba en mis papiros de tamaño A4 con poster central en vivo y en directo. Me costó procesarlo.

“¿Cómo? ¿A dónde?” – pregunté como quién descubre que el cerebro no le está funcionando. “Vamos a la cancha, Pablo” – confirmó mi padre. Me parece impotante aclarar que mi padre es ese tipo de personas que disfruta sinceramente de mirar deportes, con esos disfrutes que la pasión desbordada no alcanza a contaminar y a los que usualmente acompaña la objetividad, objetividad que me arrojó encima suyo para golpearlo el día del ominoso 5 a 0 de Colombia (que saco para ejemplificar y vuelvo a guardar ahora en el arcón de la negación).  “¡¿En serio?! ¡¿A la cancha?! ¿¡Ahora?!”. Mis preguntas no daba margen para la chanza. Pocas cosas en la vida me han despertado el entusiasmo y sorpresa combinados de esa propuesta hecha hace ya casi 30 años.

“…Marangoni, Giusti, Bochini…”

Los recuerdos se transforman en instantes. Entrando hacia la tribuna, viendo gente, mucha gente, siendo envuelto por los sonidos rítmicos de los bombos, por las silbatinas que cruzaban el aire, por los coros graves de voces de aliento, por las irrupciones espontáneas de consignas eternas (“¡¡¡Vamo’ Rojo todavía!!!”); después, sentado en los tablones de madera de la cancha de Ferro. ¿Qué dirían mis compañeros cuando les cuente? ¿qué diría el tío Daniel (que es gallina y va a ganar la copa de leche que se sortea en La Rural)? El césped nunca fue tan verde como en esa alfombra majestuosa que se tendía a tan sólo unos metros de mi lugar. Salieron los equipos y ahí nomás podía ver a esos titanes de la historia futbolística. Estirando las piernas y pateando casi con displicencia -casi humano- estaba Bochini. ¡Bochini! Alguien que, de tanto haber leído, pensaba que no podía existir. En ese momento, en aquél metro cuadrado que me fue asignado en ese estadio de Caballito, yo flotaba. Me derribó el rugido ensordecedor del festejo del primer gol de Independiente. No voy a fungir de macho, me pegué un cagazo tremendo. No sabía que la suma de las voces humanas podía generar una cosa así: intenso, furioso y explosivo, al mismo tiempo catarsis y éxtasis, el grito de gol es un momento donde es impertinente hablar de una pretendida distinción entre el alma y el cuerpo.

Seguí el resto del partido con las manos cerca de mis oídos, para que mis tímpanos tuviesen otra defensa que no sea la de Ferro frente a aquella maravillosa orquesta ofensiva. Salí del viejo estadio de Avenida Avellaneda 1240 transformado, con la clara conciencia de que era otro. Acababa de presenciar una batalla ya había sobrevivido para volver a mi vida de intercambio de figuritas en los recreos y distinciones de sujeto y predicado. Aquí es donde mi recuerdo y las estadísticas mundiales del fútbol se bifurcan. Para mí, el partido fue un 3 a 2 agónico; para los fríos contadores deportivos fue apenas un 2-2. No estoy de ánimo para discutirles. Menos cuando emprendimos la vuelta a casa y, antes de llegar, paramos en una vieja cafetería en la esquina de Constitución y San José para comer una fugazzeta de trasnoche. Para alguien con 3 hermanos en aquella época, lo que estaba pasando era especial, único y, en muchos sentidos, irrepetible.

“…Franco Navarro o Percudani y Barberón”


Han pasado 28 años y mis entusiasmos, aunque duren más, son menos intensos. Son menos las cosas que me pasan por primera vez pero más las cosas significativas que me pueden generar un recuerdo en cualquier momento. Y si eran 3 hermanas las que en esa medianoche dormían sin saber que en una pizzería yo hacía el balance de uno de los mejores momentos de mi vida infantil, este nuevo balance me encuentra con 3 hijas generando sus propios recuerdos de infancia. Y un varón, que con sólo 7 meses todavía no ha tomado decisiones que lo constituyan y ni siquiera vislumbra que uno pueda divertirse en un juego en el que no juega. A él este recuerdo, en la esperanza de que pueda alguna vez sorprenderlo y entusiasmarlo como me lo hicieron a mí el 6 de marzo de 1987.

sábado, 14 de junio de 2014

Maracaneando


Cuando comencé con este blog, me propuse intentar escribir dos posts por semana. Llegó un momento donde con uno por semana me conformaba. Uno por mes, para por lo menos cubrir... por año. Con uno por año se ve cierta continuidad. Hoy por hoy creo que uno por Mundial no deja de ser un ritmo aceptable. Hasta es mejor para evitar la rutina, mirá lo que te digo.

En fin, no puedo abstraerme de la fiebre mundialista, así que les hago llegar un pronóstico de partidos de la primera rueda. Tal como he señalado, es febril y carece de capacidad de abstracción.

GRUPO A

Brasil - México: el árbitro cobra un penal para Brasil. El línea le hace notar que todavía no comenzó el partido. El arbitro corrige su error y cobra sólo tiro libre.

Camerún - Croacia: el equipo africano es ampliamente superado por los croatas. Su público se impacienta y empiezan los reproches. "Pecho tibio" gritan desde la tribuna.

GRUPO B

España - Chile: en un choque cromático para ver quién se queda con el mote de "la Roja" y quién debe cambiarlo por "la Pantone 185", se encuentran españoles y chilenos. España juega a lo ancho del campo. El concepto de "ancho" desconcierta a los chilenos, lo que los españoles aprovechan para marcar el primer gol. Todo parece a pedir de boca para ellos hasta que Sergio Ramos empieza a patear a los mediocampistas. A Iniesta y Busquets principalmente. "Es la costumbre" se defiende. El árbitro no sabe si amonestarlo o acariciarle la cabeza. Iker se sale de sus casillas, lo que le trae aparejado un duro cuestionamiento identitario. En la confusión Chile empata.

Holanda - Australia: Robben mete dos goles. Se los anulan y lo suspenden. Consultado, el árbitro dice que es por aquello de "es un Robben, suspendanló". Los australianos saltan de alegría, saltan de emoción, saltan de entusiasmo. Un momento... No, es una imitación del salto del canguro en celo.

GRUPO C (Colombia - Grecia - Costa de Marfil - Japón)

Aunque el comité de la FIFA está revisando el caso, se las habrían arreglado para quedar eliminados los 4 en primera rueda.

GRUPO G

Alemania - Estados Unidos: EEUU sorprende metiendo el primer gol. Poco después anota el segundo. Termina el partido. Gana Alemania. El árbitro es claro al respecto: "El fútbol es un deporte de 11 contra 11 donde siempre gana Alemania".

Portugal- Ghana: Portugal quiere cambiar el histórico mote de pecho frío. "Preferimos que nos reconozcan como llorones y metrosexuales". De cualquier manera, el partido es invalidado. El árbitro es claro al respecto: "El fútbol es un deporte de 11 contra 11 donde siempre Ghana - Alemania".

GRUPO H

Argelia - Corea: el partido se pone ríspido. El árbitro expulsa a un coreano. El partido sigue. Ante otra entrada fuerte, el juez pregunta a uno: "¿A usted no lo había expulsado?". "No, yo soy el 9 y usted expulsó al 2". El árbitro consulta con el asistente, vuelve y le explica: "Disculpe, es que todos los orientales me parecem iguales". "No tengo idea de qué me está hablando, yo soy el técnico".

Bélgica - Rusia: los belgas quieren ser la sorpresa del torneo. Por eso 5 de ellos entran con la remera rusa y se la cambian cuando empieza el match.

Intentaremos continuar con la cobertura. O cubrir directamente el Mundial que viene. Veremos.

Que lo disfruten con salú.

jueves, 2 de mayo de 2013

Me contó un pajarito


- ¿Te acordás, Dorita, de este muchacho Pablo, el que tenía un blog?
- ¿Uno medio buenmozón?
- Sí, y la mar de simpático.
- Ah, sí. El de "Jairo" o "callos" o algo así...
- "Kairós". Ese. ¿Viste que hace tiempo que venía escribiendo prácticamente nada y poniendo excusas? Que "estoy trabajando en una tesis", que "mi jefe me dice que, como me pagan, esperan que labure", que "las chiquitas no sé qué corno de la presencia paterna"...
- Ah, porque tenía hijas ¿no?
- Sí, la última una beba divina de pocos meses. No sabés ¡igualita al padre!
- ¿Sí?
- Sí: no hace una mierda. La cosa es que hace poco me entero por la Chocha que el que te jedi se pasó al Twitter.
- Yo no creo que se haya pasado. Es un juego complicado y a veces uno tiene que poner la mano en el puntito verde que está del otro lado y sin quererlo roza...
- No, Dorita. "Twitter", no "Twister".
- ¿Y qué es eso? ¿lo de Bill Gates y la computación?
- Eso mismo. Pero parece que en esta cosa uno no puede escribir muy largo porque te cortan.
- Resultaron unos canutos lo de la interné.
- Yo calculo que tendrá que ver con ver con que es larga distancia. Chocha me dijo que se lo conoce como @pablo_kairos.
- ¿Allá también roba? Porque lo que era en el blog... No me haga hablar de las últimas entradas.
- Por lo que producían, más bien le tendrían que decir "salidas".
- ¿No le digo?
- Esto en mis épocas no pasaba. Y eso que yo ya tengo varias épocas encima. Lo que pasa es que, claro, estos muchachos quieren todo ya, todo ya y en el blog hay que ganarse los comentarios. En cambio, parece que allá te favean...
- ¿Fabián? No lo hacía uno de esos, mire usted. ¿Y sabe si va a volver por acá?
- Yo calculo que sí. Al tipo le cuesta quedarse callado, y con tal de no laburar es capaz incluso de ponerse a laburar.
- Ahora que lo recuerdo bien, la verdad es que no era tan simpático tampoco.
- Ni tan buenmozo...
- Me pregunto si vale la pena que vuelva.
- Hay preguntas que es mejor no hacerse, Dorita. Hay preguntas que es mejor no hacerse...
- En fin...
- No somos nada.


miércoles, 16 de enero de 2013

Los olvidados de Terpsícore (o sobre mi primera fiesta)


Cuando pensamos en aquellas cosas que nos diferencian de los animales, en general podemos pensar en acciones como la observación microscópica, la elaboración de una tesis metafísica o el accionamiento de la cadena del inodoro. Pero hay una acción alejada del terreno de lo racional y aun totalmente paralela a ella que también pertenece a la órbita de lo que nos distingue como seres humanos: bailar.

Piénselo bien: no satisface ninguna necesidad vital, visto desde fuera se presenta como ridículo: adultos moviéndose frenéticamente en grupos siguiendo una serie de sonidos... Y, sin embargo, ni el mismísimo Jean Paul Sartre resistiría el catártico ejercicio de contorsionarse gritando "Oh, L´Amour" a voz en cuello.

Pero, así como no nacemos haciendo regla de tres (y aun algunos no la aprenden en toda su vida), así tampoco nacemos habiendo bailado. Siempre hay una primera vez. Una primera fiesta.

Es decir, los hombres tenemos una primera fiesta. Un momento y un lugar en que nos vemos obligados por primera vez a bailar. Las mujeres no pasan por eso. Llegan ya con las horas de vuelo que les dan las coreografías de piyama party, lo que además las pone en posición de juzgar. Y como en general son menos cantidad, el asunto adquiere un dramático ribete darwinista.

Así, por un lado tenemos un grupo de niñas con mayor grado de madurez física y mental y que dominan los rudimentos de la danza; por otro, a un grupo de preadolescentes a los que les arrancaron los muñequitos de He-Man una semana antes y para quienes "baile" implica demostrar superioridad futbolística. Y lo más sádico del asunto es que son estos últimos quienes deben sacar a bailar a las primeras. Sí, porque (lo voy a decir ¿y qué?), en mi época se sacaba a bailar. Uno a uno. La exposición más cruel y absoluta.

En este ambiente se desarrolló mi primera fiesta. No hace falta aclarar que se trataba de un ambiente de gran vulnerabilidad para todos. Bastaría decir a modo de ejemplo que, mientras esperaba juntar coraje para invitar a bailar a alguna chica riéndome por un chiste que me había hecho un amigo, de la nada me encuentro con el Gordo Carbonell apostrofando y desafiándome a que lo haga mejor que él, que se estaba matando en la pista.

En fin, la cosa es que yo llegaba al lugar de los hechos con algunos conceptos que, con el tiempo, se mostraron como exigencia parentales que ya estaban en desuso desde hacía 20 años antes:

a) "Hay que sacar a bailar a la dueña de casa". En general uno no conocía a la dueña de casa, así que suponía primero un trabajo de inteligencia para identificarla, seguido por un posterior trabajo de justificación ante la dueña de casa de nuestro inexplicable accionar al sacarla a bailar de la nada.

b) "Siempre debe ser la mujer la que diga hasta cuando se baila". En otra fiesta, esto me implicó una maratónica sesión de baile de una hora y media, seguida por otra hora y media de justificación ante mis amigos por mi inexplicable actitud.

Pues bien, me hallaba entonces en ese álgido instante en que uno se siente compelido a pasar a la acción. Lo que me llevó a darme cuenta de que no tenía puta idea de cómo se pasaba a la acción. ¿Debía extender una invitación en términos formales o bastaba una pregunta abierta del tipo "¿querés..?" o "¿te gustaría...?" seguida de un gesto? Lo debo haber resuelto rápido, porque enseguida me encontré con otro escollo más dífícil: la dama elegida para que se entretenga con mi autoestima antes de responder si quería bailar se encontraba ubicada necesariamente dentro de algún subgrupo inseparable de féminas, féminas que tendrían la oportunidad única de contemplar en primera fila mi humanidad sudando como acomodador de baño finlandés intentando articular lo que fuese que había resuelto sobre el primer problema. Pero lo cierto es que estas incomodidades sólo velaban el acceso al gran y único problema real: ¿cómo mierda se baila?

sin ningún tipo de conocimiento, miré alrededor en busca de algún imput y vi rutinas todas muy distintas entre sí; descarté las que no podía o no quería realizar y me concentré en las que se veían factibles. Entonces (¡ay!) cometí el error de confiar en el criterio danzarín de mi amigo Andrés.

Andrés tenía la virtud de mantener su paso sin importar que sonase U2, Twisted Sister, UB-40, Cheyenne o Vangelis: saltaba de un pie hacia el otro con ritmo dispar. Eso mantenía ocupado el tracto inferior. Por su parte, el tronco mantenía la rigidez de una actuación cómica de Stallone, quizás para no ceder antes los embates gimnásticos de una y otra pierna. Los brazos -desatendidos del plan original- se veían obligados a improvisar por su cuenta. La cabeza fluctuaba entre supervisar lo que hacía el resto del cuerpo y acompañar con un leve meneo de costado. El resultado era, por así decirlo, estéticamente cuestionable. 

Mirándolo en retrospectiva, tendría que haber sospechado que algo no andaba bien luego de que le contestó a la tercer persona que no tenía epilepsia. Pero para los que cuestionan mi referencia, en mi favor debo decir que la cara de abrumación y la de admiración en una púber pueden llegar a confundirse.

Así, mis primeros pasos fueron la imitación de una serie de movimientos que a  uno le parecerían más propios de las artes marciales. En personas con Parkinson. A las que les están aplicando una descarga eléctrica. Y que no saben artes marciales. 

Así, si es cierto que la primera impresión es lo que cuenta, la mía no llegaba a contar hasta tres antes de darse a la fuga. Pero hay que reconocer por otro lado que me quitó toda presión de hacerlo peor la vez siguiente. Es más, por poco la de que haya una vez siguiente.

Por suerte la dueña de casa no logró identificarme. Que lo parió.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Breves e inconexas IX


El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, dice la canción. El tiempo pasa y los chistes aislados que se te ocurren vencen, me digo yo. El tiempo pasa y todavía no empezaste a laburar, dice mi jefe. El tiempo para hoy es nublado con probabilidad de que se despeje hacia la tarde. O  con probabilidad de que oscurezca y llueva. O ninguna de las dos, dice el meteorólogo. El tiempo pasa y la gente dice cosas, decimos a modo de conclusión. Aquí, un puñado de cosas dichas en algún tiempo, o lo que conocemos como "breves e inconexas".


Un primer tema que había quedado pendiente era la vuelta de las Spice Girls para el cierre de los Juegos Olímpicos de Londres. Aunque se trató de una oportunidad única para que miles de fanáticos...bueno, reconsideren, lo cierto es que la elección del sponsor no fue la más afortunada.


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"No basta con oír la música, hay que verla" (Igor Stravinski).

No, no lo estoy inventando. En serio. Casi que no hay mucho más para decir. Es como si Hugo Muñoni dijese que a la música hay que tocarla. Sólo que Hugo Muñoni no existe. Qué desafortunado, Don Igor. Si después lo molestan en su curso, yo no puedo hacer nada. A menos que consiga que Federico Chopán diga que a la música hay que comérsela.

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Que la izquierda esté a favor de "la ampliación de derechos" es un contrasentido.

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El tema de estas semanas ha sido el de si está bien o no que los chicos de 16 años voten. Mi aporte a esta discusión será simplemente el de clarificar qué pasaría si los chicos de 16 años efectivamente votasen:

- El nivel de impugnados subiría un 300% gracias a la cantidad de papelitos conteniendo la leyenda "puto el que lee".

- La fórmula "Victoria Donda - individuo-que-se-para-al-costado-de-Victoria-Donda-ahí-no-un-poquito-más-lejos-ahí-está-mejor" tendría serias chances en la carrera por la presidencia.

- En las mesas encontraríamos nuevos reproches del tipo "Señor Presidente de Mesa, dejó su cuarto hecho un quilombo", "Señor Vocal, usted vuelve a decirle una cosa así a su hermana y no sale hasta las próximas elecciones" o "No me importa lo que haga el resto de la gente de su Partido, salir solo con un swetercito con este frío es un imbecilidad".

- Las promesas de campaña incluirían el programa "pornografía para todos y todas".

- En los debates, los candidatos se verían obligados a pronunciarse sobre quién ganaría una hipotética pelea entre Superman y Batman.

- La versión argentina del Tea Party se llamaría Pijama Party. 

- El lugar de Jaime Durán Barba en la consultoría política sería ocupado por Cris Morena.

- La impostación de un lenguaje juvenil "canchero" (palabra muy poco canchera, dicho sea de paso) por parte de los políticos nos haría dar cuenta de que todavía nos podían dar un poco más de vergüenza.

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Para triunfar en la vida es necesario un 80% de esfuerzo y un 30% de precisión.

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Con mi mujer tuvimos una discusión bastante seria que amenaza con roer los cimientos de todo lo que hemos construido. Todo comenzó cuando yo dije la expresión "como Pedro por su casa..." y ella me corrigió diciendo que era "como Juan por su casa...". Recurrimos a una mediación externa, que nos aclaró que era "como Pancho por su casa...". Pero lo que verdaderamente tornó todo caótico fue descubrir que Google incluye las 3 expresiones.

¿Quién dicen ustedes que se encuentra en su casa de forma desfachatada? ¿Pedro? ¿Juan? ¿Pancho? ¿el gordo Bergara Leumann? 

La polémica queda instalada.

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Sí, sí, que lo disfruten con salú.

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ACTUALIZACIÓN 11/9/12

Perdón, pero vi esto y me pareció mucho para dejarlo pasar. Probablemente varios ya hubiesen reparado en ello (es imposible que sea el único que se haya dado cuenta) pero no puedo dejar de compartirlo.

¿Vieron la jornada espiritual ecléctica que armó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con varios representantes de distintos cultos, entre los que destacaba Ravi Shankar?





¿Alguno vio quién estaba al lado de Ravi Shankar en el afiche?





Y después dicen que el reggaeton cultiva las pasiones carnales.


Ahora sí, que lo disfruten con salú.



domingo, 19 de agosto de 2012

Pequeños psicópatas


Los pasos bajando de la escalera resuenan en la oscuridad del sótano. El dueño de los pasos se dirige hacia un claro de luz circundado por una serie de sillas que dejan a sus ocupantes en un fino claroscuro del que no parecen urgidos en salir. El hombre toma la última silla vacía y replica en ella esa presentación sibilina que domina el ambiente.

"Estamos todos -anuncia una voz desde la otra punta del cuarto. Podemos empezar".

"Es sabido que los hombres necesitan de los demás no sólo a causa de sus necesidades físicas, sino también para compartir sus vivencias y logros. También sabemos que, desde Caín, siempre han existido personas que buscan deliberadamente hacerle daño a otros. No para sacarles algo, no por una conveniencia coyuntural sino por el perverso placer que les da ese extraño ejercicio de poder. Y sabemos, por último, que ese tipo de actitudes han sido vituperadas por todas las sociedades desde entonces. Es esa conjunción entre la necesidad de comentar nuestros logros y la necesidad de no ser linchados la que da origen a estas reuniones mensuales. Todos los presentes somos lo que se podría considerar bajo los cánones occidentales como una "mala persona". Algunos incluso me comentan que les han dirigido epítetos como -el coordinador  parece observar unas fichas- "maldito descorazonado", "despreciable rata", "vil canalla", "más peligroso que contador disléxico", "inmundicia humana" o ¿"gil de goma"? ¿quién fue el anacrónico infeliz asaltante de jubilados al que le dijeron "gil de goma"?".

El más absoluto de los silencios domina la escena. Algunos rostros son inescrutables, otros se esconden en las sombras, alguno tose con incomodidad. El coordinador retoma la palabra.

"En fin, decía, como no tenemos un lugar para sincerarnos en la sociedad, lo tendremos fuera de ella. Aquí podremos exponer nuestras miserias para festejarlas en lugar de para pedir perdón por ellas. Tú, el que está aquí adelante a la derecha, comienza".

- "Mi 'vicio', si es que así decidimos llamarlo, -interrumpe una voz desde el fondo a la izquierda- es el de colarme. Lo descubrí casi sin darme cuenta, haciendo una fila en segundo grado. Encaré a un rubio esmirreado y le propuse algo absurdo y abyecto: "¿me dejás y te dejo?". Yo no sé como no me apedrearon allí mismo. Entendían que si bien la acción era intrínsecamente mala, se amparaba en alguna legitimidad. Incluso creo recordar que se enojaron con él. Ese fue el día en que decidí que iba a ser abogado".

- No vinimos a rememorar pecadillos de juventud -objetó uno ubicado -sospechosamente- adelante a la derecha.

- ¡Oh, pero es que sigo colándome en la actualidad!. La semana pasada lo hice en la cola de un Banco. Sólo que ya no digo "¿me dejás y te dejo?" sino "soy cliente Premium". Y, tal como en segundo grado, logro hacer escuela. Mire, yo soy un abonado a la banquina cuando hay embotellamientos de tráfico. No sé si disfruto más ver la cara de aquellos a los que paso velozmente por el costado o la de los enajenados que me siguen preguntándome cómo es que no lo habían hecho antes.

- "Usted considera que su triunfo está en ser causa ejemplar de diversos males, yo en cambio... soy su causa eficiente". Dijo otro sonriendo enigmáticamente. Enigma que claramente no había sido resuelto por varios ceños fruncidos. "Yo he creado el peor de los tormentos. Uno que quita al atormentado hasta el placer de identificar con quién está enojado: el sistema de atención telefónica con menú de opciones.

Piénsenlo bien: se trata de una serie interminable de opciones entre las cuales no están las que aplican a la solución de algo. "Si quiere saber sobre nuevos productos, apriete 1; si quiere pagar más por los productos que ya tiene, apriete 2; si un gorila macho de pelaje marrón cobrizo ha jaqueado su conexión, apriete 3...". Eventualmente las personas empiezan a apretar cualquier opción que consideran que los va a poner en contacto con un operador humano, entonces puede pasar que el operador se justifique diciendo lo más evidente: que esa no es su área: "nosotros nos ocupamos de los gorilas macho hackers de pelajes oscuros, pero lo transfiero..." ¡Y entonces se corta la comunicación! Aunque rehagan el mismo camino, nunca van a hablar con la misma persona y tendrán que empezar de cero (adicionando la nueva queja por la ineficaz respuesta anterior). La otra opción es todavía peor y -de tan infantil- casi que no puedo creer que sea real. Cuando la persona da con la opción ¡esta lo devuelve al menú principal!

- ¿Pero la gente no se queja?

- ¿Con quién? ¡El Leviathán es invencible!

- "Ojalá fuese cierto -dijo con seriedad una voz ensimismada. O por lo menos a él le hubiese venido bien que así fuese".

- ¿A quién?

- Al que me atendió cuando quería dar de baja mi servicio de cable. Compensaba su antipatía con una ineficiencia descomunal. Eventualmente dí con él y entonces recordé su atención, pero también pensé que tendría un mundo de relaciones y me dije a mi mismo: "una de cal y una de arena"...

- Claro, poner en contexto, sopesar buenas y mal...

- ...y así seguí, una de cal y una de arena, una de cal y una de arena... El problema fue que cuando llegué a la cintura se me acabó la cal. Entonces dije "Ma' sí" y terminé de taparlo con arena nomás.

- Demasiado físico -intervino un perengano. Yo prefiero el tormento psicológico.

- ¿Usted qué hace?

- ¿Yo? Yo...cuento.

- ¿Es contador? ¿liquida sueldos? ¿cuenta cuentos de Paulo Cohelo? ¿cuenta chistes en Tinelli? ¡Ya sé! Es un contador disléxico.

- Nada de eso. Cuento calorías. La gente ha llegado a asumir, por razones que me superan, que las calorías son intrínsecamente malas. Mi primer approach es el comparativo: "ese alfajor equivale a 75 tallos de apio". El horror en los rostros es impagable. Pero todavía mejor es encontrarlos comiendo entonces un tallo de apio con expresión lánguida y espetarles brutalmente: "ese apio tiene calorías".

- Todos insisten en hacer cosas. Y hay veces donde las omisiones pueden ser mucho más crueles. Mi elemento de tortura es justamente el que no tengo.

- ¿Disculpe?

- Lo que escucha. ¿Sabe qué pasa? No tengo celular.

"¡¡¡Ooooohhhhhh!!!". Una expresión de sorpresa e incredulidad inundó el salón.

- Ya lo ven. Con tan poco se puede hacer tanto. No imaginan la cara de desconcierto de una persona a la que le doy horarios en los que probablemente esté en mi casa o de espanto mientras anota el interno de mi oficina. Les hubiese sacado una foto con mi celular, pero ¡no tengo celular!

"¡¡¡Ooooohhhhhh!!!". Una expresión de sorpresa e incredulidad inundó el salón.

- Gente, les avisé recién que no tenía celular.

"¡¡¡Ooooohhhhhh!!!". Una expresión de sorpresa e incredulidad inundó el salón.

- ¿Me están cargando? ¡pero si acab...! Dejen, dejen. Pateo cachorritos. Eso hago.

Los hombres se reacomodan en la penumbra con un ademán de alivio. Solamente un hombre permanece prácticamente inmóvil, sin mostrar sorpresa alguna por las diversas manifestaciones de bajeza. Pero ahora alza la cabeza. Se para y mira a los concurrentes.

- ¿Saben lo que yo hago? ¿lo saben?

Todos lo observan. Algunos tantean debajo de su traje para encontrar tranquilidad en el arma o la pala de plaza que llevan allí. Los segundos se estiran. Las miradas se cruzan. Los nervios se prueban.

- Yo... -comienza el extraño masticando cada palabra- ...yo me pongo a escribir artículos y, ante la falta de un remate sólido, me despido con palabras tan repetitivas como inconducentes.

Y, mirando sobre el hombro, dice:

"Que lo disfruten con salú".

  

viernes, 20 de julio de 2012

Gastroenteroamiguitis


"Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad"
(Aristóteles)

"Aristóteles, ¿por qué no me chupas un huevo?"

(Platón)


Señores, una mudanza, una mujer embarazada y una tesis contrareloj me han mantenido lejos de la blogósfera. No obstante, estoy preparando un artículo que hará las delicias de ciegos y personas que no leen en castellano. Mientras tanto, va esto:


Ha llegado el 20 de julio, un día sin duda importante... para todos aquellos que son colombianos, hondureños o nacieron un 20 de julio. Sin embargo, hace una semana o semana y media nos dimos cuenta de que hoy -sí, hoy- era el día del amigo. Frente a este hecho, uno tiene dos reacciones posibles:

a) Juntar resentimiento: si usted es de los que no le gusta que le digan qué hacer, pone esta fecha en un rinconcito de su oscuro corazón junto con San Valentín, el día de la madre, del abuelo, del tío cornudo y del arquero hasta que encuentre al hombre que personifique al mercado y que empezó con esta historieta para llenarse de plata mientras la gente se junta a comer y tomar alegremente en distintos lugares como pueden ser un bar o una casa, por ejemplo, a fin de partirle algo duro y contundente en la cabeza. Si usted no tiene amigos, el resentimiento es contra todos aquellos que se juntan a comer y tomar alegremente en distintos lugares como pueden ser un bar o una casa, por ejemplo.

b) Surfear con la ola: aprovecha la oportunidad social para juntarse a comer y tomar alegremente en distintos lugares como pueden ser un bar o una casa, por ejemplo.

No entro en la cuestiones prácticas de qué hacer si uno tiene más de un grupo de amigos. O de si ya se habían quedado en juntar mañana. O si resulta que hoy está cansadon quiere quedarse en pantuflas viendo un programa de cocina en el sillón. La cosa es que si uno se ve arrastrado a participar de esta fecha, al menos puede intentar sacar algo de ella. No, no comida y bebida. Algunas frases para usar al realizar o recibir llamadas en este día, que conjugan algo de ingenio y mala onda. Sólo que sin la parte del ingenio.


"Che, te llamaba porque hoy es el día del amigo y... bueno, quería saber si me podías pasar el celular del Gordo. Gracias, che".

"Y yo que te iba a llamar para el día del conocido".

"Sí, pensaba juntarme con mis amigos. ¿Vos que vas a hacer?".

"¿Te acordás cuando nos conocimos en el colegio? (aire meditabundo) A veces pienso en las cosas que haría distinto si estuviese en el colegio".

"Vos para mí sos como un hermano. Como un hermano de 7 años: es inevitable que nos veamos pero me rompés la pelotas".

"¡HERMANO, QUÉ ALEGRÓN ESCUCHARTE! ¡FELIZ DÍA, LUCHO QUERIDO! Ah, Esteban. Perdón. Chau".

"¿Quién me dijiste que eras?".

Vamos, vamos que lo veo entusiasmado con sumar algunas frases de propia factura. Vamos que, con algunas frases más, el año que viene el día del amigo ya no va a ser una preocupación para usted.



Que lo disfrute comiendo y tomando alegremente en distintos lugares como pueden ser un bar o una casa, por ejemplo.

domingo, 10 de junio de 2012

Breves e inconexas VIII


Se me ha objetado que la cada vez más dilatada periodicidad de mis publicaciones puede hacerme perder lectores. Vengo hoy aquí a dar reparación a tal objeción, mostrando que lo que me hará perder lectores es, por el contrario, la publicación frecuente. Vengo también porque he tenido una epifanía que me ha permitido dilucidar el motivo de mi dificultad para producir material humorístico: en nuestro país es muy difícil competir con los medios.

No hablo de uno en particular sino de todos, porque el acontecer nacional que esos los diarios y programas televisivos registran y comentan supera por mucho el producto que la imaginación de un pobre proyecto de escritor con visos humorísticos pudiese generar. No obstante, lejos de tirarme abajo, he decidido que si ellos van a ser competencia mía...¡¡¡YO VOY A SER COMPETENCIA DE ELLOS!!!

...

Me apuntan aquí que lo que acabo de decir es una gansada. Les pido disculpas, no volverá a pasar. Desde mañana cambiaré el apuntador por otro más obsecuente.

La cosa es que si los medios aprovechan el material que les da el acontecer nacional y mundial, yo aprovecharé el que me dan ellos. En este caso, la sección deportiva. Algunas cositas más breves que inconexas:

Como en cualquier evento deportivo desde el mundial del 2010, ha aparecido otro animal vidente. En el caso de la Eurocopa que acaba de comenzar, se trata de un elefante. La metodología profético-gastronómica es la siguiente: se ponen 3 recipientes con comida, cada uno de los cuales tiene asignado un resultado. El animal elije un recipiente, que será el resultado del match. Un poco por curiosidad y otro por la necesidad de generar ingresos de cualquier manera, hice una prueba con mi canario Ricardo. Puse 3 tachitos para saber cómo saldría Argentina - Brasil. En primer lugar Ricardo se inclinó patrióticamente por el triunfo del combinado nacional. Extrañamente -al finalizar todo lo que había- pasó a afirmar a pico batiente que, por el contrario, ganaba Brasil. Por último, para zanjar salomónicamente la cuestión, se bajó el tachito del empate sin pudor. Lo que me confundió fue que después me vomitó el empate y algo de la victoria brasilera en el zapato. Y pude identificar pedazos del triunfo argentino entre sus deposiciones.
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Sobre el partido mismo, sólo puedo decir que si uno hiciera una cisura del equipo en la mitad de la cancha, de un lado encontraría jugadores que logran elevar el ritmo cardíaco de los argentinos con cada intervención, haciéndonos pensar que el gol está al caer en cualquier momento, en cada jugada.

Por suerte, en la otra mitad tenemos a la mejor delantera del mundo.
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'Messi' no debería ser un nombre sino un adjetivo.
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En lugar de "Messi + 10", la campaña de Adidas debería haber sido algo como "Messi + 4 - 6".
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Dato curioso: hay un clon del sueco Ibrahimovic ¡en la selección de Bolivia!



Y además se llama Pablo Escobar. A este muchacho le falta mismidad.
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Pasando al ámbito local, el otro día escuchaba las declaraciones de un jugador y no podía dejar de pensar que en los entrenamientos deben practicar movimientos conjuntos, pelotas paradas y declaraciones a la prensa. Yo sé que analizar un partido no es pensar la estrategia geopolítica de un país, pero la recurrencia de algunas frases no puede ser espontánea:

"El mérito es de todo el equipo": aunque el único mérito de todo el equipo haya sido no interponerse mientras ese jugador arreglaba las cagadas de los otros o hacerle foul mientras esquivaba a todo el equipo contrario para hacer un gol. Si quieren repartir el mérito exigimos que sean más específicos: "Este triunfo además se debe a Hernández, Ribonetti, Tartufo y Fiorussi. Un poco menos a Villar y ciertamente ni un poquito a Bertolo. ¡Bertolo, volvé al almacén de tu viejo y dejanos de incordiar, que tenés menos derecha que el parlamento chino!".

"Sabíamos que iba a ser un partido difícil". Primero, no suena sincero si venís de sodomizar al otro equipo y, segundo, es un comentario que realmente no aporta nada. ¿Querés decir que sabías que ibas a enfrentar a futbolistas profesionales? ¿que te cuidaste de no seguir de largo tres noches antes de entrar a la cancha? Más que muestra de humildad es una muestra de que realmente dejaste todo en la cancha. Incluso la capacidad de análisis.
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Creo que deberíamos tener cuidado con aquello de que el fútbol muestra algo de nosotros. No porque no sea cierto, sino justamente porque lo es: amigos en la victoria y negadores en la derrota; expertos en analogías de interacción sexual si nuestro equipo gana y caballeros heridos en su honor deportivo si nos recuerdan haber perdido. Y además medio morbosos, siempre. Si alguien necesita alguna prueba de que a los argentinos nos gusta el morbo, esa es que el partido más importante de la fecha sea, sin duda alguna, Tigre - San Lorenzo.


El canario Ricardo me dice que espere a que la hepatalgina le haga efecto y me tira una fija.


martes, 1 de mayo de 2012

Experimento


Cada día se aprende algo nuevo. Eso dicen. Hoy les voy a contar lo que aprendí anoche, frente a la computadora, pasadas las 11 de la noche, luego de una larga y cansadora jornada luchando a brazo partido contra el Sindicato de Infantes Exaltados. Allí, en completo silencio por primera vez en el día, tuve una epifanía, una revelación.

Es importante aclarar una cosa: estaba de pésimo humor.

Listo, eso era importante aclarar. Si digo que voy a aclarar una cosa es una cosa. Porque algunos dicen que van a aclarar una cosa y se despachan con una explicación donde terminan aclarando por lo menos 4 o 5 cosas. Yo creo que aclarando ese simple dato basta y sobra. Pero divago. Lo importante es que aprendí algo nuevo. ¿Que qué aprendí? Que uno no debe entrar a Facebook si está de mal humor. Y -como he aclarado oportunamente- yo estaba de mal humor.

Casi por definición, Facebook es un lugar de información que no es imprescindible; de comentarios breves, gratuitos e innecesarios; de frases ocurrentes destinadas a olvidarse en 5 minutos o de fotos que retratan momentos que sólo valen la gratuidad que otorgan las cámaras digitales. Y este escenario no parece propicio para que haga su aparición como solista "el hombre que odia al mundo". 

Resulta que entrar a Facebook de mal humor es la mejor manera de considerar que todos sus conocidos son estúpidos y que mejor hubiese sido que aprovechase ese tiempo gastado en asados, reuniones familiares, partidos de futbol y salidas en batir su propio récord en el solitario o perfeccionado sus habilidades haciendo origami.

Si en ese momento hubiesen podido asomarse a mi cabeza, hubiesen escuchado cosas como "¿esa frase? ¿en serio? ¿no te das cuenta de que simplemente da vuelta las palabras? Además, ¿estás seguro que la dijo Gandhi? La semana pasada la había dicho Luther King"; "¿por qué entendés que nos interesa saber que estás tomando un café con leche? ¿prohibieron el café con leche y es un acto subversivo? ¿le agregaste cicuta y se te olvido tipearlo? ¿es un código secreto que indica que van a invadir Polonia?"; "Veo. Miran a la cámara y sacan la lengua. Inolvidable. Sobre todo porque tienen los ojos bien abiertos al mismo tiempo. algo nunca visto"; "¿qué quiere decir que 'te gusta' que él esté tomando un café con leche? ¿te gusta el café con leche? ¿sos el contacto? ¿vas a invadir Polonia?"; "¿que necesitás qué para Farmville? ¿qué carajo es Farmville y cómo ha hecho que necesites una boludez como esa?"; "¿así que estás en Bélgica? Por supuesto, es mucho más fácil ahorrar cuando sos incapaz de relacionarte con cualquier homo sapiens"; "Juntar 'me gusta' en esa campaña sin duda va a cambiar la historia de la humanidad. Sos un revolucionario".

Al parecer, no soy un buen tipo cuando estoy de mal humor. Y en ese momento estaba -creo haberlo mencionado- de pésimo humor. Mi recomendación médica en esos casos es la abstinencia total de teclado. Comentar algo puede llegar a afectar seriamente su vida social. En algunos casos incluso su vida biológica. Por más que piense que se controló al poner "sos un estúpido" en lugar de "merecés la muerte", la gente no suele tomar a bien que insulte su inteligencia. Ni a sus parientes cercanos.

Así que eso es lo nuevo que aprendí hoy. ¿Como que aprendí dos cosas? ¿que no hay que entrar a Facebook cuando se está de mal humor y que si lo hace entonces no hay que escribir nada? Eeeehhh..bueno, sí.

Usted me logra poner de mal humor.


lunes, 16 de abril de 2012

Número 2 Parte 1



No son tiempos fáciles. Nunca lo son. Siempre las cosas fueron más reposadas en el pasado. Ya los hombres de las cavernas se quejaban, añorando los tiempos sencillos en que no debían estresarse chocando rocas para conseguir fuego. Al parecer, los seres humanos intentamos evolucionar tanto como para tener la plácida vida de un organismo unicelular. No, no 'un celular', 'unicelular'. No, no. Le digo que Motorola no tiene nada que ver. No sé qué ha entendido. No dije 'Nokia', dije 'no sé qué'. No, que yo si sé qué dije, lo que digo es que dije 'no sé que'. ¿Qué? Deje. Sí, el celular deje.



Decía, estos son nuestros tiempos. Y una de las cosas que debemos aceptar de nuestros tiempos es que no son reposados. Nunca lo son. ¿Como? ¿ya lo dije? Disculpen, es la vorágine. Lo que se desprende de lo planteado es que nuestro estilo de vida es el menos reposado de los que se han conocido hasta ahora, y esto se muestra en que ya no resistimos los tiempos vacíos. Ya sea mientras viajamos al trabajo o cuando llegamos a nuestra casa y no hay nadie, experimentamos la necesidad de llenar esos minutos con alguna actividad: leer un libro, ponernos los auriculares para escuchar música o ver el diario en la Blackberry por ejemp...sí, sí, no dudo de que su Nokia también puede hacer eso. ¿Le pagan comisión a usted? La cuestión es que no hay momento alguno en que quedemos solos con nuestros pensamientos. Había uno, sagrado e intocable, pero cuya frontera ya ha sido cruzada por este irrespetuoso presente: el momento de ir al baño.



No, no se ría, que estamos hablando de cosas serias. Ir al baño suponía un momento a la vez de contemplación y de concentración; de esfuerzo y de relajo; de intimidad y -lamentablemente para el resto- de irradiación. Y si tal límite ha sido cruzado, lo menos que podemos hacer el dar una guía para moverse en este territorio inexplorado.



Imagine que usted está en uno de esos baños antiguos de techos altos y en los que el inodoro está a una distancia sideral de la puerta, puerta que en su esplendor supo tener llave pero que carece de ella desde 1963. Allí, en el medio de la Pampa sanitaria, usted se debate entre dos posibilidades de ampliar su experiencia estético-gástrica: un mp4 o el diario de ayer.



Detengámonos aquí por un minuto.



Opta usted por los auriculares. Se sumerge en un mundo de rítmicos sonidos que lo circunda y envuelve. Tocan la puerta. "¿Hay alguien ahí?" El único sonido que podría percibirse suavemente es la de un confuso golpeteo de su pie contra el suelo. Tocan la puerta nuevamente. Mientras se abre la puerta se escucha "¿No hay nad...?". Allí, majestuoso, cual pensador de Rodin contemporáneo, en toda su desnudez (o por lo menos en una desnudez particular) usted tararea "I saw the sign, and it opened up my eyes I saw the sign no one's gonna drag you up...".



Ha cometido la terrible y temible equivocación de aislarse demasiado. Ahora existe una persona en el mundo a la que no podrá volver a mirar a los ojos porque lo ha visto en la más humillante de todas las situaciones: tarareando Ace of Base.



Si en cambio hubiese optado por el diario, no sólo hubiese visto que no le había dedicado suficiente tiempo en la primera lectura, sino que ante la eventual invasión, se hubiese podido parapetar detrás de algo.



Ahora, en principio no cualquier lectura es apta para el toilette. Y esto por diversos motivos. Por ejemplo, no sé qué dirá la gente de los yogures al respecto, pero debe ser una lectura liviana. No tanto porque uno asume que la lectura de la Divina Comedia merece un mejor marco que una analogía chusca, sino sobre todo porque hay gente que, aunque haya terminado de hacer lo que fue a hacer, no se levanta hasta haber terminado de leer lo que llevó. Todos recuerdan aquél trístemente célebre episodio del joven que se enganchó con El Señor de los Anillos es el único baño de la familia. Familia que, lejos de ver la ironía del libro elegido en tal situación, intentó sacarlo con pedidos gentiles (capítulo 3), protestas airadas (capítulo 7), órdenes tajantes (capítulo 11), llantos desesperados (capítulo 23) e incluso arrojando gas dentro del baño. Como ven, las ironías se sucedían una tras otra. Sólo lograron sacarlo cuando a uno de los hermanos se le ocurrió gritar que a Gandalf lo mataban unos neonazis y Frodo se iba a vivir a Ibiza. El ingenuo se lo creyó.



Todos saben que eso es lo que pasa en Harry Potter.



Pero decía que hay otros motivos. Si uno se encuentra en el baño del trabajo, no sólo tiene que llevar algo liviano sino también descartable. ¿Por qué? Una vez preparaba un examen contra reloj y me llevé un paper al baño. Al salir del cubículo inodoril me encuentro con mi jefe lavándose las manos. No puedo disimular mi procedencia ni la posesión de un documento por el que, si alguna vez tuvo curiosidad, la ha perdido ahora (remitirse al tema de la procedencia) por lo que supondrá que es una pavada que me aleja de mis tareas habituales.



Por último, está el tema de los jueguitos en el celular. Yo creo que son una buena salida si se sabe manejarlos. De lo contrario, podría ser fatal. Es decir, un Sudoku puede ser una buena inversión de tiempo, pero empezar a exasperarse con el Angry Birds y que los ocasionales transeúntes escuchen desde el baño como usted maldice a "este pájaro que no emboca una" puede llevar a confusiones por demás embarazosas.



Bien. Espero que me haya podido acompañar por los meandrosos caminos de este tema sin desbarrancar. Ahora lo dejo porque tengo otra reunión. ¿De casualidad no vio donde quedó la revista del diario del domingo?



jueves, 1 de marzo de 2012

En cartel por un cartel



Los guionistas son personajes subestimados, sin duda. Se manejan en las sombras y, sin embargo, son el principio de todo; la condición de posibilidad de que la rueda se ponga en movimiento. Uno puede llegar a verlos subir a recibir un premio en alguna entrega, pero lo que piensa es "¿Que hace este no-famoso ahí arriba? ¿donde están los actores? ¿y encima se pone a agradecer? Matenlo". Bueno, quizás con bajarlo de la tarima sea suficiente, pero el punto es que no se reconoce su importancia. Todos recuerdan la excelente actuación de Kevin Spacey en "Los sospechosos de siempre", pero nadie repara en que antes hubo un señor que pensó que....bueno, que pasara lo que pasó. Estos prohombres parten sin otra cosa que el horror vacui, desde las mismas entrañas de la hoja en blanco y llegan a construir maravillosos palacios del séptimo arte.



O no.

Porque también existen los que técnicamente se denominan "ladrones de gallinas". O sea, sujetos inútiles con fines de lucro que sólo combinan azarosamente recetas ya largamente probadas dando lugar a esperpentos monumentales o películas clase Z. En este punto, hay que reconocer que a veces se vuelve borrosa la línea que separa a los guionistas ucranianos de los ladrones de gallinas, pero a grandes líneas podemos discernir quién es quién:


1) Los magos de la remake


No tengo mayores problemas con la realización misma de remakes. Es decir, los avances tecnológicos hacen que muchas veces una buena idea del pasado pueda ser mejor plasmada o presentada más vistosamente en la actualidad. Ahora, cuando hacés una remake de una película del 2002 (Spiderman) quiere decir que no se te cae una idea.


Peor es cuando los norteamericanos toman una película que fue filmada en otro país y la "adaptan" al suyo. O sea, tenemos una película enterita bien lograda (Taxi, Nueve reinas...) pero que por extraños motivos necesitan que esté hablada en inglés. Unos inadaptados.


2) Tema por 200

En otras ocaciones, pareciera que directamente tienen un bolillero del que ir sacando grandes temas que van mezclando sin vaselina.

Sala de guionistas. 2:04 am.



- A ver que sale en el bolillero de los malos de la película... "zombies".


- Bueno, pero películas de zombies hay muchas. Sacá otra.


- Saco otraaa yyyy.... ¡ya está! "nazis".

- ¿Zombies contra nazis?


- Mmmno, porque ¿por quién tomaría partido la gente? Muy complicado...


- ¡Lo tengo! ¡ZOMBIS NAZIS!

- SEEEEEEEEEE!!!!!!!




DEAD SNOW










¡¿En serio me estás diciendo?! ¡¿zombies con ideología?! ¿donde se ha visto gente sin vida con ideas nocivas que además le jode la vida a otr...no dije nada.



Pero eso no es todo. Oh, no. No lo es.



Sala de guionistas. 4:35 am.

- Bueno, hay que sacar la bolilla con el héroe de la película.


- Y saaaaaale: "presidente de Estados Unidos".


- VAAAAAMOS.


- Momento. Ya tenemos un presidente héroe en varias películas de los últimos años. Tendríamos que ver la manera de darle una vuelta de tuerca.


- Podría ser un presidente más antiguo.


- Richard Nixon.


- No, ese está en el bolillero de los malos de la película.


- Además hay que trata de despolitizarlo.


- ¡Ya sé! Un padre de la patria. Puede ser Lincoln.


- Me gusta, me gusta. Ahora nos faltan los malos. ¡Vamos al bolillero!


- Por favor, que salgan los ninjas...


- Nop, salieron loooos "talibanes".


- Pero no podemos hacerlo, a menos que hagamos una película de viaje en el tiempo.


- Uh, no. Hay que cuidar correlatos. Y los fans de Ray Bradbury siempre vienen a hacer quilombo con el cuento de la mariposa. Mejor sacá otra.


- Lo que toca, toca, la suerte es loca... Voilá. "Vampiros".


- SEEEEEEEEEE!!!!!!!





Oh, sí.



ABRAHAM LINCOLN: VAMPIRE HUNTER









Cuando uno pensaba que era mucho, vienen con esto y no quedar otra que darse cuenta que "mucho" es un término relativo. Incluso lo evidente complica hacer un chiste alusivo. Es... eso.






Disculpe que lo haya arrastrado hasta este lodazal cinematográfico, pero no podía guardarme esto. Porque ¿sabe que es lo peor de todo el asunto? Que tengo ganas de ir a verlas.


jueves, 23 de febrero de 2012

En el amor y en la guerra...


Pasar desapercibido. Entrar. Salir. Pim pam pum. No hacer contacto visual, no mostrar mucho el rostro. Ser un fantasma; un espejismo que se insinúa por el rabillo del ojo; una imagen difusa que a uno le cuesta recordar si fue real. Movimiento continuo y cabeza gacha, movimiento continuo y cabeza gacha, movimiento continuo y cabeza gacha. Allá vamos...

Entró con las manos en los bolsillos y los brazos pegados al cuerpo. El corazón le palpitaba traicioneramente y la tensión del rostro transformaba esa sonrisa protocolar en una mueca de muñeco de cera. "No lo voy a lograr" pensó cuando una pequeña niña miró su cara de payaso poseído y se puso a llorar. Entonces cerró los ojos y pensó en ella; pensó en su dolor y en su pedido desesperado. "No puedo volver. Si no lo consigo no puedo volver".

Si los astros nos dicen algo, si sus movimientos intentan comunicarnos un mensaje vital, esa noche en aquél lugar ese algo sonaba como "¡Cuidado que vas a pisar mier...! Nada, nada. Dejá".

A los 20 minutos, después de dar varias vueltas, entendió que no iba a conseguirlo sin recurrir a alguien. Maldijo para sus adentros, apretó el puño y se dirigió a ese mostrador que tanto había querido evitar. Deslizó el papel mientras miraba disimuladamente hacia otro lado.

La voz del otro lado sonó cortante.

"¿Sí?".

Tragó saliva e intentó mostrar compostura.

"Estaba buscando vsmlnmnhan".

La voz volvió, ahora meliflua, como si hubiese entendido lo que pasaba y lo disfrutara enormemente. El poder corrompe.

"Disculpe. No alcancé a entender. ¿Qué quiere?".

Perdido por perdido... "Estoy buscando... Vagisan".

"CACHO, EL SEÑOR ESTÁ BUSCANDO CREMA PARA LOS HONGOS VAGINALES. ¿NOS QUEDÓ ALGO?"


¿Qué qué aprendió ese día? Que las humillaciones vienen en pomos de 125, 250 y 500 cm2.










nota del autor: mi mujer y el objeto puntiagudo que tiene en su mano me piden que aclare que he tomado de base para este relato una anécdota ajena. Ningún matrimonio ha sido lastimado para la realización de este post.


jueves, 26 de enero de 2012

Cuento de Nadas


Bosque de fábula. 16:25 hs.


Caperucita entra a la casa de su abuelita. Aun con todo a media luz, alcanza a divisar a la anciana metida en la cama. Se acerca con la canasta de víveres que trajo.


- Hola, abuelita.


- Hola Caperucita.


- Son $143,50.


- ¿Eh?


- Dice mamá que son $143,50. Y eso que no me dejó cobrarte propina por traerte todo para acá. Claro, al pibe del COTO denle algo nomás, pero a la nieta boluda no ¿no?


- Esteee... Fijate ahí que está mi cartera. Pasamela.


Caperucita se acerca para entregarle la cartera y se sorprende.


- ¡Abuelita! ¡pero que ojos tan grandes tienes!


- Es que soy hipotiroidea.


- ¡Abuelita! ¡pero que nariz tan grande tienes!


- Bueno, bueno. No escupas al cielo, que es una herencia familiar. Te muestro una foto de Nana Goldstein y vas a ver lo que te espera cuando pases la pubertad.


- ¡Abuelita! ¡pero que orejas tan grandes tienes!


- ¡Pero, che! ¿te parece querida?


- ¡Y que peluda eres!


- (Haciendo puchero) Eso ya es cruel. Es verdad que ya no me depilo como antes, pero lo de las orejas y la nariz duele muchísim...


- ¡Y que manos tan grandes tienes!


- ¿Esos son los modales que te enseñó tu madre?


La abuelita se pone a sollozar. En eso entra el lobo, que ve a la abuela, mira a Caperucita y le dice:


Lobo: - ¿Qué le hiciste? ¿qué le hiciste?


Caperucita: - Pep...yo pensé que en realidad era usted.


Lobo: - Yo dejé el transformismo hace ya varios años. ¿Te parece compararla con un canis lupus? ¡mirá cómo se puso!


Caperucita: - No le hice nada. Yo sólo manifestaba mi sorpresa por el tamaño de las distintas partes de su fisonomía.


Abuela: - Si viniera a visitarme más seguido no le pasaría... ¡y además me dijo peluda!


Lobo: - ¡Pero que pendeja de mierda! ¡un poco de respeto con tu abuela!


Abuela: - ¡Cómasela, señor Lobo! ¡cómasela!


Lobo: - No, Doña Gertrudis, que es menor de edad y después se me arma un quilombo legal de novela. De novela infantil concretamente. Yo no sé qué les enseñan a estos chicos hoy en día. Fíjese, Doña, yo ya tengo miedo de venir por el bosque. El otro día dos borregos me robaron todo. Después la policía los agarró destruyendo la casa de la señora Bonafide de acá a la vuelta. Hansel y Gretel Ramírez, se llamaban. Pero como son menores los dejan libres enseguida. Ya veo que la terminan matando a la pobre señora en represalia.


Abuela: - Es lo que le comentaba a Mariano, el que vive con esta chica acá a 10 minutos.


Lobo: - ¿El que vive con la chica blancuzca me dice?


Abuela: - Ese.


Lobo: - ¿Uno petiso y narigón?


Abuela: - No.


Lobo: - ¿Un petiso malhumorado?


Abuela: - No.


Lobo: - ¡Ah! El petiso de anteojos.


Abuela: - Tampoco.


Lobo: - ¿Entonces cual?


Abuela: - El petiso que usa ropa que le queda grande tipo skater. Mire, cuando me enteré que vivía con 7 muchachos ya me espanté bastante, pero cuando escuché que además los 7 se llamaban Mariano (ella misma habla cariñosamente de los "7 Nanos") entonces pensé en decirle dos palabritas.


Lobo: - ¿Ah, sí?


Abuela: Sí: terapia urgente.


Caperucita: - ¡Abuela! ¡pero que moral pequeñoburguesa tan grande tienes! Si ella quiere vivir con siete muchachos ¿cual es el problema? ¿Por qué sostener un tipo de familia que viene de la estructura de producción capitalista?


Abuela: - ¿Ve, Señor Lobo? Cursa un año en la Facultad de Ciencias Sociales y mi Caperucita ya se transformó en Caperucita Roja. Y además, querida, si hay una pequeñoburguesa acá es justamente la chica esta. Así que usted se me queda callada.


Caperucita: - ¡No me podés callar así! ¡ya soy una mujer! ¿sabés qué? ¡me voy con mi novio y no vuelvo más!


Se va dando un portazo.


Lobo: - ¿Tiene novio la pendex?


Abuela: - Sí, un leñador de por ahí. Un vividor, bah. Porque es fácil hacerse la Rosa Luxemburgo con la plata de papá bancando todo. Y el tipo este no es ningún bobo y sabe como es la cosa.


Lobo: - Un predador, sin duda.


Abuela: - Bueno, che. Te dejo que me voy a meter a la cama a clavarme un whiscacho para recuperarme del maltrato de la chiquita esta.


Lobo: - Vaya nomás. Que lo disfrute con salú.





Moraleja: la historia la escriben los que van a la Facultad de Ciencias Sociales. ¡Ah! Y hacer las compras por internet te puede ahorrar un disgusto.




miércoles, 18 de enero de 2012

Lorem ipsum o la vuelta




Señores, en algún momento había que comenzar y este momento es tan bueno como cualquier otro. Algunos objetarán que un 2 de marzo es mejor que un 18 de enero, otros que con 20° se lee mejor que con 38° y habrá quienes opinen que dilatar la reanudación de mis textos hasta 2025 es mejor que empezar a jorobar ya en 2012, pero a todos ellos les respondo que no. Motivos ajenos a mi voluntad hacen que este sea incluso un momento propicio: hoy me reincorporo al trabajo después de las vacaciones.


Ya detecto alguna sonrisita de aquellos que todavía no han comenzado sus vacaciones o que siguen en ellas; escucho algún comentario poniendo en duda la realidad de mi reincorporación si resulta que estoy escribiendo para el blog, incluso veo a algún desubicado ensayar el gesto de hacer converger las yemas de los dedos debajo de la barbilla mientras repiten "chiva calenchu". Sólo me queda decir que si van a estar haciendo comentarios de este tipo vamos a terminar a las trompadas.


Como los lunes, en los cuales uno tarda unos minutos en reacomodarse y empezar de lleno con sus tareas, la vuelta de vacaciones tiene un proceso análogo. Uno necesita un tiempo para rearmarse y encarar todo lo que quedó esperando. Yo, por ejemplo, no creo que pueda hacer nada productivo hasta recuperarme del shock pre-traumático de volver al trabajo (cosa que imagino tener superada alrededor de abril) Así, aprovecho para compartir algunos pensamientos vacacionales que testifiquen que dejar de infringir dolor literario no ha sido uno de mis propósitos para este 2012:



Siempre me han llamado la atención las bibliotecas de las casas de veraneo: libros no interesantes de más de 25 años. Nunca algo que uno diga "che, que bueno este libro, me lo leo ya", nunca una compilación con lo mejor de Condorito. ¿Por qué? ¿como viven en un lugar copado tienen que compensar leyendo malos libros? ¿y como son malos dejaron de comprarlos hace 25 años? Queda abierta la polémica.

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Con el traje de baño azul parece que estuviese gordo.


Con el traje de baño gris parece que estuviese gordo.


Conclusión inapelable: ya no hacen los trajes de baño como antes.


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En los últimos años he constatado que existe una diferencia entre la imagen mental que uno se hace de las vacaciones y la realidad pura y dura. Por ejemplo:


imagen: caminando por la orilla de una playa semi desierta sumido en los propios pensamientos


realidad: otras 3 millones de personas esperaban que esa playa estuviese semi desierta, por lo que uno camina sumido en el pensamiento de como evitar terminar con una lastimadura de tejo en el pie


imagen: uno va a aprovechar ese espacio de tiempo para echarse a leer


realidad: uno aprovecha ese espacio de tiempo para echarse a tomar gin tonic


imagen: las vacaciones son un lugar libre de preocupaciones


realidad: "¿cómo que no hay sartén? ¿aceite tampoco? ¿y como hacemos la comida entonces?"; "pensé que habíamos comprado papel higiénico"; "¿donde se puede conseguir ibuprofeno infantil a esta hora? ¡¿32 kilómetros?!".

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A veces uno debe estar en una cabaña agreste en medio de la soledad para volver a valorar algunas cosas importantes. Como la propia cama y el propio baño, por ejemplo.

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¿Como darse cuenta que uno ha crecido? Cuando uno se encuentra del otro lado de la anécdota:


Pablo, versión 2002: "...y entonces fuimos a la casa de Martín y nos quedamos tocando la guitarra hasta como las 6 de la mañana".


Pablo, versión 2012: "¡A VER EL PELOTUDO DEL CAJÓN PERUANO SI PUEDE DEJARSE DE ROMPER LAS PELOTAS, QUE SON LAS 3 DE LA MAÑANA!".

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En las fotos que sacamos con nuestra cámara aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de mi cuñado aparezco con cara de boludo.


En las fotos de la cámara de unos amigos aparezco con cara de boludo.


Conclusión inapelable: ya no hacen las cámaras de fotos como antes.


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Alguna vez he planteado esta polémica y lo más polémico que me dijeron fue que no consideraban que fuese siquiera una polémica, pero ahí va: ¿por qué los juegos de cartas se juegan sólo en vacaciones? ¿qué tiene el tiempo libre del año que sea incompatible con el chinchón, la podrida o la carioca?


Si por ventura usted jugase a esos juegos durante el año con sus amigos, le pido que se dirija a la polémica de al lado. Gracias.



Pues bien, la rueda ha comenzado a girar; los engranajes se mueven; la ambición se despierta y la razón se aguza. La vuelta se ha consumado.


Que lo disfruten con factor 30.


martes, 13 de diciembre de 2011

Problemas hipervinculares



- Mirá, quería preguntarte a vos que sos un amigo. Vos sabés que no han sido tiempos fáciles, pero he logrado juntar un pequeño capital liter...


- Te recomendaría que lo pongas afuera.


- ¿Seguro?


- Sí, te va a rendir mucho más. ¿Conocés alguna cueva?


- ¿Cueva? Bueno, justamente me junto con unos muchachos que desde una cueva...


- Ni lo dudes. Andá y poné todo allá.




Yo le hice caso y publiqué un artículo en Men In Blog




miércoles, 30 de noviembre de 2011

Breves e inconexas VII



A esta altura ya no es novedad. De vez en cuando se me ocurre un chiste o un juego de palabras que considero logrado y entonces relleno con un par de cositas sin demasiado sentido para convertirlo en un post. Otras veces no llego ni a eso y sólo quedan el par de cositas sin demasiado sentido. "Breves e inconexas" se titulan las cositas sin demasiado sentido.


Aprovecho este espacio que me doy para pedir disculpas por mi involuntaria ausencia virtual. En las últimas tres semanas un proyecto me ha tenido encerrado en un subsuelo sin luz solar (como se estila en los subsuelos) ni señal de celular. No, ya les dije que no se trata de un rayo de la muerte. Yo tampoco entiendo que puede ser tan importante si arranca en noviembre, pero no me quieren escuchar. O quizás sí quieren, pero se les dificulta porque estoy en un subsuelo. Y sin señal de celular. En fin, la cosa es que espero reintegrarme a la vida virtual ni bien esto (que no es un rayo de la muerte) termine y recupere los niveles de vitamina D necesarios.


Mientras tanto, un par de cositas sin demasiado sentido para que no sólo perdonen mi silencio, sino que lo reclamen vivamente.


Breves e inconexas, séptima edición (inédita):




Cuando uno lee el diario, las noticias provocan, a veces, pasiones bajas como la envidia frente a los logros de un otro muchas veces famoso o mejores como el rechazo visceral frente a un hecho que se entiende como trágico. Hoy encontré una noticia que logró provocar ambos sentimientos simultaneamente: Luisana Lopilato publicará un libro.


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La fiesta de fin de año de las empresas es como internet: en su definición no hay nada de malo , pero todos sabemos que fomenta la piratería.

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Cosas que no duran:


- Los amores de verano


- La tapa de los azucareros


- La tarde del sábado


- El orden y la prolijidad, en los cuadernos de primaria


- El paquete de pastillas, una vez que se muerde la primera


- Las horas de sueño en noviembre


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El tarotismo es la carrera del futuro.


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El otro día tuve una reunión de profesores de filosofía. Lo que pasó en la reunión probablemente no le interese a usted, a mí ni al resto de los profesores de filosofía que estaban presentes. Lo verdaderamente importante fue que... ¡PUDE HACER MI CHISTE DE GIORDANO BRUNO Y LA GENTE SE RIÓ!



Ya puedo morir en paz.


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Se realizó una Cumbre de personas que sufren vértigo. Por supuesto, no fue nadie.

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Que ya pueda morir en paz no implica que usted deba buscar los medios para que ello suceda.





Que lo disfruten con salú.






lunes, 7 de noviembre de 2011

Enfermo



Todo empezó con un ataque de alergia a la tarde seguida de un dolor de garganta durante la noche. A la mañana siguiente, un dolor estomacal vino a darle la bienvenida a la recién estrenada gripe. Como venía la mano, el pronóstico para el mediodía era un ACV o el desprendimiento repentino de un brazo. Contra todo, cargué mi propia humanidad al hombro y me dispuse a llevar a mi hija mayor al jardín. El heroísmo duró una cuadra y media. "Nos volvemos". "¿Por qué?". "Porque a Papá se le rompió el pantalón".


"Lo que se va a romper es tu infancia si no llegamos a casa en 2 minutos" pensé.


"Estás enfermo" reflexionó mi mujer. "Está enfermo" sentenció el médico. Resultado: dos días de reposo. Ahora, la perspectiva de estar echado dos días en la cama con tiempo libre se hace idílica a los ojos de quién lee esto desde una oficina frenética o en su BlackBerry a los empujones en plena peatonal pero, para ser honestos, debe tratar de quitarse esa imagen de John Lennon y Yoko Ono boludeando en pijama y en su lugar imaginarse al caballo de El Padrino. Apaleado, como si un camión con reses me hubiese pasado por encima mientras las vacas hacían sus necesidades, ciertamente no estaba para leer sobre la Escuela de Franckfurt o el nacionalismo en la Argentina de 1930. No, no.


Pero no dejaría que un virus me destruyese, así que tomé coraje y pensé: "si alguien aquí va a destruirme, seré yo mismo". Y entonces me clavé una maratón de películas sobre superhéroes.


Seamos claros, no puedo decir que no lo sabía. Con la excepción de Batman, las últimas películas sobre superhéroes suelen ser malas, previsibles y plagadas de clichés. Ahora, ¿y? ¿Se cagan a tiros? ¿vuelan cosas por todos lados? ¿hacen cosas inverosímiles y visualmente llamativas? Listo. Lo demás es como quejarse del valor nutricional de las golosinas. No tiene sentido.


Los elegidos para transitar este camino de autodestrucción sináptica fueron el Capitán América, Thor y Linterna Verde.


Ya del otro lado del Rubicón, algunas conclusiones parciales y comentarios aislados:


1) Los productores se resisten a hacer una sola película de cualquier cosa. El final siempre tiene que ser abierto. Ya hemos hablado de esto con respecto a las películas de terror, pero veo que es una cuestión general. Antes un Rambo o un Chuck Norris mataban a todos los soviéticos en una película, a todos los coreanos en otra y a todos los galeses (?) en otra. Pero eran operaciones separadas, completas. Paquetes cerrados en sí mismos. Ahora el bueno no termina de festejar que salvó el mundo que el director tiene que enfocar algún objeto que nos dé a entender que lo salvó, pero hasta ahí nomás.


2) No contentos con el final abierto, quieren dejar absolutamente establecido que se viene una secuela, por si algún gil todavía no entendió las indirectas. Señores, basta de agregar escenas después de los títulos finales. La primera vez que se hizo fue revolucionario, pero ahora simplemente hacen que uno no pueda dejar el cine en paz. Aunque haya ido a ver "La arena se escurre de los dedos como la vida de un filatelista en un país de gente sin baba" del realizador ucraniano Zvlatij Kajhvilshjivgómez y se esté orinando encima (uno, no el realizador ucraniano), no puede evitar quedarse para ver si después de todos los títulos aparece una escena de dos minutos donde entran agentes de la CIA a decirle que han encontrado una persona que babea (¡acá! ¡en la segunda fila del cine hay uno!) y que debe ir con ellos inmediatamente.


3) Los malos antes eran más maduros. Un tipo antes te destruía el mundo porque sí; o lo quería dominar porque se le cantaba la gana y tenía plata para bancarse su propia organización. Ahora quieren tener todo el poder, dominar el mundo... pero por una cuestión de celos, de envidia. Antes querían 100.000 millones de dólares y se cagaban de risa mientras lo decían, ahora en el fondo quieren que el padre los reconozca y lo dicen con ojos vidriosos.


4) Miren, yo entiendo que "super" tiene que dar la sensación de destacarse sobre el resto. Incluso comprendo que intenten atrapar a la reacia platea femenina, pero -¡por la memoria de Adam West!- dejen de mostrar el torso desnudo del protagonista. Innecesario por donde se lo mire. O lo dejan de hacer o equiparan y muestran también el de la coprotagonista. Si no, se trata de una flagrante discriminación hacia los hombres de torso flácido.


5) Todas estas películas tienen una frase que actúa de nexo entre los protagonistas que se dice al pasar en un momento de la película y que vuelve a repetirse (encajando perfectamente) en el momento de la resolución del conflicto. Siempre. Ahora, esa frase-guiño puede tener dos funciones: pegarle al malo o crear un momento romanticón en medio de los tiros y las explosiones.


Ejemplo de frase-guiño que funciona para pegarle al malo: imagine que los protagonistas están almorzando y uno no quiere comer cerdo. "El cerdo cae pesado" define. Ponemos fast forward y, en plena pelea final en un galpón enorme, el malvado está por consumar su victoria cuando el protagonista activa una palanca, se abre un container y 200 cerdos caen sobre la cabeza de la encarnación del mal con acento extranjero. Entonces, mientras levanta a su compañera, el galán le dice con una sonrisa "¿Ves? te dije que el cerdo caía pesado". Así funciona.



Orgulloso, le presenté estas reflexiones fruto de una ardua investigación a mi mujer. "Sos un enfermo" reflexionó.

Quiero una segunda opinión de mi médico.


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